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Democracia, irracionalidad y violencia

A Mabel Rodríguez Centeno, por su estimulante invitación a pensar el mundo más allá del binomio civilización/barbarie

“…no se pueden hacer protestas sin provocar cierto desorden, y un día de paro, manifestación o protesta no es un día normal. Todavía no conozco ninguna transformación histórica sustancial que no haya supuesto una cierta cuota de ‘desorden’. Desde la Revolución francesa pasando por la conquista de los derechos de los negros americanos hasta la de los negros en Sudáfrica, por no hablar de las luchas feministas, no ha habido transformación social que haya redundado en más democracia que no haya supuesto ‘desorden’ y malestar donde se tiene que sentir, en la cultura, como diría Freud. Desconfío por tanto de todos aquellos que defienden el derecho a la huelga o a la protesta pero que a la vez quieren tener un día sin molestias.” Mara Negrón – La bancarrota del discurso político

“[D]emocracy means today […] ‘injustice rather than disorder’[.]”  Slavoj Žižek – Philosophy in the Present

“My underlying premise is that there is something inherently mystifying in a direct confrontation with it: the overpowering horror of violent acts and empathy with the victims inexorably function as a lure which prevents us from thinking.” Slavoj Žižek – Violence

Parece ser que una contradicción vive en el interior de nuestro discurso político. Hay cierta hipocresía en hablar y exigir democracia por un lado, mientras por el otro se pretende imponer por la fuerza posicionamientos políticos e incluso se llega a justificar la violencia. La contradicción aparece toda vez que identificamos la democracia con un sistema parlamentario donde los conflictos entre los diferentes sectores de la sociedad se resuelven en las urnas. Mediante el voto seleccionamos a los líderes que representarán nuestros intereses por un periodo determinado de tiempo. Cuando estamos insatisfechos con las circunstancias, la ejecutoria institucional o gubernamental, cuando sentimos que los que están en el poder ya no nos representan, vociferamos nuestro descontento de manera racional y ordenada y siguiendo las guías de la práctica adecuada de nuestro derecho a la libre expresión con la esperanza de aglutinar la suficiente influencia en la opinión pública para alterar la composición del liderato del país en el próximo proceso electoral.

En el contexto y desde el interior de este sistema todo recurso a la violencia debe ser repudiado y denunciado como intimidación e influencia indebida en el proceso democrático. Dentro de este sistema sólo el discurso racional tiene cabida. Argumentos políticos y seculares; cero recurso a la fuerza, cero recurso al misticismo, cero recurso a la intimidación y al miedo. Sobre todo, cero recurso a la violencia.

Todo esto es cierto y casi universalmente aceptado en todo país que goce de un estado de derecho democrático digno del nombre; es decir, en todo país civilizado. Hacer lo contrario, no seguir las reglas, recurrir a la violencia, es recurrir a la irracionalidad y al dogmatismo; es abrazar de lleno la barbarie.

¡Ah! Pero tenga en cuenta el lector que todo esto es cierto solo desde el interior del sistema. Solo bajo el entendido de que hay consenso en torno a la forma misma del sistema democrático parlamentario puede razonarse de la forma en que lo he hecho. Si este sistema es puesto en entredicho—sea por la falta de conformidad de parte de los distintos sectores de la sociedad con el rendimiento de los administradores del sistema, o porque se ha erosionado la confianza en las instituciones que lo conforman hasta el punto de cuestionar su legitimidad— y algún sector de la población comienza a plantearse un futuro fuera del consenso requerido para que se dé el buen ordenamiento de la ley, nada de lo que dije anteriormente se sigue como prescripción a la acción política.

Las razones no son difíciles de comprender, aunque rara vez se piensen. En los momentos en que el consenso en torno a la forma política de la democracia parlamentaria se rompe, o interrumpe, las reglas del discurso racional se vienen abajo. Es lo razonable, políticamente hablando—canalizar el descontento mediante la libre expresión no-violenta o la desobediencia civil, las huelgas, los recursos legales contra el Estado, el recurso a la apelación, el recurso a las urnas, etcétera—, lo que está siendo cuestionado en estos momentos. La violencia se da precisamente allí donde dos sectores de la sociedad dejan de participar en un mismo discurso político. (Vale la pena hacer un breve paréntesis para decir algo que para el lector sofisticado se cae de la mata. Lo político según lo estoy usando nada tiene que ver con la política partidista.  De hecho, todos los partidos políticos existentes en este país—incluyendo los de reciente formación—tienen el mismo discurso político: la democracia parlamentaria).

La violencia surge inevitablemente como surgiría si en pleno juego de baloncesto uno de los dos equipos dejase de seguir las reglas y comenzase a correr con el balón en la mano, a hacer “goal tending”, a dar faltas sin que los árbitros (¿jueces?) las canten, o finalmente a  salir corriendo de la cancha con el balón. El otro equipo que, luego de esto, aún sigue creyendo en las reglas del baloncesto tendría razón para estallar en un brote de ira. Nadie se sorprendería si en ese contexto uno de los jugadores del único equipo que todavía intenta jugar baloncesto golpease a uno de los “baloncelistas” rebeldes, a uno de los camarógrafos o a alguno de los fanáticos que encuentre graciosa la “rebeldía” de los “jugadores”. Más aún si se tratase de un juego importante (en el que se juega el futuro de la Universidad, por ejemplo). En fin, que nada hay más desesperante que jugar con alguien que no sigue las reglas.  ¿Qué más se puede hacer con un contrincante “irracional”?

Así mismo, en nuestro contexto universitario se han dado una serie de actos violentos por parte de las fuerzas del orden democrático con motivo de los actos “rebeldes” por parte de aquellos que se rehúsan a seguir las reglas del discurso democrático. ¿Qué cabe hacer con estos actos? ¿Cómo juzgarlos? ¿Cómo juzgar a los estudiantes (violentos y no-violentos) y cómo al gobierno rebelde?

