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Elbert Hubbard Frente a la “Imbecilidad del hombre promedio”


I believe John Ruskin, William Morris, Henry Thoreau, Walt Whitman and Leo Tolstoy to be Prophets of God, and they should rank in mental reach and spiritual insight with Elijah, Hosea, Ezekiel and Isaiah.

Being an Anarchist I am also a Socialist.
Elbert Hubbard

Portrait_of_Elbert_Hubbard_outside_his_workshop,_ca.1900_(CHS-4029)

En 1899 en Estados Unidos un padre y su niño, como muchas otras personas en aquel tiempo, argüían sobre la Guerra Hispanoamericana. El chico, Bert, le expuso a su papá que el héroe indiscutible de la Guerra Hispanoamericana había sido Andrews S. Rowan, responsable de llevarle un mensaje del Presidente McKinely a Calixto García, líder de los insurgentes cubanos. Lo convenció. Elbert Hubbard, progenitor de Bert, iluminado por la declaración de su retoño, procedió a escribir uno de los ensayos más circulados en la posguerra, uno que en los veinte, alegó el propio autor, fue únicamente superado por la Biblia (en Hubbard 1901). A Message to García, título del célebre ensayo, fue traducido a varios lenguajes. Hoy, el ensayo sigue circulando y hasta navega la Internet.

El ensayo es usualmente utilizado como recurso para inspirar a las personas a afanarse, a esforzarse al máximo para completar sus tareas y deberes sin excusas, e independientemente de cuáles sean esas tareas. Supervisores, consejeros, maestros, y reverendos han hecho uso del ensayo. Y es muy probable que haya sido utilizado en talleres de capacitación y educación continua. Ha sido además una lectura obligada para muchos soldados estadounidenses, particularmente para los “pocos” y “orgullosos” Marinos. De hecho, el texto ha sido parte del programa de lecturas profesionales del Marine Corps, lectura obligada de muchos oficiales de ese cuerpo militar. También ha sido incluida en el Commandant’s Choice, recomendada a todos los soldados del Marine Corps. Sin embargo, no todos los militares apoyan el uso del ensayo en el adiestramiento de soldados. Por ejemplo, Gunnery Sargeant Joseph P. Conroy (2016), es crítico del ensayo y ha solicitado que sea removido de la Lista de Lecturas del Comando.

Concuerdo con Conroy en que el texto es problemático por varias razones. El ensayo sufre de varios deslices históricos con respecto a la misión de Rowan. Este no era cualquier soldado, seleccionado con ligereza para enviarle un mensaje a García. Rowan era un militar profesional, escogido por su experiencia en el campo de la inteligencia militar, su experiencia en América Latina y por haber escrito en 1897 The Island of Cuba: A Descriptive and Historical Account of the Great Antilla. Aquella Antilla no era tierra incógnita para el mensajero de McKinley. Rowan era, como lo describe Conroy (2016), un “experto apasionado con años de experiencia”. Su conocimiento acerca de Cuba lo hacía un soldado idóneo para aquella tarea. Además, el mensaje, contrario a lo sugerido por Hubbard no fue un comunicado escrito. En adición, la descripción de Hubbard (1899) simplificó formidablemente la misión:

Rowan was sent for and given a letter to be delivered to Garcia. How “the fellow by the name of Rowan” took the letter, sealed it up in an oil-skin pouch, strapped it over his heart, in four days landed by night off the coast of Cuba from an open boat, disappeared into the jungle, and in three weeks came out on the other side of the Island, having traversed a hostile country on foot, and delivered his letter to Garcia, are things I have no special desire now to tell in detail.

