Inicio » 80grados, Columnas, Selección textos 2016

Moral, medios y orden jurídico: notas para abordar la violencia contemporánea


el espejo

La Modernidad se ha producido al calor de una diferenciación cada vez mayor. El sistema político, el sistema moral, el sistema legal, son algunos de los sistemas de funciones especializados que se han producido en el trayecto del mundo moderno. Cada uno de estos tiende a operar a partir de una especificación constante de lo que le es  propio como sistema. Cada vez que un evento de violencia adquiere cierta notoriedad, se producen multiplicidad de semánticas las cuales remiten a la multiplicidad de racionalidades y producciones de sentido que cada uno de estos sistemas activa con igual intención de prevalecer en el debate público. Todas estas semánticas terminan produciendo una intrincada madeja discursiva que bien pueden producir un efecto de conjunto, un estado de ambigüedad e incertidumbre o una pugna de significaciones.

Si bien el sistema legal se produce históricamente temiéndole a la contaminación moral, política y mediática, al presente las irritaciones que estos sistemas se provocan unos a otros abonan a la complejidad de los casos y de los tiempos: hay abogados mediáticos, reporteros que son abogados y un pulseo constante entre el derecho a la libre información versus el derecho a la privacidad e intimidad de las personas. Sistema legal y sistema de medios,  atravesados también por el sistema moral, pugnan por distinguir lo que les es propio en un contexto social en el que, al decir de Shoshana Felman  (2002), los casos son objeto no solo de ponderación legal sino de observación y consumo de los diversos públicos.

En foros locales se ha señalado, por ejemplo, que “en Estados Unidos existen organizaciones profesionales de abogados que tienen un componente educativo que incluye un plan de medios”.1 Y en el contexto europeo, encontramos en España por ejemplo, un Ministerio de Justicia que pondera “el lenguaje jurídico en los medios” (Ministerio de Justicia, Gobierno español, 2013) Esta ponderación contempla un proyecto educativo para los medios cuya intención es promover lo que, desde la óptica del sistema legal, es un “uso adecuado” de los conceptos jurídicos que pueda contrarrestar la tendencia a la presunción de  culpabilidad de las personas.

Se problematiza igualmente lo que el sistema legal nombra como juicios paralelos cuya consecuencia es “la atribución propia de los papeles de abogado defensor, fiscal e incluso muy frecuentemente de juez por parte de los diversos medios de comunicación”.  (Montalvo Abiol, 2012: 112 ) Aquí en Puerto Rico, como sabemos, existe “el fiscal del pueblo”.

Las paradojas están por todos lados. Como he señalado en diversidad de ocasiones, para Luhmann, la tarea política central de nuestros tiempos es combatir el parásito de la moral, esto es, la forma en que la moral se infiltra y pretende controlar todos los sistemas. No obstante, al mismo tiempo este plantea que los medios muchas veces operan con comunicación moral. Basta un cotejo superficial del trayecto de la discusión de casos de alta cobertura mediática, el caso del niño Lorenzo asesinado en marzo del 2010 por ejemplo2, para caer en cuenta de la terrible carga moral con la que se ha ventilado todo lo concerniente a este caso. El peso de las respuestas morales en la dilucidación de la violencia es algo trabajado por Michel Foucault en su libro La vida de los hombres infames. Para Focault, la infamia (forma de punición que antecede al encierro como penalidad generalizada) es un tipo de respuesta que tiene que ver con los efectos de la opinión pública. Para este, el triunfo de una buena legislación se produce cuando la opinión pública es lo suficientemente fuerte como para castigar por sí misma los delitos. Digamos que es un castigo que no requiere del sistema penal.

Como sabemos, en el trayecto de la criminalización de Ana Cacho (madre de Lorenzo), hay gente que ha dicho que esta ha sido tan castigada (con la remoción de sus hijas, con las subjetividades de linchamiento, con el nivel de exposición mediática) que ninguna otra pena sería ya necesaria (si es que fuese culpable). Valga por la persistencia en nuestros tiempos de formas de penalidad que pensamos remiten a estadios evolutivos anteriores pero valga también por el alerta jurídico-político que nos lanza Foucault cuando dice que la prolongación en el tiempo de una sociedad como esa sería terrible (tan terrible como sabemos que está siendo la nuestra…). La paradoja mayor es que esta tendencia al predominio de la moral en la dilucidación de casos (que ya podemos llamar mediáticos) es que la misma ha sido fomentada por una ciencia penal que, como tendencia y al decir de David Garland, descansa cada vez más en la opinión pública y en la capitalización de la figura de la víctima.

