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El “hermoso hoy”, de Eduardo Lalo


lalopremioDiscurso pronunciado por Eduardo Lalo el pasado viernes 2 de agosto al recibir el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en Caracas, Venezuela.

La mayor parte de los habitantes del mundo poseen orígenes definidos, estables, prácticamente incuestionables: un lugar, un pueblo, una nación, un documento estatal, que establecen claramente sus coordenadas personales. Sin embargo, existen también otros habitantes del planeta cuyos orígenes son preguntas, equivocaciones o condenas. Recuerdo mis tiempos de estudiante en Europa, cuando invariablemente me detenía la gendarmería francesa en sus puestos de frontera. Recuerdo como el ceño del oficial se fruncía al examinar mi pasaporte, como comparaba la foto con mi cara, como volvía sobre el documento, como me dejaba esperando ante el mostrador y regresaba con un superior que, luego de examinar nuevamente las páginas de mi documento de “identidad”, me preguntaba con una mezcla de desprecio y celo policiaco: “Qui etez-vous?”, “¿Quién es usted?”

En ese documento que permite acceder al resto del mundo, se consignaba sin explicación un puñado de datos desorientadores que en mi caso confundían orígenes con legalidades. En el pasaporte no estaban mis lealtades o, lo que es lo mismo, la explicación de mí mismo dada desde la consciencia de los afectos. En ese pasaporte concedido a Eduardo Alfredo Rodríguez Rodríguez se le informaba a los aduaneros del mundo que el que tenían ante sí era un ciudadano estadounidense nacido en Cuba y (en esa época, hace unos 30 años, y he aquí otra instancia por la que ha aumentado nuestra invisibilidad) que este documento había sido emitido por el Departamento de Estado del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. En lugar del pretendido efecto clarificador del pasaporte, entregaba un documento opaco y turbio. Desde entonces, he debido sintetizar en las fronteras en las que he sido detenido una formulación factual que resulta para muchos casi incomprensible: “No soy estadounidense, no soy cubano, soy puertorriqueño”. La explicación larga de esto, la abarcadora pero siempre incompleta, se halla de maneras no del todo evidentes, en mis libros.

A veces alguien tiene la fortuna, y ésta aumenta en aquellos cuya historia familiar está asociada al exilio, la lejanía y la pérdida, de hallar un lugar en el mundo. Recibí este don cuando apenas tuve consciencia de mí mismo, montado en una bicicleta en cuyo manubrio iba trabado perennemente un guante de béisbol. En cualquier calle se armaban partidos con jugadores que ahora bateaban y corrían las bases, pero que solo un rato después se reagruparían en nuevos equipos, luchando bajo los aros de una cancha de baloncesto. Allí, entre esos muchachos, supe ya lo que ningún pasaporte ni ningún oportunismo podía confundir ni negar: era como cualquiera de mis amigos, era un puertorriqueño más. Conocí así lo que muchas décadas después descubriría en una frase de Derek Walcott: “…que el propósito de la poesía es quedar enamorado del mundo a pesar de la Historia.”

Durante décadas mis pasos me han llevado por las calles de San Juan hasta la gran explanada que queda ante el Castillo del Morro, la fortaleza principal del sistema de defensas que construyó la corona española. Por siglos nuestra ciudad fue la boca de América. Allí comenzaba su cuerpo de casi incontables miembros y comenzaban también, luego del azaroso cruce de los mares, las palabras que se compartían desde ese litoral hasta la Patagonia. He ido allí incansablemente desde que supe que mi vida estaría asociada a la escritura, desde que en una noche lejana de París Eduardo Rodríguez se convirtió en Eduardo Lalo. Me paro en lo alto de las murallas y observo el mar, la lejana línea del horizonte que tantas veces he fotografiado. Para los isleños, el océano puede ser un desierto. Todo o casi todo llega por él, pero a la vez ese espacio es infranqueable. Uno queda allí, sobre la muralla, en el límite de lo habitable, observando el punto más distante. Pero allí también, el escritor que llegué a ser, descubrió el poder devastador de la indiferencia y el silencio. Por esto, probablemente, regreso a esa muralla a contemplar un silencio y un espacio sin límites, a los que aparentemente no hay nada que oponerles. Ante ese vacío entendí que tenía que aprender a sobrevivir a ese océano, que era la imagen de la distancia, el abandono y el aislamiento, y que esta lejanía del mundo había llevado a su fin a tantos artistas y escritores del Caribe. Allí, sobre la muralla, me percaté por qué las palabras morían tantas veces en nuestras bocas y en nuestras páginas; conocí cómo la historia era una máquina de invisibilizaciones; supe cómo en Puerto Rico la respiración estaría siempre en lucha contra la asfixia. Al igual que en las más altas montañas del planeta, el mar que nos separaba y desdibujaba era una zona de la muerte.

