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Me pregunto si / las huellas dactilares / rozaron la superficie del / río / antes de que los pulmones se llenaran de agua. / Los remolinos sólo arrastran la espuma y cantan con las calandrias.

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Es inútil arrojar una cuerda: / desatar el fácil asombro / al extraviar / la luz sobre tu clavícula, / la firmeza sinuosa de tus brazos / el sosiego garzo en tus ojos. / Ya ni el mar contesta.

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Después de tanto aguantar los golpes inacabables de las olas, / nuestros dedos se aferran a la terquedad frágil de las piedras, / a la fuerza de los montículos de algas, / al remanente oscuro de la piel.

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Pero la dureza de la tierra es pura grieta / y oscila bajo la claridad vehemente del calor. / Desde un resquicio dorado de tu cuerpo, se asoma un filo pétreo, / antiguo como la sepultura de la flecha / y frío como el suelo oculto por milenios al sustento clemente del sol.