Lo anterior va produciendo efectos alarmantes. Tómese por ejemplo, la frase discursiva recurrente “ya yo no creo en la justicia”. En un primer momento, y un momento por el cual transitamos todavía, esta frase remite a un proceso de deslegitimación del derecho a la manera en que se lo plantea Yves Michaud (1980): desnudez del derecho, reconocimiento de que el derecho es una violencia entre muchas otras, forma vacía de la ley, trato clasista y discriminatorio, etc. Aunque este sigue siendo un componente  fuerte de la presente madeja semántica (proveniente de muchos lugares de observación), a mi modo de ver, la frase discursiva “ya yo no creo en la justicia” adquiere con el parásito de la moral un nuevo sentido: “yo no creo en la justicia” si esta opera contrario a mi opinión o a la opinión pública que el propio sistema ha producido. Por ejemplo, después de seis años de criminalización abierta contra Ana Cacho, se anuncia en una conferencia de prensa (también en un a priori del juicio) que el posible culpable es otro. En palabras del reportero José Estevez, la radicación de cargos contra Luis Gustavo Rivera Seijo, conocido como el Manco se hizo en medio de un “clamor público” que “se hacía sentir en las afueras del tribunal” el cual refleja el malestar general por la radicación de cargos contra un hombre declarado previamente (en otro caso) como inimputable.3 Como sabemos, el juez Carlos Salgado Schwarz ha señalado que el Manco no irá a juicio.4 Nótese que no sabemos si estamos aquí ante el ciego operar del sistema legal o bien ante el triunfo de una opinión pública que, habiendo sido producida por el propio sistema, un momento después se coloca en abierta pugna con este: la gente no cree que el Manco mató a Lorenzo. Esto es, moral, medios y una ciencia penal que descansa en la opinión pública producen un juicio sobre este caso el cual se coloca en abierto conflicto con un sistema legal que no puede operar sin evidencia, o bien que no puede salirse de sí mismo. A otro nivel y como es planteado por Foucault (1996), la ciencia penal moderna requiere de la adecuación del  crimen con la explicitación psicológica del motivo. Es por eso que la ausencia de motivos (el silencio del Manco, por ejemplo), un crimen que es todo locura o una locura que es todo crimen, constituye una de las preocupaciones mayores al tiempo que paradójicamente deja de ser imputable debido a la locura misma.

De otro lado, es igualmente plausible que este imaginario local en torno a que “el pueblo es quien decide” en materia penal está vinculado a otro fenómeno propiciado por el sistema de medios: el media witness (Frosh y Pinchevski, 2009), el testigo mediático producido desde, por y a través de los medios: presencia de los testigos en los medios, los medios como testigos en sí mismos de los casos y la manera en que los medios nos convierten a todos en testigos de eventos frente a los cuales producimos juicios diversos.

¿Por qué no decir también que, en el caso de Ana Cacho, el parásito de la moral se entreteje con la semántica de un sistema de dominación, compartido por hombres y mujeres anatómicamente hablando, incluidas las que se nombran feministas, en el que, so pretexto de la sacrosanta maternidad, esta mujer es culpable aunque no haya matado a nadie: culpable si no estaba en la casa, culpable si se estaba acostando con uno o más  hombres, culpable si estaba consumiendo drogas, culpable si estaba dormida y no escuchó, en fin… culpable por mala madre.

Podríamos decir, y aquí me inspiro en la obra de Shoshana Felman, que hay algo de este caso del niño Lorenzo que, como en otros casos, va más allá o más acá del  mismo. Para Felman, en principio los juicios se instalan en la tarea de mitigar un daño. Muchos de estos daños tienden a discursearse desde el significante trauma. Sin embargo, en su deseo de mitigar el trauma, de ponerle fin al trauma, de “trasladar el trauma al nivel de la conciencia”, el sistema legal hace justo lo contrario: vuelve sobre el trauma, recrea el trauma, hace que la gente vuelva a vivir el trauma, desde la propia repetición legal. La estructura reiterativa del trauma halla su contraparte en la estructura reiterativa del orden jurídico: reiteración consciente por la vía del manejo de los precedentes y reiteración inconsciente por la vía de una memoria (que puede recorrer distintos períodos, contextos, situaciones y/o culturas legales) del cual el sistema no está necesariamente consciente pero que propicia el enlace de unas expectativas con otras. Con independencia de las diversas complejidades y agendas de poder de gobierno, quizás la notoriedad del caso de la muerte del niño Lorenzo remite a la centralidad de la figura del niño en nuestra contemporaneidad, a la cantidad de niños desaparecidos en Puerto Rico (los hermanos Colonna en el 1974, Rolandito, en el 1994)5 a la cantidad de niños que han sido asesinados por sus padres, a la excesiva preocupación con el abuso de los niños, o bien a la figura del child molester, para David McDonald (2014), nuestro monstruo contemporáneo.

