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Palabras para Oscar López Rivera


Palabras para Oscar por Eduardo Lalo

Ningún hombre es señor de su paraíso.” Es una frase de Fernando Pessoa. Añadiría que tampoco nadie es señor de su infierno. En el lugar soñado o en el más temido siempre hay otros, otros también están implicados.

¿Qué representa Oscar López? ¿Qué significan sus años en prisión? ¿Qué conlleva ser un libertador en un tiempo en que los grandes discursos se han venido abajo? ¿Qué es Oscar López en las calles de Río Piedras, en las calles que no ha pisado por 32 años, en las calles que para nosotros son parte ordinaria de nuestra cotidianidad?

¿Qué construcción de Puerto Rico se da en la aparente no posibilidad de que Oscar López camine por estas calles, por esta Plaza de la Convalecencia, por esta plaza nombrada, gracias a la cercanía de un antiguo hospital, por los enfermos y los agonizantes?

¿A quién se “perdona” si se excarcela a Oscar López?

¿Cómo esta casa de Ruth Hernández, cómo Río Piedras, cómo San Juan, cómo Puerto Rico, cómo el mundo se transforma en el momento en que Oscar López recupere su libertad?

¿Cuál es esta acción, cuál es su significado -la hipotética libertad del preso político con más años de cárcel en las Américas-, qué representa esto para nosotros, para un país yaciente, incapaz, en espera de una salvación imposible, en espera de una espera interminable, sonámbula, extrañamente pacificadora? ¿Qué encarna un preso político en un país en el que cualquier reverendo habla por Dios, nos informa lo que este considera bueno y malo, cuál es el castigo por no seguirlo?

¿En una sociedad en la que un pastor evangélico buscón, ignorante, zafio, es recibido y adulado por incontables legisladores, que puede paralizar con una manifestación el tráfico de San Juan y la discusión pública, sabotear el sentido común y cualquier tímido cambio en la política del Estado? ¿Para qué sirve Oscar López en una sociedad en que esto ocurre a diario?

Elaboremos comienzos de respuestas a tantas preguntas. El “castigo” de Oscar López es una formulación de lo intolerable, como intolerable e insufrible es también nuestra agonía social y política. Oscar López Rivera no es nuestro extraño. Si bien las causas de su condena, las condiciones de su reclusión, el lapso inhumano de su permanencia en la cárcel, crean un conjunto que lo separan de nosotros y que hacen que, ante tanta injusticia, indignidad, incomprensión y abuso de parte de las autoridades de Estados Unidos, nosotros nos reunamos aquí y en tantos otros sitios demandando su libertad, lo cierto es que también él no es una parte desprendida o desmembrada de la sociedad puertorriqueña. Los artistas de esta exposición, los músicos responsables de un reciente concierto en su honor, el equipo legal que lo defiende, los ciudadanos de toda condición que apoyan esta causa, así lo demuestran. Aunque lleva más de tres décadas en una prisión de Estados Unidos, Oscar López Rivera nunca se ha ido. Este hombre no es un emigrante ni un exiliado.

La compasión no es un sentimiento fugaz y leve. Compadecer significa hacer propio el sufrimiento de otro. De esta manera se puede engendrar una comunidad. Sus miembros son los que comparten una tragedia y ese grupo humano puede ser, según las circunstancias, una familia o una nación. Así, enarbolar una bandera significa reconocer un dolor compartido. He aquí la causa de la emoción de estos símbolos: una bandera ondeando al viento es una herida abierta.

En algún momento, hace ya más de 30 años, Oscar López Rivera compadeció la agonía de Puerto Rico. Tomó decisiones, hizo lo que entendió que debía llevar a cabo. Nada indica que entre sus motivaciones se encontrara el lucro u otro beneficio personal. Fue un puertorriqueño que sintió como propias las heridas de su comunidad. Y no fue dócil ni indiferente.

Esta acción, si bien en este caso es especial, no tiene nada de extraordinaria. En todas las latitudes, a diario, hay gente que actúa con desprendimiento. Aunque la mayor parte de las veces sus gestas pasen inadvertidas, siempre hay hombres y mujeres que pretenden hacer un mejor mundo. A veces tienen éxito, aunque en la mayor parte de las ocasiones sus esfuerzos desembocan en la ininteligibilidad  y el fracaso. Quizá lo que distingue el caso que esta noche nos convoca, sea la desproporcionada incomprensión de las autoridades de Estados Unidos. Su encono en el castigo, su falta absoluta, ciega, insostenible, de autocrítica. Estados Unidos ha demostrado en este, como en muchos otros casos, una incapacidad para confrontar las consecuencias de sus acciones en el mundo. Una nación no se puede expandir con precisión quirúrgica; el colonialismo no es un corte nítido sino una quimioterapia. Conlleva incontables males. Por más paliativos que se ofrezcan, queda la náusea, resisten células que componen órganos que forman miembros y caminan y hablan y se rebelan ante el proceso que pone a los cuerpos a luchar contra sí mismos. Por ello, el caso de Oscar López no es solamente un problema legal, sino que también constituye un dilema ético cifrado en el hecho de que las nacionalidades no desaparecen aun cuando su dominador opta por nunca nombrarlas ni reconocerlas.