Sí, es el Estado el que se ha rebelado contra la ley y el orden del Estado democrático de derecho y son los estudiantes los que han reaccionado de la única forma que se puede reaccionar ante la desesperanza que supone extender la mano a quien te escupe la cara. La rebeldía real no proviene del estudiantado, la rebeldía del estudiantado, si alguna, es más bien conservadora. Los estudiantes en su gran mayoría son izquierdistas del tipo sobresocializado, como decía Theodor Kaczynski en el “Unabomber Manifesto”:

“The leftist of the oversocialized type tries to get off his psychological leash and assert his autonomy by rebelling. But usually he is not strong enough to rebel against the most basic values of society. Generally speaking, the goals of today’s leftists are NOT in conflict with the accepted morality. On the contrary, the left takes an accepted moral principle, adopts it as its own, and then accuses mainstream society of violating that principle. Examples: racial equality, equality of the sexes, helping poor people, peace as opposed to war, nonviolence generally, freedom of expression, kindness to animals. More fundamentally, the duty of the individual to serve society and the duty of society to take care of the individual. All these have been deeply rooted values of our society (or at least of its middle and upper classes) for a long time. These values are explicitly or implicitly expressed or presupposed in most of the material presented to us by mainstream communications media and the educational system. Leftists, especially those of the oversocialized type, usually do not rebel against these principles but justify their hostility to society by claiming (with some degree of truth) that society is not living up to these principles.”

De modo que resulta risible cuando se le llama revoltosos a los estudiantes por haber salido a las calles a reclamar lo que les ha sido prometido. Son ellos los que le están reclamando al Estado que no se está dejando llevar por las reglas de la democracia parlamentaria que se supone guíen sus actos. Los estudiantes solo están pidiendo que se restaure la Ley y el Orden, que haya transparencia, que se dé la separación de poderes que garantice el ejercicio objetivo de la administración y  posibilite la autonomía universitaria cual lo dispone la ley.

Lo que estamos viviendo es el mundo vuelto boca abajo.  Las instituciones—decía Montesquieu—fracasan víctimas de su propio éxito. Creo sinceramente que lo que estamos atestiguando como motines, revueltas, protestas multitudinarias pacíficas y violentas alrededor del mundo, no es otra cosa que el éxito de la socialización democrática. Los ciudadanos de los distintos estados de derecho democráticos nos hemos creído el cuento democrático. El Gobierno de turno, por su parte, ha extirpado todo dinamismo del sistema democrático y ha dejado al mismo en sus huesos. Es decir, que lo que estamos viviendo es la forma estructural depurada de un estado de derecho. Los gobiernos de turno no han claudicado a sus valores democráticos sino que han logrado comprender finalmente la esencia misma de la dictadura de la burguesía. Por ejemplo, se han percatado que la libertad de expresión, en su forma depurada, solo consiste en que el gobierno permita dicha expresión pero de ahí no se sigue, como creíamos los que creemos en las reglas del debate democrático, que el Gobierno deba escuchar y ponderar los reclamos de los protestantes y enmendar sus actos de acuerdo a ellos. A este dominio estructural de la democracia tenemos que añadir que la mayoría de las acciones del gobierno que indignan a la población—aumentar el número de jueces del supremo, la ley 7, la invasión policial de la UPR, la designación de espacios específicos para la libertad de expresión, la criminalización de las protestas y de los encapuchados—son completamente legales. Estos no han traicionado el sistema sino que lo han llevado a su máxima potencia. Los verdaderos radicales de este contexto son el Gobierno y la Administración Universitaria. Son ellos los que quieren desmantelar, mediante la implementación férrea de los recursos legales que el sistema provee, las instituciones que son el baluarte de nuestro país, son ellos los que tienen un proyecto revolucionario: desmantelar el estado “socialista” benefactor.

Si no tenemos esto en cuenta, corremos el riesgo de entenderlo todo al revés a la hora de juzgar los actos de violencia de los pasados días.

Una distinción importante en este contexto es la que hace Slavoj Žižek en su libro “Violence”. La violencia, según éste, puede ser dividida en violencia subjetiva (aquella que se da entre individuos, cuerpo a cuerpo) y violencia objetiva o institucional (aquella que es llevada a cabo por un “estado de cosas” político). Por ejemplo, si un ciudadano x me agrede, habré sido víctima de un acto de violencia subjetiva. La violencia objetiva o institucional, a diferencia, viene de todas partes y de ninguna. Si soy despedido de mi empleo porque me han sustituido por un robot, si  un policía me detiene por ser negro (“racial profiling”), quien me agrede no es mi patrón ni el policía en tanto que individuos, sino el sistema de coordenadas de sentido (económicas y raciales) que justifica estos actos escondidos bajo el nombre de lo “normal”. La forma misma de la violencia institucional requiere para su ejecución de un consenso, aun si este es inconsciente o simplemente pre-reflexivo, acerca de lo que se tiene por normal,  legal, moral, etc.  Por esta razón rara vez puede ser ejercida  por las fuerzas que se oponen al Estado y es sólo el Estado quien puede ejercerla. Sin embargo, en las ocasiones en que este consenso sobre la forma política del Estado (y con esto decimos, además del Gobierno, el estado de cosas que define un mundo social, es decir la ideología dominante o hegemónica) queda en entredicho, puede abrirse el espacio para que fuerzas que se opongan al mismo ejerzan también violencia objetiva. La función de un movimiento revolucionario proletario, por ejemplo, es lograr precisamente esto, lograr organizarse para oponer violencia institucional contra violencia institucional; para oponer su proyecto de mundo (comunista) al mundo capitalista burgués de la democracia parlamentaria.

Tomando esta distinción y aplicándola a nuestro contexto universitario tendríamos que decir que la violencia subjetiva no sirve políticamente de nada aquí. Los estudiantes que patean las latas de gas lacrimógeno para atrás a los policías, que empujan al ser empujados, que lanzan piedras y rompen cristales a los carros del Estado en represalia por las agresiones hacia sus compañeros, pierden su energía enfrascados en una violencia subjetiva, cuerpo a cuerpo. Ya lo dijo Alain Badiou, de nada sirve atacar (incluso matar) a un burgués empírico. El verdadero enemigo del proletariado no es el burgués sino el mundo burgués. Es por esto que, irónicamente, la forma de violencia que más sentido político me ha hecho desde estas  coordenadas es la tan repudiada violencia gratuita de los estudiantes que viraron mesas y agredieron verbalmente a compañeros universitarios en el Centro de Estudiantes.

