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Fungir como docentes


¿Cuál es la responsabilidad de los profesores en este momento de crisis por el que atraviesa la Universidad de Puerto Rico?

La responsabilidad primordial es fungir como docentes. Esto podrá parecer una obviedad, pero no lo es porque los profesores no nos hemos estado desempeñando como docentes. ¿Qué quiere decir fungir como docentes? Primero, reconocer que es indispensable que nuestros posicionamientos surjan de un análisis autónomo en tanto sector universitario singular. Los docentes tenemos la obligación de definir  nuestra posición y asumir nuestra responsabilidad en este escenario, un escenario marcado por múltiples dimensiones que van más allá de la cuota y que implica un sin número de otras medidas que de manera avasalladora están poniendo en riesgo la Universidad a la que muchos aspiramos. Los profesores nos vemos afectados por la crisis de la Universidad de una manera que no necesariamente se subsume bajo los reclamos estudiantiles. De ahí que la formulación de nuestras estrategias requiera de una visión a largo plazo capaz de enfrentar esta crisis en toda su complejidad.

Los docentes tenemos que ser capaces de actuar autónomamente aunque esto pueda significar en ocasiones entrar en contradicciones y tener diferendos con otros sectores universitarios. Ya hemos perdido demasiado en esta coyuntura por no haber sido capaces de hacerlo (eliminación de profesores por contrato, congelación de plazas y de ascensos, eliminación de sabáticas y descargas, reducción de ofrecimientos académicos, programas académicos en pausa, degradación de nuestras condiciones de enseñaza y de investigación, entre  otros asuntos).

Fungir como docentes supone reconocer que somos un sector diferente a los estudiantes, un sector vulnerable, que no puede supeditar sus políticas, reclamos y estrategias a la de los sectores estudiantiles como ha sido la práctica de la APPU y de otros, quienes continúan subsumiendo sus posturas a las de los estudiantes que supuestamente están en huelga. Más aun, hay que decir claramente que la APPU no representa al profesorado universitario, en todo caso, representa a sus miembros que son sólo una fracción del claustro. Las posiciones y estrategias de la APPU no son apoyadas ni compartidas por los que no pertenecemos a esta agrupación. Por lo menos, ese es mi caso. (Habría que preguntarse incluso si las posiciones oficiales que esta agrupación ha asumido de cara a la crisis universitaria y la huelga estudiantil son apoyadas por la mayoría de sus miembros.) Cada vez que la APPU toma una decisión, su liderato, con la complicidad de los medios, se arroga el monopolio de la representación del claustro. Después de cada asamblea o conferencia de prensa de la APPU se informa que “los profesores de la universidad” aprobaron tal o cual asunto. ¿Qué profesores? ¿Cuántos? ¿A quién representan? La pretensión de la APPU de tomar decisiones que son vinculantes para todo el claustro, como la decisión del paro del 9 de febrero (que ni siguiera le fue consultada a su membresía), es algo inaceptable. No empece lo justo que puedan ser sus reclamos, la APPU no puede tomar decisiones que sean vinculantes a todo el claustro. Y mucho menos tildar de “traidores”, “rompehuelgas”, o “claudicantes” a quienes no acaten o apoyen estas decisiones.

Por otra parte, según una cierta lógica que comparten distintos colegas, criticar a un sector del estudiantado es “paternalista”. Pero no es “paternalista” apoyar incondicionalmente, siempre, las “huelgas” u otras acciones de sectores estudiantiles irrespectivo de la legitimidad de éstas en cuanto al propio estudiantado, de su (in)eficacia, de cómo nos afectan como docentes e incluso de cómo afectan el proyecto de la Universidad que queremos a largo plazo. Se critica al profesorado si sus actuaciones son diferentes o contradicen las de los estudiantes porque esto implica, se dice, ‘no apoyarlos’ o ‘dejarlos solos’. No se trata de decirle a los estudiantes lo que tienen que hacer. De lo que se trata es de ejercer el derecho y la responsabilidad de expresar nuestro parecer sobre las estrategias que debemos asumir y sobre los efectos que tienen ciertas posturas estudiantiles en los docentes y para la Universidad en su conjunto. Si bien le corresponde a los estudiantes definir sus estrategias, los profesores tenemos la responsabilidad de llevar a cabo un análisis y debate abierto sobre éstas y sobre cómo nos afectan y adoptar una postura autónoma frente a las mismas. De igual manera debemos actuar ante las estrategias de los sectores universitarios no docentes.

Sí, tenemos que actuar como docentes. Ello implica en estos momentos analizar y debatir críticamente en torno a todas las estrategias que se han implantado hasta el momento, incluyendo la (in)efectividad y la continuación de la huelga. A mi modo de ver, esto supone conceder que no sólo las políticas del gobierno y la alta administración universitaria, como la ocupación policíaca, nos han obstaculizado ocupar nuestro espacio y ejercer adecuadamente nuestras tareas como universitarios. En lo que a mí concierne, la continuación de un simulacro de “huelga” (a pesar de un cada vez más menguado apoyo estudiantil) y la insistencia en la “paralización” de la Universidad son también obstáculos a que ocupemos con efectividad el espacio académico y la defensa del proyecto universitario. Pero la APPU continúa apoyando la “huelga” incondicionalmente pasando por alto la ineficacia de la estrategia huelgaria. ¿Acaso los estudiantes, incluyendo los “huelguistas”, no se matricularon y pagaron la cuota o se acogieron a una prórroga para pagar la misma? Es decir, ¿no se implementó ya la cuota? ¿Acaso la asistencia de miles de estudiantes que vinieron a tomar clases los primeros dos días de este semestre (antes del incidente de abuso policíaco del 9 de febrero) no constituyó un rechazo masivo a la estrategia huelgaria y una prueba contundente de la ineficacia de ésta? Más aún, se continúa apoyando incondicionalmente la “huelga” no empece sus efectos contraproducentes a la defensa del proyecto universitario a largo plazo.

Basta preguntarse, ¿a quién le conviene la “ingobernablidad” de la Universidad? ¿No es acaso al gobierno? ¿No es este estado de “ingobernabilidad” el que invoca el gobierno para “justificar” su proyecto de desmantelamiento/reestructuración de la Universidad? ¿No habría entonces que repensar este tipo de estrategia pues parece corresponder a lo que precisamente quiere el gobierno para darle “legitimidad” a su política hacia la Universidad? Por lo visto, tales planteamientos no hacen mella entre los colegas que se reafirman en subsumir sus posiciones a la estrategia de los estudiantes en “huelga”.

Fungir como docentes implica también cuestionarnos la cultura anti-intelectual que  menosprecia y desprecia la labor académica, particularmente el proceso que se da en el salón de clase. Por supuesto que la Universidad no se limita a lo que ocurre en el salón de clases. Claro que se hace universidad desde muchos otros espacios. La universidad no es el único espacio de producción intelectual en el país, pero sí es un espacio privilegiado de producción de conocimiento y cuestionamiento que hay que defender. Esto cobra más importancia ante un gobierno que quiere degradar este espacio y en el contexto de un país marcado por una fuerte cultura anti-intelectual de larga tradición. Más aún, se trata de una cultura que se ha reproducido entre importantes sectores en la Universidad. Cabe preguntarnos ante la coyuntura actual de crisis universitaria, ¿por qué y cómo dar clases se convirtió en una negación de la “defensa” de la Universidad? ¿Por qué se opta con tanta facilidad por la “estrategia” de paralizar las clases? ¿Por qué el menosprecio y  desprecio a las clases y lo que allí ocurre de parte de los sectores que han insistido en esta coyuntura que la “lucha por defender” la Universidad es igual a paralizar las clases? ¿Qué condiciones culturales y políticas han posibilitado que el anti-intelectualismo eche raíces no sólo entre “los administradores”, sino también entre importantes sectores estudiantiles y del profesorado en la Universidad? ¿Cómo no reconocer que los propios profesores hemos sido cómplices y más aún, que en demasiados casos hemos fomentado esta cultura anti-intelectual y la mediocridad y la burocratización que la acompaña en la Universidad? (Para una importante reflexión sobre este problema, ver el artículo de Juan Carlos Quintero-Herencia, “Para la catástrofe” en Diálogo Digital).

Mis interrogantes van dirigidas no sólo a los estudiantes que privilegian la estrategia de paralizar las clases, sino particularmente a los profesores que SIEMPRE apoyan esta estrategia de manera incondicional. Los profesores tenemos una gran responsabilidad en con la situación de crisis por la que atraviesa la Universidad pues no hemos sido capaces de asumirnos como un sector autónomo, es decir, con voz propia. Para mí, esa es una voz que debe defender y auto-valorar, no degradar, la labor académica e intelectual a la que estamos convocados en la Universidad. Es crucial afirmar la defensa de nuestro espacio que incluye la importancia de poder dar clases y llevar a cabo las demás labores académicas sin interrupciones. De ahí que sea imprescindible como docentes reclamar un compromiso de los estudiantes huelguistas de no interrumpir estas labores académicas. En este momento, es fundamental nuestra presencia en las aulas y en todas las esferas del espacio universitario y mantener así la continuidad de nuestra aportación docente.

La defensa de la Universidad implica reafirmar y ocupar el espacio que tenemos para pensar, discutir y reflexionar desde la Universidad para la Universidad. En este conflicto es precisamente este quehacer el que está en peligro y por eso es que nos corresponde defenderlo. La actividad de pensar, como afirma Hannah Arendt, es subversiva pues siempre cuestiona lo establecido. Nuestra labor como docentes es potenciar el pensamiento y para ello es fundamental que defendamos el espacio privilegiado que es la Universidad y, sí, el salón de clases y los procesos que allí se dan que no son meros trámites burocráticos. Fungir como docentes significa ocupar nuestras posiciones y hacer nuestras contribuciones académicas en el espacio universitario: en el salón de clases, en los centros de investigación, en nuestros Departamentos y Facultades. Para ello, la Universidad tiene que ser un espacio libre de toda presencia policíaca. Esto es, libre de la policía que envía el gobernador, pero también libre de las mentalidades policíacas que cobran cuerpos entre aquellos estudiantes y profesores que no toleran la diferencia, ni la disidencia con sus posturas y que se arrogan el monopolio de la representación de la Universidad.

En la crisis actual los profesores hemos sido incapaces de construir una posición autónoma en tanto claustrales. Sin este posicionamiento será  imposible atender los desafíos urgentes e importantes que enfrentamos los profesores en particular y los universitarios en general: el autoritarismo y la falta de democracia en los procesos y decisiones en la Universidad, la permanente violación a la autonomía universitaria, el déficit presupuestario y los recortes que éste ha conllevado y, sobre todo, la reestructuración de la Universidad con la imposición a toda velocidad y sin consulta alguna de la nueva ley universitaria que ha prometido el gobierno. Estos son los retos que requieren de toda nuestra energía e inteligencia reflexiva. Para enfrentarlos, los docentes debemos ocupar el lugar que nos corresponde en cada uno de los organismos deliberativos para desde ahí incidir directamente y redirigir el rumbo que está llevando la Universidad. Hay que exigirle a las autoridades universitarias y al gobierno que cualquier reforma y reestructuración tiene que ser iniciada desde las bases de la propia comunidad universitaria y mediante la participación de todos los sectores que la conformamos. Pero para ello, tenemos que empezar a actuar como docentes ya. Un buen comienzo sería iniciar en cada facultad un proceso de discusión, análisis y deliberación sobre la Ley Universitaria, la deseabilidad o no de una reforma y una evaluación y ponderación de los temas que más directamente nos atañen.

Hasta ahora hemos estado gastando todas nuestras energías enfrentando una vaguada, pero directo hacia nosotros se dirige un huracán poderoso. Convendría discutir cómo lo enfrentamos. El primer paso es fungir como docentes.

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  • Angel Rios

    Ahhhhh, Pabón, pabón, a muchos a confundido con tus propuestas procolonia, procapitalismo, no te pareces al chico aquel dirigente de la Unión de Juventudes Socialista y dirigiente de una huelga estudiantil, que pena, hoy recibes un salario de profesor de historia y lo menos que haces es enseãr historia, y esta gente de 80 grados te publica porque eres hijo ilustre de Milton Pabón y de la UJS ……

  • Mstanchich

    Para que consta al archivo cibernético, y con todo respeto, ni hablar de disculpas por esta tardanza sumamente larga: La APPU representa casi 600 de 1,200 profesores en el recinto de Río Piedras, es decir el porcentaje al que el Dr. Pabón se refiere de los docentes que representa es casi 50% de la facultad. La APPU en 2011 celebró 50 años desde su fundación en el recinto, y hoy cuenta con cinco capítulos por todo el sistema de la UPR (y colabora con otras organizaciones de docentes del sistema como la CONAPU). A pesar de cualquier fallas o limitaciones, la APPU es una organización importante que no se debe descartar (aunque es saludable y necesario la crítica constructiva). Representa miembros de distintas posiciones en este y otros asuntos, incluyendo voces prestigiosas de la Facultad de Humanidades. También quizás vale destacar que un número significante de senadores del Senado Académico del Recinto de Río Piedras son miembros activos de la APPU. A ese cuerpo se está acusando ahora de ser ingobernable, para imponer la llamada reforma impuesto por el informe nefasto del Comité Asesor del Gobernador Fortuño. Tanto como el salón de clase, la APPU, el Senado, y cualquier otra organización o medio de comunicación o frente, hasta (Diosa nos cuide) partidos políticos, son espacios y mecanismos que existen y por eso solamente, son imprescindibles ahora. Eso no significa que a la vez no se construye y participe en nuevos espacios innovadores, sin importancia a lo pequeños que sean. 