Un día, ya no recuerdo cuándo, supe desde lo alto de esa muralla, con la vista clavada en el horizonte, que era desde ese lugar que debía pensar y escribir. En realidad mis pies pisaban un espacio incomparable. No era un ámbito menor ni prescindible, como tantas veces las toxicidades de nuestras dos conquistas -la española y la estadounidense- nos habían llevado a pensar. Era un lugar privilegiado para reescribir el mundo, un espacio de visión, un lugar al que solo se podía arribar después de recorrer muchos caminos. Era, es cierto, un sitio roto, sucio, a veces nimio, pero en él se encontraba todo lo humano. Allí estaban también todas las palabras. Si hubo una epifanía ante ese mar, fue que nuestra pobreza me daba una libertad enorme. Sobre esa muralla supe que muchos otros, de los más diversos países y épocas, habían observado también ese horizonte, pero que en su caso podía haber sido un desierto o una cordillera, la pampa o la favela, la injusticia, la locura o la sexualidad, y se habían dado cuenta como yo que en lo sucesivo su deber era permanecer allí hasta que la lucidez redefiniera el dolor.

En algún lugar dije que escribo para reivindicar nuestro derecho a la tragedia. Sobre esa muralla del Castillo del Morro, en San Juan, supe que mi palabra, como la de mi pueblo, como la de tantos hombres y mujeres y pueblos del mundo, se construiría cuestionando, luchando, rompiendo los pasaportes que nos había reservado y a veces impuesto la historia. Así supe que con solo ser puertorriqueño podía ser griego; que la tragedia que nos había formado no era menor a ninguna. Así ese mar dejó de ser un desierto y fue a la vez el de Odiseo y el de los arahuacos que desde la costa de Venezuela circularon en dos direcciones, hacia el norte y hacia el sur, poblando el Caribe y Sudamérica hasta Brasil y Paraguay. De alguna manera, las palabras y sus sombras nos habían permitido sobrevivir y nos hacían posible el viaje a cualquier tiempo y a cualquier lugar, a pesar de las tempestades y los naufragios de nuestra historia.

Y así he llegado aquí, ante ustedes. Vengo de Puerto Rico, frontera extrema de América latina, el único país latinoamericano conquistado dos veces. El país al que la administración colonial española le negó la imprenta hasta comienzos del siglo XIX, al que no le permitió crear una universidad por más de cuatro siglos, al que entregó como botín de guerra, como si fuera una hacienda o un cargamento de azúcar, a su nuevo dominador. Soy de ese lugar que acaso vivió la globalización antes que cualquier otra sociedad, aún antes de que existiera el término y el conocimiento, tanto de sus consecuencias como también de las formas de oponerla. Soy de un país que resistió solo, por la fuerza de su propia cultura, a las imposiciones imperiales del país que domina y seduce desde el comienzo del siglo XX. Soy de la sociedad que tiene al preso político que lleva más años en una cárcel en toda la historia de las Américas, acusado de haber conspirado sediciosamente contra un país al que no pertenece. Oscar López Rivera lleva 32 años en prisión. Su libertad está al alcance de una sola mano de un solo hombre. Se consigue con una firma humanitaria. Con una firma que será digna para todas las partes. Pertenezco a una larga lista de escritores marginados, cuando no ninguneados, por el peso de un gentilicio que difícilmente se asocia a la grandeza y la victoria. Brillantes artistas cuya luz fue consumida por el aislamiento y la debilidad de las instituciones culturales puertorriqueñas, víctimas de nuestra incapacidad de auto representación y, a veces también, de auto respeto. Digo aquí, como un murmullo, como un sonido llegado más allá de los mares, como reivindicación y acto de justicia, tres nombres que representan a una legión. Que estos muertos homenajeen a tantos vivos: Manuel Ramos Otero, José María Lima, Víctor Fragoso. Vengo y regresaré a una sociedad perpetuamente amenazada de muerte por sus fantasmas, por sus terrores, por sus cobardías. Pero estoy aquí con todos mis muertos y todos mis compatriotas.

En un momento único como este, recuerdo y reivindico las voluntades de la palabra, las posibilidades enormes de la literatura. El escritor marca la superficie del mundo con el paso de su sombra. El texto, contrario a las apariencias, es una forma efímera. En la “Canción de Xaxubutawaxugi”, uno de los últimos Aché Guayaki del Paraguay, dice su autor ante una noche en la selva equivalente a observar el horizonte desde una muralla de San Juan. Los versos son de una casi insoportable belleza:

“Yo mismo
solo y sin nadie en el mundo
tengo ya el hermoso hoy.”