Estos estudiantes no estaban reaccionando a una agresión física por parte de la policía, de unos policías particulares; ellos estaban ejerciendo violencia contra el mundo burgués, el mundo de la complacencia con la orden del día, el mundo del que se sienta a comer y a tomar clases tranquilamente mientras la Universidad, la idea misma de UNIVERSIDAD, está siendo asediada. Por esto no puedo repudiar estos actos, e incluso cabría pensarlos, desde la perspectiva que estoy aquí presentando, como los únicos actos de violencia institucional que la comunidad universitaria ha logrado conseguir. Es la única violencia que habita el lugar del desorden y el caos que supone cuestionar radicalmente las reglas y la moralidad del mundo en que vivimos: el mundo capitalista de la democracia representativa. Es la única violencia que me anuncia que otro futuro político es posible: un futuro más allá de la democracia.

Esto tomado como incidente aislado, es decir, sin un proceso de organización y subjetivación política que les dé sentido, no es nada que haya que celebrar como valioso en  sí mismo, ya que las acciones del gobierno también cuestionan las reglas fundamentales del mundo en que vivimos: el mundo del estado benefactor—y no estamos mejor por ello. El punto es leer en estos actos (los de los estudiantes que viraron las mesas) no una afrenta a los valores democráticos (aunque ciertamente lo son), sino el producto del proceso de desestabilización social que acaece en los periodos en que el consenso sobre las formas políticas que han de guiar nuestra acción está en entredicho; leerlos como actos políticos anti-hegemónicos.

No es casualidad que esta sea el tipo de violencia que más nos llame la atención en medio de tantos y tan frecuentes actos de violencia mucho más contundentes y cotidianos. Todo otro acto de violencia está cifrado de antemano en el sistema y es compatible con él. Matar a alguien en un servi-carro por dinero, el desamparo de los deambulantes, machetear a tu esposa, macanear estudiantes, y una larga lista de etcéteras. De hecho, visto en el contexto de estas violencias subjetivas cotidianas y de todas las violencias institucionales a las que los puertorriqueños hemos sido sometidos por este gobierno de turno, cabría cuestionar el epíteto mismo de “violento” al hablar de unas simples viradas de mesas y alguno que otro cristal roto.

Ante este escenario los invito a distanciarse un poco de la reacción visceral contra los actos  de violencia institucional de algunos estudiantes y que miremos con ojos críticos esta reacción, producto de nuestra sobresocialización democrática para pensarnos más allá de ella.

“We suggest […] the risky but necessary gesture of rendering problematic the very notion of ‘democracy,’ of moving elsewhere—of having the courage to elaborate a positive livable project ‘beyond democracy.’” Slavoj Žižek-In Defense of Lost Causes

Es la democracia, como forma de ordenamiento político de lo real, lo que creo que ha llegado a su límite y tenemos que ser capaces de imaginarnos un afuera, más allá de ella, aun si esto significa, por el momento, habitar el espacio de lo irracional, del caos, del desorden.

El Estado nos está dando un ejemplo claro de rebeldía contra (aunque desde) la democracia y en esto debemos emularlo. Pero donde el Estado se rebela hacia la derecha, hacia la tiranía, nosotros debemos aunar fuerzas y organizarnos para generar un proyecto que se rebele contra el Estado pero hacia la izquierda y más allá de la izquierda hacia la participación política directa, hacia la solidaridad, hacia la responsabilidad política, hacia la creación de un mundo más allá de lo privado (aquello que le pertenece a algunos) y lo público (aquello que no le pertenece a nadie porque es del Estado), hacia la generación y mantenimiento de un mundo común (lo que nos pertenece a todos), en fin, hacia el comunismo.

Este futuro post-democrático no es algo a ser tomado a la ligera. Es un prospecto que me llena, a mi y muchos compañeros, de inseguridad ontológica porque implica repensarnos desde cero. Pero sinceramente creo que esta decisión no es opcional, nuestro contexto nos la está imponiendo. Ante el colapso de la democracia se anuncian dos posibilidades: un  futuro post-democrático autoritario (a la Sarah Palin/Fortuño) o un futuro post-democrático comunista.

Ante esta disyunción démonos la oportunidad de tomar distancia y pensar sobre los distintos tipos de violencia que conforman este conflicto y sobre su sentido político profundo. Permitámonos habitar ese lugar, terrible e incómodo, que se abre cuando nos disponemos a dar un salto al vacío, cuando nos disponemos a abandonar todo lo que hemos sido y querido hasta el momento, guiados por la esperanza de que otro mundo mejor es posible.

  • alberto h diaz

    Bernat, me gustaría estar de acuerdo pero no puedo.  Llamenme súper-civilizado o como quieran pero no hay nada que me sea más repulsivo que la violencia en contra de las sillas y los cristales. Las sillas no se meten con nadie para que venga un bandido y las ponga patas pa’rriba.  Si hasta dejan que uno se siente encima de ellas! Y los cristales hasta te dejan ver a través.  La conducta violenta desplegada por estos muchachos en contra de las sillas y os cristales hiere irremediablemente mi sensibilidad. 

    Por el otro lado, creo que lo que buscas – la herramienta,sea violencia, juego u otra cosa, que cuestione radicalmente las reglas y la moralidad del mundo que vivimos y anuncie otro mundo posible- está encerrada en algún lugar entre Saul Alinsky, Banksy, Hakim Bey, et al.  El problema es que todavía no se nos hace evidente.

    Alberto

    • Bernat Tort

      Alberto,

      Jajajaja… ¡Genial!  De habérseme ocurrido esta versión irónica y sintética me pude haber ahorrado todo el rodeo de la democracia. 

      “The chairs are dead; long live the chairs!”

      Bernat

      P.D. Cuento contigo pa buscar lo que no se nos ha perdido.

      • alberto h. diaz

        Vale.

        Al.

  • Antonio Pérez Casanova

    Agradecido Bernat por tu artículo.

    Creo apropiado traer algunos pormenores técnicos-científicos al intercambio de ideas. Pero antes, para entonar con el perfil de personajes que habitan en el actual gobierno no olvidemos los “celebres” adjetivos y frases: garrapatas, vividor, crápulas, “SUCH is LIFE” y la estelar COMPRATE un LIMBER. Como ellos, muchos han querido explicar las desigualdades de estatus, riqueza, poder y inteligencia con doctrinas individualistas, reduccionistas y deterministas como expresión de la inestabilidad social. Una de las más contrastadas y debatidas de estas doctrinas lo es el determinismo biológico (1). El determinismo biológico es por consiguiente el dogma representado fundamentalmente por el caudal genético de los individuos; el cual es el condimentado básico del ser humano y de la conducta de éste en la sociedad olvidando los demás factores (medio ambiente & factor social) actuantes.

