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80grados+

Entre Sábalos, Marchas y la Sabiduría del Agua: hacia una inteligencia colectiva mayor

25 de abril de 2026 by Antonio González Walker Leave a Comment

El sábado, mientras marchábamos frente al Río Piedras y la desmedida construcción del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos (USACE), vi unos peces enormes nadando corriente arriba. Por consenso general: eran sábalos. Nunca antes los había visto en todas mis veces cerca del río — y eso que he visto caimanes con cierta frecuencia. Sábalos, nunca.

Hasta ese día.

La aparición no fue simplemente biológica. Para mí fue simbólica. Fue una grieta en la narrativa dominante que insiste en decirnos que estos sistemas están muertos, que lo que queda es gestionar ruinas, canalizar problemas, domesticar flujos.

Pero allí estaban. Vivos. Remontando la corriente.

Y en ese gesto había una afirmación contundente: el río está vivo. Y un río vivo no es un objeto. Es un sujeto.

El río frente al concreto

La marcha se desarrolló en tensión con las intervenciones del USACE, cuyas propuestas de canalización han sido presentadas como soluciones técnicas a problemas de inundación — pero sin la consulta plena de las comunidades y sin pensar en la naturaleza como iguales.

Pero lo que está en juego es más profundo que una obra de ingeniería. Es una forma de entender el mundo.

Durante décadas, los ríos han sido tratados como infraestructuras defectuosas: sistemas que deben ser corregidos, rectificados, contenidos. Se les arranca su curvatura, se les endurecen los bordes, se les impone velocidad. Se les quita la posibilidad de ser ríos.

No hay que ir lejos para ver las consecuencias. La centenaria Ceiba de Ponce murió por asfixia cuando canalizaron el Río Portugués — una intervención que convirtió un río en una cuneta. No le preguntamos a la ceiba qué necesitaba. No escuchamos al río. Y ahora tenemos el esqueleto de lo que fue un árbol majestuoso, y un río que podría ser fuente de vida fundamental para un pueblo del sur en tiempos de calentamiento global — reducido a concreto. La ceiba no murió de vejez. La matamos por no saber escuchar.

Sin embargo, el sábado, los sábalos nos recordaron algo esencial: la vida insiste incluso en condiciones adversas. La vida encuentra grietas. La vida remonta.


La inteligencia molecular del agua

Para entender la potencia de ese momento, me gustaría mirar más de cerca el comportamiento del agua. El agua — H₂O — es una molécula simple en apariencia, pero extraordinaria en su versatilidad. Su estructura angular genera una polaridad eléctrica: el oxígeno produce una carga parcial negativa, mientras los hidrógenos mantienen una carga parcial positiva.

No son enlaces rígidos. Son relaciones dinámicas. Cada molécula se conecta con otras, formando una red en constante reconfiguración. De esa red emergen las propiedades que sostienen la vida en el planeta: la cohesión, que mantiene unidas las moléculas; la adhesión, que permite al agua interactuar con otras superficies; la capilaridad, que hace posible que el agua ascienda por los tejidos de los árboles desde la raíz hasta la hoja; y la tensión superficial, que le da su forma de gotas libres.

En los árboles — como la ceiba —, el agua asciende porque cada molécula jala a la siguiente, creando una corriente continua que se sostiene por cohesión. No es una fuerza individual. Es una fuerza colectiva. Esa misma lógica, extendida en el tiempo, permite que el agua erosione roca, abra valles, transforme montañas. No lo hace con violencia instantánea. Lo hace con persistencia organizada. Y esa es la lección para nuestros tiempos.

Nada de esto ocurre en el vacío. Gracias a la unión de más de 20 organizaciones en la Red Comunitaria de Agua — a grupos líderes como Amigos de Puerto Nuevo por la Cuenca y Guarda Río, entre muchos otros — esa voz colectiva se va sumando junto al río. El anuncio del DRNA de que el proyecto se paraliza por falta de fondos, justo el día después de la marcha, es tácticamente sospechoso. Pero también es una oportunidad: para fortalecer la cohesión entre los grupos y fuerzas que abrazan la naturaleza como alternativa de evolución social.

