
Planta AES Generadora de Energía de Carbón( ¡¡por La Planta de Carbón!!).Guayama Puerto Rico
Una historia crítica de la Autoridad de Energía Eléctrica
1. Prólogo: El país antes de Fuentes Fluviales y Riego (1893–1940)
La historia eléctrica de Puerto Rico no comienza con un apagón, aunque todo en ella parezca marchar directo hacia la oscuridad. Comienza con una bombilla encendida en marzo de 1893, en la casa del hacendado cafetalero José Ramón Figueroa y Rivera, en Villalba. Ese filamento, movido por una planta privada, fue la primera luz eléctrica en la isla, y Luis Muñoz Rivera lo celebró en La Democracia como un signo de modernidad (Latimer Torres 15). Tres meses después, la Sociedad Anónima de Luz Eléctrica iluminaba las calles de San Juan para impresionar a la infanta María Eulalia de Borbón —y sus meninas—, de paso hacia la Exposición de Chicago (Latimer Torres 17).
Tras 1900, con el auge azucarero posterior al cambio de soberanía debido la invasión de 1898, el capital privado —criollo y extranjero— controlaba la luz y la fuerza. Centrales como Aguirre y Guánica generaban electricidad quemando bagazo para mover sus molinos y, de paso, vender el excedente al gobierno en temporada seca (Latimer Torres 23). En 1908, la Ley de Riego para la costa sur puso en marcha la primera gran infraestructura pública: represas, canales y lagos que irrigaban caña y arroz y podían alimentar turbinas hidroeléctricas (Latimer Torres 29).
Ese optimismo productivo se derrumbó con la Gran Depresión, iniciada con el crack bursátil de 1929, que golpeó de lleno a la economía de plantación y a las frágiles redes privadas de energía. La caída de precios del azúcar y el café dejó sin empleo a decenas de miles de obreros agrícolas y obligó al gobierno a intervenir en sectores estratégicos. En 1927, anticipando la necesidad de centralizar el control, se creó la Utilización de las Fuentes Fluviales (UFF), integrando sistemas municipales y privados (Latimer Torres 41). Y en los años 30, con fondos del New Deal, la Puerto Rico Reconstruction Administration (PRRA) impulsó la electrificación rural, construyendo represas como Garzas y Dos Bocas.
2. Laboratorio Tugwell: El último intento de pensar la isla desde la isla (1941–1946)
Rexford Guy Tugwell no era un funcionario más. Fue uno de los economistas que, literalmente, puso el New Deal sobre la mesa de Franklin D. Roosevelt en 1932 (Tugwell 45). Desde el Brain Trust, defendió la planificación pública, la regulación de mercados y la inversión masiva del Estado en obras y servicios esenciales.(Catalá Oliveras)
Ese atrevimiento lo convirtió en un objetivo. Los grandes intereses —causantes de la Gran Depresión— lo acusaron de socialista(le comenzaron a llamar «Rex the Red»), la prensa conservadora lo ridiculizó y, hacia 1936, fue prácticamente linchado políticamente en Washington, forzado a dejar su cargo (Bio Rexford Tugwell).
En 1941, Roosevelt lo rescató con un encargo claro: preparar y pacificar Puerto Rico antes de la Segunda Guerra Mundial. Nombrado primero canciller de la Universidad de Puerto Rico y, meses después, gobernador, llegó con la misión de estabilizar la sociedad, modernizar la infraestructura y convertir la isla en un activo estratégico.
Ese mismo año impulsó la Ley Núm. 83 de 1941, creando la Autoridad de Fuentes Fluviales (AFF) con poderes amplísimos: expropiar, emitir bonos, construir represas y operar plantas hidroeléctricas (Latimer Torres 56). No era ingeniería por gusto: era un plan para electrificar el país, modernizar la agricultura y asegurar que agua y energía estuvieran bajo control público. Tugwell advirtió entonces que las empresas invitadas a industrializar nunca tendrían un compromiso real con Puerto Rico y se irían sin dejar nada más que edificios vacíos (Tugwell 173).
3. Del riego al kilovatio: modernización agrícola (1942–1950)
Bajo Tugwell, la AFF no solo encendió bombillas: irrigó la tierra. Proyectos como Guajataca, Carite y Toa Vaca transformaron el sur y oeste, llevando agua y electricidad a Santa Isabel, Salinas, Coamo y Guayama (Latimer Torres 61). El riego diversificó cultivos —plátano, arroz, cítricos, tomates— y fomentó cooperativas agrarias con asistencia técnica estatal.
Las brigadas de la AFF enseñaban a operar bombas eléctricas, refrigerar alimentos y mejorar la higiene rural. El resultado: aumento en la producción agrícola, mejora en el empleo rural y, por primera vez, comunidades campesinas con acceso continuo a luz, agua potable y educación técnica (Dietz 203). Una revolución agraria sin fusiles, pero con turbinas.
