Afidávit

Kamini miraba con añoranza hacia la entrada de su templo sabatino. Hubiese querido quedarse un rato más, porque al ver a la nena en tutú le habían dado ganas de entablar conversación, de recitarle algo que la hiciera bailar. Un relato de más de cuatro décadas que rinde homenaje a la memoria parental y a las intuiciones.