Hay hombres y mujeres que por los avatares de sus vidas dejan de ser solamente un individuo y se convierten en el acertijo indescifrable de un pueblo. Los 32 años en la cárcel de Oscar López enmarcan el periodo de deterioro y ausencia de proyecto del Puerto Rico de nuestro tiempo. En ellos reptan como condicionantes, como trasfondo, las incapacidades de los cuatrienios de Carlos Romero Barceló, Rafael Hernández Colón, Pedro Rosselló, Sila Calderón, Aníbal Acevedo Vilá y Luis Fortuño. Todos los que ocupando la gobernación miraron, en este como en tantos otros asuntos, en otra dirección, expresando así, ya sea con indolencia, arrogancia o vergüenza su minusvalía. Todos estos funcionarios no fueron más que eminencias grises: simulacros de poder que ineficientemente camuflaron su desempeño político y moral.

Somos un pueblo sin vehículos para nuestra voz. Ahora hablo, ahora gritamos, pero el Presidente Obama no nos escucha. Tampoco lo hace ninguna organización internacional ni prácticamente ningún medio de comunicación. Todas las naciones del mundo podrían, si lo quisieran, tratarnos como si no existiéramos. Los funcionarios políticos que elegimos juran una constitución que les permite sostener diálogos y deliberaciones que parecen ser parte de una oferta de actividades extracurriculares de una escuela que hubiera estirado los adiestramientos sin consecuencias por generaciones enteras.

Por ello, cuando por la presión y la solidaridad de los puertorriqueños se libere a Oscar López, estaremos dando un paso fundamental: el que contestaría la pregunta clave de este tiempo que no es ¿qué somos? sino ¿qué podemos hacer?

¿Qué podemos hacer por nuestro bien colectivo? En la libertad de Oscar están las primeras palabras de una respuesta que hemos eludido por mucho tiempo. Agradezcamos a este hombre los signos de interrogación que nos ha ofrendado.

Para cualquier opción colectiva que no sea una inmolación, los puertorriqueños necesitamos poder, más poder del que tenemos. Que un paso importante para su consecución sea el fin de la injusticia cometida con Oscar López Rivera.

Imprevistamente, en una celda de una prisión de Estados Unidos vive el hombre más pertinente de Puerto Rico. Sus 32 años en la cárcel coinciden con la ruina progresiva de nuestro país, con el descubrimiento escandaloso de nuestras imposturas, de nuestras deudas, de nuestros bonos chatarra, del analfabetismo creciente, rimbombante, mediante el cual, según nos dicen, Dios todopoderoso elige comunicarse con sus súbditos del mantengo, de la apatía, de la jubilación temprana. Estas tres décadas, que contienen una parte de las exageraciones histéricas de un gobierno estadounidense, que ya no ve su bandera como el dolor unificador de una comunidad, sino como un código de barras, han desempolvado además una constitución puertorriqueña que impone pagar primero a los bancos una deuda de más de 100,000 millones de dólares, antes que cumplir con un salario o construir una escuela o comprar una medicina. Así descubrimos que en nuestra supuesta época gloriosa, no fuimos más que una vitrina de la Guerra Fría y que quedamos, terminada ella, como una mercadería que nadie quiere y que se almacena sin aprecio y sin que importe su deterioro.

Hagamos que termine la ordalía de Oscar López Rivera y que con su regreso surja en nosotros la posibilidad de enfrentar nuestra ruina; que al devolverlo a su tierra nazca en nosotros un habla plena y auténtica; que podamos decir las palabras sencillas con los significados más básicos. Que no se nos escondan nuestras realidades, que no se nos mienta más, que digamos por fin que los que hablan en nombre de dios, de cualquier dios falso, el robado en los cielos o el que mercadean los bancos o el que sentencia en el Tribunal Federal, no dicen verdad y que en lugar de ser una solución o un camino a seguir, son parte del problema mismo. Ojalá con el regreso de Oscar podamos volver a decir justicia, democracia, voluntad, agradecimiento, solidaridad, espíritu, pueblo, sin sentir que mentimos o que nos toman el pelo. Que con el regreso de Oscar se recupere y construya un léxico auténtico para una sociedad que reclama su lugar en el mundo.

Reescribamos, reformulemos, reconstruyamos. Este también es el propósito de esta liberación.

