Autor: Alberto Enrique Soto

Mayagüez, Puerto Rico (5 de mayo de 1972). Educado en las Bellas Artes y las Humanidades. Piensa de éstas últimas que brindan las herramientas para crear un ciudadano completo y defensor de la democracia. Está comprometido con la felicidad de todos y todas a su alrededor, aunque es consciente de su complejidad y de que no siempre se puede cuadrar al chavo. Disfruta resolver rompecabezas técnicos, hablar de temas filosóficos, artísticos y gestionar problemas de diseño. Adora a su familia y a su familia extendida. Alberto Enrique Soto obtuvo su maestría y doctorado en Imagen, Tecnología y Diseño en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado sobre el diseño tipográfico en Barcelona durante los años de 1990, durante trasvase tecnológico del diseño gráfico hacia el formato digital, luego de las Olimpiadas de 1992; más recientemente ha investigado sobre el papel de los primeros carteles serigráficos creados por artistas estadounidenses en la redefinición de la subalternidad colonial puertorriqueña durante la segunda mitad de la década de 1940. Ha trabajado en el campo del periodismo, de la publicidad, el diseño web, el diseño para televisión y en el diseño editorial, tanto en el diseño de periódicos, como en el diseño de libros. Actualmente es Catedrático Auxiliar de la Universidad de Puerto Rico en Carolina.

Río Piedras: 75 años de la anexión, borradura política y memoria urbana

<strong>Río Piedras</strong> no fue un barrio nacido de un un mapa pequeño, sino <strong><em>una ciudad con pulso obrero, universitario y contestatario</em></strong>, anexada a San Juan en 1951 bajo el barniz de la eficiencia. Este artículo lee esa unión como borradura política: quitar alcaldía, presupuesto, archivos y voz para domesticar una centralidad incómoda. Desde el precedente afrocaribeño de <strong>San Mateo de Cangrejos</strong> hasta la <em>Ley de la Mordaza</em>, el texto muestra cómo el poder central borra lo que no controla. Pero Río Piedras persiste: herida, mural, librería, universidad, mercado, memoria que todavía acusa y anuncia regreso desde sus calles todavía dignas hoy.

Un Eco de Borradura: Cómo la supresión de San Mateo de Cangrejo predijo el Destino de Río Piedras hace 75 años

Las anexiones municipales en Puerto Rico no fueron simples trámites del archivo, sino cuchilladas administrativos del poder. San Mateo de Cangrejo, pueblo negro, cimarrón y libre, fue suprimido en 1862 cuando su autonomía dejó de servirle a la colonia y empezó a incomodarla. Racismo, tranvía, especulación y capital se dieron la mano. Casi un siglo después, Río Piedras cayó bajo una versión más moderna de la misma operación: referéndum, legalidad, discurso de eficiencia y pérdida de voz. Entre Cangrejo y Río Piedras aparece una verdad feroz: el mapa también puede ser una forma de violencia colonial.

Sello oficial antiguo que lee 'Alcaldía de Cangrejo, Sesión Ordinaria'

Bad Bunny frente al Imperio: Amazon, Puerto Rico y la Corte del Rey Trump

La residencia No Me Quiero Ir de Aquí de Bad Bunny culminó en septiembre de 2025 –el 20– con Una Más, un concierto transmitido por Amazon Prime/Music. El evento trascendió lo musical: fue una afirmación política en un país marcado por deuda, migración y apagones. La alianza con Amazon, aunque contradictoria, evoca el institucionalismo económico de Rexford Tugwell y la Autoridad de Fuentes Fluviales, proyecto que Francisco Catalá Oliveras identifica como la ruta abandonada hacia un desarrollo endógeno. Mientras Donald Trump gobierna con corte autoritario y Congreso servil, Bad Bunny proclamó desde Puerto Rico la permanencia como acto de resistencia. La paradoja es clara: usar el capital global para amplificar una consigna local que, en medio del colonialismo, se vuelve revolucionaria.

De la AFF a la AEE: desde una visión desarrollista hasta la crisis crónica

La historia eléctrica de Puerto Rico no comienza con un apagón, aunque todo en ella parezca ir derechito hacia un agujero negro. Arranca en marzo de 1893, cuando José Ramón Figueroa y Rivera encendió en Villalba la primera bombilla; meses después, San Juan brilló para impresionar sin meninas a una infanta de paso, mientras el resto de la isla seguía a oscuras. Tras 1898, el capital azucarero acaparó la luz y la fuerza, vendiendo excedentes al gobierno como si fueran favores. La Gran Depresión (1929) rompió el espejismo y empujó al Estado a tomar el timón. En 1941 llegó Rexford Tugwell, cerebro del New Deal, con la AFF: irrigó campos, llevó electricidad y aseguró agua y energía como bienes públicos.

Medio pan y un libro: la resistencia cultural en tiempos de neofascismo

Federico García Lorca, en aquella alocución de 1931 en Fuente Vaqueros, no estaba hablando solo de libros y cultura. Estaba encendiendo una mecha. Decía que la cultura, en manos de cualquiera, era una barricada. “No solo de pan vive el hombre”, proclamaba, y en ese grito estaba la esencia de su mensaje: la cultura no es un lujo, es un derecho, un salvavidas en tiempos oscuros. Si hoy, casi un siglo después, un gobierno neofascista toma las riendas de Estados Unidos, es porque la cultura ha sido despreciada, arrinconada hasta el olvido. Lorca lo sabía: sin cultura, el ser humano no es más que un engranaje obediente, dócil. En tiempos como estos, defender la palabra no sólo es una cuestión de honor, es un acto de supervivencia.

La gráfica de la salud civilizada

Los carteles serigráficos de la Comisión de Parques y Recreo Público fueron realizados antes que los de la legendaria DIVEDCO por artistas americanos. Muchos estaban relacionados a la salud y al progreso que traería la industrialización, como parte de una reforma colonial que -parafraseando a Fanon- sería más beneficiosa para el colonizador que para el colonizado. Los afiches desbordaron su propio origen y, a pesar de las buenas intenciones de sus creadores, aderezaron con almíbar un proceso mucho más violento de lo que parece.

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