¿A dónde Gettysburg?, pregunto yo a la mujer en un suburbio de Guaynabo City. Entiéndase, el municipio de Dorado, haciendo fila para una docena de donas. Dos, realmente.
Hoy se cumplen tres años del día en que el gigante soltó la bolsa y sus maravillas cayeron. Dos de cada cinco amigos en Facebook las recogerán para colgarlas de su perfil en una canción.
Todos los libros deberían ser como este libro y aun así preferiría este. Es la historia de la literatura: un lector atesora aquello que un autor optó por no quemar.
No es fácil vivir en el trópico y ser inteligente. Mucho menos cuando “el diagnóstico del País es muerte cerebral.” Algo así leí en Facebook en ocasión del fallecimiento de una celebridad notoria.







