VIEQUES: Dolor de la isla en las nieves de Cornell
Esta es una colaboración entre 80grados y la Academia Puertorriqueña de la Historia en un afán compartido de estimular el debate plural y crítico sobre los procesos que constituyen nuestra historia.
A Dalidia Colón
Siendo muy niño comencé a visitar a Vieques pues mi familia había emparentado con los Mellado de la Isla Nena. Sin embargo, no fue hasta 1979 cuando los pescadores tomaron la iniciativa para desalojar de sus comunidades y de los cuerpos de sus pobladores a la Marina de Guerra de Estados Unidos, que tomé conciencia plena de que todos, en Puerto Rico y el mundo, teníamos que aportar a esa causa.
Una visita a Vieques en familia, 1958.La ocupación por la Marina de Guerra, que incautó dos terceras partes de Vieques en 1941, se justificó por la inminente entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El Canal de Panamá estaba en peligro de ser capturado por los alemanes y el Caribe era un escenario estratégico con prioridad ya que la mayoría de las islas eran colonias de Inglaterra, Francia y Holanda (estos dos últimos países bajo dominio nazi e Inglaterra a punto de caer). A partir de entonces a Vieques se le distorsionó el futuro para siempre.
Pasada la guerra, el entonces presidente Harry S. Truman nombró Jesús T. Piñero como primer gobernador puertorriqueño (1946). En su inauguración desfiló una carroza que metaforizaba a Vieques en la Guerra Fría que ya había comenzado entre Estados Unidos y sus aliados y la Unión Soviética y los suyos.
La fotografía es apenas conocida, pero de un simbolismo político que estremece. La carroza es un poema visual en apariencia festivo pero, en realidad, para ser llorado. En un bote de pescadores tradicional lleno de marinos, muchachos y muchachas en sus uniformes navales, se condensa el destino y la representación oficial de la isla-municipio.
La ocupación naval de Vieques no fue pasajera, se perpetuó por muchas décadas más. Me pregunto cuánto vale arruinar el futuro de una isla en plenos siglos 20-21.
Toma de conciencia
Recién graduados de la Escuela de Planificación de la UPR, un grupo de amigos planificadores y arquitectos decidimos aportar con lo que sabíamos hacer por Vieques. Lo primero en la agenda de compromiso fue unirnos al Comité Nacional pro Defensa de Vieques. Juntos, con el entusiasmo bisoño de los tiempos y la juventud, pensábamos que el futuro sería nuestro. Iniciábamos nuestras carreras profesionales armados de conocimientos y actitudes aprendidas en nuestra universidad y las queríamos poner al servicio del país.
Asistimos a muchas manifestaciones. Al poco tiempo decidimos editar una revistita, muy modesta, que mimeografiábamos de manera semi-clandestina -al menos eso creíamos-. Nos invadía el quijotismo que se experimentaba en muchos sectores de la sociedad, especialmente entre los universitarios, artistas, sindicalistas y comunidades indignadas . La Colección Puertorriqueña de la biblioteca de la UPR guardó el primer número de esa revistita. ¡Que dichosos somos de que exista esa colección y el personal que la maneja en la UPR!
Lo más importante que hicimos fue pensar y plasmar un plan preliminar para visualizar un Vieques post-Marina. Teníamos que imaginar y diseñar el futuro, no debíamos quedarnos solamente en el presente de la denuncia y la protesta. Nos dimos a la tarea de buscar la información disponible y establecer una base de datos para el plan. Hicimos lo que aprendimos a hacer bien en la Escuela Graduada de Planificación. Pero no sabíamos muchas cosas que hoy se saben o que la tecnología consigue por nosotros.
Recopilamos datos históricos, estadísticas de población, estudiamos las condiciones naturales que ahora llaman áreas críticas, examinamos el potencial de cada sector económico de la maltrecha isla, elaboramos un listado de los atractivos turísticos, delimitamos la propiedad de la tierra, las infraestructuras disponibles, la topografía, los terrenos más aptos para la agricultura, y todo lo que los planificadores hacen para pensar el futuro de un espacio determinado. Seguimos una metodología validada y usada por planificadores en el mundo entero.
¡El asunto es que era Vieques! No teníamos acceso a mucha información, ni quién auspiciara nuestro esfuerzo. No obstante, hicimos un primer borrador del futuro plan a pulmón. Coordinamos una presentación en la capital de la isla: Isabel II.