Gracias Oscar por su contribución a este empeño en que reivindicamos a través de su causa poder y libertad. Poder y libertad para Ud. y para cada uno de nosotros. Para la memoria de los puertorriqueños que han muerto, para los que viven, por los que vendrán, poder y libertad, libertad y poder. Y fuerza, fuerza, fuerza para conseguir su libertad y la construcción de la nuestra que se dirá con palabras que desborden nuestras bocas y lleguen a esta plaza que dejará de ser de la Convalecencia, es decir la de las enfermedades de la historia de nuestro pueblo. Ojalá un día nos reunamos en ella y la llamemos por el nombre que merece y que los puertorriqueños deben heredar. Que pronto le pongamos a esta plaza un nombre que a todos nos honre. Que un día el pueblo de San Juan exija que la Plaza de la Convalecencia deje de ser la plaza de nuestra agonía y se convierta en la Plaza Oscar López Rivera.

Hasta pronto don Oscar, aquí le esperamos en esta plaza en que recuperaremos las palabras, en la plaza que llevará su nombre.

Discurso pronunciado por Eduardo Lalo en la apertura de la exposición colectiva “Un grito por Oscar”, en la noche del jueves, 19 de septiembre de 2013, en la Casa de Cultura Ruth Hernández en Río Piedras.

Un grito por Oscar

  • JoseMLopezSierra

    Estimados Compañero,

    Después de la aprobación del 23 de junio de 2014 por consenso de la resolución número 33 del Comité de Descolonización de la Organización de Naciones Unidas (ONU) pidiéndole al gobierno de Estados Unidos que descolonice inmediatamente a Puerto Rico, debemos trabajar juntos para obligar a Estados Unidos a cumplirla.

    Los hechos de que el gobierno de Estados Unidos ha mantenido a Puerto Rico como su colonia por 116 años, ha tenido encarcelado por 33 años a Oscar López Rivera por luchar por la descolonización de Puerto Rico, y ha ignorado 33 resoluciones de la ONU, confirman que el gobierno de Estados Unidos nunca querrá descolonizar a Puerto Rico. ¡Necesitamos un tsunami de gente para obligar al gobierno de Estados Unidos a cumplir con las 33 resoluciones!

    Debemos protestar pacíficamente y permanentemente por lo menos 3 veces anualmente hasta lograrlo.

    La primera será una marcha en Puerto Rico en el día que celebramos la abolición de la esclavitud, 22 de marzo, hasta llegar al Tribunal de Estados Unidos. La segunda será una marcha en Puerto Rico el día antes de la vista anual sobre la descolonización de Puerto Rico en la ONU. La tercera será una protesta en la ONU en el mismo día de la vista anual sobre la descolonización de Puerto Rico.

    Estas protestas son indispensable porque, los que tienen colonias no creen en la justicia para todos.

    Un abrazo fraternal,
    José M López Sierra
    Jlop28vislophis@gmail.com
    Comité Timón del Pueblo
    Compañeros Unidos para la Descolonización de Puerto Rico
    http://www.TodosUnidosDescolonizarPR.blogspot.com

  • JoseMLopezSierra

    Saludos Compañero,

    Ya que tuvimos un gran éxito con nuestra Primera Marcha Oscar – Mandela en Puerto Rico, ahora podemos esperar un éxito aún mayor en nuestra Primera Protesta Oscar – Mandela en Nueva York. Este año, la parade puertorriqueña en Nueva York, celebrada una semana antes que nuestra protesta, honrará a nuestro preso político Oscar López Rivera.

    El lunes 23 de junio de 2014, la Organización de Naciones Unidas (ONU) estará nuevamente discutiendo el caso colonial de Puerto Rico.
    La ONU está en su tercera década tratando de erradicar del mundo el colonialism por entender que la misma constituye una amenaza a la paz mundial. Como esta fecha es una semana después que lo usual, nuestro comité decidió hacer 2 protestas este año.

    El lunes 16 de junio de 2014, el día después del Día de los Padres, nosotros tendremos nuestra primera protesta pacífica de 8 AM a 6 PM a cruzar la Primera Avenida de la ONU de la Calle 46. Nuestra segunda protesta pacífica será en el mismo día de la vista, el lunes siguiente, 23 de junio. Tendremos una conferencia de prensa en Nueva York una semana antes para dar los últimos detales sobre estos eventos. Queremos demostrarle al mundo que nosotros también creemos que el colonialismo es un crimen en contra de la humanidad. Necesitamos una gran cantidad
    de gente en estas protestas para obligar al gobierno de Estados Unidos (EEUU) a cumplir con las 32 resoluciones de la ONU pidiéndole que inmediatamente descolonice a Puerto Rico. Después de tantas resoluciones, es obvio que EEUU no quiere hacerlo.

