Etiqueta: deseo

¿Hablar del goce es lo mismo que hablar del deseo?

El texto entra por una grieta incómoda: deseo y goce no son la misma cosa. Desde Lacan, Deleuze, Guattari, Žižek y Byung-Chul Han, el deseo aparece como fuerza que no busca clausura, sino movimiento, fuga y reproducción de sí mismo. El goce, en cambio, carga con la falta, la culpa, la angustia y esa promesa imposible de satisfacción completa. Ahí entra el capitalismo contemporáneo, siempre dispuesto a vender remedios para heridas que él mismo administra. Tecnologías, psicofármacos, likes, emojis, seguidores y pantallas convierten la vida afectiva en mercancía, disciplina y espectáculo. La psicopolítica digital ya no necesita imponer obediencia desde afuera: logra que cada sujeto vigile, mida y explote su propio deseo. El mercado no elimina la carencia; la organiza, la monetiza y la mantiene productivamente abierta, sin descanso alguno.

Literatura y fantasma: el libro de las apariciones

Juan Carlos Quiñones abre el texto como quien se mira en un espejo roto: relee sus propios libros para comprobar si aún respiran como literatura o si ya son sombra. Desde esa autopsia íntima, su “Libro de las apariciones” se ordena bajo lo espectral: personajes, lugares y lectores como presencias ausentes que vuelven una y otra vez, cambiando de sentido. Derrida y Fisher aparecen como brújulas: la “hauntología” del futuro cancelado, de la promesa que no llegó y sigue rondando. Puerto Rico —apagones, huracanes, dependencia— entra como archivo vivo: lo que no se resuelve regresa en forma de fantasma. Pero el texto no se queda en lamento: propone la imaginación como contrahechizo, la literatura como otra realidad capaz de inventar una isla más habitable. No es espiritismo: es política del sentido, escrita a pulso, frío.

Ilustración de un hombre leyendo un libro junto a una lámpara en una biblioteca, con una sombra fantasmal proyectada detrás de él

El boomerang de la palabra: censura y contra censura en el Puerto Rico del siglo 19

Silvia Álvarez Curbelo, Catedrática Jubilada de la UPR comparte una meditación afilada sobre la censura en Puerto Rico. Nos recuerda que la represión de la palabra no comenzó con los regímenes modernos, sino con decretos inquisitoriales leídos en misa y con funcionarios coloniales que tachaban columnas como si fueran crímenes de Estado. Pero la palabra es porfiada. Los periodistas burlaban al censor con sátiras disfrazadas de botánica o cuentos turcos, sabiendo que el lector sabría leer entre líneas. La censura, dice ella, es torpe: intenta apagar y termina encendiendo. Porque la imaginación, como el deseo, se enciende con lo prohibido. Y ahí, siempre, gana la palabra.

El talentoso señor Ripley (NETFLIX)

Patricia Highsmith, con "Strangers on a Train", tocó las fibras del misterio y el engaño, elevándose al estrellato bajo la sombra de Hitchcock. El guion de Raymond Chandler, tejido con precisión, añadió profundidad a una historia ya inquietante. No fue sino hasta "The Talented Mr. Ripley" que Highsmith se inscribió en el panteón literario. Ripley, un moderno Fausto, juega con la verdad en su búsqueda de identidad. La reciente adaptación de Zaillian en Netflix, en blanco y negro, nos sumerge en una Italia posguerra, donde la pasión homoerótica se insinúa, desafiando las convenciones y revelando las sombras del deseo y la impostura.

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