No hay mal que por bien no venga… me vino a la mente ese refrán cuando me presenté a la oficina de casting de Che! en el piso 8 del Dutch Inn, en la esquina de la Ashford y Todd y me explicó Tom Ward que mi trabajo sería el de asistir a su asistente.
De niño recorrió los cines de Ponce y luego de joven universitario los de Mayagüez. Cine intenso. Así llegó a Nueva York con la oportunidad inesperada de trabajar en la primera película sobre el Che Guevara.
Calentaba pegajoso el verano de 1967 y el cemento de Washington Square exudaba un vaporizo malsano, mezcla de cerveza y orines de la noche anterior, incrementado por la aglomeración de hippies que degustaban joints…