Pudimos haber publicado el incipiente plan en mimeógrafo en nuestra revista, pero su formato no lo permitía. El asunto es que llegó el 1980 y algunos de los pichones de planificación, como nos decía el querido profesor Salvador Padilla, nos fuimos del país a trabajar o a seguir estudiando doctorados. El asunto del plan quedó aplazado. Dalidia Colón quedó como custodia del borrador del documento y de algunos planos.
Tiempos de cambio
Cuando iniciamos nuestro proyecto de Vieques al futuro, se cerraba una década convulsa aquí y en todo el globo. Su año final año condensó muchas energías, para muchos se había cuajado un punto de inflexión. No faltó quien dijera que, en ese año comenzó el mundo actual. La Guerra Fría, detonada con el lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima y que había dado pie a una carrera armamentista obscena en gasto y en terror apocalíptico, había mutado. El capitalismo asumía un rostro neoliberal. Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos marcaban pauta en Occidente con sus políticas de prosperidad, individualismo y orden. Hasta China entraba de lleno a los mercados mundiales. Convencidos de que una guerra nuclear traería la destrucción del planeta, las dos grandes potencias en pugna desplazaron sus aventuras bélicas a los países llamados del Tercer Mundo.
En Centroamérica los Sandinistas conquistaban a Managua y los salvadoreños, agrupados bajo el Frente Farabundo Martí, hacían lo propio en San Salvador. En Cuba la Revolución parecía asegurada y soldados cubanos peleaban en Angola. En Irán los estudiantes tomaron la embajada de Estados Unidos y se inició el régimen de los ayatolás. Por su lado, la Unión Soviética invadió a Afganistán y Estados Unidos empezó a entrenar una contrainsurgencia: el Talibán.
Pero lejos de aplacarse las furias nucleares en la década que inauguraba -la de los ochenta- fue una de aumentos en las amenazas nucleares y en los inventarios. Una verdadera Guerra de las Galaxias. Como dicen los mexicanos —no estaba el horno como para bollos–.
Apocalypse Now
En 1979 estrenó la película Apocalypse Now reviviendo en el corazón de la obscuridad, la guerra de Viet-Nam, el conflicto que anticipó a las guerras por proxy. Muy cerca nuestro, los episodios de destrucción de una comunidad, la contaminación irreversible del ambiente, enfermedades sin remedio que ocurrían en Vieques no tenían nada que envidiar a la película de Francis Ford Coppola que vimos en el cine. Muchos no sabían que allí ocurría o no querían enterarse. El escenario real, sin necesidad de efectos cinematográficos especiales transcurría de verdad en Vieques, una isla –que de puro cariño– le apodamos Isla Nena.
La Marina de Estados Unidos y sus aliados ensayaban, en carne viva, sus tácticas de tierra quemada allí. De manera esperpéntica le llamaban zona de maniobras, pero más tarde supimos que esas maniobras dejaron arrasada y contaminada para siempre la mitad oeste de la isla.
En pleno siglo 20, estaban utilizando la mitad de una isla que pudo haber tenido mejor destino. A muchos puertorriqueños, y también extranjeros, nos parecía increíble que muchos fueran indiferentes o incluso apoyaran esas actuaciones en un pedazo de nuestro archipiélago. En la isla grande experimentaban con operativos de contrainsurgencia: desapariciones, bombazos a sedes independentistas, infiltrados y asesinatos políticos,
En 1978, en simultáneo a la conmemoración de la Constitución de Puerto Rico, habían ocurrido los asesinatos de los jóvenes independentistas Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado en el Cerro Maravilla. El movimiento a favor de la salida de la Marina de Vieques liderado por los pescadores era parte de una secuencia de atropello pero también de resistencia. El caso Vieques tomó dimensiones internacionales a partir de entonces.
Juegos Panamericanos
En ese contexto crispado se realizaron los Octavos Juegos Panamericanos en San Juan. El lema compromiso de todos, era difícil de validar en un ambiente cargado de desconfianza. Los juegos se inauguraron el 1 de julio de 1979. Participaron casi seis mil atletas de 34 países en apariencia sin grandes problemas. Pero la procesión iba por dentro. Me consta porque el grupo de amigos del que les hablé estábamos en el estadio.
