El dictamen no fue para defender la vida. Fue para repetir una ideología milenaria, un conjunto de valores con un centro incorregible: la mujer es un ser inferior; su cuerpo tiene que ser objeto de vigilancia y control por los varones y el estado.
Uno de los índices más claros que evidencian la precariedad de la legalidad del aborto en Puerto Rico es el alarmante desconocimiento sobre su legalidad entre las mujeres.
Pareciera que nuestro abecedario latinoamericano contemplara mayores castigos contra el aborto que contra los violadores de mujeres que una vez fueran fetos altamente protegidos.