Los hombres y las mujeres que ejercen cierta práctica de la escritura pueden comprender el abismo salvador presente en estas palabras. Luego de escucharlas, la noche no será ya la misma por haber conquistado la plenitud de su momento: el “hermoso hoy”. Ningún pasaporte, ninguna ley imperial, ninguna de las incapacidades históricas de nuestra nación, puede destruir o silenciar completamente lo que generaciones de hombres y mujeres han descubierto frente al océano que los separa y los reúne, en las palabras que han reunido cercados por el mar y por la historia.

En la pobreza que me compone tengo ya al “hermoso hoy”. Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela, donde quizá por primera vez en mi vida, haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel en que ninguna de sus palabras me niega o me condena. Por fin, luego de leer mis datos opacos y turbios ninguna autoridad me detiene. Así, como los antiguos nautas del Caribe, viajo hacia el norte y hacia el sur, del Mar de las Antillas a la costa venezolana y más allá. Voy y a la vez regreso y ya no sé exactamente lo que significan los puntos cardinales, las islas o los continentes, porque esta noche mi pasaporte ya no es una equivocación o una decisión tomada por un extraño, una agenda inconclusa, una incapacidad histórica o un cúmulo de renuncias, sino una forma en que generaciones de puertorriqueños se han enfrentado a las violencias de su historia, al vacío del océano, a su dolor, a su lucha, al fracaso y han formulado así palabras que se unen a las voces de todos aquellos que se han enfrentado en cualquier tiempo y lugar con los límites de sus cuerpos y sus sociedades.

Pronto volveré a San Juan. Iré a la muralla y encontraré de nuevo el océano. Haré como Xaxubutawaxugi en la noche de la selva. Recordaré la valentía y la dignidad de la palabra. Entonces volveré a sentir más allá del océano, más allá de la historia, el “hermoso hoy”.

  • Rafael Ruiz Quijano

    Exquisito.

  • PepeRIosO

    ¡Ovación!
    “tallado magistralmente con la navaja artesanal de una pluma exquisita.” Bella metáfora contrapunto de “el fino bisturí de la sorna”.
    Les abrazo.

  • DOUGLAS

    Felicitaciones Eduardo Lalo desde Venezuela, digno representante del pueblo boricua, creo que expresas el más puro y noble sentimiento de los perlacaribeños.

  • ls1115

    Viví en Europa (mayormente en Francia) en los 70 y 80. Jamás ningún guardia de frontera me detuvo ni me frunció el ceño al ver mi pasaporte, que decía exactamente lo mismo que el suyo.

    “En la pobreza que me compone tengo ya al ‘hermoso hoy’.”
    Supongo que esto tiene que ver con los $100,000 del premio. Ahora sí que no tiene excusa para privar a sus hijos de la educación que él recibió, como se lamentaba en un artículo publicado aquí.

    El discurso de Maduro, que siguió al de Lalo, habrá sido bastante bochornoso para este último, a pesar de la comunión ideológica que los une. Lo de confundir la bandera de Puerto Rico con la de Cuba fue la menor de las barrabasadas del “pajarito junior”. El proclamar a Lalo como un “grandes ligas de la literatura” y ponerlo al nivel de Calle 13 debió dar “pachó”.

    De paso, debe ser “Qui êtes-vous?”

    • DOUGLAS

      Al leer el bodrio que escribiste, no puedo menos que decirte que tomas para ti ilegítimamente al hablar la representación de miles de puertorriqueños que han vivido o viajado un sin fin de veces por Europa y específicamente por Francia, asumes que, como a tí jamás ningún guardia fronterizo reparó en tu insignificante presencia, mucho menos te exigieron pasaporte, e infinitamente se malencararon contigo, crees que por ello, a las demás personas de tu nacionalidad tuvo que sucederles igual, bien puede decir lo mismo Eduardo Lalo, por ejemplo, que él cada vez que pasaba lo paraban sin justificación, porqué puede ser una cosa o la otra, ambas inclusive, en consecuencia, creo que críticas solo por joder, porqué a veces en la forntera te va bien aveces te va mal, es algo arbitrario, al azar y aleatoria. En cuanto a la comparación que hizo con Calle 13 de Eduardo Lalo, puedo analizar en tus palabras que posiblemente crees pertenecer a una raza o casta de las mas puras y exclusivas que el solo pensar que personaje como Eduardo, Residente y Visitante puedan parecerse a ti o entre ellos mismos te da prurito, te aseguro que ellos se enorgullecen de la comparación, y lo de la confusión de las banderas fue un montaje.

