
No es casualidad que el eminente intelectual peruano José Carlos Mariategui, «El Amauta» dedicara abundantes reflexiones en sus clásicos 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928) al estudio de la reforma educativa y universitaria e identifica como una de las causas principales, tanto de la Reforma de Córdova, como de los demás procesos de reforma universitaria contemporáneos, la creciente protelarización de las clases medias; y así mismo enfatiza en el rol de los estudiantes universitarios egresados en los procesos de cambio y organización de las clases trabajadoras latinoamericanas. Parece como si hablara de nuestra realidad de las últimas décadas.
Lo que nos distingue de los demás animales ha sido el desarrollo de la inteligencia cerebral, capaz de servir como refinado instrumento para analizar, enjuiciar moralmente y transformar el mundo exterior de maneras nunca antes vistas por otras especies. Si metafóricamente comparáramos el cerebro con la forma de un submarino, y su periscopio funcionara, vería tal vez parte de la superficie. Dañado el periscopio y construido de metal sería ciego instrumento incapaz de ver el mundo exterior y de accionar efectivo alguno. Construido de cristal transparente el submarino con su periscopio vería la superficie y todas las especies de la flora y fauna y la composición material del mar. Las universidades deben tener esa capacidad. Si son submarinos ciegos, con enfoques curriculares y filosofías ajenas al estudio crítico, al énfasis en el laboratorio y la experimentación, se enferman y no pueden cumplir su vital función. Ya que las universidades son el conjunto de inteligencias, de la más compleja diversidad, que en conjunto constituyen el Gran Cerebro de una nación de cualquier país de este mundo.
El escudo protector, su cráneo defensivo es la autonomía universitaria. Y como es escudo que protege y beneficia a todas las inteligencias profesorales y estudiantiles, y su personal de apoyo, no importa cuantas divergencias y variedades de pensamiento haya entre los universitarios, la autonomía universitaria es un fenómeno aglutinador, es capaz de unir a todos los universitarios, sin importar sus filosofías, creencias y enfoques, en campañas y proyectos y por ello es importante que se comprenda a cabalidad. Así opino que cobra gran pertinencia para las tareas del presente sintetizar la historia de la autonomía universitaria, ya que conociendo el puente del pasado transitamos sin tantos tropiezos el camino por andar.
Hace muchos siglos en una pequeña ciudad italiana, Bolonia, nació la primera institución reconocida como universidad. (Principios del Siglo 12). Han transcurrido más de 900 años. Bastante cerca, en el espacio europeo y en el tiempo, se fundó la Universidad de París (comienzos del Siglo 12). Esos fueron los primeros dos modelos de instituciones universitarias. La institución universitaria es más vieja que el capitalismo y los estados nacionales. Nació en el periodo fragmentario feudal. Es más antigua que la colonización del Nuevo Mundo.
La de Bolonia fue organizada como gremio o corporación de los oficios de enseñar y aprender, («universitas scholarium»), engendrada por los estudiantes, mayormente extranjeros, que deseaban estudiar las prestigiosas instituciones del derecho romano. Eran los estudiantes quienes buscaban la facultad para que les transmitiera el pan de la enseñanza. En esa temprana etapa la universidad no se albergaba en complejos edificios. Por tanto era manejable la mudanza a otro lugar, amenaza que los universitarios utilizaban como estrategia de negociación para adquirir fueros o derechos frente al poder controlador.
La de París fue iniciativa del clero para estudiar los asuntos de su credo y teología. Su centro era el magisterio, («universitas magistrorum»), pero su poder regulador era el monarca y el Papa. Para protegerse de los poderes de la comuna y locales, en el caso de la de Bolonia, y del poder monárquico y eclesiástico en la de París, comenzó el proceso de esas inteligencias organizadas a reclamar espacios de soberanía. A ese proceso se le ha llamado «autonomía universitaria».
Como colmenas de abejas geniales que crecían, una estampida de estudiantes y profesores migrantes de París fundó la Universidad de Oxford (1167): y una bandada de ésta la de Cambridge (1209) en Inglaterra. Otra fuga de Bolonia creo la Universidad de Padua (1222).