  • Laura Guerrero De Leon

    Profesor Carlos Pabón. Le contesta una de las profesoras por contrato durante 9 años, que ya no se encuentra en la universidad pero que estaré siempre donde mis jovenes me necesiten y donde cualquier puertorriqueño se encuentre haciendo un reclamo de validez. Dar clases es una vocación de servicio, de amor por la sabiduria, la historia y la verdad.
    No es una asociacion de intelectuales, componentes de la universidad, con fines y poderes separados a los del resto de la poblacion universitaria. La APPU, no necesita defensa. Lo cierto es que en todo este largo “huracán” que para usted ha sido “vaguada”, han sido los únicos que han explicado al pueblo no entendedor de los procesos internos, lo que esta pasando en esa institución que conociamos como “autónoma”. Han convocado en petición de ayuda para el estudiantado y han sido los que han trabajado fuerte para resistir con humanidad y con respeto, los distintos tipos de atropello sufridos por toda la poblacion universitaria. Por cierto, estoy sorprendida por la ausencia de profesores de Politica y Derecho. Decepcionada. Si Pabón. El pensamiento se desarrolla dentro y fuera del salón de clases. Precisamente uno de los puntos para que se sostenga esta huelga ha sido que una universidad ocupada no es el lugar idóneo para recibir normas intelectuales y ejercitación del análisis. Por eso continuan protestando. Sobre su casi ‘jactancioso” comentario sobre que nada se ha logrado con respecto a la cuota, permitame diferir e invitarle a que escuche los partes noticiosos donde al dia de hoy, se siguen buscando alternativas para encontrar el dinero que le fue quitado a la universidad. Le recuerdo que esto puede conseguirse prospectivamente en la medida que la presión del pueblo obligue al gobierno a responder. En su escrito da la impresion, seguro que no es asi, que los profesores en silencio, no quieren quemar sus alas y como colonizados, dan un poder siempre ganador al gobierno propiciando el cuido de sus plazas y salarios.
    Si bien todas las injusticias cometidas, administración tras administración, los profesores “clase aparte” que usted emula, no han dicho ni hecho nada para que el pueblo lo sepa. Permitame exponer que cuando los empleados de mantenimiento pretendieron parar la universidad, no estuve de acuerdo que era el momento ni la razón suficiente para hacerlo. Fui la profesora que dio clase a la salida del tren. Tampoco he estado de acuerdo con todas las posturas de la APPU, pero eso no me ciega para no reconocer la labor realizada para estos profesores de estudiantes y muchos puertorriqueños, para mis hijos y mis nietos, si es que no me es suficiente por el amor a la justicia. Los cómodos, auto-llamados
    “profesores responsables con la ensenanza” olvidan la leccion mas importante para un pueblo: La Solidaridad. Los que hemos estado allí sabemos exactamente lo que sucede. El silencio de muchos años no debe hacer creer a esta administración que pueden hacer lo que quieran con la universidad. Soy de las que creo que es un grave error dejar aqui la lucha por la defensa de la salida de la policia del campus universitario y por el retiro de la cuota. Si quieren y esperan cerrar la universidad, que lo hagan. Dos años en la vida de un joven estudiante, no acaba con su progreso intelectual ni profesional. Aunque vaciaria el oro de muchas arcas privilegiadas que dependen para su vida “plena” del salario universitario. No le ponga otro “frosting” a su temor profesor. Mas temprano o mas tarde vamos a tener que empezar desde abajo. El pensamiento colonialista, de miedo, tambien termina. No pretenda posponer una vez mas el “momentum”.
    Respetuosamente Sometido.
    Laura Guerrero De Leon, J.D., LL.M., C.T., M.C., 1239

  • Anónimo

    La Licenciada Ygrí Rivera, Presidente de la Junta De Síndicos, ha
    dicho para el Nuevo Día de hoy, 20 de febrero, que quiere hablar con
    los profesores. Es algo que podemos entender perfectamente, sobre
    todo porque sabemos que nunca ha sido profesora y porque su ignorancia
    de estándares académicos ha sido más que obvia en el desempeño de la
    administración que dirige tras la evaluación de la Middle States. La
    administración se ha colgado en el estándar 4 de gobernabilidad.
    ¡Aplausos, licenciada!
    Podemos invitarla a un diálogo en nuestras oficinas llenas de hongo, a
    comer de Burguer King en nuestra cafetería, a conversar con nuestros
    colegas con contrato de servicio que se han quedado sin trabajo o a
    sentarse en nuestros salones con treinta estudiantes o más y sin
    abanicos. Después de todo, es nuestra oportunidad para que vea los
    resultados de su labor en el recinto. Todos tenemos derecho a ver el
    fruto de nuestro trabajo, ¿no?
    Lo más interesante de la expresiones de la Licenciada Rivera es que se
    expresa en apoyo al artículo del Profesor Carlos Pabón, hijo, quien
    toma su lanza para blandirla contra la Asociación Puertorriqueña de
    Profesores Universitarios y para alegar que debemos velar por nuestros
    intereses. ¿Por qué apoyaría la persona que dirige el cuerpo que ha
    minado nuestros derechos como docentes al Prof. Pabón? Se me ocurren
    varias explicaciones:
    (1) El artículo del Prof, Pabón fue un artículo de encargo. Pero esta
    explicación sería conspirativa, como las ideas que han corrido de que
    en realidad la administración quiere cerrar la universidad y quiere la
    huelga. Ideas descabelladas para los que se imaginan al patrono
    deseoso de perder los contratos que consiguen para ellos mismos y sus
    amigos. Ideas que me hacen recordar algo que escribió el Prof. Pabón,
    pero que están muy alejadas de la realidad.
    (2) La Lic. Rivera recapacitó y se arrepintió de su plan neoliberal en
    la UPR. No, esta explicación asume que estas personas tienen
    conciencias o que escucharon al ángel en su hombro antes que a los
    ricos a los que quieren favorecer. Es una explicación tipo Hollywood
    que me acuerda otras ideas como que basta dialogar, que las huelgas no
    tienen función alguna, que debemos “potenciar el pensamiento”, todo
    hermosamente ubicado en un idealismo que ignora el poder sobre
    nuestros salarios que ejerce la administración, las listas de
    asistencia diaria, la imposición de 30 estudiantes por salón, la
    imposición de un plan médico de una aseguradora que no cumple sus
    contratos, las reducciones de salario, la eliminación de programas
    (“pausa” en las admisiones)… esta no es la explicación. Y no lo es
    porque ningún patrono dispuesto a botar 30,000 empleados públicos de
    un plumazo para privatizar servicios tendrá ningún remordimiento al
    privatizar la universidad pública.
    (3) El artículo del Prof. Pabón es una llamado a dividir aún más a la
    comunidad universitaria. ¡Correcto! A la Lic. Rivera seguramente le
    agrada sobremanera ver que alguien que critica a la administración
    también llama a la división, al “sálvese quien pueda”, al “cada cual
    debe velar por los suyo”. No hay nada que apele más a la
    administración que el “Divide y conquistarás”. A diferencia del
    llamado de los sectores claramente identificados con la
    administración, estos “docentes” llamados “progresistas” como el Prof.
    Pabón y otros que han hecho llamados urgentes contra la huelga, no
    porque la huelga esté a destiempo o porque hay que hacer trabajo de
    organizar, sino simplemente por miedo o porque interrumpe algún plan
    personal, son los mejores aliados de la administración.
    Durante la dictadura franquista, los mejores aliados del sanguinario
    dictador no fueron sus generales, sino el Sindicato Vertical. Con
    ellos, Franco impuso una veda a las huelgas, salarios bajos, eliminó
    todo beneficio por desempleo, impuso la prohibición a que las mujeres
    trabajaran y la eliminación de toda oposición (incluidos cerca de
    50,000 muertos). Hoy, en Puerto Rico, bajo el gobierno neoliberal de
    Luis Fortuño, tenemos franquistas diseñando la nueva universidad en
    reuniones secretas con la Licenciada Ygrí Rivera y tenemos a algunos de sus
    aliados sentados frente a los escritorios rotos de los profesores en
    nuestro campus universitario.
    ¡Que vivan los estudiantes y viva su lucha!

  • Anónimo

    Dime con quién andas…
    La Licenciada Ygrí Rivera, Presidente de la Junta De Síndicos, ha
    dicho para el Nuevo Día de hoy, 20 de febrero, que quiere hablar con
    los profesores. Es algo que podemos entender perfectamente, sobre
    todo porque sabemos que nunca ha sido profesora y porque su ignorancia
    de estándares académicos ha sido más que obvia en el desempeño de la
    administración que dirige tras la evaluación de la Middle States. La
    administración se ha colgado en el estándar 4 de gobernabilidad.
    ¡Aplausos, licenciada!
    Podemos invitarla a un diálogo en nuestras oficinas llenas de hongo, a
    comer de Burguer King en nuestra cafetería, a conversar con nuestros
    colegas con contrato de servicio que se han quedado sin trabajo o a
    sentarse en nuestros salones con treinta estudiantes o más y sin
    abanicos. Después de todo, es nuestra oportunidad para que vea los
    resultados de su labor en el recinto. Todos tenemos derecho a ver el
    fruto de nuestro trabajo, ¿no?
    Lo más interesante de la expresiones de la Licenciada Rivera es que se
    expresa en apoyo al artículo del Profesor Carlos Pabón, hijo, quien
    toma su lanza para blandirla contra la Asociación Puertorriqueña de
    Profesores Universitarios y para alegar que debemos velar por nuestros
    intereses. ¿Por qué apoyaría la persona que dirige el cuerpo que ha
    minado nuestros derechos como docentes al Prof. Pabón? Se me ocurren
    varias explicaciones:
    (1) El artículo del Prof, Pabón fue un artículo de encargo. Pero esta
    explicación sería conspirativa, como las ideas que han corrido de que
    en realidad la administración quiere cerrar la universidad y quiere la
    huelga. Ideas descabelladas para los que se imaginan al patrono
    deseoso de perder los contratos que consiguen para ellos mismos y sus
    amigos. Ideas que me hacen recordar algo que escribió el Prof. Pabón,
    pero que están muy alejadas de la realidad.
    (2) La Lic. Rivera recapacitó y se arrepintió de su plan neoliberal en
    la UPR. No, esta explicación asume que estas personas tienen
    conciencias o que escucharon al ángel en su hombro antes que a los
    ricos a los que quieren favorecer. Es una explicación tipo Hollywood
    que me acuerda otras ideas como que basta dialogar, que las huelgas no
    tienen función alguna, que debemos “potenciar el pensamiento”, todo
    hermosamente ubicado en un idealismo que ignora el poder sobre
    nuestros salarios que ejerce la administración, las listas de
    asistencia diaria, la imposición de 30 estudiantes por salón, la
    imposición de un plan médico de una aseguradora que no cumple sus
    contratos, las reducciones de salario, la eliminación de programas
    (“pausa” en las admisiones)… esta no es la explicación. Y no lo es
    porque ningún patrono dispuesto a botar 30,000 empleados públicos de
    un plumazo para privatizar servicios tendrá ningún remordimiento al
    privatizar la universidad pública.
    (3) El artículo del Prof. Pabón es una llamado a dividir aún más a la
    comunidad universitaria. ¡Correcto! A la Lic. Rivera seguramente le
    agrada sobremanera ver que alguien que critica a la administración
    también llama a la división, al “sálvese quien pueda”, al “cada cual
    debe velar por los suyo”. No hay nada que apele más a la
    administración que el “Divide y conquistarás”. A diferencia del
    llamado de los sectores claramente identificados con la
    administración, estos “docentes” llamados “progresistas” como el Prof.
    Pabón y otros que han hecho llamados urgentes contra la huelga, no
    porque la huelga esté a destiempo o porque hay que hacer trabajo de
    organizar, sino simplemente por miedo o porque interrumpe algún plan
    personal, son los mejores aliados de la administración.
    Durante la dictadura franquista, los mejores aliados del sanguinario
    dictador no fueron sus generales, sino el Sindicato Vertical. Con
    ellos, Franco impuso una veda a las huelgas, salarios bajos, eliminó
    todo beneficio por desempleo, impuso la prohibición a que las mujeres
    trabajaran y la eliminación de toda oposición (incluidos cerca de
    50,000 muertos). Hoy, en Puerto Rico, bajo el gobierno neoliberal de
    Luis Fortuño, tenemos franquistas diseñando la nueva universidad en
    reuniones secretas con la Licenciada Ygrí Rivera y tenemos a algunos de sus
    aliados sentados frente a los escritorios rotos de los profesores en
    nuestro campus universitario.
    ¡Que vivan los estudiantes y viva su lucha!

  • info@80grados.net

    Lo hemos dicho antes y lo repetimos ahora. Una regla básica del debate en esta revista es identificarse. No se admiten anónimos.