El entonces gobernador, Carlos Romero Barceló, no hizo mucho por destensar los ánimos. Al día siguiente de la inauguración de los Juegos Panamericanos, la primera plana del periódico El Mundo era un regalo para los historiadores. El periodista Luis A. Pagán añadió un pero muy significativo al texto del titular. No fue la única manifestación. Una foto le dio la vuelta al mundo. El ponceño Jesse Vasallo, que nadaba para el equipo de natación de Estados Unidos, recibió su medalla con una pequeña bandera de Puerto Rico entre sus manos.
Cornell University
En aquel año de destino, Dalidia Colón Pieretti y yo trabajábamos como planificadores en una oficina de gobierno cuando nos convencimos de que ser funcionarios no era el futuro que queríamos para toda la vida. Fuimos aceptados en Cornell University para hacer nuestros doctorados. Antes de irnos, le sugerí a Dalidia llevarnos el incipiente plan de Vieques todavía en pañales. Algo nos decía que sería útil.
Comenzamos en Cornell en septiembre de 1980 una etapa absolutamente productiva y valiosa que determinó nuestras vidas profesionales. Llegamos orondos a la facultad conocida como Architecture, Arts and Planning (CRP).
Allí reencontramos a varios profesores que nos habían dado clases en la UPR. La Escuela Graduadad de Planificación de la UPR se había inaugurado en 1965 con la ayuda de Cornell. Entre ambas facultades había una relación estrecha y una sostenida tradición de colaboración entre sus docentes.
En CRP las disciplinas de planificación urbana (que era mi campo) estaban lideradas por Stuart Stein. Había un profesor llamado John Reps que también había enseñado en la UPR y cuya especialización era la historia urbana. Él fue mi querido mentor de quien aprendí mucho como asistente de cátedra en sus clases. Los cursos de computadora (apenas comenzaban a utilizarse para la planificación regional) estaban a cargo de Sidney Saltzman quien además de planificador era un reputado ingeniero.
También estaban los departamentos de planificación ambiental, regional, y de desarrollo económico. Nuestro amigo en esas áreas fue William G. Goldsmith. Fue él que me entrevistó en el proceso de admisión. Dalidia se decantó por la planificación social con John Forester como su mentor y yo por la urbana con John Reps.
En la maestría de planificación en Cornell los cursos estaban orientados a la acción práctica en lo professional. Los doctorados, por supuesto, enfatizaban los aspectos teóricos relacionados a las orientaciones que cada cual escogía. Había mucha libertad y oportunidades para escoger en esa gran universidad.
Más que profesores los maestros nos consideraban compañeros de trabajo. Podría decirse que CRP en Cornell era una facultad progresista. Estaba fuertemente comprometida con la justicia social y los cambios comunitarios. Como pueden imaginar, estábamos en el mejor de los tiempos, el lugar y el ambiente para continuar el trabajo iniciado sobre Vieques.
Para completar el momento propicio, tuvimos oportunidad de conocer a muchos estudiantes de otras islas del archipiélago caribeño y de Centroamérica. A mis lectores quiero enfatizar el valor de esos encuentros y las solidaridades que generó.
Teníamos compañeros de Trinidad y Tobago, San Thomas, Costa Rica, Haiti, y desde luego, Puerto Rico. Pronto nos dimos cuenta de que compartíamos afinidades, pero también desconocimientos entre todos nosotros. En un Caribe colonial y neocolonial las relaciones eran mayormente verticales no horizontales. Cada isla está más atada a su metrópolis que con sus islas vecinas. Me temo que todavía es así. Un viaje entre islas, digamos entre Martinica y Puerto Rico puede ser más costoso que entre Martinica y París.
Cornell, como universidad internacionalista, auspiciaba encuentros y convergencias oportunas. Nos dimos cuenta que debíamos conocernos mejor como vecinos del archipiélago. Muy pronto, los caribeños matriculados en CRP acordamos solicitar un curso de planificación e historia del Caribe. Por ese tiempo estuvo en Cornell un gran académico de Trinidad y Tobago llamado Selwyn R. Cudjoe. Conseguimos que la dirección de la facultad aprobara que Cudjoe diera el curso para aprovechar la coyuntura de su estadía , algo que el profesor aceptó de inmediato. No siempre algunos estudiantes se toman esas iniciativas, pero nos dieron los créditos acordados por el taller.