Nos narra el intelectual nicaragüense Carlos Tunnermann que el modelo de la universidad de Bolonia fue copiado por la Universidad de Salamanca y el de París por la Universidad de Alcalá de Henares, ambas en España. De allí, se trasladaron esos modelos a las Américas durante la colonización. El modelo de Salamanca lo siguieron las universidades estatales y el de Alcalá de Henares las instituciones universitarias privadas religiosas.
Como todo gran organismo cultural que perdura, hay épocas en que las universidades se enferman. Les falta oxígeno o alimentación de conocimiento a su complejo sistema cerebral. Así en el renacimiento, empachadas por la inquisición o por los poderes que controlaron la inteligencia, las universidades no albergaron en Italia las mentes portentosas de Maquiavelo, Galileo, Copérnico y otros, quienes eran herejes que promovían nuevas verdades. Y en la Ilustración Rousseau no era ciudadano de sus recintos. No obstante, luego de la gran Revolución Francesa, el modelo napoleónico, que separó la iglesia del estado, incorporaba al seno universitario las mentes más portentosas de su época como Kant y Hegel, afanosa por contribuir al proceso de desarrollo de los estados nacionales.
Así ha ocurrido que la inteligencia critica los paradigmas caducos y fabrica los nuevos. Y ya sea en el entorno ideal de las universidades, o en el más pequeño laboratorio de un sótano de algún lugar, describe las nuevas ideas para alumbrar en las tinieblas que ensombrecen el mundo.
En 1918, en Argentina, Universidad de Córdova, ocurrió lo que se llamó la Reforma de Córdova. Fue el cuestionamiento más completo del funcionamiento de las universidades latinoamericanas. Las clases medias, en franco proceso de proletarizacion como lo atisba Mariategui, protagonizaron este movimiento insurreccional de masas renovador. Esta reforma planteó la relación entre la universidad, sociedad y el estado. Hasta ese momento la universidad había sido manso cordero, primero de las autoridades coloniales y luego de la del estado independiente y de las clases dominantes oligárquicas que ostentaban el poder económico y político. En el modelo napoleónico se separaba del poder de la iglesia. Con la Reforma de Córdova la autonomía planteaba el quehacer universitario separado del control del estado. Formuló el derecho de los universitarios a escoger sus autoridades sin imposiciones externas; la dirección universitaria por los universitarios, la aprobación de su currículo, elaboración y aprobación de su presupuesto, se planteó incluso el autofinanciamiento universitario. Más adelante, y ante las afrentas del poder estatal, fue argüida la inviolabilidad de los recintos universitarios.
Desde el grito de Córdova la autonomía universitaria ha sido estandarte de las universidades latinoamericanas, protegida por el diseño de sistemas legales. En diversos países la institución de la autonomía se ha elevado a rango constitucional.
En nuestra tierra, el absolutismo español espantó la universidad para siempre. La acusaba de subversiva e innecesaria. Nuestras mentes más preclaras e instituciones como la Sociedad de amigos del País reclamaban su fundación. Alejandro Tapia y Rivera destaca en sus memorias esos intentos saboteados por los gobernadores militares. Fueron nuestros jóvenes estudiantes patriotas en el exilio y Betances y Hostos, peregrinos ya maduros, quienes sirvieron de sol con las verdades nacionales.
No fue sino en 1903, luego de la invasión militar norteamericana del 98, que se trajo un injerto, regido por la Secretaría de Instrucción del gobierno militar bajo la Ley Foraker, que al son de desfiles militares se anunció una universidad como promotora de un nuevo idioma y cultura anglosajona mediante la formación de contingentes de maestros evangelizadores. No le tenían gran agenda, sólo formar predicadores de su idioma y cultura y preparar técnicos para sus plantaciones azucareras.