    Salud,

    80grados
    Grupo Editorial

  • Marithelma

    Sólo un pequeño comentario de una docente que vive en Nueva York y ve cómo la prensa estadounidense ha silenciado sistemáticamente la situación del país.
    Si no fuera por la resistencia que han mantenido los alumnos de la UPR ante los ataques a la inteligencia del gobierno y por las imágenes de las golpizas que han recibido –y probablemente sigan recibiendo–, ni el congresista Luis Gutiérrez habría hablado como habló en Washington, ni el NEW YORK TIMES habría publicado dos páginas sobre lo que está sucediendo en el país. Marithelma Costa

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  • Yaurecias

    Que mecha mierda hablo este tipo. En el recinto de bayamon hay un Pabon igualito a este. Inclusive traisiono a su amigo de anos Sigfredo poniendolo en un estado de salud sin plan medico que lo pudo llevar a la muerte. Sigfredo murio en el receso academico de diciembre.

    • Gabvil

      Tengo amplio conocimiento sobre el caso de Sigfredo pero no puedo discutirlo aquí. Estoy dispuesto a aclarar cualquier duda sobre este asunto en persona. Enseño Humanidades en UPRB. Mi oficina es la H-1. Me limito a señalar que el comentario de Yaurecias, seguramente, sería otro (más solidario y matizado) si conociera mejor la difícil situación por la que pasamos todos en nuestro Departamento ante el caso de Sigfredo, al que siempre admiraremos y apreciaremos mucho.

  • Abel Baerga

    Una cosa es que Carlos Pabon inicie un proceso de debate necesario entre los docentes sobre nuestras responsabilidades ante la situacion universitaria. Ese debate, conducido de manera interna, podria rendir algunos frutos y ayudar a cuajar pocisiones en comun…Sin embargo ya hoy salio Pabon dando declaraciones al Daily Sun en las cuales desautoriza a la APPU como organizacion de docentes. Ya esto deja de ser un “llamado al debate” para convertirse en una “cruzada contra la APPU” de parte de Pabon.

  • Eseotro

    ¡Felicidades! Mira quién se une a los reclamos de este artículo:

    http://www.elnuevodia.com/ygririveraescucharaalosprofesores-896412.html

    La presidenta de la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Ygrí Rivera, dio la bienvenida hoy a la propuesta del catedrático Carlos Pabón en la que invita a los profesores de esa institución a precisar la responsabilidad de los docentes en este momento de crisis por el que atraviesa la Universidad.

    Como primer paso, Rivera sugirió que los profesores que promueven una discusión sobre lo que quieren que sea la UPR tienen un espacio y que buscará comunicarse con ellos para coordinar encuentros para comenzar esa discusión dentro del contexto universitario.

    “Para mí constituye una grata noticia esa información y me gustaría reunirme con los profesores que integran esa gran mayoría y que no los hemos escuchado a lo largo de todo este conflicto”, dijo Rivera.

    Indicó que la mayoría de los profesores se tienen que dejar sentir, al igual que la mayoría de los estudiantes ya que, según Rivera, la cobertura informativa no ha sido completa y no se comunica lo que piensan y proponen esos sectores.

    Pabón ha criticado fuertemente a la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU) por sus posiciones a favor de la huelga decretada por los estudiantes de la UPR. En un escrito que comenzó a circular la semana pasada en diversas publicaciones electrónicas, Pabón sostiene que la responsabilidad primordial de un profesor es fungir como docentes.

    “Los docentes tenemos la obligación de definir nuestra posición y asumir nuestra responsabilidad en este escenario, un escenario marcado por múltiples dimensiones que van más allá de la cuota y que implica un sin número de otras medidas que de manera avasalladora están poniendo en riesgo la Universidad a la que muchos aspiramos”, dijo Pabón.

    Afirmó que los profesores se ven afectados por la crisis de la Universidad de una manera que no necesariamente se subsume bajo los reclamos estudiantiles, por lo que la formulación de sus estrategias requiera de una visión a largo plazo capaz de enfrentar esta crisis en toda su complejidad.

    Según Pabón, los docentes tienen que ser capaces de actuar autónomamente aunque esto pueda significar en ocasiones entrar en contradicciones y tener diferendos con otros sectores universitarios, pues ya han perdido demasiado en esta coyuntura por no haber sido capaces de hacerlo.

    Mencionó como ejemplos la eliminación de profesores por contrato, congelación de plazas y de ascensos, eliminación de sabáticas y descargas, reducción de ofrecimientos académicos, programas académicos en pausa, degradación de las condiciones de enseñanza y de investigación, entre otros asuntos.

    “Fungir como docentes supone reconocer que somos un sector diferente a los estudiantes, un sector vulnerable, que no puede supeditar sus políticas, reclamos y estrategias a la de los sectores estudiantiles como ha sido la práctica de la APPU y de otros, quienes continúan subsumiendo sus posturas a las de los estudiantes que supuestamente están en huelga”, sostuvo en catedrático al afirmar que la APPU no representa al profesorado universitario, en todo caso, representa a sus miembros que son sólo una fracción del claustro.

    Dijo que si bien le corresponde a los estudiantes definir sus estrategias, los profesores tienen la responsabilidad de llevar a cabo un análisis y debate abierto sobre éstas y sobre cómo les afectan y adoptar una postura autónoma frente a las mismas, así como con los sectores universitarios no docentes.

    • Abel Baerga

      Que en lugar de ser convocados por la APPU, seamos convocados por Ygri Rivera…Espero que Carlos Pabon asista a esta convocatoria.

      • Edelmiro Salas

        Por lo que dice su respuesta, me parece que va a ir solito a esa convocatoria e Ygrí parece que lo aprecia mucho. Yo él no voy.

  • Rosa Rivera Alamo

    Creo valiosa toda discusión de ideas, tanto los planteamientos del profesor Pabón como de los que no piensan como él contribuyen a fortalecer la universidad que todas y todos amamos.

  • Beco1868

    Después de todo Mister Pabón, no somos la última Pepsi en el desierto. por DR. Alberto Malanga Barretode Alberto Barreto Cardona, el Sábado, 19 de febrero de 2011 a las 15:47

    La postura del profesor Pabón y su apreciación del dinamismo en el contexto universitario me parece bastante reduccionista, la universidad como esfera de actividad humana es una reflexión parcial del social total dentro una realidad colonial, que carga con el dinamismo de las contradicciones inherentes a ese contexto. La universidad no se da, ni opera en un vacío. La universidad y sus profesores contribuyen en parte a la reproducción ideológica y cultural de los estudiantes, pero no , no nos equivoquemos , Mister Pabón, el gran responsable del metabolismo cultural es el social total y todas sus esferas de interacciones discursivas. Los problemas de la universidad –como esfera de actividad intelectual tiene un contexto complejo que incluye el capitalismo colonial, ( un país colonial-no puede tener una universidad nacional) , estructura de producción internamente desarticulada, y una clase política subordinada a la lógica del neoliberalismo. Mister Pabón, yo se que muchos sienten un gran sentido de pertenencia en la imagen segregativa de la Torre de Marfil , pero co~no, Mister Pabón, promover esta visión narcisista (ellos y nosotros) es hacerle culto a la división de clases, carajo. Esa que crea precisamente la persistente desigualdad de oportunidades educativas. Es la universidad una agencia de empleo? La universidad no es una agencia de empleo, la universidad es una agencia del quehacer intelectual que emplea gente. O será posible que algunos profesores llamados progresistas o de avanzada quieran promover la idea de una comunidad del quehacer intelectual que no pulse el palpitar del pueblo? Que no quiera bregar con la subjetividad del dolor humano? O que articule una visión de una universidad que habla desde el balcón, sin insertarse como otro protagonista en las luchas sociales. Una torre de marfil que mira a lo cotidiano e ignora lo patológico? En otras palabras, mister, queremos convertir a la universidad en un ghetto de pequeños burgueses que solo respondan a la lógica del capital, o en una comunidad intelectual que rechaza lo deshumanizante.? Como diría ese gran profesor anarquista, Howard Zinn, “Ser neutral es colaborar con lo que está pasando, como profesor no quiero ser un colaborador con lo que está sucediendo en el mundo hoy.” Intelectuales apolíticos de mi dulce país, no podréis responder nada. Os devorará un buitre de silencio las entrañas. Os roerá el alma vuestra propia miseria. Y callaréis, avergonzados de vosotros.” OTTO RENE CASTILLO

  • Benjamín Muñiz

    No escucho ni leo en las reflexiones sobre la Universidad muchas propuestas de autogestión. Coincido en que este gobierno no ha sido eficaz en su manejo de los bienes públicos pero me gustaría que, sin dejar de reclamar una administración adecuada, nos planteásemos proyectos colectivos para aportar recursos a la Universidad. Ser creativos y emprendedores, educarnos para gestiones culturales exitosas, romper con la dicotomía entre “universitarios” y “administradores”, porque hoy, más que nunca, necesitamos excelentes universitarios administradores.

  • David Medina

    AMEN!!!!

  • Rafael A Torres

    Me parece muy bien esta propuesta de la Facultad de Derecho. Sin embargo, cabe preguntarse lo siguiente:

    ¿Realmente podemos ser tan ilusos de pensar que todas estas propuestas, que no llevan a otra cosa que a la realización de la Universidad abierta, libre y autónoma que queremos, serán tan siquiera escuchadas por esta administración que ya no tiene ningún reparo en mostrar sus verdaderas intenciones para con la universidad, que no son otras que desmantelar los espacios de libre debate y pensamiento crítico en favor de una universidad técnica de producción económica?

    El más reciente intento de aparentar escuchar la comunidad universitaria fue el infame “blog de la crisis” en la página de miupi. Tengo una copia de la última versión de la risible página y se la puedo hacer llegar a quien quiera. Luego de la fecha limite para dar propuestas, ni una sola de las propuestas ha sido mencionada. De hecho, la página pasó sin pena ni gloria pues jamás ha vuelto a ser mencionada.

  • Carlos Pabón

    Carlos Pabón:

    Hablemos de propuestas, ya que algunos insiten en que no hago ninguna. Los profesores de la Escuela de Derecho acaban de aprobar de manera unanime la resolución que sigue abajo. Me parece a mi que la misma es un buen paso incial como documento de trabajo para ser discutido y aprobado (de haber acuerdo) por los profesores en reuniones en de Facultad . A mi modo de ver, esta resolución puede ser la base para un posible etendido común entre el sector docente. Aquí la resolución:

    Resolución de docentes de la Escuela de Derecho de la UPR
    Sobre nuestro posicionamiento ante la crisis universitaria

    Ante la crisis que enfrenta actualmente la Universidad de Puerto Rico y conscientes de la gran responsabilidad que tenemos como miembros de esta comunidad universitaria, los docentes de la Escuela de Derecho de la UPR hemos tomado las siguientes determinaciones para la defensa del proyecto universitario:

    1. El presente conflicto universitario tiene múltiples facetas y afecta a todos los miembros
    de la comunidad universitaria y al país. Son muchas las medidas que de manera avasalladora están poniendo en riesgo la excelencia académica que ofrecemos y el acceso a ésta. El sector docente tiene la obligación de definir su posición y asumir su responsabilidad en este escenario. Nuestras estrategias como docentes requieren de una visión a largo plazo, capaz de enfrentar este reto en toda su complejidad y amplia dimensión.

    2. Reconocemos el valor que han significado algunas de las iniciativas del movimiento estudiantil para atender y colocar en el debate público la crisis universitaria. Los estudiantes tienen el derecho legítimo a deliberar y tomar sus determinaciones sobre cómo enfrentar de manera pacífica y democrática los aspectos de esta crisis que más directamente les afectan. Lo mismo nos corresponde hacer como docentes, de forma tal que analicemos y deliberemos sobre los asuntos que nos afectan directamente y estemos en condiciones de proponer alternativas ante la crisis que nos acoge.

    3. En este momento, hemos determinado considerar como asunto prioritario nuestra presencia en nuestras aulas y en el espacio universitario y mantener así la continuidad de nuestra aportación docente. La defensa de nuestra Universidad nos lleva a reafirmar y ocupar el espacio que tenemos para pensar, impartir cátedra, discutir y provocar un continuo cuestionamiento junto a nuestro estudiantado y entre nosotros. En este conflicto es este quehacer mismo el que está en peligro y por eso entendemos que nos corresponde abrazarnos a él y defenderlo como un espacio inigualable de oportunidades.

    4. Entendemos que para atender los conflictos y fallas estructurales que han llevado a esta crisis, tales como: la falta de procesos democráticos, la constante violación a la autonomía universitaria, el problema presupuestario, la interrupción de las actividades docentes y administrativas, entre otros, y la anunciada reforma universitaria que se acerca, es urgente que retomemos activamente nuestros espacios institucionales dentro y desde cada facultad. Los docentes debemos ocupar el lugar que nos corresponde en cada uno de los organismos deliberativos para desde ahí incidir directamente y redirigir el rumbo que está llevando la Universidad. Reclamamos el reconocimiento y respeto de la docencia desde sus bases como parte fundamental en la toma de decisiones de la UPR.

    5. Promoveremos desde nuestras aulas y otros espacios la discusión, reflexión y análisis sobre los conflictos, crisis, propuestas y debates públicos. De esta forma, reivindicamos el espacio universitario como uno de libre pensamiento y crítica y rechazamos todo intento de restringirlo. Ofrecemos nuestro quehacer dentro de nuestras aulas y otros espacios universitarios como ejemplo de que la Universidad que queremos y a la que aspiramos parte del diálogo y el respeto a las diferencias. Para nosotros como docentes nuestro quehacer universitario es en sí mismo un valor que hay que defender.