    Durante la segunda mitad del siglo XX se crean varios centros de investigación y divulgación de ideas conservadoras con la ayuda de multimillonarios influyentes y uno de los más eficaces fue el Instituto Manhattan. Como prototipo del discurso presente en dicho centro tenemos el libro de George F Guilder donde explica que una de la causa de la miseria en los Estados Unidos se encuentra en la anarquía familiar entre los pobres concentrados en las ciudades favorecida por las ayudas sociales cuyos efectos no son otros que pervertir el deseo de trabajar, minar la familia patriarcal y erosionar el fervor religioso, que son los tres resortes de la prosperidad (2). 

    En contraste, decía Albert Einstein: “The economic anarchy of capitalist society as it exists today is, in my opinion, the real source of the evil. … Private capital tends to become concentrated in few hands, partly because of competition among the capitalists, and partly because technological development and the increasing division of labor encourage the formation of larger units of production at the expense of smaller ones. The result of these developments is an oligarchy of private capital the enormous power of which cannot be effectively checked even by a democratically organized political society. This is true since the members of legislative bodies are selected by political parties, largely financed or otherwise influenced by private capitalists who, for all practical purposes, separate the electorate from the legislature. The consequence is that the representatives of the people do not in fact sufficiently protect the interests of the underprivileged sections of the population. I am convinced there is only one way to eliminate these grave evils, namely through the establishment of a socialist economy, accompanied by an educational system which would be oriented toward social goals. … The education of the individual, in addition to promoting his own innate abilities, would attempt to develop in him a sense of responsibility for his fellow men in place of the glorification of power and success in our present society …” (3).

    Para redondear, para el capitalismo (4,5) las personas no son más que artículos cuyo costo se puede apreciar conforme a lo que de rendimiento económico contribuya para los cofres del mercado.

    Referencias:

    1. Lewontin, RC., Roses, S., Kamin L. 2003. No está en los genes. Racismo, genética e idiología.
    2. Gilder, GF. 1981. Wealth & Poverty.
    3. Einstein, A. 1949. Why Socialism? Monthly Review.
    4. López, J. 2010. Manual de Resistencia Anticapitalista.
    5. Phelps, ED. 2009. Refounding Capitalism Capitalism and Society.

    Abrazos solidarios.
    Sinceramente,
    Toño

  • http://elweb.co Giovanni Collazo

    Excelente columna Bernat, me has hecho pensar más de la cuenta para un domingo. Tomé un pequeño descanso del trabajo para leer un poco y llevo una hora pensando en esto.

    Primero: ¿Como explicar esto al ciudadano promedio no educado que piensa que hay que “sacar a palos a los encapuchados que destruyen la propiedad pública”?

    Segundo: Creo que hay dos opciones para lograr una victoria en esta lucha:

    Opción 1. Usar las “armas fuertes” del estado en su contra, especificamente la comunicación pública. No hay excusa para no ser creativo. La opinión pública se puede cambiar y más aún cuando es el estado el que violenta lo establecido.

    Los politicos le tienen terror a dejar de estar en el poder. Cuando tres o cuatro “líderes de barrio” llamen a un representante a decirle que si no cambia su actitud hacia el issue de la universidad no van a ayudarlo en la próxima campaña, este representante se va a cagar. Si esto pasa una y otra vez la presión va a llegar a donde tiene que llegar.

    Son miles los estudiantes afectados por esta crisis. ¿Porque no le damos 50 números de telefono a cada uno para que llamen y expliquen lo que pasa con la universidad persona a persona? Estoy seguro que como yo hay muchos programadores y otros profesionales que nos pondríamos al servicio de algo con sentido, con metas concretas y alcanzables (no digo que otra idea no lo sea).

    Opción 2. Tratar de cambiar el “status quo” para empezar un nuevo orden social donde los issues que tiene la universidad no existan. Me parece excelente idea y creo que la situación nos impone plantearnos esto, pero tambien creo que primero hay que acumular triunfos y demostrar que hay las personas, la inteligencia y sobre todo la creatividad para llevar a cabo un proyecto tan ambicioso.

  • XXI

    Mas que la dictadura odio a la democracia. La democracia es una dictadura mucho mas sutil. Los democratas siempre nos violan el derechoa rebelarnos. Son los prudentes nuestros mayores enemigos.

    Compara democracia normativa con la democracia real. Simplemente un chiste de mal gusto.

    Ustedes que tratan la democracia como una pretendida virtud cuando saben que eso no existe ni nunca podra existir, no son mas que unos hipocritas.

    “Los anarquista están en contra de la violencia (…) La idea central de la anarquía es la eliminación de la violencia en la vida social (…) Por eso somos enemigos del capitalismo que obliga, apoyándose en la protección policíaca, a los trabajadores a dejarse explotar por los poseedores de los medios de producción. (…) Por eso también somos enemigos del Estado, que es la organización (…) violenta de la sociedad. La violencia es justificable sólo cuando es necesaria para defenderse a si mismo y a los demás contra la violencia. (…) El esclavo está siempre en estado de legítima defensa y, por lo tanto, su violencia contra el amo, contra el opresor, es siempre moralmente justificada…”

    Enrrico Malatesta

  • http://www.multitudenredada.com Iván

    Saludo, Bernat,

    gracias por tu columna y la provocación a pensar los recientes sucesos desde otras coordenadas.

    Como ya expresé en el último curso de la Universidad sin paredes, creo que la violencia ejercida en el Centro de Estudiantes fue dirigida a las personas que habitaban ese espacio. La violencia empleada fue la de los cuerpos, la subjetiva, ya que la violencia sistémica o institucional no está en las manos de quienes están fuera del Estado.

    Es en esa violencia subjetiva contra pares que hay cierta pulsión de muerte, como dice Mari Quiñones. Buscando generar un estado a-normal de las cosas, de crear una inestabilidad asfixiante que imposibilite el acostumbrado día lectivo y laboral, l@s estudiantes produjeron un peligroso estado de “persecusión” del Otro. Con esto me refiero a que se recurrió a perseguir y atormentar a quien se situara en un espacio de diferencia. Esa diferencia bien podría ser política -oposición a la huelga, aprobación de la cuota, respaldo al gobierno/administración, etc- o situacional -dejó de participar (ese día) en la huelga para realizar algún trabajo, no apoya la huelga ni la cuota pero es obligad@ por su profesor a terminar con el trabajo pendiente del semestre, etc-.