La narrativa del propio Rowan (1922) acerca de su misión en Cuba, How I Carried the Message to García, refuta cualquier descripción simplista de la misma. La misión de Rowan fue compleja, elaborada y planificada, requiriendo la movilización de diversos recursos humanos y materiales. La misión de Rowan no dependió únicamente de este soldado, de un solo hombre. Requirió la participación de individuos en el gobierno y las fuerzas armadas estadounidenses. Además, la misión dependió, considerablemente, de los insurgentes cubanos quienes protegieron e hicieron posible que Rowan llegara vivo a Calixto García, comunicara su mensaje, obtuviera información y regresara a los Estados Unidos. Hasta el propio Rowan, a pesar de lo etnocentrista de su libro acerca de Cuba, reconoció la importante participación de los insurgentes, destacando cómo lo protegieron y guiaron durante su estadía en Cuba.

Enfocarnos en los aspectos documentales del ensayo, destacar su distorsión de los eventos y procesos históricos alrededor de la Guerra Hispanoamericana, aunque importante, sería ignorar los motivos de Hubbard. Este no pretendía escribir un ensayo histórico. A Message to García es una obra interesante por tratarse precisamente de una reflexión subjetiva con motivos pedagógicos de un tema importante para Hubbard. De hecho, se trataba de una predicación convertida en libro. Hubbard (1899) fue claro en sus motivos: “The point I wish to make is this: McKinley gave Rowan a letter to be delivered to Garcia; Rowan took the letter and did not ask, “Where is he at?” By the Eternal! there is a man whose form should be cast in deathless bronze and the statue placed in every college of the land.” La prédica de Hubbard (1899) es una invitación a trabajar rápido y encauzados: “It is not book-learning young men need, nor instruction about this and that, but a stiffening of the vertebrae which will cause them to be loyal to a trust, to act promptly, concentrate their energies: do the thing – ‘Carry a message to Garcia!’”. El propio Rowan (1922), en las últimas palabras de How I Carried the Message to García valoraba seguir órdenes sin preguntar por qué:

I attended a meeting of the cabinet a day or so after my return, in company with General Miles, and at the close I received President McKinley’s congratulations and thanks for the manner in which I had communicated his wishes to General Garcia and for the value of the work. “You have performed a very brave deed!” were his last words to me, and this was the first time it had occurred to me that I had done more than my simple duty, the duty of a soldier who: “Is not to reason why,” but to obey his orders. I had carried my message to Garcia.

Pero para Conroy (2016) hasta la moraleja del ensayo es dudosa: “But what if we treat the text as a work of fiction, taking Hubbard’s Rowan at face value? Even then, the very moral of the story (“When asked to perform a task, don’t ask How…? or Why…? or Wouldn’t it be better if…? Just do it.”) is problematic.” En efecto lo es. Citando a Andy R. Lee, Conroy afirma que aunque existen momentos cuando un soldado debe recurrir a sus juicios personales sin solicitar clarificación o discutir las órdenes hay también momentos cuando es crucial hacerlo: “We demand feedback from that Marine on what he saw and how things could be improved. Having a Marine ask “Gunny, why did we do X rather than Y?” isn’t insubordinate conduct; it’s courageous, intellectually curious, and gives leaders an opportunity to explain the decision-making process to aspiring professionals or to humbly admit mistakes.” Lo mismo podemos decir de otros contextos y situaciones, más allá de la vida militar. Pero a Hubbard, quien rechazaba la guerra y la violencia del Estado, le hubiera interesado muy poco los usos militares de sus ideas. Rowan fue para Hubbard (1899) un pretexto para escribir sobre algo más, la necesidad de hombres resueltos como ese soldado, particularmente entre los trabajadores:

My heart goes out to the man who does his work when the “boss” is away, as well as when he is at home. And the man who, when given a letter for Garcia, quietly takes the missive, without asking any idiotic questions, and with no lurking intention of chucking it into the nearest sewer, or of doing aught else but deliver it, never gets “laid off,” nor has to go on a strike for higher wages. Civilization is one long anxious search for just such individuals. Anything such a man asks shall be granted; his kind is so rare that no employer can afford to let him go. He is wanted in every city, town and village – in every office, shop, store and factory. The world cries out for such: he is needed, and needed badly – the man who can carry a message to Garcia.