    6. En los procesos de acreditación que actualmente se conducen ante la Middle States Commission on Higher Education (MSCHE), las autoridades universitarias han formulado planes y medidas que suponen cambios y reformas trascendentales al proyecto universitario que requieren de la participación y deliberación de toda la comunidad universitaria. Por ello, la Facultad de Derecho exige a las autoridades universitarias a que provean los espacios necesarios y garanticen la participación de todas las Facultades en dichos procesos.

    7. Ante la determinación de que el Gobernador de Puerto Rico ha comenzado un proceso encaminado a reformar la Ley Universitaria, sin la participación y deliberación de los sectores que componemos la Universidad, exigimos a las autoridades que se respete el principio de que, salvo circunstancias extraordinarias, la Ley Universitaria se enmiende solo a propuesta de la comunidad universitaria en función de la necesidad de atender necesidades concretas, no susceptibles de atención eficiente dentro de la legislación vigente.

    8. Cónsono con lo anterior, daremos inicio a un proceso de discusión, análisis y deliberación sobre la Ley Universitaria, la necesidad de una reforma y la evaluación y ponderación de los temas que nos atañen más directamente. Para eso escogeremos un Comité de Reforma Universitaria de la Escuela de Derecho, cuyos trabajos podrán integrarse al resto de los de la comunidad universitaria y así aportar desde nuestra comunidad más inmediata a este proceso.

    9. Señalamos como aspectos medulares de nuestro posicionamiento los siguientes:

    A) El respeto a los derechos constitucionales de todos los componentes de la comunidad universitaria, lo que necesariamente supone el rechazo a cualquier método de uso de fuerza, violencia o intimidación y la obstaculización mediante tales métodos de la realización de la función académica, tanto docente como de investigación.

    B) La restauración y el fortalecimiento de la autonomía universitaria, como requisito indispensable para que la Universidad sea fuente de conocimiento y de soluciones eficaces ante nuestra realidad a base de los valores consagrados en nuestra Constitución;

    C) El fortalecimiento, dentro de esa autonomía, de la autonomía fiscal, para evitar que se distorsione la base sobre la cual se aplica la fórmula presupuestaria dispuesta por Ley;

    D) El fortalecimiento del principio de que la Universidad, como institución de educación superior pública, tiene que viabilizar y garantizar el acceso a todos los sectores de nuestra sociedad, a fin de darle continuidad al principal proyecto de nivelación social en nuestro país;

    E) El fortalecimiento de las estructuras que viabilizan la participación democrática de los integrantes de la comunidad universitaria, a fin de garantizar la toma de decisiones que cuenten con la participación real de todos sus integrantes;

    F) La restauración y el fortalecimiento del principio del mérito y del compromiso con los anteriores principios como el criterio decisorio en la selección de los funcionarios de la institución a todos los niveles, erradicando así la injerencia perniciosa del criterio político-partidista para la toma de decisiones en la Universidad.

    10. Esta facultad insta a otras facultades a comenzar procesos de discusión, análisis y deliberación con este propósito. Sólo mediante procesos democráticos y respetuosos de la diversidad es que lograremos una reforma que vaya a tono con la Universidad de excelencia que queremos.

    Adoptado en reunión de facultad del 16 de febrero de 2011

  • Efrain Nieves

    La duda cosmética. No, nominal. No, la duda cartesiana. Híper cartesiana. Eso. Pocas veces he visto más certeza que en los planteamientos del profesor Pabón, por más duda que anuncie. ¿Dónde está la duda? Alex de la iglesia, al cambiar de opinión sobre la ley Sinde dijo “En este país cambiar de opinión es el mayor de los pecados. Creo que tenemos instalado el chip de la intransigencia desde hace tiempo.” Acá no es muy distinto. Nunca he visto al señor Pabón cambiar de opinión, dejarse atravesar o contaminar por ningún argumento de otro. Eso es la duda, no nombrarla y nombrarla y nom…

    • Lilliana Ramos-Collado

      Yo sí lo he visto, por si de compartir anécdotas se trata!

  • Lusi Morales

    Como diría Susan Sontag, bueno no se si lo dijo pero “you better get your shit together” porque la derecha si lo está.

  • Rafael A. Torres

    Perdonen los acentos pero estoy escribiendo desde mi celular y aqui no hay acentos.

    Aunque concuerdo en el planteamiento de que las organizaciones de profesores no deben adjudicarse la representacion claustral cuando solo representan a su matricula, entiendo que la propuesta del profesor Pabon se acerca peligrosamente a impartir al inmobilismo y a la inercia calidad de postura. Con sus defectos, han sido las distintas organizaciones, tanto docentes como no docentes y civiles quienes han respondido al llamado de los estudiantes de asumir una postura. La huelga estudiantil (con la cual he estado de acuerdo y en desacuerdo en distintos momentos, segun mi razon y el contexto me han dictado), es la causante de que este debate llegue a los circulos de discusion a los que ha llegado. Con muy pocas excepciones, ningun profesor menciono nada sobre este proyecto de universidad docil que pretende desarrollar el gobierno. No fue sino hasta que un estudiante se acerco a mi y se tomo el tiempo de explicarme la crisis por la que atraviesa esta universidad que llamamos “de todos”, que comprendi lo que ocurria.

    Si bien es cierto que el debate, la discusion y el consenso son esenciales en la coyuntura historica en la que estamos, no es menos cierto que quedarnos en esta paja mental (perdonen la frase pero seria hipocrita si no la usara pues es, precisamente, lo que quiero decir), remanso de tranquilidad de teoricos de academia, y no llegar a la accion es un absurdo aun mayor que la apatia. Si pensamos en un contexto analogo, es acaso prerrogativa del elector que no ejerce su derecho al voto criticar la decision del electorado que si lo hizo, aun con el desastre que dicha eleccion haya causado?

    La propuesta de “fungir como docentes” coquetea demasiado con esta inaccion teorica de la que hablo. Lanzar ataques contra las acciones de tal o cual grupo, sin tener acciones propias que puedan ser objeto del mismo examen, es una postura muy comoda y un tanto conveniente. El espacio de comfort que provee la inaccion debe ser abandonado si pretendemos ser parte de la solucion.

    Se me ocurre que quizas seria provechoso para algunos de los que han comentado en este foro, que rompan con esa jerarquia decimononica maestro-estudiante y visiten los espacios participativos y de discusion de los estudiantes. Estos son abiertos. Los $800 nos afectan a los estudiantes pero, el proyecto de universidad docil del cual esta cuota es un mero sintoma, nos afecta a todos. Nos van a dejar la lucha a nosotros?

  • Carlos Pabón

    Comparto esta cita de Les Back con aquellos que interesan participar de un diálogo intelectual que sea tal. Un diálogo que permita profundizar nuestro entendimiento de la compleja situación por la que atraviesa la Universidad y que, a su vez, nos permita avanzar en la dirección de buscar alternativas para enfrentar con efectividad los retos que tenemos de frente. Esa es la invitación que pretendo hacer con mi artículo. Quizás si adoptamos la perspectiva que propone Back podamos tener el diálogo y la discusión que todo el mundo dice querer, pero que parece que es casi imposible tener:

    “Our political debates do not suffer from too much doubt but from too much certainty. The task of thinking is to live with doubt in the service of understanding, rather than living with certainty in the preservation of ignorance.”

    El texto completo de Back, titulado “The Listeners” lo puede leer en:

    http://archivosdelmandril.blogspot.com/2010/10/listenersles-back.html

    • Jimmy Seale Collazo

      Le di la mano a Studs Terkel, una noche en Berkeley a fines de los 90, cuando se estrenaba Working como obra de teatro musical. Una de las personas que más me alegro de haber podido saludar en vida.

      Dale, me apunto: en ésta, estamos 100% de acuerdo.

    • Lilliana Ramos-Collado

      Como siempre, gracias, Papo!

      • Francisco C.

        Dudas y certezas: supongo que hay ocasiones para el diálogo y la duda, para afirmar que nadie dispone de la razón, así como hay ocasiones que nos demandan adoptar una posición y defenderla. A este respecto, la acción de impartir clase se sitúa en el primero de los marcos y aparece más como un refugio. El compromiso con unas demandas sociales y políticas ocupa, más bien, el segundo y remite a la intemperie porque implica elegir: difícil situarse en varios lugares a la vez.
        Lo de adoptar una posición sólida y defenderla (la certeza), que gozaba del prestigio adquirido en las luchas sociales que animaron, digamos, la modernidad, cayó en desgracia ante el auge de la teoría del discurso y el uso político de la duda como llamado a la pasividad y la desmovilización pregonado por el neoliberalismo. Los tecnócratas ya se encargan del buen gobierno mientras, sentado en su sillón, el individuo se pregunta, acaso, por las causas perdidas: ninguna merece la pena!
        Por mi parte, estoy completamente de acuerdo con la defensa del diálogo, la duda y el espacio de reflexión que supone el salón de clases. Pero, desde ahí, ¿cómo se enfrenta materialmente, en un orden práctico, los retos sociales y políticos a los que nos enfrentamos en un contexto como el actual? ¿Qué grado de participación y responsabilidad tiene el docente en lo que pasa fuera del salón de clases? ¿En qué medida, más allá de esas paredes, encuentra una legitimidad-extra o “sólo” es un ciudadano más? ¿No será la movilización política un rasgo de independencia de criterio, madurez y, sobre todo, de valentía juvenil, que al docente íntimamente le atemoriza de sus disciplinados alumnos?

        • Lilliana Ramos-Collado

          Esa es fácil. Nuestro trabajo docente es fomentar el pensamiento fundamentado y riguroso. Si eso te parece poco, Francisco, no sé qué decirte. Otro secreto: nadie vive en el salón de clases. Yo vivo en mi casa, estoy en la sociedad, hago compra y me comunico con mis vecinos. No entiendo esta obsesión de todo o nada! Todos estamos en la sociedad: el salón de clases está en la sociedad, los estudiantes están en la sociedad, Del mismo modo que la oficina del médico, el taller de mecánica y el Cine Metro, sin embargo, todos son espacios igualmente especializados para llevar a cabo ciertas actividades que e llevan a cabo mejor en esos lugares que en otros sitios. Me da la impresión de que hay mucha gente en la Universidad que no comprende de qué se trata el salón de clases. Wao!

          • Francisco C.

            Pues no me parece que sea tan fácil. Más que un “todo o nada” yo lo veo como un momento de elección. Y en una coyuntura de tensión social y llamado a la acción la propuesta de la vuelta a clase implica otro mensaje: cesemos la protesta y retomemos la normalidad (si eso es posible).

            En todo caso, la cesura entre pensamiento y acción, entre escritura y vida, tiene una larga tradición: desde las tesis sobre Feuerbach de Marx (“ha llegado la hora…”) hasta la ¨Preparación para la escritura” de Barthes. Y es que aunque sea mucho más amable pensar lo contrario: que todo puede hacerse a la vez, que todos los espacios son porosos, lo cierto es que el discurso conservador ha encontrado mucho más amparo en esta pretendida “fluidez” que, en tantas ocasiones, enmascara la ausencia de un compromiso fuerte.

            Pensemos, con unos días de distancia, en el mensaje implícito del artículo de Pabón y también de tu respuesta, Liliana: volvamos a las clases, retomemos la normalidad, recuperemos la disciplina y la idoneidad del salón (pero también, cómo no pensarlo, la clausura, el mensaje cifrado, la “paz social”).

            El alumno aprende en la clase, obvio… pero, !ay de aquel que sólo aprenda en la clase!: prototipo del alumno aburrido, disciplinado, dependiente (y de A, claro). El profesor encuentra su espacio en el salón de clases, obvio… pero, acaso no te parece que si algo se sufre en exceso es de enclaustramiento, de rigor académico, de autoritas? Es que acaso no crees que al profesor le falta calle, humildad, identificación con aquellos que no pertenecen a su salón? Cuánto aprendería el profesor fuera del salón, sin la protección de esas paredes, expuesto. Y no me digas que eso ocurre todo el rato, porque si algo se me ha mostrado evidente en mis años en la academia es la sensación de que el profesor es un inadaptado social, endogámico, valedor de discursos que sólo funcionan ahí dentro. Por eso me parece inane reclamar, precisamente, lo que sobra: !más clases, más relación profesor-alumno! !más rigor!

            Si la clase es un espacio fluido, demos entonces la oportunidad, ahora que nos lo reclaman, a que ese aprendizaje salga de ella, a que todos aprendan en el compromiso social y la solidaridad, a un esfuerzo (que es el que se necesita) por conciliar posturas y actuar en comunidad. Exactamente lo contrario a lo que reclama Pabón: “a mi no me representa nadie”, “a nadie nos representa nadie” (ja, ja! tremendo argumento… para ese viaje no hacía falta autoproclamarse “intelectual”).

          • Angel Rios

            Lilliana

            Qué enseñas? Si enseñas algo. Comentan que te dedicas a la payola académica, uyyyy, que feito.