Dondequiera que la inteligencia se organiza en colmena universitaria, incluida la nuestra, comienza la febril actividad de un enjambre insaciable. Así comenzó a gritar contra la opresión nuestra institución, marcadas estas luchas por el elemento cultural y nacional, con una Huelga en 1924, otra por la imposición del canciller en Mayagüez en 1946, la grande de 1948 ante la controversia entre los estudiantes y Jaime Benítez generada por la invitación del maestro Albizu campos al plantel, otra inmensa nacional por ausencia de democracia en 1973, ya desde entonces los énfasis han estado en asuntos de ausencia de recursos y reclamos económicos: una obrera con apoyo estudiantil en 1976, otra con estridencia por aumento de matrícula en 1981, unas de menor sonido en los noventa y 2005 y nuevamente con ruido ensordecedor por la cuota económica en el 2010-11. Todo indica que la cuestión fiscal nuclee los reclamos del presente y futuro inmediato. Y es entendible que haya sido así puesto que desde la crisis de los Setenta del siglo pasado, comienza el declive del modelo económico colonial y el acelerado crecimiento de la deuda pública para proveer empleos y patronazgo político y tener los recursos que la producción nacional ya no genera. Deuda pública que incrementó exponencialmente hasta alcanzar hoy una deuda pública impagable por los puertorriqueños de más de 70,000 billones y cuyo verdadero deudor es la metrópolis colonial, específicamente su Congreso, que como fiduciario omnímodo del territorio ha cercenado y controlado los poderes de soberanía para generar y proteger la riqueza nacional, pero que ha fomentado las cadenas odiosas de la deuda.
La agenda universitaria fue variando a lo largo del siglo 20 con la fundación de distintas escuelas y facultades y recintos en las primeras décadas, Colegio de Mayagüez ,1911, Facultad de Derecho y Farmacia, 1913, bachiller en artes, 1915, cursos para maestros rurales, 1916, Instituto de Medicina Tropical, 1924, administración comercial y educación continuada, 1926, Departamento de Estudios Hispánicos, 1927, creación de las facultades de Humanidades, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales, 1943. También con la fundación de otras universidades como la Politécnica y la Católica. La universidad del estado en la década de 1940 se preparaba para los proyectos de transformación económica y social del plan Manos a la Obra y del diseño colonial de la guerra fría, hoy pasmado y moribundo. Sobre esa premisa se articuló el diseño curricular que por años pululó como fantasma sin sentido ni razón de ser a pesar de los grandes cambios ocurridos en la sociedad.
Los grandes traumas, el entierro de los arreglos políticos y económicos de Puerto Rico, la deuda pública impagable, han dejado exhaustas y enfermas a la Universidad pública y demás universidades. Asimismo, la ausencia de un proyecto nacional económico y social auto sustentable en las últimas cuatro décadas ha lanzado a las filas de la clase trabajadora, desempleados y migrantes a grandes contingentes de estudiantes egresados.
Siempre nuestra Alma Mater ha tenido enemigos externos. Santín y Combas Guerra, de la prensa en la década del Sesenta, acusaban a los estudiantes y profesores que defendían los fueros universitarios de comunistas, castristas, agitadores y subversivos. En todas las épocas, más aún, después de cada quejido, grito o proceso huelgario, el Recinto de Río Piedras ha sido vilipendiado y difamada su reputación. Lo acusaron y acusan sus enemigos de fomentar huelgas y más huelgas e impedir un clima de estudios; y recomiendan sus enemigos firmemente a los padres que matriculen a sus hijos en centros más controlados. Por eso hay que defender la reputación y honra de la reina de las demás universidades.
Ha tenido enemigos internos, meros burros de Troya. Todos, oportunistas, buscones, politiqueros. Algunos de estos individuos eran estudiantes que marchaban con la derecha anexionista durante las décadas del sesenta y setenta del pasado siglo para defender la milicia como actividad académica. Respaldaban, y participaban de los disparos y golpizas de la policía contra los universitarios. Muchos de ellos articularon actos de terrorismo en el país. Era el fascismo de los zombies, sin corazón ni moral. Los que llevaban la batuta de la banda corrupta rápido treparon en el poder en gobiernos anexionistas y comenzaron a robar fondos públicos sin empacho. Terminaron presos y sin prestigio alguno. Como consuelo, los defensores de la universidad, expulsados y perseguidos, llevaron y mantienen una vida digna y ejemplar. ¿Hasta cuándo van a esperar los representantes públicos de nuestro país para reconocer los atropellos cometidos contra gente buena y denunciar la conducta de los torcidos?