El paralelo entre la cobertura mediática y el operar del sistema legal en este caso con el famoso caso en Estados Unidos de Jonbenét Ramsey, la niña de cinco años asesinada en su casa en Boulder, Colorado en el 1996, es una expresión de la presencia de imaginarios globales reiterativos (alta cobertura mediática, niña asesinada, padres y hermano criminalizados, errores crasos en el cuidado de la  escena del crimen ausencia de evidencia, renuencia de las autoridades locales a ser asistidos por el nivel federal, sospecha de entrada de desconocido en la casa, activación de un imaginario de pedofilia, participación activa del entonces Secretario de Justicia, etc) Quizás también, la muerte de Lorenzo activa el combinatorio semántico masculino/moral en torno a la construcción social de la mujer mala. A mi modo de ver, la única otra mujer sometida a un escarnio público semejante lo fue la actriz y animadora de televisión, Lydia Echevarría, acusada y convicta como autora intelectual del asesinato de su esposo en el 1986, único caso en Puerto Rico donde un Secretario de Justicia se haya levantado de su escritorio para ir personalmente a arrestar a una acusada.6 O bien, quizás,  esta notoriedad remite a un indecidible en torno a quién es aquí la víctima (un niño, unas niñas, una mujer/madre, un enfermo mental).

Para Slavoj Zizek (2008), a más nos obsesionamos con la violencia subjetiva (aquella remitida al sujeto en su carácter singular) más arrecia la violencia objetiva, violencia sistémica, aquella que se nos representa como parte del orden normal de las cosas.  Como sabemos, todo esto transcurre mientras la crisis económica arrecia trayendo una secuela cada vez mayor de abandono de la vida y de déficits de democracia. La forma en que el sistema legal responde a este abandono generalizado de la vida  (del cual, paradójicamente no se sabe cómplice y parte)7 es con más comunicación legal. Por ejemplo, el juez español Baltasar Garzón ha pedido ampliar la justicia universal a los delitos económicos con la intención de tipificarlos como crímenes de lesa humanidad.8 En palabras de Garzón:

“¿Qué pasaría si el derrame de petróleo de una multinacional con consecuencias a largo plazo en el medio ambiente pudiera ser equiparado al genocidio? ¿O si se pudiera reclamar internacionalmente la responsabilidad de entidades bancarias por recibir los capitales que se fugan de un país al borde de la quiebra?”9 El espíritu que anima su propuesta  es la de “pedir responsabilidad a los gobiernos y a los sistemas financieros por las consecuencias de sus decisiones sobre las poblaciones”.10

Como sabemos, si una persona mata a otra podría recibir la pena máxima, pero los gobiernos y las entidades financieras matan a un mayor número de personas sin ser criminalizados. Es por eso que habría que preguntarnos junto con Foucault, “¿cómo es que hemos llegado a aceptar semejante disparidad de destinos?” Y al mismo tiempo no deja de ser relevante la pregunta en torno a la irradiación de un asesinato (el del niño Lorenzo), al cual los medios han significado como “el caso más notorio de nuestra historia moderna”.11

Texto de la ponencia presentada en la Cuarta conferencia Conjunciones complejas: encuentro transdisciplinario para el estudio de la violencia, 5-6 de mayo del 2016. Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, Facultad de Ciencias Sociales.

Referencias

Felman, S. 2002. The Juridical Unconscious:Trials and Traumas in the Twentieth Century. Cambridge:Harvard University Press.

Foucault, M. 1996. La vida de los hombres infames. Argentina: Editorial Altamira

Frosh, P. Y Pinchevski, A. 2009. Media Witness: Testimony in the Age of Mass Communication. UK: Palgrave McMillan

Garland, D. 2001. Crime and Social Order in Contemporary Societies. Chicago: The University of Chicago Press.

McDonald, D. 2014. The Politics of Hate Crime: Neoliberal Vigilance, Vigilantism  and the Question of Paedophilia. En www.crimejusticejournal.com IJCJ&SD 2014 3(1): 68‐80

Michaud, Y. 1980. Violencia y política: Barcelona: Ibérica de ediciones Ministerio de Justicia, Gobierno español. Comisión de modernización del lenguaje jurídico. 2013. Recuperado de: http://lenguajeadministrativo.com/wp-   content/uploads/2015/10/CMLJ-Lenguaje-en-los-medios.pdf

Montalvo, Abiol, JC. 2012. Los juicios paralelos en el proceso penal ¿anomalía democrática o mal necesario?)  En Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y  Política, nº 16, julio 2012, ISSN 1698-7950, pp. 105-125.

Zizek, S. 2008. Violence: Six Sideways Reflections. New York: Picador.