En Puerto Rico, y particularmente en espacios como Río Piedras, enfrentamos un momento histórico marcado por múltiples capas de presión: crisis climática, abandono de infraestructura, decisiones centralizadas que ignoran el conocimiento local, y una condición colonial que limita la capacidad de autodeterminación. En ese contexto, hablar de agua no es hablar solo de ecología. Es hablar de política. Es hablar de futuro.

El colonialismo del siglo XXI no siempre se presenta con la crudeza de épocas pasadas. A menudo se manifiesta como tecnocracia descontextualizada, como soluciones importadas que no escuchan el territorio, como proyectos que priorizan eficiencia sobre vida. Se canaliza un río para evitar inundaciones, pero no se considera que ese río es también hábitat, corredor biológico, regulador térmico, memoria cultural. Se toma una decisión desde arriba, pero no se consulta a quienes viven abajo.

Y así, poco a poco, se produce una forma de asfixia.

Ya es tiempo de escuchar a los seres no humanos. De implementar una visión que sobrepase el acaparador antropocentrismo que estrangula todo a su paso. Los sábalos que remontaban la corriente el sábado no estaban esperando permiso. Estaban ejerciendo el único derecho que el río les garantiza cuando está vivo: el derecho al movimiento, a la corriente, a la vida. Por eso trabajaremos en los EcoSantuarios y la Carta por los Derechos del Agua; tenemos que tomar medidas fundamentales para seguir avanzando esas corrientes de vida.

La pregunta que nos dejan no es técnica. Es ética: ¿qué tipo de inteligencia necesitamos para estar a la altura de lo que el agua ya sabe? Una inteligencia colectiva guiada por el agua y las ceibas — que sume las diversas voces de la vida.


Los cambios principales fueron: separar «Pero allí estaban.Vivos.» en una oración limpia; integrar las tres líneas fragmentadas sobre la vida («La vida insiste… La vida encuentra grietas… La vida remonta.») en un solo párrafo fluido; unificar los párrafos de la sección molecular que estaban cortados sin razón; y agregar el artículo que faltaba en «esa es la lección para nuestros tiempos».

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Antonio González Walker
Antonio González Walker
Antonio González Walker llegó al activismo como se llega a los ríos que le obsesionan: siguiendo la corriente, y sin pedir permiso, además. Escritor, poeta, artista, educador y organizador comunitario puertorriqueño, su trayectoria comenzó mirando hacia arriba —astronomía, filosofía, escritura creativa— para terminar mirando hacia la tierra que pisan sus botas.
Formado en el Goddard College, con el tiempo entendió que la verdadera batalla no estaba allá arriba, en los cielos sino en los suelos: en quién los siembra, quién los envenena y quién decide sobre ellos. Desde San Juan ha impulsado proyectos como ANAMU y agroSanturce, apuestas concretas por la soberanía alimentaria en tiempos en que la dependencia colonial también se mide en lo que se come. Con Habitats Creativos y multiVERSIA ha construido plataformas educativas que no piden permiso a la academia. Colabora con la revista 80grados, donde escribe sobre agua, territorio y futuro como quien sabe que esas tres palabras significan lo mismo.
Posted in: 80grados+, Ambiente, Colonialidad, Puerto Rico Tagged: agua, antropocentrismo, autodeterminación, biodiversidad, canalización, Ceiba, colonialismo, comunidad, derechos del agua, ecologiá, EcoSantuarios, ecosistema, infraestructura, ingeniería, inteligencia colectiva, marcha, medio ambiente, movimiento ambiental, naturaleza, organización, Ponce, puerto rico, Red Comunitaria de Agua, resistencia, río, Río Piedras, Río Portugués, sábalos, tecnocracia, USACE

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