    Es aquí donde llegamos a una pregunta fundamental en el debate de la violencia: ¿a quién se dirige la violencia subjetiva? Hay relatos de varias personas que vivieron los sucesos del centro de estudiantes que subrayan una compleja variedad. Entre quienes se encontraban en el Centro ese día habían estudiantes que apoyaban la huelga, la lucha contra la cuota y la defensa de la universidad. Pero, la presión a la que son sometidos por sus profesores y el temor de fracasar sus cursos los llevaron a asistir ese día a la universidad.

    Ese fetiche de homogeneizar al opositor y de construir esa relación binomial, conduce a terribles consecuencias.

  • mari quiñones

    Saludos Bernat:

    En tu análisis obvias algunas sutilezas sobre esa violencia encaminada a producir un nuevo mundo. Haciendo alusión a la violencia como pulsión de muerte, el propio Zizek nos dice par de cosas muy interesantes.  Una cita basta para complejizar tu argumento:

    The critics who complain how, in today‘s hedonistic-egotistic society, true values are lacking totally miss the point. The true opossite of egotist self-love is not altruism, a concern for common good, but envy, ressentiment, which make me act against my own interests. Freud knew it well: the death drive is opposed to the pleasure principle as well as to the reality principle. The true evil, which is the death drive, involves self-sabotage. It make us acts against our own interests.

    A mi me preocupa una violencia que tenga como saldo el sabotaje de la mismo de la lucha estudiantil. Que en esa protesta animada por el deseo de crear un nuevo mundo, y otras experiencias de universidad, asome la cara del resentimiento y la envidia. No son las bolitas de humo las ocupan mis reflexiones de estos días; ni siquiera los cristales rotos de un lugar tan feo como los fast foods del Centro de Estudiantes. Es la tendencia, cada vez más insistente, a establecer una moral única y posible ante la crisis que enfrentamos. Un curso de acción y de pensamiento que no acepta desvíos porque supone que cualquier otra cosa es claudicar.  No es indiferencia ante lo que nos acontece, ni complacencia con el mundo burgués, lo que me lleva a asumir cierta cautela a la hora de analizar el futuro de la universidad y el país, los eventos que se suscitan cada día, hasta el proyecto de Universidad sin paredes.  Es la complejidad de las motivaciones humanas al interior de una violencia que nunca podremos eliminar, porque es constitutiva de la cultura, la que debemos ponderan.  No la violencia por la violencia, sino la posibilidad de que su motor sean valores e ideas que son, ni tan nobles ni tan desinteresadas, como tú y yo quisieramos que fueran.

    Un abrazo, Mari

    Como siempre,

    • Bernat Tort

      Muy querida Mari:

      Coincido contigo en que este asunto es mucho más complejo, por eso agradezco muchísimo tu intervención.

      Creo que tus preocupaciones encierran una de las paradojas del pensamiento posmoderno que compartimos.  La paradoja es la siguiente (y parecerá un argumento meramente formal pero creo que no lo es): cuando planteamos, desde un discurso que busca la complejidad y el respeto a las diferencias y la inclusión de puntos de vista divergentes como formas de enfrentar esta crisis, que algunos compañeros no son lo suficientemente complejos o inclusivos de las diferencias, somos nosotros los que no estamos siendo lo suficientemente complejos e inclusivos.  Pensar este asunto desde la complejidad a la que apuntas requiere pensar a ese Otro como cercano, como nuestro. Me parece que a eso se refiere Mabel cuando comenta:

      “Ser ese Otro, ese que vira mesas y da cristalazos, me asusta, me angustia… hasta la supresión total de la salivación que caracteriza mis más íntimas ansiedades. Y es que en mi multitud situaba ese otro en lo lejos, en un remoto allá que hasta leer tu reflexión estaba negada a pensarlo siquiera como posibilidad.”

      Ese Otro que “tenga como saldo el sabotaje mismo de la lucha estudiantil. Que […] asome la cara del resentimiento y la envidia. [Que exhiba] la tendencia, cada vez más insistente, a establecer una moral única y posible ante la crisis que enfrentamos. [Y que implique] un curso de acción y de pensamiento que no acepta desvíos porque supone que cualquier otra cosa es claudicar”… Ese Otro es parte de la diferencia y de lo complejo de nuestra situación.  La complejidad no comienza en el consenso de formas de brega y de lucha sino en su ausencia.  La gran pregunta que nos debe estar quitando el sueño en estos días es ¿cómo hacer una organización o comunidad “de los que no tienen nada en común”? (Los incomunistas de Duchesne que no dejan de habitarme) ¿Cómo organizar una heterogeneidad sin que deje de serlo?

      De modo que, desde mi perspectiva, no creo que se trate simplemente de complejizar el asunto, que ciertamente siempre puede ser y hacerse más complejo, sino de una invitación a ser consistentes. Lo que intento es ser consistente con mi posmodernidad y tal vez ese es mi fallo trágico… De lo que se trata, para mí, es de que el bárbaro y el civilizado, el burgués y el proletario habitan en todos nosotros.  Lo que me lleva a tu primer punto: tu cita de de Žižek vs mis citas de Žižek.  (Antes debo hacer el “disclaimer” de que tengo una relación problemática con Freud.  Como teórico lo aprecio y lo uso, pero como científico lo considero un charlatán.  Así que voy a acceder a hablar del tema sin problematizarlo). Veamos la cita:

      “The critics who complain how, in today‘s hedonistic-egotistic society, true values are lacking totally miss the point. The true opposite of egotist self-love is not altruism, a concern for common good, but envy, resentment, which make me act against my own interests. Freud knew it well: the death drive is opposed to the pleasure principle as well as to the reality principle. The true evil, which is the death drive, involves self-sabotage. It makes us act against our own interests.”