    • Angel Rios

      nene, pero que guille, debe ser porque sabes hablar y leer en el idioma de tu nación, USA

  • Carlos

    La pregunta seria con que otra estrategia se puede enfrentar una claque que tiene el poder y la voluntad de imponer su visión universitaria. Visión en donde la educación es un privilegio, la universidad es un negocio, los títulos son los productos y los profesores son ” the sales representatives”

    • Lilliana Ramos-Collado

      Caramba, hay buenos y malos productos y buenos y malos negocios. Igual que hay unas universidades mejores que otras. Lo mismo ocurre con las escuelas: los padres “shop around” para asegurarse de obtener un buen beneficio por su dinero. Si comprar algo significa que se entra en un espacio de privilegio, pues todo lo que implique transacción económica en una compra-venta sería privilegio. Gasolina, automóvil, cecluar, ropa, universidad.

      • Davetruestory

        Veo que usted no tiene problemas en ser un sale representative

        • Lilliana Ramos-Collado

          No. Ni tengo ningún problema por cobrar por mi trabajo intelectual. Tampoco tendré problemas cuando mis estudiantes cobren por el suyo, ni los dejaré de amar cuando tengan celular y automóvil e hipoteca. No me insulta ni me humilla vender conocimiento. En nuestro sistema capitalista, la compraventa es la condición del intercambio. Sí puedo decir que doy un montón de conocimiento por mi salario, e incluso lo doy en el merendero, y bajo los palitos y por teléfono, y coloco mis ensayos gratis en féisbuc, por lo que la gente puede considerarme una “ganga”, a diferencia de otros colegas que dan poco de lo que saben, lo menos posible. Por cierto, acepto oyentes en mis clases e incluso les corrijo sus exámenes y trabajos. Les pongo mis libros en la reserva de la biblioteca y les ayudo en las monografías para cursos que no son el mío. Si no tuviera salario, no tendría una buena biblioteca que compatir, ni tiempo para ayudar, ni espacio donde pensar! No, no está nada mal ser una sales representative de la universidad. Tengo que honrar con creces lo que los estudiantes pagan por su educación. No te parece?

  • Pablo S

    me parece que varios de los interlocutores pierden el punto cuando critican la posición de pabón con relación a que los profesores “actúen como profesores”. en esta situación crítica ya ni se sabe de qué va la huelga; todavía los líderes estudiantiles claman la derogación de la cuota, pero una vez convocaron a que nos matricularamos, prorrogando el pago de la cuota, hay una aceptación de ella. peor aún, las clases se dan con cierta “normalidad”. pero ese no es el punto, mientras todo esto pasa las condiciones de trabajo de los profesores empeora y éso es lo que sorprende. por qué no asumen, o aprovechan, la ocasión como una para adelantar sus propios intereses. al fin y al cabo, si los profesores mejoran las condiciones de trabajo (enseñanza, inevstigación y divulgación) la universidad mejora y la preparación que recibirían los estudiantes.

    no se trata, insisto, sólamente de la huelga sí o no, ni si los profesores antagonizan con los estudiantes, sino de que cada grupo, con sus propias diferencias pueda expresarse, enfrentar la situación y vele por e bienestar de la universidad desde donde se la está viviendo.

  • Benjamín Muñiz

    Que no se repita la historia: hacia una tradición de diálogo

    En España algunos sectores de izquierda revisan la historia de la Guerra Civil. Un viejo, antiguo combatiente, explica el triunfo de Franco: atacaba por el norte del pueblo, defendido por los anarquistas, y los comunistas decían: “que se jodan los anarquistas”. Luego, se invertían los papeles. Es que la República estuvo marcada por la incapacidad de que los republicanos llegasen a acuerdos duraderos. La oposición al dictador también estuvo marcada por diferencias no salvadas. Si no podemos dialogar sin caer en ataques personales o “que se jodan” los que no coinciden conmigo, no necesitamos enemigos. Para colmo, los tenemos, y más capaces de lo que solemos reconocer.

  • Xavier

    Mis respetos a todos los que usan la inteligencia como tinta para escribir su pensar.
    Creo que la posición de Pabón es simplista y desvaloriza el deber del docente. En mi pueblo aprendí (y miren que eso no lo enseña ni la mejor univerisdad)que los títulos sólo pesan en los hombros de quienes se los colocan. Llamarse docentes y limitarse a cumplir con unos deberes, deshumaniza y encapsula al individuo. Quien cree que todo lo encuentra en la literatura es un ser incompleto, quien cree que la enseñansa está en poder de personas con el título y el poder propiamente autorizado, quien lo cree así pierde el sentido común y la sensibilidad. Ese mismo que propone que cada quien tome su lugar, cree en la diferencia basada en intelectualismo. Ese mismo que se levanta y pide que los profesores se separen de la lucha estudiantil cree que hay una diferencia entre docentes y aprendices. Déjeme decir que sí la hay cuando se trata de ciertos conocimientos de una materia, pero en la lucha, en el campo social, en la vida, todos somos estudiantes hasta la muerte. La mejor enseñanza no se da sólo por el proceso de instruir, sino además por reaccionar ante lo aprendido y evolucionar criticando a quienes te lo enseñaron.
    Hoy día (por si no lo sabían)existen medios para continuar con el proceso educativo fura de un techo llamado, como la internet junto a las redes sociales, que es más cómodo en el salón, pues claro, que es menos trabajoso para los estudiantes y el profesor pues claro. Que se paralicen las clases no quiere decir que se detenga el conocimiento. Se puede hacer un balance, si se tiene la capacidad de hacerlo. Liliana dice que es necesario tener un ambiente adecuado y los útiles necesarios para el proceso de enseñanza. Pues yo creo que en Humanidades eso no existe, con los salones llenos de hongo, con el techo goteando… en fin todo el mundo sabe (si ha estudiado o enseñado allí), pero la comunidad universitaria ha callado y ha ignorado y ha continuado con su “labor”.
    Pero, labor de qué, de ser conformistas, sumisos. De qué nos sirve el conocimiento si lo usamos para presumir nuestro EGO. El conocimiento hay que ponerlo en práctica y, así, poder elaborar ideas propias y no vivir basados en experiencias de otro (de esas autoridades). Les pongo un ejemplo vano, sirve de algo conocer todo sobre el vino?, sus componentes, regulaciones, fabricación, tener la capacidad de hablar por horas sobre éste y jamás haberlo probado. Pues informo: “No conce un carajo del vino”. Se puede acercar al conocimiento, pero no lo tiene. Si el deber del profesorado es sólo enseñar su materia, pues les está rotundamente prohibido transformar el conocimiento previo del estudiante, pues se deben encargar de añadir información a su cabeza y ya. Que se extinga el choque de un joven prepa cuando llega a su primer día y el profesor le dice:”Dios es ateo y pato”. Que muera entonces la evolución y nos quedemos estancados estudiando a Platón, Sócrates, Foucault, porque son ellos los que pueden enseñar, porque el tiempo les ha dado autoridad.
    Pabón usted tiene razón en muchos aspectos y, por tanto, debería darle acción a sus palabras y no sólo proponer sino ejecutar.

    Escribo con palabras sencillas y basado en mi criterio. No tengo títulos ni soy autoridad. Estoy en proceso de aprendizaje, pero con aspiraciones no a enseñar, sino que algún día aprendan de mí y me reten. No quiero ser una bocina que incita al pensamiento, quiero ser el motor que inspire una acción basada en éste. Por eso actuar y salirse de la norma funciona y ha funcionado a través de la historia y aunque en un principio parezca caos puede ser (como puede que no)que al final se vea la luz y nuestra lucha sea estudiada, analizada, criticada en un salón de clases y sirva como inspiración a una reacción.

    Rechazo a los estudiantees que vuelcan pupitres y los que se ocultan bajo una capucha. Esos son escorias que se mueven por impulsos y no por su raciocinio. Pero, viva la lucha inteligente y activa.

    • Lilliana Ramos-Collado

      No sé si conoces el trabajo de Carlos Pabón: si algo lo caracteriza es que se sale de la norma. No sé si has sido estudiante de Pabón, pero tiene una enorme fanaticada entre los mejores estudiantes del Recinto. No sé si eres colega de Pabón, pero debo decirte que es universalmente respetado por la gente más comprometida. No sé si eres amigo de Pabón, pues sabrías que su trabajo, sus escritos, sus clases, sus convresaciones, tienen la faccultad de cambiar la vida de la gente, en y fuera de la universidad.

      • Marcos Mercado

        Liliana, como estudiante y admirador de Carlos Pabón, también me doy cuenta cuando su elocuencia no se ajusta al vivir, sentir y luchar de sus mismos fans.

        Porque hasta Roberto Clemente se ponchaba.

      • Edelmiro Salas

        Yo no sabía que los que “fungen de docentes” se dejan llevar por “fanáticos” (¿dogmáticos?) que le siguen. La adecuación de una teoría o postura en la academia no se mide por la popularidad de las ideas y del “respeto” de gente alegadamente “comprometida” (¿con la administración?). Además no me parece que “fungir como docentes” requiera que se apoye a un colega simplemente por amiguismos. Eso no es ser “docente”, eso es ser deshonesto en la academia, pues si de algo trata la academia, es el no creer en nadie por amistad, sino por el valor y coherencia de sus argumentos. En cuanto a cambiar la vida de la gente “en [sic] y fuera de la universidad”, tampoco es la tarea del “docente” . Es propio de Pabo Cohelo, pero no sabía que Carlos Pabon se dedicaba a la autoayuda. Creo que Xavier no lo ha podido decir mejor: “todos somos estudiantes hasta la muerte.” El problema no es que hay profesores que no saben fungir como docentes, sino que nunca supieron fungir como estudiantes.

      • Guerrero Deleon

        Por favor. Hazle un favor a tu gran amigo “Papo” Ya todos sabemos que eres su “fan”. Preguntate si estas canalizando con correccion. No es bueneo el sometimiento a tal extremo….
        El Profesor te aprecia….el te aprecia….tranquila amiga……Pero no lo sigas hundiendo!!!!!!!!!!!!

      • Angel Rios

        Cuál? El que comienza creyéndose Tapia porque estudio varios años en su nación, por favor Li te creía más inteligente.

  • Marcos Perez Ramirez

    Quiero aclarar lo siguiente: hace unos minutos un profesor y amigo a quien admiro y respeto me reclamó vía correo electrónico por mi supuesta autoría de estos textos y comentarios publicado por un tal “Marcos” al pie de la nota Fungir como docentes, y que fuera publicado en la revista 80 grados, y de la autoría del profesor Carlos Pabón:

    http://www.80grados.net/2011/02/fungir-como-docentes/

    Para que esté bien claro: Marcos Pérez Ramírez NO ES ESE MARCOS. De hecho, justo ayer compartí el escrito del profesor Pabón en mi página de Facebook, como compartí y publiqué en Diálogo una reflexión del profesor Juan Carlos Quintero Herencia. Quienes me conocen saben que yo no acostumbro ese tipo de ataque a personas a quienes aprecio y admiro, como es el caso del profesor Carlos Pabón, quien fue uno de los mejores profesores que tuve durante mi formación académica en la Facultad de Humanidades. También quiero aclarar que si tuviese alguna observación o señalamiento que hacerle al profesor y amigo Pabón, se lo diría de frente y en persona, como hemos hecho en múltiples ocasiones.

    Además, un análisis detallado de los comentarios y discursos dejan claro que, según su decir, este “Marcos” se trata de un profesor univeritario ya que habla desde el “NOSOTROS los profesores”. El suscribiente de esta nota aclaratoria NO ES PROFESOR UNIVERSITARIO. Atribuirme este comentario sin verificar su origen es tan infame como el intento de adjudicarme semejante vulgaridad.

    • Guerrero Deleon

      Marcos, no debes preocuparte…..por que te confundan con Marcos el otro. Lo que si seria una ofensa es que te confundieran con Carlos Pabon.

      Laura Guerrero De Leon

    • Angel Rios

      Chico, no seas lambon, ya te botaron de Diálogo …

  • Lusi Morales

    Las huelgas y los procesos de lucha tiene como consecuencia muchas veces destruir mitos, incluyendo los mitos que hemos creado sobre nosotros mismos. La realidad nos obliga a tomar posición, si se toma desde la posición de honestidad y se dice esto es lo que hay y es lo que puedo hacer, pues no hay problema, pero si la realidad que encontramos nos lleva a las justificaciones y acomodos entonces si hay problemas.

    Los estudiantes no son el problema, los profesores tampoco, cada cual desde su posición deben ver como adelantar sus causas sin cancelar al otro, les recuerdo una vez mas, el gobierno sí esta organizado.

    • Ruben Rios Avila

      ¿A ninguno de ustedes se les ocurre que hay algo valioso en lo que dice el otro, que la inteligencia abre la mano?

      • Ariana

        Exacto profesor Ávila. Las ciencias de la complejidad nos han enseñado a que las dicotomías esto/aquello ya no son suficientes (si alguna vez lo fueron). Pero esto requiere mucho respeto, generosidad y apertura, cosas que siempre son mucho más fáciles decirlas que hacerlas. Creo que Pabón tiene razón en parte de sus planteamientos y lo respeto pero es excelente de quien trajo el asunto de regresar a la “normalidad”.

        No olvidemos que, precisamente, el discurso de los administradores de turno ha sido el de regresar y “discutir las diferencias adentro” y sabemos que ahí precisamente radica el SIMULACRO de la democracia, del debate y de la participación. Si la huelga es una trampa, no es menos cierto que esta discusión permanente y el fluir de ideas desde adentro también lo será. Los ejecutures del gobierno de turno lo saben y por eso apuestan a eso porque saben que, como dice la canción, “pasarán más de mil años”…Desde este momento, ya no debe haber ninguna forma de normalidad, asuma ésta la forma que asuma.

