[dropcap]E[/dropcap]n un mundo donde los programas de humanidades son los primeros en la lista de cortes y donde la educación se mide en función de su ganancia inmediata, alguien tenía que decirlo alto y claro: las grandes obras del pensamiento siguen importando. Y ese alguien es Roosevelt Montás.

Roosevelt Montás
Este jueves 13 de marzo, a las 10:00 a.m., el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras será el escenario de una charla que promete levantar ampollas. Montás, profesor en la Universidad de Columbia y director del Freedom and Citizenship Program, no viene a entretener a burócratas ni a justificar presupuestos: viene a recordarnos por qué Platón, San Agustín, Freud y Gandhi siguen siendo más necesarios que nunca. Su libro, Rescuing Socrates: How the Great Books Changed My Life and Why They Matter for a New Generation (Princeton University Press, 2021), no es un ejercicio nostálgico, sino un manifiesto en defensa de lo que muchos consideran prescindible.
El evento, que se enmarca en la celebración del 122 aniversario del Recinto de Río Piedras, contará con la moderación del Dr. Pedro Reina Pérez, profesor y coordinador de la Maestría en Gestión Cultural. Será una conversación sin concesiones, donde se hablará de educación, ciudadanía y de la manía contemporánea de desmontar todo lo que huela a formación integral. Porque sí, en estos tiempos de universidades convertidas en fábricas de títulos exprés, insistir en la pertinencia de las humanidades es casi un acto de insurrección.
Y como si la semana no tuviera ya suficiente pólvora intelectual, el miércoles 12 de marzo, el incombustible Luis Rafael Sánchez, uno de los nuestros, ofrecerá su lección magistral tras haber sido nombrado a la Cátedra Cervantes. Dos días de lucidez y resistencia en un país que, entre apagones y juntas de «control fiscal», necesita recordar que sin pensamiento crítico no hay futuro posible, excepto el del pensamiento único, ya saben de quiénes.
La entrada es libre y, en los tiempos que corren, casi moralmente obligatoria. Porque hay cosas que no se pueden dejar morir sin dar la pelea.