4. De la AFF a la AEE: de Manos a la Obra a 1979
Desde los 50, la AFF amplió su rol para suplir la Operación Manos a la Obra, que apostó por una industrialización acelerada con empresas invitadas bajo exenciones contributivas. Ese modelo relegó la visión agrícola e integral de Tugwell. Se levantaron plantas térmicas como Palo Seco, San Juan y Aguirre, atando la generación al petróleo importado (Meléndez 142).
Tugwell, ya fuera del cargo —incluso, antes, al vetar dos proyectos de ley—, advirtió que este camino dejaba al país a merced de capitales sin arraigo: cuando se agotaran los beneficios, las empresas se marcharían “sin el menor pudor” (Tugwell 180). Así ocurrió.
Legalmente, la AFF se mantuvo hasta 1979, cuando la Ley Núm. 57 del 30 de marzo la rebautizó como Autoridad de Energía Eléctrica (Latimer Torres 172). Para entonces, su operación estaba definida por la lógica industrial-urbana y una dependencia casi total del petróleo.
5. PREPANet: Encadenada
En los años 90, la AEE instaló una red de fibra óptica para comunicación interna. El hallazgo fue que esa red, sin proponérselo, podía ofrecer internet de banda ancha a todo Puerto Rico mucho antes que las compañías privadas. La infraestructura estaba lista sobre las líneas de alta tensión alrededor de todo Puerto Rico, casi 30 años antes de que Liberty, Claro o las nuevas operadoras comenzaran a vender el servicio como una gran y exclusiva novedad.
Pero la AEE nunca entró en ese mercado: se le impuso las cadenas de la “libre competencia” y se bloqueó su expansión para no incomodar a los gigantes privados de telecomunicaciones (“PREPA.Net: la fibra que no se usó”, El Nuevo Día, 12 junio 2011; “Fiber Optic Grid Could Have Changed Puerto Rico’s Internet”, Caribbean Business, 8 agosto 2014). El resultado fue que una inversión pública millonaria quedó infrautilizada, mientras el país pagaba tarifas elevadas por un servicio que pudo ser universal y barato desde los 90.
6. Privatización y despojo (1990–2017)
También, en esa década de 1990 abrió la caja de Pandora neoliberal. Tal y como sucede con la pasta de dientes, una vez la sacas hacia afuera es dífícil regresarla al tubo. Bajo Pedro Rosselló, se intentó vender activos de la AEE, fue frenado por protestas sindicales y comunitarias. Sin embargo, la Ley de Alianzas Público-Privadas de 1998 dejó abierta la puerta que futuros gobiernos cruzarían para entregar operaciones a intereses privados.
La deuda creció sin control en los 2000, usada como instrumento financiero antes que energético. Fortuño, con su Ley 7, despidió a miles de empleados públicos y debilitó la red. En 2016, la Ley PROMESA impuso la Junta de Control Fiscal, que vio en la AEE un “activo” para monetizar. Un año después, el huracán María destrozó la red y mató el mito de la resiliencia pública.
El discurso oficial cambió: no había que reparar la AEE, sino sustituirla. Se culpó a los trabajadores y se ocultaron décadas de negligencia política bipartidista. Lo que nació como motor de soberanía energética acabó en contratos con LUMA y Genera, sin voz ni voto para el pueblo.
7. Advertencia de razgos proféticos
Rexford Tugwell entendió que la energía no era un lujo ni un negocio, sino un derecho colectivo y un cimiento de soberanía. Su misión en Puerto Rico fue demostrar que un Estado podía planificar, producir y distribuir recursos estratégicos sin someterse al mercado. Ochenta años después, Puerto Rico paga el precio de abandonar esa idea: lo que fue público se ha vendido pieza por pieza, y cada apagón recuerda que, sin un Estado capaz y honesto, la luz —y hasta el internet— estarán siempre a merced del mejor postor.
Bibliografía
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Ayala, César J., y Rafael Bernabe. Puerto Rico en el siglo americano: su historia desde 1898. Ediciones Callejón, 2007.
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“Bio Rexford Tugwell.” Encyclopædia Britannica, 2025.
- Burrows, Geoff G. The New Deal in Puerto Rico: Public Works, Public Health, and the Puerto Rico Reconstruction Administration, 1935-1955
- Catalá Oliveras, Francisco A. Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell. San Juan, Puerto Rico: Ediciones Callejón, 2013
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Dietz, James L. Economic History of Puerto Rico: Institutional Change and Capitalist Development. Princeton University Press, 1986.
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Latimer Torres, Eugenio. Historia de la Autoridad de Energía Eléctrica: implantación de los sistemas de luz y fuerza en Puerto Rico 1893–1993. First Publishing of Puerto Rico, 1997.
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Meléndez, Edwin. Puerto Rico’s State-Owned Enterprises: A Case Study of the Puerto Rico Electric Power Authority. Praeger, 1990.
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“PREPA.Net: la fibra que no se usó.” El Nuevo Día, 12 junio 2011.
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Tugwell, Rexford G. The Stricken Land. Doubleday, 1946.
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“Fiber Optic Grid Could Have Changed Puerto Rico’s Internet.” Caribbean Business, 8 agosto 2014.

