UNIDAD: refundemos lo político

Oponerse a la junta y al andamiaje de partidos tradicionales no son hechos incompatibles. Juntarlos en un solo llamado es mortal para el status quo.…

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[dc]P[/dc]roliferan los llamados de unidad estadolibrista para enfrentar la debacle fiscal que vive el gobierno de Puerto Rico y la inminente imposición de una junta de control fiscal. A Carmen Yulín se la va la vida en ello, pues su viabilidad en el ultra-estadista San Juan depende de una melcocha de votantes de distintos sectores ideológicos.

El llamado no ha tenido gran resonancia. Y es que un porciento considerable de la población responsabiliza a su clase política de la deuda y sus efectos. El votante le pide cuentas a quienes por décadas se les presentaron como líderes con agencia; la parte del juego lingüístico colonial que le exageró capacidades y ámbito de maniobra al gobierno propio.

En oposición al llamado de unidad surge el llamado a limpiarle el pico a nuestra clase política. Ambas exhortaciones son miopes. La primera porque presume que el tranque responde a no haber sabido ponernos de acuerdo, cuando ha sido el inmovilismo un asunto de claro consenso pluripartidista. Fomentar actitudes de ruptura es lo que procedería en todo caso.

El segundo llamado, decomisar a nuestra clase política, falla al localizar el epicentro del poder en el muñeco y no en el ventrílocuo que lo mueve y pone palabras en su boca.

Desde el hastío crónico, propongo que utilicemos los llamados de unidad para reformular el ejercicio democrático mismo; sustituir a esta clase política por otros instrumentos representativos, otros lenguajes de debate y participación, otros imaginarios de convivencia y país.

Para ello, el ciudadano tendría que hacer acopio de sus mejores recursos políticos; juntarse no a través de las identidades partidistas sino a través del reconocimiento de lo común.

Oponerse a la junta y al andamiaje de partidos tradicionales no son hechos incompatibles. Juntarlos en un solo llamado es mortal para el status quo. Por eso llueven los reclamos editoriales de resignación y obediencia.

Resistámoslos, y re-fundemos lo político. Desunámonos ahora para unirnos de otra manera.

* Publicado originalmente en El Nuevo Día y reproducido aquí con el permiso del autor.

Miguel Rodríguez Casellas
Columnista

Miguel Rodríguez Casellas es un arquitecto que escribe. Por diecisiete años ha sido profesor de teoría y diseño en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica, siendo también su decano por cuatro años. Su próxima publicación, “Drag Kings: un ejercicio (contra)magistral”, es una colección de ensayos que intersecan la arquitectura, el género y la política desde los márgenes fluidos de Puerto Rico. Recientemente, Casellas ha vuelto a enamorarse de la forma a través de su firma Ordinal©, un juego etimológico entre orden y ordinariez concebido junto al arquitecto Miguel Szendrey Ramos.

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Miguel Rodríguez Casellas
Colaborador/a

<b>Columnista</b><br/> Miguel Rodríguez Casellas es un arquitecto que escribe. Por diecisiete años ha sido profesor de teoría y diseño en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica, siendo también su decano por cuatro años. Su próxima publicación, “Drag Kings: un ejercicio (contra)magistral”, es una colección de ensayos que intersecan la arquitectura, el género y la política desde los márgenes fluidos de Puerto Rico. Recientemente, Casellas ha vuelto a enamorarse de la forma a través de su firma Ordinal©, un juego etimológico entre orden y ordinariez concebido junto al arquitecto Miguel Szendrey Ramos.

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