A Message to García fue una loa al sujeto diligente y determinado. Fue también una crítica a lo que Hubbard describió como la “imbecilidad del hombre promedio”, los que no escapan la “Ley del Promedio”. Pero el ensayo de Hubbard (1899) es también un comentario sobre la lucha de clases y las relaciones obrero-patronales:

We have recently been hearing much maudlin sympathy expressed for the “downtrodden denizen of the sweat-shop” and the “homeless wanderer searching for honest employment,” and with it all often go many hard words for the men in power. Nothing is said about the employer who grows old before his time in a vain attempt to get frowsy ne’er-do-wells to do intelligent work; and his long patient striving with “help” that does nothing but loaf when his back is turned. In every store and factory there is a constant weeding-out process going on. The employer is constantly sending away “help” that have shown their incapacity to further the interests of the business, and others are being taken on. No matter how good times are, this sorting continues, only if times are hard and work is scarce, the sorting is done finer – but out and forever out, the incompetent and unworthy go. It is the survival of the fittest. Self-interest prompts every employer to keep the best – those who can carry a message to Garcia.

Hubbard les restó legitimidad a las demandas de las uniones y sindicatos, así como a las huelgas. Hasta recurrió al darwinismo social, popular entonces en Estados Unidos, para legitimar la posición de los patronos y empresarios, particularmente en materia de despidos. Despedir trabajadores incompetentes era producto del interés propio de los empresarios, y Hubbard valoraba la satisfacción del interés propio. Y era además para él natural, necesario y crucial, para la evolución humana y la “supervivencia de los más aptos”. Hubbard (1899) criticó también a quienes expresaban críticas a los poderosos. Él más bien invitaba a sus lectores a simpatizar con ellos:

Have I put the matter too strongly? Possibly I have; but when all the world has gone a-slumming I wish to speak a word of sympathy for the man who succeeds – the man who, against great odds has directed the efforts of others, and having succeeded, finds there’s nothing in it: nothing but bare board and clothes.

Y añadió:

I have worked for day’s wages, and I have also been an employer of labor, and I know there is something to be said on both sides. There is no excellence, per se, in poverty; rags are no recommendation; and all employers are not rapacious and high-handed, any more than all poor men are virtuous.

Hubbard fue un empresario exitoso y uno de los líderes más importantes del movimiento de artes y oficios en Estados Unidos, inspirado en la obra de William Morris. De hecho, fundó la exitosa comunidad autosuficiente Roycroft. Era, por supuesto, una comunidad empresarial, donde se producían varios bienes. Es por ello que Robert S. Fogarty (2003) se refirió a Hubbard como un empresario místico. Aquella comunidad le produjo millones de dólares (Post 2005).

Detrás de aquella loa a los líderes resueltos, a los Rowans, también estaba la celebración de la “acción independiente”, del individualismo y de los esfuerzos por satisfacer los intereses propios. Para Hubbard, era precisamente la ausencia de la acción independiente y el interés propio, producto de la inmoralidad y la falta de voluntad, lo que retrasaba el socialismo:

And this incapacity for independent action, this moral stupidity, this infirmity of the will, this unwillingness to cheerfully catch hold and lift, are the things that put pure Socialism so far into the future. If men will not act for themselves, what will they do when the benefit of their effort is for all? A first-mate with knotted club seems necessary; and the dread of getting “the bounce” Saturday night, holds many a worker to his place (Hubbard 1899).