      La cita parecería implicar que estoy entre aquellos que dicen que nos faltan valores verdaderos en esta sociedad hedonista-egoísta.  Creo que lo que dije fue todo lo contrario.  Nosotros, los sobresocializados, lo que tenemos es un mar de valores democráticos.  No solo esto sino que le exigimos a la sociedad que viva de acuerdo a ellos (en eso consiste nuestra sobresocialización) como se nos enseñó que debía ser.  Si no está implícito ni explícito en mi texto que yo soy de esos críticos (de los que dicen que “true values are lacking”), parecería no seguirse el resto de la cita, pero presumamos que sí lo soy para poder continuar. 

      Creo, y me corriges si me equivoco, que el punto principal que querías hacer con la cita es que si planteo los actos de violencia del Centro de Estudiantes como actos de violencia institucional hacia el mundo burgués “egoísta y hedonista” y digo que estos abren la posibilidad o anuncian que otro mundo no burgués es posible, debo tener cuidado de no estar cifrando mis esperanzas en una mala interpretación de las intenciones de los compañeros que los llevaron a cabo, no sea que de lo que se trate sea de la expresión de la pulsión de muerte que busca la autodestrucción (actuar contra nuestros propios intereses guiados por la envidia y el resentimiento) y no el bienestar desinteresado.

      Si este es el caso tenemos dos diferencias de opinión.  Por un lado, evado hablar de las intenciones de los compañeros porque, como nos enseñó John Stewart Mill (y curiosamente también Freud), estas rara vez se pueden conocer y aún cuando se conocen nunca deja de pulular la posibilidad del engaño, la racionalización o la mala fe sartreana (auto-engaño); de modo que prefiero hablar de posibles lecturas de los actos y de las posibles consecuencias de los mismos.

      La segunda, y para mí más importante, diferencia es que sí creo que se trata y debe tratar de actuar en contra de nuestros propios intereses porque nuestros intereses son producto de una socialización burguesa: “the enemy lives within”.  La clave de la purificación política a la que alude Badiou cuando dice: “A minimal and purified political heterogeneity is a hundred times more combative than a parliamentary armada of represented struggles”, se trata precisamente de una purificación subjetiva, de sacarnos lo burgués del sistema.  Una vez hecho esto podremos vivir mejor con la heterogeneidad política y la complejidad que implica el sabernos también bárbaros e incomunistas, los que no tienen nada en común, salvo, en este caso, querer rescatar la Universidad (casi te escucho objetar, y con razón, ¿pero qué Universidad?).  Esto creo que resultará mejor que llegar a un consenso que transforme a la multitud en una masa que puede ser representada porque “todos queremos y pensamos lo mismo”.
      Pero volvamos al tema de las intenciones en tus últimas dos oraciones:

      “Es la complejidad de las motivaciones humanas al interior de una violencia que nunca podremos eliminar, porque es constitutiva de la cultura, la que debemos ponderar.  No la violencia por la violencia, sino la posibilidad de que su motor sean valores e ideas que son, ni tan nobles ni tan desinteresadas, como tú y yo quisiéramos que fueran.”

      Puede que sea cierto que las intenciones de los compañeros hayan surgido subjetivamente de la envidia y el resentimiento (siempre queda la pregunta ¿envidia de qué, resentimiento hacia qué?), pero eso nos debe ser absolutamente indiferente a la hora de analizar sus actos.  El psicoanalista no se deja llevar por las intenciones expresas de sus pacientes sino por los “lapsus lingues” y demás mecanismos de “comunicación” del inconsciente.  Así mismo nosotros los analistas políticos no nos debemos dejar llevar por las intenciones de los estudiantes sino por lo que creemos se esconde tras sus actos.  Por eso me estuvo tan genial la última columna de Rubén (“De donde viene el malestar”). También por eso mi epígrafe de Žižek sobre distanciarnos de la empatía causada por la violencia y permitirnos pensar sobre ella de forma más objetiva…
      Para evitar el asunto de las intenciones, por regla general leo citas, actos y libros como nos invitan a hacerlo Deleuze y Guattari en Mil Mesetas:

      “We will never ask what a book means, as signified or signifier; we will not look for anything to understand in it.  We will ask what it functions with, in connection with what other things it does or does not transmit intensities, in which other multiplicities its own are inserted and metamorphosed, and with what bodies without organs it makes its own converge.”

      Vuelvo a la última mitad de tu última oración: “…ni tan nobles ni tan desinteresadas, como tú y yo quisiéramos que fueran.” Comparto completamente esta preocupación, pero creo que nuestra diferencia consiste en que he decidido no participar de una cautela excesiva, que a mi parecer nos ha llevado a nosotros los posmodernos a cierto inmovilismo político o atrincheramiento teórico.  Siempre en estos procesos multitudinarios alguien dirá o hará algo que suene nacionalista, homofóbico, intolerante de las diferencias, etc.  Pero tenemos que seguir metidos en el meollo sin ser tan cautelosos, es decir, sin retirar nuestro apoyo a la menor provocación (y no lo digo por ti sino por algunos de nuestros colegas), porque de otro modo, las sutilezas teórico-políticas que podemos y debemos contribuir desde el adentro se perderían desde el afuera y entonces estaríamos cediendo el terreno a las voces homogenizadoras.

      Regreso brevemente a lo de la envidia y el resentimiento.  Usar estos términos en este debate se puede traducir, en el contexto de mi análisis (el que hago en el artículo) a decir que los que se oponen o violentan al mundo burgués lo hacen por envidia y resentimiento, es decir, porque no se les repartió del bizcocho del bienestar capitalista.  Esto sí sería una sobresimplificación que solo cumple el efecto retórico de neutralizar o descualificar a priori cualquier argumento anti-capitalista.  Por esa razón no le veo el sentido político al asunto de las intenciones y de la psicología de los individuos que participan de estos procesos; desde mi perspectiva estos términos y categorías confunden más las cosas de lo que las explican.

      El otro día Rígel se expresó sobre todo este meollo de la siguiente manera: la pregunta principal no es ¿a favor o en contra de la huelga? (Y añadiría yo ¿lucha violenta o no-violenta?) Sino: ¿a favor o en contra de la Universidad?  Creo que todos los que estamos participando de estos debates estamos en el mismo lado de esta última pregunta; lo demás lo iremos resolviendo sobre la marcha…haciendo, de hecho, lo que estamos haciendo aquí: debatiendo. 