  1. Ver Foro Etica 1/6, Colegio de Abogados de Puerto Rico. 15 de marzo del 2012. https://www.youtube.com/watch?v=_8Bv7efv4c8 []
  2. Ver  Cronología de sucesos en el caso del asesinato del niño Lorenzo González Cacho.http://www.presenciapr.com/wp-content/uploads/2016/03/CasoNinoLorenzo.pdf []
  3. Ver Telenoticias. 2016. ¿Justicia para Lorenzo? Causa para arresto contra “El Manco” http://www.telemundopr.com/videos/Justicia-para-Lorenzo–371444901.html []
  4. Ver Cynthia López Cabán, El Manco no irá a juicio por la muerte del niño Lorenzo, 26 de abril del 2016. http://www.elnuevodia.com/noticias/tribunales/nota/elmanconoiraajuicioporlamuertedelninolorenzo-2191791/ []
  5. Ver Niños boricuas sin justicia, 10 de marzo de 2015http://www.elnuevodia.com/noticias/seguridad/lista/ninosboricuassinjusticia-2017753/ []
  6. Ver Cronología del asesinato de Luis Vigoreaux, Primera Hora, 17 de enero del 2013. http://www.primerahora.com/entretenimiento/tv/nota/cronologiadelasesinatodeluisvigoreauxfotos-762947/ []
  7. Juez y parte toda vez que, tanto en la obra de Giorgio Agamben como en la Judith Butler, el abandono de la vida es un efecto directo de la desprotección legal. []
  8. Ver  Carlos E. Cué, Garzón pide ampliar la justicia universal a delitos económicos, 19 de agosto del 2015. http://internacional.elpais.com/internacional/2015/08/19/actualidad/1440008424_010764.html []
  9. En Natalia Chientaroli, Cuatro razones por las que los delitos económicos y ambientales pueden considerarse de lesa humanidad, 10 de marzo del 2015. http://www.eldiario.es/internacional/delitos-economicos-ambientales-considerarse-humanidad_0_435707283.html []
  10. Ibid. []
  11. En video  mencionado previamente, Telenoticias. 8 de marzo del  2016. ¿Justicia para Lorenzo? Causa para arresto contra “El Manco” http://www.telemundopr.com/videos/Justicia-para-Lorenzo–371444901.html []

  • Ana D. Alvarado

    El texto de la doctora Madeline Román crea un espacio para acercarnos a un análisis complejo. Lejos del que ofrecen diariamente los que con precisión ella denomina como abogados mediáticos. Y algunas abogadas conformadas por imaginarios moralistas predominantes acerca de
    lo que significa ser una “buena” o “mala” madre, binarismo machista que tiene muchos siglos de operación y que lleva a responsabilizar a las madres por cualquier accidente. En el lenguaje coloquial puertorriqueño se repite que la madre tiene “la obligación”. Es increíble la timidez de un feminismo puritano y el silencio cómplice de tantas mujeres, que contemplan asombradas o contribuyen a la condena moral de la Sra. Ana Cacho. Una condena similar a la que se desplazó contra la cantante Ivania Zayas, quien ya no podía defenderse y similar a la
    que daba visos de desplazarse contra la abogada asesinada recientemente y su esposo. Como escribió Giorgio Agamben una teodicea, en la cual “la pena no sigue al juicio, el mismo juicio es la pena”.

    Al leer este texto pensé que identificar las victimas es otra dimensión de la complejidad. Por ejemplo, víctima es quien se expone diariamente a esa radiodifusión, a esta compulsión repetitiva que conforma “su mente”. Víctima es quien presencia teodiceas exhibidas como supuestos análisis. Comentarios sin fundamento, de los abogados fiscales de una moral mediática. Coincido con la doctora
    Román en que la violencia es sistémica y en que los análisis deben ir más allá o más acá de la teodicea mediática. Por esto me alegra que se abra un espacio de estudio complejo para este tema.

    Reservo la repetición del relato de la violencia vivida para los procesos de ayuda con las personas que fueron objetos de la misma (especialmente niñas y mujeres). Esta permite atravesar la parálisis traumática de los eventos convertidos en tatuajes psíquicos. Esa reiteración no es victimista, es la primera etapa de un proceso de sublimación,
    un escudo inicial contra el horror, un intento de simbolizar lo vivido que a su vez ayuda a seguir viviendo. Esta repetición hay que abordarla con cuidado, para que nuestra conceptualización no se convierta en otra herida. Los espacios de simbolización para las víctimas, sean estos verbales o no verbales, son muy pocos en Puerto Rico. La otra repetición, la del contexto jurídico, hiere porque reduce la palabra del que testifica a un binarismo: cierto/ falso. Gracias.