Muy gustosamente Cudjoe diseñó un estupendo curso con una enjundiosa bibliografía. Leimos mucho ese semestre. Nuestro mentor tenía el objetivo de descolonizar a sus estudiantes. El asunto, con alguna excepción, era que ya nosotros estábamos decolonizados en más de un sentido. No hay que olvidar que el Caribe fue un pionero a la hora de teorizar e historizar sobre la descolonización. En la UPR circulaban sus mejores expositores. El amigo haitiano Leslie Voltaire había estudiado arquitectura en México, lo que expandía nuestros refrentes.
Una gran transformación ocurrió en todos nosotros –incluso en el maestro Cudjoe– nos convertimos en más caribeños, figúrense en Cornell of all places. Eso suele ocurrir, hay que ver las cosas desde otras perspectivas. Como dice el dicho acuñado: los árboles a veces no dejan ver el bosque.
Taller de Planificación
El escenario estaba dado. En el currículo de CRP había un curso que nos venía como anillo al dedo para plasmar lecturas, ideas y afanes de transformación para nuestras azotadas islas. Se llamaba CRP 5076 Workshop Project, Planning in Developing Countries. Estaba dirigido por David B. Lewis que tenía un perfil idóneo para nuestros intereses: se especializaba en planificación regional. Pero sobre todo, le interesaban los problemas de planificación, las metodologías para trabajar en espacios degradados, y la economía regional. Era como si hubiese caido del cielo y aterrizado en Vieques.
En medio de un invierno brutal, como los de Ithaca, al norte del estado de Nueva York, nos matriculamos todos los del grupo caribeño en el taller de planificación y, desde luego, escogimos a Vieques como tema de estudio. Quizas fue el mejor momento, pensar a Vieques en medio de intensas las nevadas.
Les incluyo la descripción del curso que era como si lo hubiésemos escrito nosotros mismos.
CRP 5076 Workshop Project Planning in Developing Countries
The workshop exposes students to the complexity as well as the nuances of planning with poor communities in the Global South. It places a strong emphasis on an engaged model of learning, research and planning practice. An important part of the workshop is building effective working relationships across cultures, disciplinary perspectives and professional orientations. The workshop emphasizes the use of diverse sources of data and information, and effective communication of deliverables. Because the workshop responds to the needs of international collaborators and stakeholders, the substantive focus of the workshop and the deliverables changes from one year to the next. In recent years the workshop has focused on issues related to poverty, water, shelter and participatory planning (David B. Lewis).
Eso fue exactamente lo que hicimos los cerca de 15 alumnos participantes, la mayoría caribeños. Ese dato es muy relevante, no es lo mismo hacer un plan para una isla que hacerlo en un país continental.
El profesor Lewis nos expuso, y mucho, a las complejidades y matices, no siempre halagueños, de la planificación en países pobres. El lo llamaba el sur global. Nos instruyó a crear modelos de aprendizaje del objeto de estudio. Trabajar con el prisma de culturas diferentes. En ese aspecto ya teníamos más o menos resuelto el asunto, sobre todo después del seminario que habíamos tomado con el profesor Cudjoe.
David Lewis estaba acostumbrado a trabajar con talleres internacionales. El trajo a Cornell muchos estudiantes del África subsahariana. Ellos enriquecieron nuestras experiencias. ¡Que privilegio estar en un ambiente cosmopolita, para nada provinciano! Todos en el taller compartíamos los contornos fundamentales de su propuesta académica y social. Nos pidió que enfatizáramos asuntos como la pobreza, la calidad del agua, la vivienda y la planificación participativa. ¡Qué más podíamos pedir!
Nos incorporarnos como una empresa de consultoría ficticia llamada Caribbean Research Inc. ¿Cómo no? La dirección de la empresa era el salón donde tomamos la clase, un sótano frío en la facultad. Aprendimos a hacer una propuesta de servicios profesionales, para muchos su primera experiencia en planificación real . Finalmente, el profesor nos permitió comenzar a trabajar sobre Vieques. El mismo tuvo que enterarse de la situación en la isla del remoto Caribe. A pesar del frío, o quizás por éste, trabajamos como hormigas y terminamos felices.
Dalidia y yo sacamos de la mochila la información básica que teníamos recopilada desde el 1979. ¡Teníamos la mitad del taller hecho! Ahora faltaba la incorporación de los compañeos caribeños y eso hicieron. Cada uno aportó cosas que los puertorriqueños, de alguna manera, habíamos pasado por alto.
