Cierto; no es que mi isla arda literalmente bajo los efectos de un incendio voraz. Pero, y esto no es fácil de decir, es innegable que un gran ardimiento destruye actualmente la cultura puertorriqueña.
No tiene sentido pensar en términos de pesimismo u optimismo; de esperanza o desesperanza. De entrada lo que hay que hacer es estar en lo que se hace, y entregarse de lleno a la práctica.
Era natural que la tierra ardiera en llamas completando el ciclo de la Navidad con la fiesta de La Candelaria el día 2 de febrero. Era la fiesta de la purificación, de la limpieza…