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<strong>Río Piedras</strong> no fue un barrio nacido de un un mapa pequeño, sino <strong><em>una ciudad con pulso obrero, universitario y contestatario</em></strong>, anexada a San Juan en 1951 bajo el barniz de la eficiencia. Este artículo lee esa unión como borradura política: quitar alcaldía, presupuesto, archivos y voz para domesticar una centralidad incómoda. Desde el precedente afrocaribeño de <strong>San Mateo de Cangrejos</strong> hasta la <em>Ley de la Mordaza</em>, el texto muestra cómo el poder central borra lo que no controla. Pero Río Piedras persiste: herida, mural, librería, universidad, mercado, memoria que todavía acusa y anuncia regreso desde sus calles todavía dignas hoy.
Por Alberto Enrique Soto · 28 minutos
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Las anexiones municipales en Puerto Rico no fueron simples trámites del archivo, sino cuchilladas administrativos del poder. San Mateo de Cangrejo, pueblo negro, cimarrón y libre, fue suprimido en 1862 cuando su autonomía dejó de servirle a la colonia y empezó a incomodarla. Racismo, tranvía, especulación y capital se dieron la mano. Casi un siglo después, Río Piedras cayó bajo una versión más moderna de la misma operación: referéndum, legalidad, discurso de eficiencia y pérdida de voz. Entre Cangrejo y Río Piedras aparece una verdad feroz: el mapa también puede ser una forma de violencia colonial.
Por Alberto Enrique Soto · 1 de julio de 2026
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La residencia No Me Quiero Ir de Aquí de Bad Bunny culminó en septiembre de 2025 –el 20– con Una Más, un concierto transmitido por Amazon Prime/Music. El evento trascendió lo musical: fue una afirmación política en un país marcado por deuda, migración y apagones. La alianza con Amazon, aunque contradictoria, evoca el institucionalismo económico de Rexford Tugwell y la Autoridad de Fuentes Fluviales, proyecto que Francisco Catalá Oliveras identifica como la ruta abandonada hacia un desarrollo endógeno. Mientras Donald Trump gobierna con corte autoritario y Congreso servil, Bad Bunny proclamó desde Puerto Rico la permanencia como acto de resistencia. La paradoja es clara: usar el capital global para amplificar una consigna local que, en medio del colonialismo, se vuelve revolucionaria.
Por Alberto Enrique Soto · 22 de septiembre de 2025
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La historia eléctrica de Puerto Rico no comienza con un apagón, aunque todo en ella parezca ir derechito hacia un agujero negro. Arranca en marzo de 1893, cuando José Ramón Figueroa y Rivera encendió en Villalba la primera bombilla; meses después, San Juan brilló para impresionar sin meninas a una infanta de paso, mientras el resto de la isla seguía a oscuras. Tras 1898, el capital azucarero acaparó la luz y la fuerza, vendiendo excedentes al gobierno como si fueran favores. La Gran Depresión (1929) rompió el espejismo y empujó al Estado a tomar el timón. En 1941 llegó Rexford Tugwell, cerebro del New Deal, con la AFF: irrigó campos, llevó electricidad y aseguró agua y energía como bienes públicos.
Por Alberto Enrique Soto · 8 de agosto de 2025
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Federico García Lorca, en aquella alocución de 1931 en Fuente Vaqueros, no estaba hablando solo de libros y cultura. Estaba encendiendo una mecha. Decía que la cultura, en manos de cualquiera, era una barricada. “No solo de pan vive el hombre”, proclamaba, y en ese grito estaba la esencia de su mensaje: la cultura no es un lujo, es un derecho, un salvavidas en tiempos oscuros. Si hoy, casi un siglo después, un gobierno neofascista toma las riendas de Estados Unidos, es porque la cultura ha sido despreciada, arrinconada hasta el olvido. Lorca lo sabía: sin cultura, el ser humano no es más que un engranaje obediente, dócil. En tiempos como estos, defender la palabra no sólo es una cuestión de honor, es un acto de supervivencia.
Por Alberto Enrique Soto · 11 de noviembre de 2024
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Los carteles serigráficos de la Comisión de Parques y Recreo Público fueron realizados antes que los de la legendaria DIVEDCO por artistas americanos. Muchos estaban relacionados a la salud y al progreso que traería la industrialización, como parte de una reforma colonial que -parafraseando a Fanon- sería más beneficiosa para el colonizador que para el colonizado. Los afiches desbordaron su propio origen y, a pesar de las buenas intenciones de sus creadores, aderezaron con almíbar un proceso mucho más violento de lo que parece.
Por Alberto Enrique Soto · 4 de junio de 2022