        Si el enemigo es formidable entonces necesitaremos esto, aquello y mucho más.

      • Angel Rios

        Se nos puede ocurrir que la inteligencia venga de otro, depende cuál es el otro, si es de usted lo pondría en duda.

  • Lilliana Ramos-Collado

    Jimmy, hay una confusión, para mí inexplicable, entre lo “autorizado” y lo “autoritario”. La universidad busca personas “autorizadas” para impartir su oferta académica, y lo que implica “lo autorizado” es, precisamente, la preparación que tiene el profesor. Esa preparación le hace responsable de mantenerse al día, etc. Eso no significa que el estudiante no pueda o no tenga la capacidad de aprender por su cuenta (es lo que se espera, después de todo, que pueda seguir aprendiendo por su cuenta el resto de su vida), pero la complejidad misma de la maraña disciplinaria convierte al profesor en un “shortcut to knowledge”. Todo proceso de inmersión en una disciplina es complejo, y requiere tiempo de “familiarización”. Las intuiciones brillantes de los buenos estudiantes se integran a la educación, pero nunca es responsabilidad del estudiante cargar con el peso y la responsabilidad de poner el conocimiento sobre la mesa de forma ordenada. Siempre habrá anécdotas de cuánto los estudiantes nos enseñan y cuánto aportan al salón de clase, pero eso significa que maduran y que aprovechan ese diálogo dinámico que debe existir en toda clase pertinente. Los propios estudiantes saben que hacer la clase “buena” depende de un buen maestro, y que un maestro que está en el nivel del estudiante no tiene nada nuevo que decir. Considerar que un estudiante que acaba de comenzar sus estudios de literatura ya conoce de prosodia y de retórica, y ya puede crear puentes y conexiones con otras obras del pasado y del presente es incluso cruel con el estudiante. Las ciencias tienen un orden de desarrollo que a su vez pauta el orden del proceso de enseñanza, pero esto que digo es hasta evidente. Los buenos estudiantes, estimulados por ese diálogo, aprenden más rápido, comienzan a elaborar sus propios discursos críticos y teóricos, precisamente porque encuentran los instrumentos para hacerlo. Al final, se espera que los estudiantes se independicen del profesor y hagan su propio equipaje para su vida y su carrera. Pero por más buenos que sean los estudiantes, ellos tienen una responsabilidad personal de educarse. La responsabilidad del profesor no es “personal”, dado su papel de comunicador y de facilitador de esa circulación de conocimiento, cuya circulación debe siempre lograr que ese conocimiento gane en pertinencia. Cada vez que un estudiante sepa más que el profesor significa que el profesor debe trabajar más y prepararse mejor, no por competir o por mantener una jerarquía tiránica, sino por que es responsable de “llevar” la clase y de echar pa’lante al estudiante dándole cada vez más de modo que el estudiante pueda desarrollarse ante el reto de lo que aún no sabe. No entiendo por qué ese constante paternalismo en decir que los estudiantes no necesitan al profesor, y que pueden hacer el trabajo solos. Esa idea ha fomentado una vagancia enorme entre nuestro profesorado, clases aburridas, realizadas con el menor esfuerzo. Y eso me parece espeluznante.

    Por cierto, llamar “francotirador” a un docente preocupado por la especificidad de la docencia es, precisamente, lo que dificulta el diálogo. Me pregunto cuándo comenzará a haber “generosidad” y “solidaridad” con una labor que, en realidad, define a la universidad: la docencia.

    • Jimmy Seale Collazo

      ¿Cómo estar en desacuerdo con lo que escribes, Liliana? La premisa de Pabón, de que es hora de que asumamos nuestra función docente, es igualmente incontrovertible. Lo duro es cómo, sobre qué bases.

      En los salones, en nuestros cursos, se aplica lo que escribes. Pero este debate se trata de cómo nos relacionamos entre nosotr@s, para concertar una posición más unida, y frente al estudiantado como fuerza política.

      Y en ese ámbito, la cosa se ve mucho menos clara. Tenemos que exigir respeto, por supuesto, pero reclamar una “jerarquía” a priori, por el hecho de ser maestr@s, creo que va muy lejos. Es que fuera de nuestra posición frente a l@s estudiantes que se matriculan en nuestros cursos, y en el calor de una lucha que han protagonizado l@s estudiantes huelguistas, nos es necesario re-formular nuestra autoridad.

      Tenemos que hablar desde nuestra singularidad. Pero aún no conseguimos afinar nuestra voz colectiva, fuera de la zona de comodidad que son nuestros salones y nuestro peritaje. Esa es la tarea que tenemos ante nosotr@s, y quiero pensar que estas conversaciones son uno de los medios para realizarla.

      • Lilliana Ramos-Collado

        Tienes razón, Jimmy. Comenzar por aceptar que somos docentes sería lo ideal.

    • Angel Rios

      Li me asombro si precisamente vives de la confusión como tu amigo Carlos …..

  • Marcos

    El asunto Peri, es que los argumentos de Pabón los suscribiría a gusto Ygrí, De la Torre, Muñoz y Guadalupe. Y Fortuño, desde luego. Eso lo dice todo. Termina el hablando de la presente “vaguada” y el “huracán” que se aproxima, pero si usted no es fuerte ante lo pequeño, ¿cómo espera ser fuerte ante lo grande?

  • Luis Fernando Coss (Peri)

    Hay que perseverar en todas las zonas: en la generosidad y la solidaridad con los estudiantes en lucha; en la perspectiva crítica hacia y dentro del movimiento; en la acción docente concertada; y en la resistencia general, recabando el apoyo y la participación de los otros sectores de la sociedad. Me parece que por aquí van las ideas fundamentales del debate.

  • Marcos

    La apología del Lobo Estepario.

    Si no ha habido un protagonismo mayor del sector docente que parta desde la “singularidad específica de la docencia” es por la incapacidad –ahora sí– del sector docente para actuar desde el foro gremial propio, desde las organizaciones existentes o desde una nueva organización docente que agrupe finalmente a todos los docentes. Fácil es criticar a los que luchan contra el enemigo común del autoritarismo desde la orilla protegida y con las manos afuera pero se resisten a participar en la toma de decisiones colectivas.

    Claro que los profesores tenemos “el derecho y la responsabilidad de expresar nuestro parecer sobre las estrategias que debemos asumir” (Pabón), pero ello supone la articulación de una acción unida, grupal, que por otra parte se descarta. Pero de eso a decir que, “para enfrentarlos, los docentes debemos ocupar el lugar que nos corresponde en cada uno de los organismos deliberativos para desde ahí incidir directamente y redirigir el rumbo que está llevando la Universidad”, hay un trecho muy largo, pues esos supuestos “organismos deliberativos” son un fraude en una universidad cada vez más autoritaria y sorda que rechaza olímpicamente toda disidencia.

    Decir que la huelga y la subsiguiente ingobernabilidad le sirve a la administración para justificar “el desmantelamiento/reestructuración” de la UPR quiere decir que ese es su proyecto político, con huelga (o resistencia) o sin ella. Mejor con ella, digo yo, porque sin resistencia llegarán mucho más lejos con sus planes.

    Las “medidas que de manera avasalladora están poniendo en riesgo la Universidad a la que muchos aspiramos” constituyen parte de un proyecto político para crear una universidad obediente, privatizada, disminuida, manejable, sin huelgas, sin opinión política en los asuntos de la nación, es decir, de nosotros mismos. No desean nuestra participación sino como ejecutores de sus directrices.

    No hay diálogo posible, ¡si ellos lo dicen de manera transparente una y otra vez! Sólo puede funcionar aquí la acción coordinada y concertada, unida, de los diversos sectores de la comunidad universitaria que de veras creemos en una universidad que estudie, y en la que se ventilen libremente los problemas reales del país. En esa acción coordinada sobran los francotiradores quintacolumnas y los lobos esteparios. Si se desea ver actuando, desde su particularidad específica, al sector docente, fungiendo como docentes, entonces sumémonos y participemos juntos, porque como lobos esteparios y francotiradores sólo participamos para cavar nuestra propia tumba.

  • El verdulero

    Papo, tu propuesta tiene aspectos que serían muy buena idea implementar, pero debido a que son pocos los profesores que quieren invertir horas-nalga en reuniones, en constituir plenos para trabajar colectivamente para el bien común (con todo el trabajo y paciencia que eso significa), lamentablemente no tomará concresión. Mejor a apostar a estudiantes creativos que sí son fajones y consecuentes que a muy buenas ideas con poco motor y pulmón detrás como la tuya.

    Sí esa es tu postura dedícate en cuerpo y alma a hacer que los profesores se entiendan y operen como docentes activos en el proceso, no como criticones de orilla como tú.

    • Rubén Ríos Ávila

      Esta conversación va tomando un giro interesante, si se excluyen los insultos y las faltas de respeto, que ya hay varias (al que le caiga el sayo, pues que se lo ponga). Sugiero que se relea la aportación de Lilliana y la contestación a esa participación que hace Jimmy. Los felicito a ambos. Hay mucho ahí para reflexionar y ponderar.

      En vez de usar esta ristra como muro de los lamentos, ¿porqué no usamos (es una mera sugerencia) estas dos participaciones como tesis y antítesis de una posible dialéctica del saber universitario? También felicito a Mari por esa brillante cita de Sonntag. Su frase “un discurso político que dificulta el pensar y el actuar más allá de la solidaridad con los estudiantes”, me parece, sin embargo, tendenciosa.

      No podemos caer en la falsa oposición que convierte a los defensores de la autonomía docente en traidores de los estudiantes, ni a los que escogen ser interpelados por ellos en sus alcahuetes solidarios. Ese tipo de discurso frívolamente oposicional es lo que rebaja esta discusión al personalismo barato.

      Creo que la defensa de Lilliana de la paz del salón de clases frente al ruido de una universidad sin paredes es una defensa que hay que escuchar con cuidado. También creo que la crítica que hace Jimmy a la viabilidad de la jerarquía tradicional de la relación profesor-estudiante en la pos-modernidad es igual de importante.

      Tengo unas preguntas para ambos, preguntas que me surgen de largas conversaciones que sostengo con mi querida y admirada Mara:

      Lilliana: ¿no es acaso el salón de clases un modo de estar-en-el-mundo? ¿No estarás convirtiendo el salón de clases en un refugio del mundo? ¿No es acaso lo que potencia a un profesor la medida en que funja, no meramente como docente, (un término puramente institucional) sino como intelectual, (un término combativo y político) todo el tiempo, en y fuera del salón de clases, de modo que ese adentro y ese afuera se vayan in-distinguiendo?

      Jimmy: ¿No estarás dándole un peso demasiado decisivo al saber tecnológico, como si la tecno-ciencia hubiese ganado ya una carrera de los saberes en la que el saber del profesor termina convirtiéndose en una reliquia del pasado, casi risible cuando se compara con la destreza técnica de la juventud musculosa y dúctil? ¿Acaso no se trata todo verdadero encuentro con el saber de un encuentro profundo y traumático con el pasado, con los restos arcaicos de una modernidad que, por vivir en un continuo denial, se resiste a mirar aquello que ninguna tecnología podrá borrar jamás, como la búsqueda de la justicia, por ejemplo? ¿Todas las jerarquías tienen que ser forzosamente sospechosas?

      Food for thought.

      • mari quiñones

        ¿Qué otra cosa sino tendencioso, fue el pensamiento y la obra de Sontag?

      • Lilliana Ramos-Collado

        Fíjate, Rubén, el salón no es refugio más que del ruido. Tiene ventanas: si queremos ruido, podemos dejarlo entrar por la puerta o la ventana, pero es indispensable que sea optativo. Me ha sorprendido que los colegas que conozco que han participado en la universidad sin paredes rara vez hayan estado dispuestos a realizar esa conversación como parte de una cotidianidad “simposiástica”. No me resulta frecuente ver a mis colegas debajo de los árboles conversando de sus intereses intelectuales, y me entristece bastante sospechar que ahora lo hacen por la notoriedad implícita en este gesto abierto en el contexto de la huelga. Desde que llegué a la universidad he extrañado ese diálogo entre pares, abierto, sin paredes. Y francamente lo que he visto en estos días no me parece genuino, sino la encarnación de un gesto mediático. La intemperie puede ser también un refugio: así lo vio Sócrates en el “Fedro”: un refugio contra los rigores del pensamiento, un joy ride, abandonarse al ruido y a la estática de la distracción, un desenfoque. Epicuro educaba en su jardín —un “paradeisos” o jardín cerrado, como el Recinto de Río Piedras—, pero las disciplinas del Liceo y de la Academia y del Jardín Hedonista han cambiado bastante. No me imagino una clase de química sin laboratorio, o una clase de diseño arquitectónico sin pin-up boards, o una clase de cultura visual sin proyector o in-focus. Perdona lo matérico, Rubén, pero el “salón” en una materialidad instrumental, como el martillo o el taladro. Y uso el salón como instrumento de enseñanza, no como una forma de estar en el mundo o como un refugio. En un bello libro que leí recientemente —”Queer Phenomenology”, de Sara Ahmed—, la autora se pregunta si Heidegger hubiera podido hacer filosofía sin una mesa. Me di cuenta de que yo no puedo escribir sin una mesa: fuera de la mesa tomo notas, hago doodles, pero no escribo “ensayos”. El esfuerzo mayor de escribir un texto largo requiere su espacio y su tiempo: un “anclaje”. Extrapolo esa necesidad al espacio de enseñanza-aprendizaje y a ese espacio le llamo “salón”. Lo que digo no es complejo.

