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Personal Shopper: Henry James a dieta


La diferencia entre realidad y fantasía no tiene una frontera absolutamente definida y demarcada. Más difícil puede ser para algunos distinguir entre lo real y lo imaginado. En este filme francés escrito y dirigido por Olivier Assayas, la protagonista Maureen (Kristen Stewart), está atrapada en una situación que magnifica la duda entre lo que es real y lo que es imaginario. Como compradora personal de una mujer famosa que no tiene ni el temple ni el tiempo para comprar sus propias cosas, Maureen vive dando tumbos por las tiendas más caras de París y Londres, respondiendo a los caprichos sartoriales de su empleadora Kyra (Nora von Waldstätten), que rica más allá de lo normal, quiere vestir de forma única y distintiva. En esas tareas la mujer ha perdido parte de su personalidad y es como una sombra esclava de Kyra.

Hay otro detalle que ha condenado a Maureen a una existencia peculiar. Su hermano gemelo ha muerto en París a causa de una enfermedad congénita que ella también padece. Ambos, aunque más su gemelo, sienten que poseen características de médium. Eso es reconocido por Lara (Sigrid Bouaziz), la viuda del hombre, quien emplea a su cuñada para que pase una noche en la casa que compartió con su hermano para asegurarles a los que intentan comprar la casa que su espectro no pulula por allí.

Pronto nos vemos en el lujoso apartamento de Kyra donde conocemos a Ingo (Lars Eidinger), su amante. Ingo sostiene una extraña conversación con Kyra en la que revela algunos secretos que más tarde en el filme se harán importantes. Mientras tanto, Maureen sigue haciendo sus compras y ampliando su relación amistosa con quien es ahora la viuda de su hermano. Tiene que cumplir unas reglas que la ha impuesto Kyra: no puede medirse la ropa ni los zapatos que le compra, pero sí tiene mano libre para manifestar su propio gusto que tiene que coincidir con el de ella. Es evidente que ha podido llenar esa encomienda, pues Kyra aprecia sus compras con entusiasmo. Tanto así que le da mano libre para comprar piezas de vestir carísimas en las tiendas Chanel y orfebrería más lujosa aún en Cartier.

El único contacto que tiene Maureen más allá de su empleada (que la trata con desdén) y de su excuñada, es su novio Gary (Ty Olwin), a quien ve por comunicaciones electrónicas, ya que trabaja en Marruecos. Cada vez más es un apéndice de otra persona. Cuando se da cuenta que no quiere ser quien es, cosas extrañas comienzan a suceder. ¿Son reales o son imaginarias? ¿Quién le envía textos en su teléfono y cómo ha logrado saber de su vida y de sus secretos?

El filme comienza a ir en varias direcciones y bordea la clásica historia de fantasmas y espectros que plasmó mejor que nadie Henry James en “The Turn of the Screw”, cuento (y cinta) a la cual este le debe bastante sin ser una imitación del clásico y sin recurrir a trucos fílmicos para extraer reacciones del espectador, pero sin alcanzar su intensidad. Como es el caso en la narrativa de James, queda con el espectador interpretar si lo que sucede es parte de la realidad del personaje o de su imaginación. El director guionista asocia el interés de Maureen en el más allá y el mundo de los muertos que se comunican con los vivos a través de médiums, con el de Víctor Hugo y en una escena revierte a la época del gran escritor para hacernos partícipes de una sesión espiritista en su casa y para recordarnos que, como Hugo, Maureen también hace dibujos que representan los escenarios en los que se desarrolla su comunión con el más allá. Otra cosa que la película también quiere ser es un thriller con ribetes hitchcockianos, pero me pareció que ese esfuerzo se perdió entre los momentos incoherentes del guión.

Lo que es indiscutible de este filme poco satisfactorio es la actuación de Kristen Stewart. Poseída por la duda y el miedo, la actriz suprime su belleza para ir haciéndose una persona insignificante que vive atemorizada por la realidad y prisionera de sus fantasías. Es una actuación que augura un nuevo giro en la carrera de esta joven actriz.