El espacio de la barra y de la disco gay no ocurre en el vacío, resulta del producto de décadas de lucha política, de personas arrestadas, violentadas e incluso asesinadas por el privilegio de la conquista de un espacio homoerótico en la ciudad.
Según vamos entendiendo mejor lo fluido de las sexualidades, queda claro que reclamar inmutabilidad limita nuestras posibilidades, tanto de disfrutar como de amar.
Eso que corresponde a todos por derecho ni se discute, ni se somete a negociaciones por gustos o por intereses: sencillamente se cumple, se reconoce y se protege.