      Seguiremos…

      Un beso y un abrazo

      Como siempre,

      Bernat

      • mari quiñones

        Querido Bernat:

        En estos días, mis intervenciones no llevan la carga de la teoría. Más bien, evito saturar mis comentarios con alusiones a teóricos que conozco, leo y cuyos pensamientos valoro, porque me provoca la idea de ser una intelectual sin asideros. La idea no es original…viene de Hannah Arendt. Parto de la premisa que conoces su obra, que no hablamos en el vacío y que, al igual con la cita de Zizek, solamente quiero darle otro giro a tu análisis. Es curioso, hace años atrás escribí de ese otro, de la imposibilidad de conocerlo, de mi imposibilidad como antropóloga de hablar de la cultura, de “lo común.” Siento que en aquel momento de la escritura, como en este de ahora, no logro atravesar el tejido denso de los argumentos teóricos para llegar a un lugar donde quede develado el sentido de mis palabras, mis intensiones. Sé que las mías no son trasparentes, que yo misma desconozco quien habla cuando digo lo que digo. Igual me pasa con aquellos con los que sostengo un diálogo…supongo que cargan sus demonios y por lo tanto, sus palabras y acciones son para mi un “como si” (as if). 

        Con todo, hay un querer decir, un deseo de ser escuchada, comprendida. Para mi, el ejercicio de la escritura no es otra cosa que un hacer para los otros. Cuando te escribí, pensaba en los que se quedan inmovilizados por la violencia, no en los que dan clases como si hubiera una normalidad (creo que eso es imposible, hasta de los que convocan a la policía); en un espacio de trabajo hecho de memorias, encuentros, lugares y palabras con mis estudiantes, no en una universidad hecha ruinas por una mala administración y la irresponsabilidad de muchos profesores; pensando en un hacer de años, a través del cual hemos construido otra universidad, contra viento y marea.
        Ese día a día, esa cotidianidad, esa experiencia subjetiva otra, no puede abarcarla ninguna consigna ni se vive exclusivamente en clave burguesa. El capitalismo voraz tampoco logra aplanarla, comprarla, venderla como chatarra.

        Son los pequeños actos, con el que está caído, con el que está más cerca de mí, con el vulnerable, los que develan mi humanidad, esa vocación por el otro. La historia nos ha dejado un saldo muy amargo en ese plano existencial. Sino puedo ser amable con el más cercano a mi, ¿cómo construir un nuevo mundo?  Por eso, en mi caso, me limito a las pequeñas acciones, que pueden ser las más difíciles, precisamente porque demandan un cara a cara, un mirarme en los ojos turbios de ese otro, sin saber o poder anticipar lo que vendrá.  Eso entraña la posibilidad del resentimiento y la envidia, tanto como la generosidad y la comprensión. En mi, en los otros. Cada par nos puede llevar por senderos distintos.  No se trata de que unos valores triunfen sobre otros, sino más bien de reconocer nuestras inclinaciones, si y cuando podemos.

        Seguiremos hablando….y sintiendo.

        Siempre, Mari

  • JOMI

    Hola Bernat!
    Gracias por tu artículo…
    Puede que te interese el librito La insurrección que viene del Comité Invisible… Plantea cosas parecidas a las que propones solo que desde una perspectiva más a la frenchi…. pero de todas formas algunas de ellas son aplilcables a estos lares… un abrazo
    jomi

    • Bernat Tort

      Jomi:

      Haré mi asignación.  Gracias por la sugerencia “frenchi”, jejeje…

      Un abrazo

      Bernat

  • Ivan A. Colón Morales

    Excelente reflexión sobre la violencia estatal. Soy abogado y veo como todos los días el Estado caricaturiza las doctrinas del derecho constitucional sacrosanto de la libertad de expresión que se contempla en nuestra constitución. 

    Ciertamente el Estado está degradando el orden constitucional “democrático” para imponer por la fuerza una visión antidemocrática.  Después de todo, dentro del discurso “democrático”, la democracia está para proteger precisamente a “las minorías” o a aquellos que protestan por las actuaciones del Estado.

    • Bernat Tort

      Iván:

      Gracias por los comentarios.  En estos días pienso con mucha frecuencia que uno de los sectores que más enfurecidos debería estar son los abogados.  Este gobierno está erosionando la legitimidad del sistema legal y, por lo tanto, restándole sentido a la profesión del derecho.

      Bernat

  • Mabel Rodríguez Centeno

    Bernat:
    Muchas gracias por esta reflexión. Intuyo que desde hace tiempo sabes que me encanta que me muevan el piso, que me pongan a pensar, que me pongan a dudar, y que sabes que incluso me gusta cuando se despiertan mis temores, esas terribles ansiedades que nacen del miedo y que me obligan a sobreponerme a ellos en aras de algo mejor, hasta avivar el (humanístico) valor. Esta vez me has situado en un interesante pero incomodísimo medio entre temblores y utopías ante la posibilidad de “… dar un salto al vacío, cuando nos disponemos a abandonar todo lo que hemos sido y querido hasta el momento.”

    Ciertamente mi invitación es a pensar(nos) más allá de la dicotomía civilización/barbarie, y siempre supone la (generalmente angustiosa) posibilidad de reconocer la “barbarie” en nuestra piel. Porque los discursos sobre la barbarie se construyen como disuasivos a la transgresión y hay transgresiones necesarias, transgresiones (¿salvajes?) que merecen lucirse cual vistosos (e intrincados) tatuajes sin importar la multiplicidad de miradas que se posarán en ellos para juzgarlos, para descalificarlos, puesto que ese es el fin mismo de la visibilidad de la transgresión.

    Estamos preparados para lo anterior cuando abandonamos la complacencia que acompaña al paradigma civilización, cuando nos concienciamos de lo problemático y de lo limitante que pretende ser, del reto que supone sabernos civilizados cuando estamos todo el tiempo en peligro de ser “juzgados” como lo contrario.  Por eso es preferible asumir que en la multitud que nos habita estamos todos (nosotros y el Otro), solo así podremos asumir una civilización problemática que pese a su incomodidad, nos acomoda ante la posibilidad de ser interpretados como salvajes.

    Ser ese Otro, ese que vira mesas y da cristalazos, me asusta, me angustia… hasta la supresión total de la salivación que caracteriza mis más íntimas ansiedades. Y es que en mi multitud situaba ese otro en lo lejos, en un remoto allá que hasta leer tu reflexión estaba negada a pensarlo siquiera como posibilidad.