      • ls1115

        ¡Pero qué manía de conjeturar sobre los demás tienen los de esta religión! En otro comentario suyo veo que parece ser de Venezuela, así que (ya que Ud. sabe todo acerca de mi raza y prejuicios), puedo aventurar que Ud. es mucho más “ilegítimo” que yo al hablar de como tratan en fronteras y aeropuertos a la mayoría de los puertorriqueños que viajamos como los ciudadanos de Estados Unidos que somos. Desde luego, aquellas personas que deliberadamente montan un “show” en estos casos, como ejemplos que he leído de algunos que le dicen a un guardia que ese pasaporte no los representa y similares paridas, están buscando llamar la atención y se les suele complacer.
        No sé ni me interesa qué tan significante o insignificante sea mi presencia, definitivamente mucho menos significante que la suya si Ud. resulta ser (ya que aquí se estila pretender saberlo todo de los desconocidos) una sensual venezolana, estudiante de Miss Universo. En ese caso, su presencia será mucho más significante que la mía -y que la de la mayoría de los que escriben aquí- y le abrirá todas las fronteras del mundo.
        ¿Qué sabe usted de mi o de mi raza? Porque todo lo que puedo adivinar de usted es que debe ser bastante racista, ya que enseguida ha sacado el tema. Pues no soy tan blanco como el René Comosellame de la famosa 13. Un “blanquito” de la misma clase media puertorriqueña que yo, a quien el papel de radicalito de izquierdas le da credibilidad en el competitivo mercado de los raperos. Una fórmula que le ha resultado harto rentable… en muchos dólares, a los que no objeto, siempre que sean ganados legalmente y por los que pague los debidos impuestos al estado de Florida o California. No recuerdo donde guarda sus ingresos pero debe estar entre esos dos. definitivamente no están ni en La Habana ni en Caracas.
        Que a cualquiera con pretensiones literarias serias, un ignorante imbécil (lo primero tiene remedio, lo segundo no) como el Maduro lo baje al nivel de estos payasos, le debe saber a lo que Ud. sabe, sí, lo creo y lo repito. Pero no queda más que esperar que el video no se difunda demasiado. Estoy seguro que el aludido sabrá tolerarlo con toda la hipocresía que exige el momento – y la ilustre compañía.

    • Abraxas

      Is1115 , Si nos complaces, haz un favor, no necesitamos que leas la novela. Es posible que no la entiendas por falta de concentración.

      • ls1115

        Tienes toda la razón. No pido excusas por mi debilidad intelectual. Pero para los tontitos como nosotros siempre hay ayudas. Estoy seguro que el preámbulo a la edición venezolana, escrito por una de las mentes más brillantes y agudas de Latinoamérica, el insigne Presidente Nicolás Maduro, aclarará todas las dudas.

  • Poeta Paz

    Una puertorriqueña leyendo esto en Argentina: mar de lágrimas. Fue muy emocionante encontrar su novela en este suelo. Felicidades a Eduardo Lalo y que siga teniendo más “hermosos hoys”.

  • Edda I. López

    Gracias, Eduardo, por guiarnos en este viaje hacia el centro de nuestra inexplicable madeja formada por nacionalidad y ciudadanía. Es de lo mejor que he leído. Lloré de emoción: Lalo nos ha visto bien de cerca. ¡Qué falta nos haz hecho!

  • Liliana Cruz

    Sobrecogedor discurso tallado magistralmente con la navaja artesanal de una pluma exquisita. Lalo nos ha regalado el documento de identidad más contundente que puertorriqueño alguno pueda querer portar doblado en el bolsillo sobre el corazón. ¡Así se escribe! ¡Bravo!

  • R. Gonzalez

    Posiblemente de los discursos explicativos de la dicotomia puertorriquena de entre la ciudadania y la nacionalidad mejor expuestos. Lalo Rodriguez es un verdadero orgullo para nuestro Pueblo. Somos quienes somos, los efectos de la globalizacion y la inherente ciudadania “ajena” a nuestra naturaleza como Pueblo no constituyen una negacion o rechazo a nuestra identidad.

  • JESUS NUÑEZ

    GRACIAS A EDUARDO LALO VOLVÍ A ESTAR EN PUERTO RICO Y SENTÍ QUE SOMOS IGUALES DESDE VENEZUELA UN GRAN ABRAZO.

  • JESUS NUÑEZ

    GRACIAS A EDUARDO LOLA VOLVI A ESTAR EN PUERTO RICO Y SENTI QUE SOMOS IGUALES DESDE VENEZUELA UN GRAN ABRAZO.

  • Rafael Guerrero

    Te felicito Eduardo! Enhorabuena.

  • Hery Roman

    Más boricua que muchos “mal” nacidos en nuestra patria…

  • Abel Vale

    Con un nudo en la garganta…

  • Ketty Maldonado Perez

    Bravoooooooooooo, me uno a su discurso!

  • Tan hermoso el hoy que rescata para tod@s. ¡Tan emocionante! Enhorabuena para Lalo y PR.

  • Francisco Font Acevedo

    Véase en vivo aquí: http://www.youtube.com/watch?v=YCLV2BDLcNo

    Vale la pena.

  • Norismar

    Lloré.