Las Universidades son hermanas siamesas del país, son como sus órganos vitales. Los dolores y enfermedades de Puerto Rico, las enferman y estremecen. Pero como se trata del gran cerebro de la nación, las universidades son las instituciones más valiosas, son las joyas de la corona, las colmenas geniales que son enjambre en los momentos álgidos y panal en los sosiegos, siempre produciendo la miel del conocimiento. Representan la esperanza, garantía y contingente de avanzada para ayudar a diseñar, junto a otras fuerzas e instituciones, el proyecto nacional necesario para nuestra permanencia en el tiempo y en el espacio de los habitantes en nuestro terruño y la interacción mutua con nuestros nacionales que residen en la metrópolis y demás naciones del mundo.
En la compleja evolución y larga historia antes resumida, el escudo protector de las universidades, su cráneo, ha sido y debe ser la autonomía verdadera, con sus colorarios de libertad de cátedra e investigación, independencia fiscal y democracia interna. Estos son los controles para mantener el equilibrio frente a los poderes del estado, sociedad civil y riqueza social. Esa ha sido la experiencia mundial.
En el caso de nuestras universidades, a la par que grandes sectores estudiantiles tienen a veces dos trabajos para costear sus estudios, y los profesores se les han recortado las permanencias y el estímulo económico y docente mediante menguados contratos de temporada, los énfasis de reforma curricular van orientados a entablar alianzas con el capital para satisfacer sus necesidades técnicas y científicas. Es el predominio del neoliberalismo. Ello en detrimento de los estudios sociales, culturales y humanidades. Igualmente y como parte del proceso de hegemonía para una cultura de la aberración que fomenta el neoliberalismo, han sido objeto a partir de la década del 80 de la promoción de ideologías antinacionales gemelas del benitismo de las décadas del 40 y 50.
La autonomía es un proceso dinámico, se adecúa a las corrientes de los tiempos. Por eso los universitarios son los llamados a repensar y modernizar la institución de la verdadera autonomía universitaria. La autonomía es un medio ético para perseguir los fines de la inteligencia universitaria del siglo XXI. Los fines de un país con un gran proyecto auto sustentable, seguidor de la paz, protector del medio ambiente, solidario, comprometido con los más necesitados, conectado con las fuerzas y dinámicas globales, insertado en el nuevo mundo de la globalización, informática y conocimiento sin fronteras. Debe contener un sentido de reciprocidad universitaria y obligación de cumplir con sus deberes con extrema calidad para garantizar su prestigio frente a la sociedad.
El proyecto de universidad moderna resultante será parte, como toda gran relación humana, del acomodo de diversos y complejos focos de poder e intereses. Como es de tanta trascendencia, el ideal o sistema de autonomía universitaria que finalmente se diseñe debería estar garantizado en la Constitución.
El proyecto universitario, así como el proyecto de nuestra nación, son tareas urgentes de nuestras universidades. Se ha escrito mucho, ha habido simposios mundiales y regionales sobre la universidad del futuro. Corresponde a las generaciones del presente adecuar todas esas corrientes para dar cauce y fortaleza a los proyectos nacional y universitario.
* Primera Parte editada de la ponencia dictada en el Recinto de Río Piedras el 3 de marzo del 2014 en la 8va Jornada del Asesinato de Antonia Martínez que titulé: “La Autonomía y las Luchas Universitarias de la Década del Setenta”.
Bibliografía
–Silvia Álvarez y Carmen Rafucci (editoras). Frente a la Torre: Ensayos del Centenario de la Universidad de Puerto Rico, 1903-2003. (Editorial Universitaria, 2005).
—Carlos Tunnermann Bernheim. La Universidad del Futuro. ( Hispamer, 2011).
—José Carlos Mariategui,. 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana (1928), 31ma Edición, Biblioteca El Amauta, Lima, Perú 1978.
—Alejandro Tapia y Rivera, Alejandro. Memorias: Puerto Rico como lo Encontré y Como lo Dejo.