    El Presidente Obama recientemente demostró la hipocresía del gobierno de Estados Unidos en relación a los derechos humanos. En la ceremonia de recordación a Nelson Mandela, Obama solo tuvo palabras de gran admiración por él. Sin embargo, Obama se ha negado, bajo una
    tremenda presión de Puerto Rico e internacional, a excarcelar a Oscar que está haciendo exactamente lo que hizo Mandela. Oscar ya ha estado 6 años más encarcelado que los 27 de Mandela. Estados Unidos está contento cuando otros países descolonizan a sus colonias pero no quiere descolonizar las suya. ¿Qué tipo de democracia es ésta? Obviamente, los que practican el colonialism no creen en la justicia para todos.

    Por favor, dígale a sus amigos sobre estas protestas para excarcela a Oscar, y lograr la meta que lo llevó a la prisión, la descolonización de Puerto Rico. Tendremos una hoja para que todo aquel que quiera ser parte de la organización de esta protesta anual y permanente nos pueda dar su información de contacto. Si deseas, puede hacerlo ahora a través de jlop28vislophis@yahoo.com.

    ¡Nos gustaría poder saludar a viejos compañeros y conocer muchos nuevos en nuestra lucha por lograr una verdadera justicia para todos!

    Un abrazo fraternal,
    José M López Sierra
    http://www.TodosUnidosDescolonizarPR.blogspot.com
    ¡Porque los derechos no se piden, se exigen!

  • John E. Mudd

    De acuerdo con Is1115. Esto es parte de la búsqueda de gestas heroicas inexistentes de ciertos sectores de nuestra sociedad.

  • ls1115

    “que podamos decir las palabras sencillas con los significados más básicos”

    Muy bien. En palabras sencillas y básicas: Si se le ofreció libertad en 10 años y no la aceptó, mientras sus demás “compañeros” sí lo hicieron y ahora están libres, su decisión fue pésima.

    Si la relación de este señor con los atentados terroristas de las FALN y los Macheteros no fue más allá de instrucción y asesoramiento técnico en construcción de bombas caseras, la sentencia es exagerada y sí debe pedirse su excarcelación, principalmente porque en los atentados a los que se le vincula (a diferencia de otros realizados por las FALN) no hubo muertes. Ahora bien; todo este mito de “prisioneros de guerra”, “presos políticos” y demás fantasías es una mantra que algunos defienden porque no pueden plantearse la realidad. El que opta por defender violentamente lo que no interesa a aquellos a quienes pretende representar es un rebelde sin causa o una solución sin problema. Por más prosaico o vergonzoso que les parezca, aquí votamos aplastantemente cada cuatro años que no queremos independencia. El declararse guerrillero bajo estas circunstancias no solo es una patraña, es además un insulto a aquellos que han luchado y ofrecido sus vidas por cambiar una situación sin tener alternativas pacíficas o democráticas. También da que pensar, pues de implantarse en el poder los que celebran a estos “héroes”, lo lógico es que no les importe lo que opine la mayoría del pueblo, pues ellos serían los amos de la “conciencia colectiva”.

    Let the flames begin!

  • Ileana Hernandez-Vazquez

    Mi humilde mensaje para Oscar es que el universo conspire para llenarlo de amor en lo que obtiene lo mas preciado su libertad.

    • Sean

      El rechazó su libertad una vez..aparentemente no la quiere y no cabe en la libre comunidad de hoy, Es un aspirante de guerillero con una actitud de patriota usando ese adjetivo de mala forma. Otro mas del casi 3%

  • •o˚ Mantarayo˚•.

    Toda la solidaridad con Óscar y los patriotas puertorriqueños y latinoamericanos desde México. Abrazos libertarios.

    • Sean

      Demasiado problemas tiene Mexico, para inmiscuirse en los nuestros..Quede quieto en Acapulco.

  • Xiomara Acuña

    Es curioso que este “artículo” tenga un solo comentario. No tengo dudas que sí lo tomaramos como un ejercicio intelectual, como solemos en estos foros, no dijera yo ¡comentarios! se desbordarían los más sesudos debates en torno a este.
    Valoro sobremanera este “silencio” ante estas palabras pronunciadas por Lalo…quiero pensar que este “silencio” responde al ¿que podemos hacer? sobre el ¿que somos? que dejo en nuestra conciencia y que nos estremece como colectivo (lectores). Es hermoso, conmovedor, motivador y de una puertorriqueñidad oscariana (se me antoja calificarla) que no podemos eludir y que yace y que hace su trabajo implacable en silencio como la naturaleza.

  • stastpv

    Ni añadir otra palabra, ni hacer ningún comentario, sólo Amén y una lágrima de solidaridad y admiración que brota espontáneamente.