        • mari quiñones

          Lilliana, coincido contigo.

      • Angel Rios

        Claro, rubencito, quién iba con el profesor de inglés que agredió a un estudiante… creo que fue tu imagen o tu imaginario que vimos en la TV. Y ahora no vengas con pamplinas discursivas a decir que no lo conoces. Ustedes no creen ni en lo que hacen, deben renunciar y dedicarse a los signos ….

  • Jimmy Seale Collazo

    Liliana:
    Habría que hilar un poco más fino acerca de la necesidad de una jerarquía en la relación entre maestros y estudiantes. Obviamente no son lo mismo, y el mismo Freire—contra quien implícitamente polemizas—lo reconoce. Pero ya no es el caso, como lo fue por muchos milenios, que casi todo lo que quisiera saber una persona joven, ya lo sabía una persona mayor. El paso acelerado del cambio tecnológico ha hecho que mucha gente joven tenga mucho conocimiento—de cómo manejar un celular, cómo moverse por el internet, qué está pasando en x o y lugar que le interesa—que no tienen personas mayores que ellos. O sea, la base de la autoridad de la gente mayor sobre la gente menor, que es el conocimiento (genealógico, agrícola, esotérico) se ha ido desmoronando progresivamente a medida que el conocimiento socialmente relevante se ha multiplicado, y por ende es menos monopolizable. Mis estudiantes de noveno grado saben cosas que yo no sé, y algunas de ellas, como el manejo de tecnologías de comunicación, son importantes. Alguna parte del éxito alcanzado por el movimiento huelguista estriba en una gran flexibilidad táctica, que les da el manejo de esas mismas tecnologías.

    No estoy seguro de que la docencia implique, necesariamente, una jerarquía. Si lo implica, es mucho, mucho menos que lo que fue hace escasamente dos generaciones. Autoridad tenemos, por los saberes que manejamos, pero es una autoridad que tenemos que construir, demostrar y negociar constantemente. Eso, al menos, he aprendido como maestro de escuela secundaria.

    Y los estudiantes, como dice Rubén, nos han interpelado constantemente, directamente. ¿Cómo responderles? Del profesorado ha salido una gama de respuestas, desde el apoyo de la APPU, que les asume como aliados en la lucha actual por la universidad, hasta la carta de los 25 profesores de Naturales que reclamaba la presencia policiaca. Mucho dista de la infalibilidad, pero el estudiantado huelguista ha resistido de forma concertada, cosa que el sector docente—pese a los esfuerzos del liderato de la APPU—aún no ha logrado.

    Tampoco hay que mortificarnos con ello: si el estudiantado huelguista ha mostrado valentía, también arriesga mucho menos que empleados, que tienen sueldos comprometidos y esperanzas de un retiro decoroso. Pero en los mejores momentos del movimiento huelguista, creo que vemos una habilidad para llegar a decisiones de forma colectiva que ha eludido al profesorado. Tienen más tiempo que nosotros, pero cuando han llegado a decisiones percoladas por los comités de acción y debatidas hasta la saciedad en plenos, sí han logrado un grado de unidad admirable.

    Reconocer que pudiéramos tomar algunas lecciones organizativas o políticas del estudiantado no es negar nuestra autoridad como docentes, aquella singularidad que indudablemente nos caracteriza. Tampoco es paternalista criticarles los excesos y abusos, como acaba de hacer la junta directiva de la APPU ante los desmanes de ayer en Generales. Pero esperar que dejen de resistir, que se traguen la cuota, me parece absurdo.

    ¿Qué alternativas de lucha les podemos proponer? Reconociendo las múltiples limitaciones y desventajas de las huelgas como formas de lucha, creo que convendría explorar las posibilidades de la “huelga”, con las comillas que Carlos acierta en ponerle. El que se matriculen estudiantes, que profesores demos clases dentro y/o fuera de los salones, no tiene por qué implicar una rendición, ni una “normalidad”. En la coyuntura actual, tenemos una amplia gama de maneras de resistir… y la posibilidad de construir consensos cada vez más sólidos. De ahí podría articularse, poco a poco, una convergencia (o concertación, para tomar la metáfora musical de Rubén de hace unos días) entre nuestras diferentes posturas como docentes, y tal vez hasta de los distintos sectores universitarios.

    El punto de partida obligado, creo, es reconocer que ninguna persona ni agrupación tiene la sartén de la verdad por el mango. Escucharnos y respetarnos, como he visto pasar en varias ocasiones, y atrevernos a confiar en un proceso cuyo resultado no es previsible, pero que es muy preferible al aislamiento en oficinas y salones.

  • Lilliana Ramos-Collado

    ¿Para qué ir a la APPU a “presentar argumentos”? ¿Por qué proponer a la APPU como “foro claustral” cuando evidentemente insulta y persigue toda disidencia, como ocurrió con el evento coordinado por Malena Rodríguez hace unas semanas? ¡La APPU prohibió a su matrícula a asistir! ¿Por qué la APPU no hace su trabajo de averiguar lo que los docentes piensan y quieren, más allá de su matrícula? Y la mejor pregunta la hace Pabón: ¿Por qué la APPU asume falsamente una representación claustral que no tiene? ¿Por qué no aclara, en cada una de sus apariciones públicas y en sus comunicados de prensa, que habla en representación de sus miembros y no en representación del “claustro”?

    • Angel Olivares

      Entonces, convoquen ustedes a uno y dejémonos de flotar en la “universidad de la imaginación”,

      • Adolfo Martino

        Angel Olivares has dado en el clavo…es que estos profesores se la pasan hablando de la “universidad de la imaginación”. Que convoquen que allí estaré.

  • Angel Olivares

    Invito a los docentes que aquí opinan, a que asistan a los foros de discusión de la APPU y presenten allí sus argumentos y posiciones. Quizás esa es la discusión y el diálogo que hace falta entre nosotros los docentes. No nos podemos olvidar que todos somos parte de la UPR y debemos encontrar puntos convergentes en la defensa de la educación pública universitaria.

  • Lilliana Ramos-Colado

    Apoyo totalmente la postura de Carlos Pabón. Es interesante la resistencia de docentes y de estudiantes a una reflexión desde la singularidad específica de la docencia. Esta resistencia es, en gran medida, una claudicación a las responsabilidades igualmente singulares de la docencia (los docentes claudican)… o una resistencia de los estudiantes a la obvia jerarquía implícita en la relación maestro-estudiante (los estudiantes resisten), una relación sin duda medieval, como la universidad misma.

    También se implica claudicar a o resistir las responsabilidades de la institución misma, que incluyen ofrecernos a todos el ambiente y los útiles apropiados para el estudio. Ese ambiente es, de manera específica, aquel donde un curso puede desarrollarse por sus atributos y por su equipo, por su comodidad y por su intimidad —es decir, por ser un espacio en que la actividad docente no se vea interrumpida de forma no deseada—. Ese “salón” puede ser el cielo abierto, o la torre de la universidad, pero no puede serlo si no es el lugar para la actividad académica específica que desea llevarse a cabo. Los eventos llevados a cabo como “universidad sin paredes” fueron excelentes conversaciones entre universitarios, indispendables en una buena universidad, pero no “clases”.

    Por eso, uno de los requisitos de acreditación más importantes es que profesores y estudiantes tengan el espacio y el equipo que optimicen el gesto de enseñanza-aprendizaje. La bella escena bucólica de una universidad sin paredes ciertamente nos hace pensar en exquisitas escenas del “Fedro” de Platón, pero una lectura fina del “Fedro” nos mostrará que Sócrates no quería salir de la ciudad para hacer filosofía con su alumno, mientras que Fedro quería llevarlo “a la intemperie” para espetarle un discurso sofista, seductor, que nada tenía que ver con los rigores del conocimiento y sí con los arrobos irracionales de la “ninfolepsia”. Es tentador pensar en los nobles atributos de una educación espontánea e improvisada en que todo el mundo sea “maestro”, y así lo recogen genios como Cervantes y Tolstoy en textos iluminadores, pero lo cierto es que la educación implica un tracto complejo, un “bildungs”, una gran preparación por parte del docente y por parte del estudiante. La educación toma tiempo, buen foco, atención y lentitud. Para eso, necesita un espacio y un tracto que respondan a las necesidades específicas de ese gesto.

    Del mismo modo, no creo, como muchos colegas sí creen, que en esta situación la última palabra deben tenerla los estudiantes. Me parece que es echar sobre ellos una carga abrumadora que deben atender en su corto tiempo en la universidad. Al contrario, la extensión temporal misma del compromiso de los docentes con la institución —que nos hace ser el sector más longevo de todos— reclama que asumamos esa responsabilidad institucional de cara, no al presente coyuntural de una cuota, sino a la pervivencia misma de la universidad en el futuro. Nos guste o no, es la composición de la comunidad docente la que define la institución: sus disciplinas, su prestigio, la calidad de sus ofertas. Por esa calidad es que los mejores estudiantes escogen nuestra institución. Renunciar a la responsabilidad docente es echar por la borda la definición de ese perfil institucional que ha tomado más de 100 años construir.

    Estas son cosas obvias, como dice Pabón. Y debatirlas como si fueran oposicionales es poner a pelear a un sector contra otro. No veo la forma en que los docentes debamos dejar de serlo, del mismo modo en que los estudiantes no pueden dejar de ser estudiantes. Juntos hacemos universidad, pero nuestras responsabilidades no son las mismas.

    Lo que distingue a la academia es el rigor, y si bien echo mucho de menos el intercambio intelectual como el que se ha dado, si bien muy pocas veces, “sin paredes” —el gran simposio de la amistad en los saberes—, renunciar a un espacio y a una responsabilidad privativos es rendir lo ganado por siglos: el lugar y la investidura idóneos para compartir el rigor que requiere el conocimiento.

    • Francisco C.

      Liliana: ¿El “rigor”? realmente suena a institución penal, a escuela victoriana, a la cara que se le queda a un muerto. Lo que debería identificar a la academia, digo yo, es la creatividad, el espíritu crítico, el diálogo responsable, la sensibilidad o la apertura a otros discursos. El rigor recuerda a las normas del MLA y a la macana del policía. No entiendo desde qué visión el rigor pueda ser lo que distinga lo académico.

      Respecto a la postura de Pabón, sorprende un razonamiento tan profundamente reactivo: negación de nexos entre el cuerpo estudiantil y el profesorado, negación de organismos aglutinadores del profesorado, negación de la huelga como instrumento de presión, asunción del discurso de poder (la ingobernabilidad universitaria de facto) como base para la desactivación de la protesta. Y ni una sóla propuesta positiva más que la vuelta a la normalidad de la clase. La Fox recibe con los brazos abiertos a los intelectuales capaces de realizar tal cuadratura del círculo. Y allí no hay huelgas.

      • Lilliana Ramos-Collado

        Sugiero recordar que cuando hablamos del “rigor” en el estudio, nos referimos a método, orden, sistema. Del mismo modo, la “disciplina” suele entenderse como “acto punitivo”, pero también se entiende como “ordenamiento de saberes”. Creo que está claro que la “disciplina de la arquitectura” no se refiere ni al castigo ni al abuso del cuerpo de un edificio. Si ser aplicado, preciso, metódico y formal te parece una formación victoriana, intuyo que estás pidiendo que se estudie medicina a lo loco, que los abogados se preparen en lo que puedan, y que los ingenieros no tengan que aprenderse las espeficicaciones estructurales del acero porque a nadie le preocupa que los puentes se caigan. Si quieres buenos profesionales, confiables y competentes, el rigor “victoriano” es indispensable. Yo estoy muy orgullosa de mi rigor. Si te parece que la acreditación —un reconocimiento a la competencia y a la calidad institucional— se te parecen a la macana de la policía, caramba, tal vez la universidad —con su formalidad que aspira a una alta calidad— no sea el lugar para ti. Que nadie tenga licencia de conducir ni licencia para hacer cirugías ni para sacar muelas! Que cada cual se dedique a lo que le de la gana. Interesante. Te deseo buena suerte con ese dentista que, en vez de tener licencia, tenga una macana… si según tú, anyway, licencia y macana son lo mismo!!!! Funny!

    • Guerrero Deleon

      La “responsabilidad privativa’ deja fuera el compromiso del respeto por la justicia? Por la dignidad y el respeto a reclamar por el colectivo afectado por la fuerza bruta? El significado de “rigor” aplicado es el uso de la razon. Le valdria a usted mejor renunciar y entonces irse al ruedo a luchar por lo que crea justo. Es esa su regla. Sigala.

    • Angel Rios

      Y, cuándo trabajas?

