Quienes corren en la novela de Houellebecq la prestigiosa institución universitaria de la Sorbona son teólogos islámicos, cuya tradición de erudición por cierto es más que milenaria.
Alejandro Tapia y Rivera siempre fue atrevido y tenaz en su vida. También lo fue en su orientalismo. Las referencias al Oriente lo acompañaron hasta la recopilación miscelánea de sus escritos en 1880.