Hoy, muy pocos considerarían las palabras de Hubbard socialistas. De hecho, los argumentos de Hubbard no nos serían chocantes si no fuera porque provienen precisamente de un auto-proclamado socialista. Claro, él no era un “socialista puro”, ya que primero que socialista era un anarquista. Era también un cristiano que consideraba a Jesús un anarquista, y profetas a muchos conocidos anarquistas, entre ellos a Tolstoi. Su cristianismo sugiere paralelos interesantes entre él y este último. Tampoco es extraño una fusión entre estas corrientes. Lo más peculiar, aunque no muy original, es la síntesis que propone Hubbard, su solución a la tensión entre el colectivismo que asociamos al socialismo y el individualismo que relacionamos con el liberalismo y algunas vertientes anarquistas. Es en A Message to García and Thrirteen Other Things de Hubbard (1901) que encontramos su síntesis. En su ensayo “The Better Part,” una de las otras trece cosas, declaró: “I am an anarchist. All good men are anarchists. All culture and kindly men; all gentle men; all just men are anarchists. Jesus was an anarchist.” Para Hubbard: “An anarchist is someone who minds his own business.” Según él, el anarquista no cree en ningún tipo de gobierno ni ley. Para él, los anarquistas también se oponen a la Guerra y la violencia, incluyendo, por supuesto, la violencia del Estado. Hubbard (1901) también afirmó: “The true Anarchist decries all influences save those of love and reason. Ideas are his only arms.” Pero para Hubbard ser anarquista envolvía ser socialista. Él reconocía que el socialismo era la antítesis del anarquismo, que eran dos polos opuestos; si el anarquismo era “individualismo puro” el socialismo era la expresión del colectivismo. Pero en Hubbard (1901) los extremos se cancelan en una suma peculiar: cuando un hombre trabaja para sí mismo, aferrado a sus intereses propios, también trabaja para el bien común:

I believe in every man working for the good of self; and in working for the good of self, he works for the good of all. To think, to see, to feel, to know; to deal justly; to bear all patiently; to act quietly; to speak cheerfully; to moderate one’s voice these things will bring you the highest good. They will bring you the love of the best and the esteem of that Sacred Few whose good opinion alone is worth cultivating. And further than this, it is the best way you can serve Society live your life. The wise way to benefit humanity is to attend to your own affairs, and thus give other people an opportunity to look after theirs.

De ahí la peculiar pregunta de Hubbard (1899) en A Message to Garcia: “If men will not act for themselves, what will they do when the benefit of their effort is for all?” Para él, la ausencia de la acción independiente a favor de los intereses propios era lo que impedía la realización del bien común, y lo que colocaba al socialismo en un futuro tremendamente distante. Posibilitarlo requería de más hombres como Rowan. Se trataba de una postura también voluntarista, vitalista. Claro, la idea de que trabajar de acuerdo con los intereses propios es simultáneamente trabajar para el bien común es también muy liberal. Hasta Adam Smith y otros liberales clásicos lo proponían. El anarquismo de Hubbard fue peculiar: individualista, socialista, vitalista y cristiano. Pero, Hubbard fue sobretodo un anarquista empresarial. Eso explica, al menos en parte, por qué prefería trabajadores como Rowan. Es por eso que Tom Post (2005) en Forbes le llamó un mercachifle (huckster en inglés) que se convirtió en un modelo importante del idealismo corporativo, del capitalismo utópico.

Referencias

Conroy, J. P. (Febraury de 2016). A Message to Garcia: Remove the Book from the Commandant’s Professional Reading List. Marine Corps Gazzette, 10(2). Obtenido de https://www.mca-marines.org/gazette/2016/02/message-garcia

Fogarty, R. S. (2003). All Things New: American Communes and Utopian Movements 1860-1914. Boulder: Lexington Book.

Hubbard, E. (1899). A Message to García. Aurora: Roycrofters. Obtenido de https://archive.org/details/amessagetogarcia17195gut

Hubbard, E. (1901). A Message to García and Thirteen Other Thigs. Aurora: Roycrofters. Obtenido de https://archive.org/details/messagetogarciat00hubb

Post, T. (10 de Octubre de 2005). Utopian Capitalist. Forbes. Obtenido de http://www.forbes.com/forbes/2005/1010/327.html

Rowan, A. S. (1897). The Island of Cuba: A Descriptive and Historical Account of the Great Antilla. New York: Henry Holt and Company. Obtenido de https://archive.org/details/islandcubaadesc01ramsgoog

Rowan, A. S. (1922). How I Carried the Message to García. San Francisco: W.D. Harney. Obtenido de https://archive.org/details/howicarriedmess00rowarich