Lo único bueno que trajo el embarazo a la vida de esas niñas fue la posibilidad de “dar a luz”, visibilizar y lograr que cesara una historia de abusos sexuales que había estado escondida en la privacidad y sacralidad de dos familias tradicionales.
Pareciera que nuestro abecedario latinoamericano contemplara mayores castigos contra el aborto que contra los violadores de mujeres que una vez fueran fetos altamente protegidos.