El encanto verdadero de mi ciudad adoptiva, Chicago, es cultural más que nada. La convergencia de culturas latinas es abundante y abarca desde el teatro y el cine, hasta la literatura y la música.
Pobre Hoffman, el mejor actor de su generación tirado en las frías baldosas del baño con una jeringa todavía enterrada en el brazo; todos tenemos un poquito de ese tecato adentro.