    No obstante, siendo que “en este juego de baloncesto” el equipo oficial no solamente abandonó las reglas del juego (saltándoselas todas y provocando impensables desmanes) sino que inventó y reinventa continuamente las nuevas reglas a conveniencia y sin revelarlas al oponente –quebrantando cualquier posibilidad de juego limpio para el futuro de la Universidad y del país– estoy dispuesta a hidratarme continuamente para considerar (en mi caso) impensables caminos para transitar “guiados por la esperanza de que otro mundo mejor es posible” y en la más cabal certeza de que

    “donde el Estado se rebela hacia la derecha, hacia la tiranía, nosotros debemos aunar fuerzas y organizarnos para generar un proyecto que se rebele contra el Estado pero hacia la izquierda y más allá de la izquierda hacia la participación política directa, hacia la solidaridad, hacia la responsabilidad política, hacia la creación de un mundo más allá de lo privado (aquello que le pertenece a algunos) y lo público (aquello que no le pertenece a nadie porque es del Estado), hacia la generación y mantenimiento de un mundo común (lo que nos pertenece a todos), en fin, hacia el comunismo”.

    Porque al escoger entre “un futuro post-democrático autoritario (a la Sarah Palin/Fortuño) o un futuro post-democrático comunista”, tengo muy clara mi única opción.

    Gracias por presentarme las cosas desde otro lugar, por empeñarte en que abandone “mi vieja izquierda pequeño burguesa”, gracias por proponer una vez más ese comunismo que nos recuerda nuestra condición proletaria (la conciencia de desposesión de poder político, de ser políticos).

    Entre el desasosiego y la esperanza, Mabel

    PD: Entre nos… creo que dedicarme el artículo fue quizás un pelín excesivo. :)

    • Bernat Tort

      Mabel:

      Me dio muchísima risa tu posdata y lo del “pelín excesivo” de mi dedicatoria…  Este “entre nos” público me encantó.  Pero creo que subestimas lo estimulante que fue tu clase en la “Universidad sin paredes”.  Realmente no he dejado de pensar desde ese día si el proyecto universitario se puede dar (como lo conocemos hoy día) sin asumirnos (los universitarios) desde el polo “civilización” del binomio.  Tú y Rancière (con su comunismo de la inteligencia) han sido quienes más me han hecho sentir/pensar que mi proyecto de una Universidad comunista es incompatible con la Universidad que había querido hasta el momento.  Es decir, me han obligado a volver a empezar a pensar; obligación que todo buen discípulo de Husserl que se respete a sí mismo no solo acepta sino agradece.  De modo que no creo que haya sido excesivo, sino justificadamente agradecido.

      Tu despedida: “entre el desasosiego y la esperanza” expresa perfectamente el desamparo (en el sentido de Sartre) que siento pensando sobre estos temas en estos días.  El futuro del que hablo me aterra genuinamente y creo que la razón es que soy (o he sido hasta la fecha) un izquierdista sobresocializado.  Una de mis pesadillas recurrentes de mi adolescencia/joven adultez era que cometía algún acto socialmente reprobable e irreversible.  La pesadilla consistía en que lo que me daba miedo (terror francamente) no era el haber sido capaz de ese acto, cualquiera que fuera (a veces ni me acordaba del acto), sino el “juicio social” que le seguía.  Realmente más que el juicio social externo, mi miedo provenía de mi miedo interno a quedar fuera del pacto social.  Lo que me daba miedo era pensarme pensado como un Otro reprobable y la exclusión social que esto implicaba.  Saberme al otro lado de un acto irreversible (y de sus consecuencias) que nos puede cambiar la vida para lo peor me aterraba y me aterra.

      El proyecto comunista plantea pensarnos precisamente afuera de “todo lo que hemos sido y querido hasta el momento” (el mundo burgués y los valores de la democracia parlamentaria), y debo admitir que siempre que me siento a pensarlo me paralizo. 
      El problema es que, como dije en el texto, pienso que el contexto nos lo está imponiendo.  Tenemos que pensar ese futuro post-democrático de izquierda porque el de derecha YA está pensado y en vías de implementación.  Y en estas condiciones tenemos que estar dispuestos a “re-hidratarnos la boca” y entrarle de frente al pensamiento escindido de pasar por la “barbarie” para llegar a plantear una nueva “civilización problemática” más allá de ésta.

      Con el desamparo que implica estar “entre el desasosiego y la esperanza”,

      Bernat

  • Carlos A. Delgado

    Muy intrincado y escatológico, para caer enlo incontrovertible: El estado es un organo de opresión,de una clase por otra. A ese estado capitalista,en esta fase neoliberal, le corresponde la “democracia” representativa, trunca y manipulada, por el capital, la cual rechazamos como un fraude. A ese constructo oponemos, la democracia, participativa, directa, buscando crear inastituciones de poder comunales, de sitios de trabajo (fabricas,fincas, comercios ect) que respondan, cada vez más al pueblo y menos al Estado;al que visualizamos como una figura transitoria, la cual, luego de la experiencia del socialismo real, deberá tener menos poder desde el saque, hasta su eliminación. Sería infantil, crear una sociedad sin Estado en su inicio. Quien le pone el cascabel al gato. Crearlo, quitarle poderes, no dejar que cresca y eliminarlo. Facil no es, pero no hay atajos. Por eso hay que acoger todos los métodos de lucha y plantearse la Revolución permanente a nivel internacional.El proceso continuo lucha educacón lucha, será indispensable. No creo que virar 4 mesas y romper par de cristales es un acto revolucionario, pero comprendemos perfectamente la frustración.

  • Teresa Peña Jordán

    Gracias Bernat por tu lucidez, y por ponerme a pensar!

    • Bernat Tort

      Teresa:

      Gracias.  Nos queda mucho por pensar.  Pues, como te dije el otro día, esta gente (Rancière, Badiou, Žižek) han ocasionado en mí una suerte de purga espiritual.  Plantearme seriamente el comunismo me ha obligado a pensarme desde sitios que van en contra de mi fibra natural (de izquierdista sobresocializado) y todavía hay mucho que no logro imaginar… Por eso dije “nos” queda mucho por pensar, tiene que ser una terea colectiva o no será.

      un saludo,

      Bernat