en mi caja de zapatos
hay
un deslucido cartapacio de cartón
donde pululan viajes en verso y
versos de viaje
hacer la distinción importa
pues los primeros son escritos
desde casa
y los otros
al pie del avión
con maletas y aeropuertos y
guías inútiles
pero nunca hice esa sabia distinción
aunque hay destinos
que facilitan la tarea
Venecia, por ejemplo, es siempre imaginaria
Isla de Pascua es pura otredad imposible de
convocar en mi cocina
Nueva York es un ininterrumpido Estar
y París es ese lugar desde donde nunca se regresa
no he ido al Tibet pero
siento que sí
acabo de encontrar un viejo poema
que describe en detalle un viaje a la India que
nunca llevé a cabo
me consta que Guadalajara desde el avión
es apenas una nube tóxica e impenetrable
que emborrona una ciudad que sólo existe
si estás allí
he visto la luna llena alumbrar los campos cultivados
entre Munich y París
mientras pensaba que mi tren avanzaba hacia otro mundo
y en la Guyana inglesa me ofrecieron un lindo bebé mestizo por
“cincuenta dólares americanos”
otros destinos derrotan toda categoría:
aquel viaje con mi mamá a ver rosas
una caminata con una novia por un parking enorme
en un atardecer espléndido
una experiencia sonora durante un día interminable
en una populosa ciudad
pero
en ninguno de éstos recuerdo dónde estaba
y todo es verdad
llena de averiados cartapacios
mi caja de zapatos borra distinciones
confunde fechas
abole las distancias
burla todo esfuerzo de ordenar
el Libro
así
con mayúsculas
*de Poemas gulembos, en prensa por Editorial Aguadulce, Bayamón, Puerto Rico (2016)

