Ni se ha ido de las manos ni se ha convertido en «censura». Es un boicot que ha tenido éxito. ¿Cúanto? Muchísimo más que ningún otro que recuerde el país.
Cuando pase el furor, los anunciantes y las agencias de publicidad, ¿volverán a sucumbir a los ratings, a esos que producimos nosotros mismos divirtiéndonos con la venganza?