  • Marcos

    Una oda, parodia es quizás mejor, de la autoderrota.
    Olvida Pabón los éxitos de la primera huelga de abril a junio en términos de proyección y apoyo público, artístico y de medios, así como la intervención del tribunal;
    olvida Pabón que miles de personas hemos visto vencer la creatividad estudiantil en esta huelga una y otra vez, y hemos llamado a eso cátedra y respeto;
    olvida Pabón que los estudiantes han acorralado una y otra vez al gobierno, los han puesto repetidamente en evidencia, los han obligado a utilizar la fuerza bruta, los derrotaron con la renuncia de De la Torre, con la crisis en las filas del gobierno y la propia Junta De Síndicos que tuvo que ser aumentada;
    olvida Pabón que la ineficacia no puede medirse en términos de triunfar de una vez y por todas porque eso nunca ocurre;
    olvida Pabón que eso de asumir la docencia es una rendición, es una humillación, es una entrega a un foro donde nuestra aportación y consejo carece absolutamente de importancia porque sólo vale para ellos la fuerza y la política oficial;
    olvida Pabón que si la APPU y CONAPU no pueden hablar por los docentes, aunque representen a centenares de profesores, entonces ¿quién lo hace?;
    olvida Pabón que nadie puede hablar por los docentes desde sus propios pantalones;
    olvida Pabón que si los docentes no han podido ser más efectivos es precisamente porque muchos profesores actúan como francotiradores a todo lo que se mueva, sin solidaridad de clase alguna y con completa incapacidad para actuar de manera coordinada;
    olvida Pabón que de lo que se trata es de resistir el empuje ciego de una política oscurantista;
    olvida Pabón sugerir, proponer algo nuevo, o al menos dar aliento a quien se sacrifica;
    olvida muchas cosas más, pero me las callo por ahora.

    • mari quiñones

      Pocos días después de los atentados del 11 de septiembre, Susan Sontag expresó una valiente– y disidente– opinión en torno al consenso que se había forjado alrededor de esa tragedia. En un breve artículo que se publicó en la revista The New Yorker, Sontag cuestionó la retórica de los buenos y los malos, los valientes y los cobardes, el bien y el mal, que dominó la opinión pública, los medios y el discurso político luego del atentado terrorista. Igualmente, se quejó de un análisis que adjudicaba el peso de la catástrofe a “los cobardes enemigos de la libertad y la civilización,“ y presagiaba una guerra en nombre de los derechos de la humanidad. Si bien era preciso llorar las vidas perdidas, también era necesario profundizar en esa herida desde el pensamiento. De ese artículo nunca olvidé una frase que captó mi imaginación:

      “Let’s by all means grieve together. But let’s not be stupid together.”

      Lo que acontece en nuestra universidad no tiene esa dimensión catastrófica, pero, ha producido una opinión pública y un discurso político que dificulta el pensar y el actuar más allá de la solidaridad con los estudiantes. Quizás sea este el momento para optar, elegir otra cosa, otro camino. Creo que ese es el sentido de la invitación que nos hace Carlos Pabón.

    • Francisco C.

      Marcos, no puedo estar más de acuerdo.

      • Edelmiro Salas

        Marcos, Pabon no olvida todas estas cosas, el las conoce bien, pues antes de fungir como docente, fungía como marxista leninista ortodoxo (¿existen otros?) y teórico del MST y en la huelga del 81 . No fue sino hasta la salida de Roberto Alejandro que decidió (a mi modo de ver con razón) comenzar a fungir como docente. Claro, no nos vamos a poner con argumentos ad hominem, pues de lo que se trate es de ver si el problema es que no están fungiendo como docentes y por tanto ese el problema de nuestra universidad. Pero no pequemos de ingenuos, Carlos Pabón no olvida nada eso que tu planteas que él olvida, simplemente lo ignora o no le importa, mucho menos lo discute cuando funge como docente.

  • http://cossido.blogspot.com manolo

    Confieso que dudé si publicar una breve opinión y algunas dudas sobre lo que nos presenta el profesor Pabón en este artículo. La última vez que opiné sobre un asunto de docentes casi me cuelgan de los pulgares… ¡espero tener mejor suerte esta vez!

    Fui el primero en recomendar el artículo de mi amigo de los años de luchas estudiantiles, Carlos Pabón, porque me parece interesante su planteamiento y creo que abre un debate que podría beneficiar a las y los universitarios (incluidos los exalumnos. Pero creo que debemos entender bien los compromisos que hacemos con lo que exponemos.

    1) Si los docentes actuando autónomamente deciden apoyar la “huelga” de los estudiantes, ¿sería una posición legítima, la acataría el profesor Pabón?

    2) ¿Coincidir críticamente con los estudiantes, es descalificatorio de una auténtica posición docente?

    3) Había el tiempo para realizar un referéndum de todos los docentes para convocar al paro del 9 de febrero? ¿Acaso no se justificaba la decisión de emergencia de la APPU, que probablemente salvó vidas?

    4) Si una asamblea del claustro decidiera por mayoría algo que el profesor Pabón no apoya, ¿se sentiría representado, acataría e implantaría los acuerdos de la mayoría?

    Es que podría dar la impresión de que solo merecen respeto las opiniones propias y cercanas como válidas y “autónomas”. Si no estás de acuerdo podrían tacharte como “marioneta subsumida y acrítica” de alguien o de algo que molesta y por tanto no se es un “docente” de verdad…

    ¿Dónde quedan entonces la tolerancia y el respeto a las diferencias?

  • Lusi Morales

    Los docentes deben tener su propia posición, claro que sí. Más vale que se organice esa posicón porque el gobierno tiene la suya y está organizadita y aceitada. Claro, yo voy a ustedes profesores bragaos y luchadores.

  • http://paisciego.blogspot.com País Ciego

    Eso, por favor. Piensen la universidad, piensen al país, piensen nuestros procesos y pongan en tensión sus capacidades para que le puedan ofrecer al país un discurso relevante que interprete y comunique las necesidades de libertad del presente. No pasen a la historia como la “Huelga de los 800 pesos”.

  • http://www.sinorguyo.com Un estudiante

    ¿Espera, y donde estaban los profesores durante todo este tiempo? ¿Ahora, se dan cuenta de lo que es rotundamente obvio? ¿O hace falta que en este narco estado una mafia gubernamental le refresque la obviedad? ¿Hace falta que una monarquía con el título de “Gobierno” de contratos defina la UPR y sus paraderos? ¿ Dese de cuando este pueblo se ha vuelto imbécil? Qué? Le gusta a este pueblo no razonar. No será que tendrá el síndrome de la mujer maltratada?

    Le gusta no razonar que en este país mueren aproximadamente 1200 personas donde el gobierno no se atreve montar un numero de cuatro cifras significativas?

    ¿Espera, y porque Fortuño tiene a sus tres hijos en Cornell University? ¿Que, acaso a él no le importa su propio país? ¿No será que esta cumpliendo con los contribuyentes de los congresistas norteamericanos republicanos? ¿Está el administrador (Gobernador) Fortuño acaso pagando un favor? ¿Sera que este pueblo disfruta de su pendejez y su imbecilidad dejando que una mafia Gubernamental les manipule como títere?

    No sé, solo hago preguntas…..

  • carmen espina

    Por muchos años vi a los estudiantes pasivos ante las cosas que pasan en su Universidad. Llegue a pensar que las épocas de luchas estudiantiles habían terminado, que la apatía les había ganando, estaban en una inercia, que pensé era un estado inquebrantable….. Hasta que…. el Día llegó ¡! y cual gigante dormido, despertaron y ahí están dando su lucha. Como toda lucha, hay tres bandos, la administración, ellos, (los estudiantes) y los demás constituyentes que observan y comentan todo lo que ocurre. La lucha que tiene tantas interpretaciones como vivencias de todos los participantes. Los estudiantes concuerdan en muchas cosas pero difieren en otras, los mismo ocurre con los docentes y los no docentes, la administración y con los demás ciudadanos de este país.

    Lo que yo como docente me pregunto, es, cuando llegará ese Día para nosotros.

  • Graciela Rodriguez

    1981\
    Deja vu?

    • Graciela Rodriguez

      Acabo de descubrir que la Huelga del 81 no existió.

      • Edelmiro Salas

        Fue un “simulacro de huelga”.

  • http://www.multitudenredada.com Iván

    Carlos,

    gracias por compartir tus inquietudes e invitarnos a pensar la defensa de la universidad desde la óptica de la docencia.

    A pesar de que entiendo y coincido con la apreciación de que la universidad es un espacio privilegiado, pienso que hay cierto peligro con regresar a la normalidad. Me explico. Lo normal en una universidad es que la mayoría de sus cursos se realicen en un salón de clases – ese espacio arquitectónico, rodeado por paredes y desligado físicamente de la exterioridad. Si todos los docentes regresan al salón de clases, regresa esa normalidad que no reconoce la turbia crisis que nos acecha.

    Aunque no soy docente y no corro ninguno de sus peligros, sugeriría la celebración de cursos en un salón de clases, luego en una plaza, otro día en la rotonda de la Torre y en la plaza Baldorioty de Castro, entre otros lugares. Que se visibilicen los procesos universitarios, que se hagan a plena luz del sol como forma de generar una ruptura con los compartimentos debidamente divididos y aislados (los salones). ¿Para qué? Para transformar la impartición de clases en una acción política entre pares, como bien dice Rubén. La exteriorización del curso lectivo constituye una modalidad de lucha política cuando el gobierno de turno y los administradores universitarios detestan la expresión pública y crítica.

    La universidad, ciertamente, no se debe parar cual correa de producción fabril. Hacer universidad es, precisamente, una acción radical en el actual contexto social. Sigamos haciéndola.

  • Laura Náter

    Carlos, alguna vez, en tu presencia, consideré paternalista el comentario de otro colega y así lo dije. Pero no fue porque criticara a un sector del estudiantado, ni porque defendiera su postura de que los profesores debemos pedirle a los estudiantes que se comprometan a no interrumpir clases. Lo que me pareció, y me parece paternalista, es que tal petición se justificara diciendo que es para protegerlos a ellos.
    Por otro lado, estoy de acuerdo en que tenemos que reconocer que el profesorado es un sector autónomo y distinto a otros sectores, con los que en ocasiones tenemos importantes diferendos. Pero tenemos que reconocer y aceptar, además, que entre nosotros también hay diferencias y diferendos. Aspirar a encontrar UNA voz propia, a definir UNA posición, implica un singular que es excluyente, implica la imposición de una sola interpretación y una sola postura sobre las otras posibilidades, que quedarían invisibilizadas y anuladas. Eso es lo que ha hecho la APPU. La alternativa no puede ser sustituir una postura (el apoyo a la huelga, digamos)por otra postura distinta, pero con la misma pretensión de estar todos en el mismo barco y de la misma forma. La alternativa para mi tiene que ser el reconocimiento, aceptación y respeto de las diferencias. No se me ocurre punto de partida alguno para fungir como docentes sin contemplar que diferimos y debemos seguir haciéndolo

    • Marcos

      Reclaman algunos la definición o construcción de una postura docente propia para no seguir de cola de los estudiantes y otros grupos.

      Pero Laura propone afirmar las diferencias porque toda posición UNA es excluyente.

      Esa estrategia atomizante es políticamente nula, inerte. Sólo la capacidad para llegar a consensos o respetar la voluntad de la mayoría puede darle a los docentes una voz propia. Lo contrario, es olla de grillos vanidosos.

      Hay que pretender, y hacer creer, hay que pensar que estamos en el mismo barco porque a fin de cuentas así es. Nos hace falta urgentemente desarrollar un poco de solidaridad y conciencia de grupo o de clase. De otro modo no merecemos nada.

  • Ruben Rios Avila

    Excelente intervención, Carlos. Suscribo totalmente el imperativo de la Universidad abierta y la defensa del salón de clases no sólo como razón de ser de nosotros lo profesores, a quienes te diriges tan elocuentemente en tu columna, sino de la Universidad como tal, por encima de cualquier intimidación, venga de la policía del Estado o de la policía de la corrección política. Es cierto que ha habido profesores que han terminado por desaparecerse detrás de su identificación ciega con la estrategia de cierre propugnada por la huelga estudiantil. También es cierto que la APPU ha padecido particularmente de esa miopía. El resultado ha sido que una parte importante del profesorado dejó de ejercer un rol fiscalizador y analítico más propio de nuestra razón de ser. Lo que no quisiera pensar es que la autonomía docente a la que te refieres implica una dedicación a nuestros asuntos que forzosamente nos divorcia del suceso de la huelga, provocado por una interpelación de los estudiantes. Los estudiantes son nuestros interlocutores, nos interpelan con sus actos y sus decisiones. La universidad es, sí, un conjunto de espacios autónomos, pero son espacios porosos, interconectados. La defensa de nuestra autonomía tiene que estar atravesada por esa mediación. La defensa, incluso, de una Universidad abierta, que es la que un docente debe defender -estoy de acuerdo contigo -tiene que hacerse en un diálogo abierto, respetuoso, con los estudiantes. En el salón de clases los estudiantes son nuestros pupilos, pero en la lucha política son nuestros pares.

    • Reymaelo2000

      Que bonita la disquisición filosófica de los que fungen como docentes pero         ¡¡ que hermosa y envolvente la lucha de los estudiantes y de aquellos sectores que los acompañan!! Es verdad. Unos pugnan por fungir como docentes mientras los otros, los que luchan, ofrecen las verdaderas lecciones que transforman nuestras conciencias y transforman a toda una sociedad. En realidad, poco me importan los docentes si en ese camino voy codo a codo con los que me ofrecen las mejores lecciones de mi vida no desde la comodidad de su escritorio sino con la generosidad de su sacrificio.                                                          ¡¡Que Vivan Los Estudiantes!!!