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Lebron, Adam y el racismo: Reflexiones en torno al deporte puertorriqueño


Jeleel Akindele

El tipo parece un mono”. Así se expresó un fanático del Baloncesto Superior Nacional (BSN) de Puerto Rico mientras observaba al jugador nigeriano Jeleel Akindele recostado sobre el tabloncillo y quejándose de dolor durante un partido de la Serie Final 2016 entre los Vaqueros de Bayamón y los Capitanes de Arecibo. El comentario del hombre ocurrió mientras otro seguidor del BSN cargaba un ataúd que incluía el muñeco de un cadáver. La figura del muerto, que representaba al vaquero Akindele, sobresalía por su semejanza a los personajes que en el pasado se pintaban la cara (“blackface”) para recrear a personas negras en la televisión y otros medios de entretenimiento. Si bien el ataúd y el muerto eran un símbolo de la inminente derrota de los Vaqueros ante los Capitanes en la Final, la forma de representación del acto le daba la vida a las actitudes racistas que aún permean en los estadios y en la sociedad puertorriqueña en general.

El racismo manifestado por fanáticos y fanáticas que acuden a eventos deportivos es un fenómeno global. Desafortunadamente, Puerto Rico no está exento de este tipo de violencia que algunos seguidores de equipos ejercen hacia los atletas. El caso de Akindele es uno de muchos que han ocurrido en las diferentes canchas, estadios y otras facilidades que cobijan eventos de distintos deportes que se practican en el país. En ocasiones, los insultos racistas se complementan con epítetos homofóbicos, sexistas y xenofóbicos. Le corresponde a los directivos de ligas y a las federaciones deportivas desarrollar estrategias y campañas educativas que aspiren a combatir estas formas de violencia que se gestan en los partidos y competencias que están bajo su tutela administrativa. El rol de los atletas como voceros y portavoces de estas causas también podría influenciar positivamente la opinión pública y propiciar otras formas de participación ciudadana en contra del racismo y demás manifestaciones de prejuicio que aún son parte de la cultura deportiva puertorriqueña.

En los Estados Unidos, el jugador de los jardines de los Orioles de Baltimore en el Béisbol de Grandes Ligas, Adam Jones, ha sido uno de los atletas más vocales en contra de la violencia racial que aún se expresa en algunos estadios de Norteamérica. El pasado mes de mayo, Jones fue objeto de insultos, que incluyeron epítetos racistas y el lanzamiento de bolsas de maní hacia su persona. El incidente ocurrió en Fenway Park, hogar de los Medias Rojas de Boston. En respuesta al suceso, el jugador de los Orioles hizo un llamado a los atletas para que sean vocales ante el racismo y otras injusticias que aún se viven en el deporte y las ligas profesionales. De acuerdo a Jones, en estos casos, el silencio podría resultar en detrimento de los atletas y sus reclamos de respeto y equidad como trabajadores del deporte.

Al igual que Jones, la estrella de los Cavaliers de Cleveland en la NBA, Lebron James, ha sido objeto de manifestaciones racistas hacia su persona. En la mañana del miércoles 31 de mayo se descubrió que una propiedad de James en la ciudad de Los Ángeles fue vandalizada al escribirse en su entrada una de las palabras que históricamente se ha empleado para insultar a los afroamericanos en los Estados Unidos. Tras el incidente, James expresó su pesar en torno a la persistencia de ideologías racistas que continúan lacerando las posibilidades de avance social en su país. Al ser abordado por la prensa sobre lo ocurrido en su residencia, el jugador de los Cavaliers comentó que “no importa cuánto dinero se tenga, cuán famoso seas o cuánta gente te admire, ser negro en (los Estados Unidos de) América es duro”.

Tanto Jones como James han sido consistentes en sus denuncias en torno al racismo en los Estados Unidos. Con motivo de los episodios de asesinatos de personas negras por miembros de la policía, James ha utilizado la plataforma de los entrenamientos pre-juego para vestir camisetas de protesta ante la violencia racial que emana de los oficiales de ley y orden. De otra parte, Jones ha expresado en el pasado su preocupación en torno a la poca representación de los atletas negros en el Béisbol de Grandes Ligas. Su activismo político antirracista se complementa con labor filantrópica comunitaria en beneficio de jóvenes residentes de áreas urbanas en rezago económico en la ciudad de Baltimore. El trabajo de estos dos atletas se une a las múltiples voces, que desde el deporte estadounidense, han utilizado su visibilidad social y acceso a los medios para denunciar distintas formas de violencia, incluyendo el racismo.

Adam Jones tiene razón al plantear que, ante la violencia racial y otras formas de injusticia, el silencio no debe ser una opción para los deportistas. El respeto y admiración que miles de personas tienen hacia atletas constituye una oportunidad para que sus voces sean escuchadas cada vez que denuncien problemas sociales y reflexionen en torno a las diferentes manifestaciones de violencia que son parte del deporte. Luchar en contra del racismo es responsabilidad de todas y todos. Como parte de esta importante misión social, los atletas podrían ser valiosos portavoces de campañas de educación y voceros de estrategias activistas vinculadas a temas de raza, deporte y sociedad. Las canchas y estadios de Puerto Rico merecen ser espacios de paz y respeto. Fanáticos, atletas y administradores del deporte están llamados a trabajar con el fin de erradicar el racismo y otras formas de violencia en estos eventos familiares.