Haití decolonial

[dropcap]J[/dropcap]ean Casimir acaba de publicar un libro titulado The Haitians: a decolonial history. El libro expone el resultado de más de una década de trabajo reconciliando el pensamiento decolonial, con la influencia de autores puertorriqueños como Ramón Grosfoguel con el desarrollo de una historia de Haití centrada en los haitianos. Según Casimir la historia de Haití puede ser estudiada desde la perspectiva europea, como una continuación de la historia occidental, o como una historia de resistencias de un pueblo soberano. La soberanía es un concepto fundamental en el libro de Casimir. Pero la soberanía no se entiende como el ejercicio de la soberanía del estado sino del pueblo. La realidad haitiana supone el reconocimiento de dos espacios de poder que están con un choque abierto. Por un lado, está el estado en Haití. Ese estado es el legado del sistema colonial, el resultado del ejercicio del poder racializado blanco que supone la exclusión de las grandes mayorías del acceso a los recursos y la marginación de los que no ostentan el poder de dicho estado. Por otro lado, se encuentra el pueblo soberano que, al margen del poder del estado administrativo, busca alternativas para poder organizar su vida y acceder a una vida posible.

Las dos realidades que confronta la historia de Haití, el estado administrativo como legado colonial, y el pueblo soberano, están estructuradas en el concepto de la contra-plantación. Casimir reconoce la aportación de otro puertorriqueño, Ángel Quintero, a quien le atribuye haber sido el primero en hacer eco de su propuesta de la contra-plantación como instrumento de análisis de las sociedades caribeñas. Según Casimir ese sistema no es una alternativa al estado administrativo, sino que constituye el único espacio de soberanía real en Haití. Contrario a la idea de que el estado sobrevive a pesar de las articulaciones alternas a su existencia Casimir sostiene que el pueblo soberano se constituye como único espacio de vida colectiva por medio de la resistencia, la subversión y la construcción de un sistema que obvia la existencia del estado administrativo. En ese sentido Casimir reinventa el conceto de soberanía para presentarlo como un ejercicio del pueblo libre que no responde al proyecto colonial que se ha perpetuado en el sistema de la plantación, originalmente, y en el sistema del estado administrativo que no responde a las necesidades del pueblo.

En el prólogo del libro Walter Mignolo sostiene que la lectura decolonial supone el ejercicio que descubre cómo la modernidad/ colonialidad genera imágenes del mundo que ocultan lo que está frente a nosotros y que nos impide ver la misma. Este ejercicio supone una reconceptualización de las formas en que hemos representado la realidad del Caribe. Para Casimir el resultado de la lectura decolonial es que el esclavo, siempre representado como una víctima sin agencia, se convierte en el cautivo que se las agencia para construir una realidad propia en la que su soberanía adquiere relevancia en relación con el ejercicio del poder del estado administrativo. Para Casimir la reconceptualización del pueblo como soberano supone el reconocimiento y recuperación de los conceptos que ese pueblo utiliza para delimitar su ejercicio de soberanía colectiva. “tout moun se moun”, “cada persona es una persona”, que significa que cada cual tiene un valor igual; con su corolario “pèp la granmoun tèt li”, que en creole significa las propias personas adultas soberanas.

Casimir parte de la premisa de que el pueblo es soberano y que no necesita ayuda alguna para ejercer dicha soberanía. La soberanía, así entendida, es un acto de resistencia por medio del cual la sociedad local preserva su especificidad en contra de las imposiciones que vienen del estado administrativo que nunca se ha preocupado realmente por ese pueblo soberano. El poder real, según Casimir, reside en las comunidades locales que establecen instituciones para preservar la estabilidad a largo plazo. Estas instituciones locales del pueblo soberano no son la continuidad ni el legado del estado administrativo que sigue existiendo como un ejercicio de colonialidad del poder. En ese sentido para Casimir la independencia de Haití no supuso el cambio radical del ejercicio de la colonialidad del poder sino su continuidad. La soberanía real del pueblo haitiano no se constituyó gracias al estado nacional, que es un legado colonial y que lo que hizo fue sustituir el poder del imperio por el de las élites, sino que se hizo realidad en las resistencias del pueblo que se protegió y sobrevivió desarrollando una forma de soberanía que las permitió desafiar la modernidad colonial.

 

Cita del libro: 

Casimir, Jean. 2020. The Haitians: a decolonial history. North Carolina: University of North Carolina Press.

Francisco J. Concepción
Obtuvo un doctorado en Teología Pastoral en la Universidad Interamericana de Puerto Rico y un doctorado en Historia de Puerto Rico y el Caribe del Centro de Estudios Avazandos. Estudió Derecho en la Universidad de Puerto Rico y obtuvo una Maestría en Estudios Legales Internacionales del Washington College of Law en Washington DC. Actualmente es profesor de Justicia Criminal del recinto de Barranquitas de la Universidad Interamericana y dicta un curso en Derecho Internacional en el Centro de Estudios Avanzados. Ha trabajado como abogado de inmigración desde el 2002. Sus intereses académicos rondan los temas de la religion, teología, derecho internacional, inmigración y teoría decolonial.