A Gaddiel, quien fue el primero en pedirme que escribiera sobre la @ y la x

Of course, language is never the whole story.
But it matters in more ways than we usually realize.
-Sally McConnell-Ginet
Gender, Sexuality, and Meaning: Linguistic Practice and Politics
Contenidos de la forma
[dc]E[/dc]n mi entrada previa un lector llamado “Disgustado” me calificó de “annoying” por mi uso de la “x” en lugar del uso “normal” de la “a” o de la “o” como determinantes de género. Antes, también en 80grados, otra persona me había llamado elitista por lo mismo. Por esos días en que “Disgustado” me escribió, un antiguo discípulo me había enviado el prólogo de su tesina en el cual consideraba necesario advertir a sus profesorxs-lectorxs que usaría la “x” con el fin deliberado de utilizar una marca de género que diera cuenta de la diversidad humana.¿Qué estaba detrás del disgusto de uno y del deseo de otrx? ¿Por qué este asunto me estaba asaltando tanto? ¿Qué ansiedades esconde el aparente purismo de unxs y qué luchas dirime la apuesta de otrxs?
Escribo esta entrada aclarando que no soy lingüista ni pretendo serlo. Escribo esta entrada sin ánimo de justificación ni intento autorizado de establecer norma alguna. Escribo esta entrada para retomar el hilo de una conversación que ya tiene unas cuantas décadas, pero parece que fue ayer para algunxs. Escribo, sencillamente, para consignar mis motivaciones por si le vienen a cuento a alguien, por si les sirven de algo, porque sí.
Cobré conciencia hace algún tiempo, inspirada por las vanguardias y luego por Mcluhan, de que las formas están preñadas de contenido. El antiguo binomio que oponía forma y contenido ha sido seriamente cuestionado. La forma no es la contraparte del contenido, sino su cómplice y viceversa. Del mismo modo, cuando escribimos, el “qué” está bien enredado en el “cómo” y justo lo contrario.
A su vez, las luchas feministas, y las posiciones teóricas que les sucedieron, dieron una estocada al universal masculino y retaron que todxs estamos implicadxs en la “o”. Interrogaron el supuesto de neutralidad patriarcal y nos invitaron a ser redundantes, si era preciso, para consignarnos. Entonces, y al amparo del esfuerzo de la llamada lingüística feminista en los años 70, se inició la experimentación con otros modos de marcar la existencia de las otras en el hasta entonces, exclusivo y excluyente, uno.
Trucos de la forma
Recuerdo primero el uso frecuente de la repetición. Ellas y ellos. Nosotras y nosotros. Ella y él. Reconozco que usé esa forma de protesta formal por poco tiempo. Me resultaba poco económica. Pero, desde luego que comprendía la vocación de nombrarnos repetidamente aunque ello implicara extender la palabra hasta sus límites barrocos.
Luego conocí el uso de la arroba (@) y me gustó su ambigüedad gráfica, su mezcla de la “a” y de la “o” en una forma bastante económica. Siendo consistente con esta nueva estrategia de marcar la inclusividad, escribí con Beatriz el manual de iniciación teórica, ¿Quién le teme a la teoría? con esa apuesta a lo largo y a lo ancho de cada una de sus páginas. Las preguntas no si hicieron esperar. No tuvimos una sola presentación del libro en la que alguien, por lo general “un hombre”, no nos preguntara el porqué de tal uso. Decíamos siempre, más o menos, lo mismo. No estábamos satisfechas con el neutro siempre masculino. Nos parecía insuficiente. No existíamos en su aparente neutralidad.
Pero la arroba también se quedó corta, en especial para designar el amplio e ilimitado espectro de las prácticas queer. ¿Dónde quedan los cuerpos ambiguos de la intersexualidad? ¿Dónde existen lxs trans? ¿Dónde la forma se encuentra con la pregunta sobre el binomio mismo? En la “x” podría ser.
No propongo una nueva gramática queer, que desde luego sería muy deseable a tenor con los desarrollos recientes de la lingüística queer. No propongo otra norma para sustituir las previas. Sencillamente, quiero consignar mi protesta. Quiero que no solo los contenidos la nombren. Quiero que se genere el disgusto, la incomodidad, la pregunta. Quiero que se caldee el debate. No tenemos que estar de acuerdo en la estrategia. Pero, baste con reconocer que la “o” no nos nombra a todxs. Toril Moi proponía la “a” como estrategia en su tratado feminista, What is a Woman? Yo propongo la “x” y sigo buscando la forma…