Les doy un ejemplo: en el este de Vieques existieron tres salinas. Si, Vieques exportaba sal de mar, tan cotizada hoy día para muchos usos. La sal en escamas se utiliza en los mejores restaurantes del mundo. Uno de los compañeros se interesó en ese aspecto para usar ese recurso como un motor para impulsar la diversidad económica de la isla. Lamentablemente, el asunto es que hoy en día donde estuvieron las salinas quedan sólo cráteres contaminados de las bombas de la Marina. Otro agravio sin contabilizar.
Fue un semestre memorable. Hicimos un mamotreto escrito y cerca de 15 planos detallados con información pertinente. Les incluyo dos de esos planos que acompañaron nuestro informe final, el de las atracciones turísticas y el de los terrenos con alto potencial agrícola. El profesor Lewis nos felicitó y aprobamos con el curso con A.
Atracciones turísticas en Vieques / Terrenos agrícolas de mayor fertilidad / Taller de planificación en Cornell.
Nuevamente Dalidia quedó como custodia de nuestra copia, esta vez queríamos publicar el plan formalmente al regresar a Puerto Rico. No más llegar, Dalidia comenzó a trabajar como ayudante del Secretario de Salud, doctor Johnny Rullán. Su trabajo retrasó la gestión de publicar el plan. Desafortunadamente, ella murió –demasiado jóven– de la misma enfermedad que Rullán. Con ella desapareció la copia.
El plan –como Vieques– parecía estar condenado al olvido. Les cuento que he tratado de recuperarlo, pero en vano. Afortunadamente y casi milagrosamente encontré algunos planos que guardé desde los 1980. Así somos los historiadores. Aunque hay compañías privadas que han hecho planes actualizados, el nuestro fue un ejercisio de amor y de ilusiones y con el valor agregado de la solidaridad caribeña para la isla en resistencia.
Hoy la mitad de Vieques está cerrada por contaminación y la economía turística ha relegado a los viequenses en favor de las inversiones de cangrimanes y de los B&Bs que han arropado el mundo entero.
Pero hay lados positivos, Para la Naturaleza ha adquirido en Vieques, para su conservación y uso comunitario, buena parte de Cerro El Buey, una playa arenosa y otra rocosa, otro terreno considerado como sabana, un bosque seco subtropical y una pradera de yerba marina, para un total de 800 cuerdas. Allí está la antigua hacienda Playa Grande y la laguna Playa Grande, donde antes hubo flamencos silvestres.
También se conservan como reservas a perpetuidad, excluidas de la codicia privada casi toda el área que indicamos en verde en la parte este de Vieques (lagunas El Pobre, Arenas, y Kiani) que identificamos en nuestro curso de Cornell. Desde luego, están conservadas las bahías bioluminiscentes de Puerto Ferro y Puerto Tapón.
Como me interesan recursos de patrimonio edificado les incluyo fotos poco conocidas de los dos faros que tuvo Vieques: Puerto Mulas en Isabel Segunda y Puerto Ferro en el sur. Recientemente escribí Historia del faro de Culebrita, un libro auspiciado por Para La Naturaleza, donde recupero la historia de la construcción casi épica de ese faro y su mantenimiento heroico (sin exagerar) por los fareros y sus familias.
Faros de Puerto Ferro –en grave peligro de desaparecer–. Izquierda 1911, National Archives and Records Administration, en Archivo Digital Nacional de Puerto Rico. A la derecha el de Puerto Mulas en 1920, misma referencia.
Termino con dos fotos viejas, de Isabel Segunda que investigué en 1979 para el plan preliminar que hicimos en Puerto Rico. Me las donó el fenecido amigo Humberto Costa en aquel entonces. En ellas puede verse el tipo edificatorio que va desapareciendo en Vieques y el resto del Caribe.
Réplica en la UPR
Los estudiantes que tomaron conmigo el curso-taller de Estructura Urbana en la UPR a partir de 1986 saben y valoran cuál fue mi modelo para diseñarlo. Hicimos muchos planes utilizando metodologías parecidas a las que aprendimos en aquel curso taller de Cornell, entre fríos y nostalgias del sol caribeño. Incluso hubo un año (1996) que fuimos a Vieques. En ese año mis estudiantes se concentraron en Isabel Segunda, un pueblo que merece cariño e imaginación. Ojalá se le prodigue pronto.