El partido a celebrarse durante el Día de Acción de Gracias estaba pautado para llevarse a cabo en el Coliseo Roberto Clemente de San Juan. No obstante, la devastación causada por el poderoso Huracán María, la incertidumbre en torno al restablecimiento de la energía eléctrica y el uso de la mencionada instalación deportiva como centro de operaciones del Municipio de San Juan provocaron que la capital y el resto de la isla se descartaran como escenarios para tan importante choque oficial de FIBA-Américas. Al igual que miles de puertorriqueñas y puertorriqueños que tuvieron que emigrar a Florida en busca de oportunidades, la Selección Nacional apostó a las redes solidarias de compatriotas que seguramente regarán la voz sobre el partido y asegurarán un coliseo abarrotado de banderas monoestrelladas en las facilidades deportivas de la Universidad de Florida Central, ubicada en la ciudad de Orlando. Puerto Rico será local en la jurisdicción deportiva administrada por la organización de USA Basketball.
¿Cómo se sentirán los estadounidenses que tras el paso de María se enteraron de que los puertorriqueños son ciudadanos de su país, pero jugarán el jueves 23 como local en Florida con un uniforme que no diga USA? Si algo se ha demostrado en las semanas posteriores al ciclón es que muchas personas en los Estados Unidos continentales han querido solidarizarse con Puerto Rico denunciando a su gobierno por el trato desigual hacia los “ciudadanos americanos” residentes en el territorio caribeño. Partiendo de esta perspectiva, el planteamiento es que la administración de Trump ha errado por discriminar contra un grupo de “estadounidenses”. De esta manera, la congoja nacional en los Estados Unidos debe activarse, no porque en Puerto Rico vivan personas, sino porque residen “ciudadanos de nuestro país”.
¿Y si esos puertorriqueños “ciudadanos de nuestro país” derrotan al poderoso conjunto de las barras y las estrellas en un escenario hostil hacia el estadounidense que se supone sea el “local”, pero por razones demográficas, económicas y políticas que preceden al huracán, fue asignado al rol de “visitante” en una región dentro de su propio territorio nacional? Si bien el partido pasará sin pena ni gloria para la mayoría del público deportivo estadounidense que le otorga poca importancia a las participaciones de sus selecciones nacionales, cualquier persona que se tope con el encuentro por televisión no tardará en cuestionarse la razón de semejante choque deportivo. Algunos pensarán en cómo la solidaridad reciente expresada hacia «estos americanos» fue reciprocaba por los mismos boricuas con abucheos hacia los integrantes del equipo oficial de los Estados Unidos de América que participó del juego escenificado en Florida durante el tradicional Día de Acción de Gracias. El televidente promedio que sintoniza deportes podrá formularse muchas preguntas, pero, al igual que su gobierno, tal vez omita el dato más relevante a la situación política que trata de comprender: Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos de América.
En los territorios coloniales afloran estas aparentes contradicciones que el televidente promedio en los Estados Unidos buscará analizar durante la transmisión del partido de baloncesto. En este caso, la otorgación de la ciudadanía estadounidense por medio de una ley aprobada en el 1917 no produjo la igualdad política a la cual tienen acceso los ciudadanos y ciudadanas residentes en los cincuenta estados federales de esta república con sede en Norteamérica. De otra parte, numerosos proyectos económicos y estrategias militares han operado como mecanismos de control hacia una población que lucha contra las políticas de dependencia gestadas desde Washington en complicidad con los gobiernos estatales radicados en San Juan. Una de las manifestaciones de la crisis política se refleja en la migración masiva que ha ocurrido en diferentes décadas con la movilización de puertorriqueños a distintas regiones en los Estados Unidos de América.
De acuerdo a un estudio publicado en el 2014 por el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College en Nueva York, los puertorriqueños y puertorriqueñas en Florida sobrepasan el millón de personas y constituyen un 5.1% de la población total de ese estado. Esa cifra porcentual aumenta considerablemente si se estudian solamente los condados y ciudades que forman parte del centro geográfico de Florida. Con la migración masiva ocurrida tras el paso del Huracán María, la población proveniente de Puerto Rico que reside en ese estado continúa un patrón de crecimiento acelerado con implicaciones demográficas tanto para la isla, como para algunas regiones en Florida. Con este cuadro, no es complicado comprender la decisión de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico de apostar a una instalación deportiva en el centro de Florida para ser sede del partido local de Puerto Rico frente al combinado de los Estados Unidos.
Son miles los puertorriqueños y puertorriqueñas que residen en el centro geográfico del estado de Florida. Al igual que sus compatriotas en la isla, recurren al deporte como una de las expresiones para expresar su identidad, independientemente de que una realidad colonial los mantenga fragmentados tanto ideológicamente, como en términos geográficos. Con un constante aumento de personas que se identifican como puertorriqueñas residiendo en los Estados Unidos, el concepto de “casa” se torna denso, conflictivo y carente de una geografía fija. Sin embargo, cualquier confusión relacionada a ese dilema de pertenencia e identificación no será un problema para los seguidores y seguidoras de la Selección Nacional de Baloncesto Masculino el jueves 23 de noviembre. Ya sean las personas que se den cita en la Universidad de Florida Central o quienes lo sintonicen por televisión en cualquier rincón de Puerto Rico y los Estados Unidos, los boricuas sabrán reconocer al equipo de la “casa”. Ese día, los ‘12 Magníficos’ bailarán en la casa del trompo y serán los locales. ¡Bola al aire!
