
I. Residencia concluida:
No Me Quiero Ir de Aquí
La residencia de Bad Bunny en el Coliseo José Miguel Agrelot concluyó este septiembre de 2025 con un acto final titulado Una Más. Durante treinta noches consecutivas, la isla repitió un ritual colectivo: cantar para permanecer. Medio millón de personas desfilaron por el Choli para escuchar una consigna que trascendía lo musical: “No Me Quiero Ir de Aquí”.

El cantante Marc Anthony interpreta junto a Bad Bunny, Preciosa, de Rafael Hernández.
No era una simple residencia de lujo. Era un gesto político en un país donde migrar se ha vuelto el mandato estructural. Con deuda, apagones, desarraigo y pobreza, quedarse en Puerto Rico se parece más a un acto de fe y resistencia que a una opción personal. Bad Bunny convirtió la tarima en trinchera, en escenario de permanencia.
Pero el cierre trajo una paradoja, quizás no tanto desde la sociedad de consumo –y el consumo no es la compra–: Amazon transmitió el concierto final en Prime Video, Amazon Music y Twitch, y de paso anunció inversiones sociales en Puerto Rico —educación, agricultura, programas comunitarios— como parte de su alianza con el artista. Muchos lo aplaudieron como un logro; otros lo vieron como operación de márketing. La pregunta fundamental resulta inevitable: ¿puede proclamarse “no me quiero ir” desde un escenario financiado por la maquinaria de acumulación más voraz del siglo XXI?
II. Amazon y el eco de Tugwell
El arreglo con Amazon, sin proponérselo, parece algo así como una especie de eco lejano del proyecto institucionalista que Rexford Tugwell llegó a implantar en Puerto Rico durante su gobernación en los años cuarenta.Tugwell, último gobernador estadounidense nombrado por Roosevelt, diseñó un modelo de planificación económica que buscaba generar desarrollo endógeno. Una de sus creaciones más emblemáticas fue la Autoridad de Fuentes Fluviales (AFF), concebida para dar soberanía energética a la isla desde sus ríos.
Francisco Catalá Oliveras lo resume con claridad:
“La Autoridad de Fuentes Fluviales fue concebida como pieza estratégica de un proyecto de desarrollo endógeno, que pretendía combinar energía, agricultura e industria bajo planificación pública. Ese proyecto fue derrotado por la prisa y el servilismo de la industrialización dependiente.”
(Promesa rota, p.47)
Lo que Tugwell dejó como bosquejo de soberanía institucional fue desmantelado por Muñoz Marín y Teodoro Moscoso, quienes apostaron al capital externo y a las “fábricas golondrinas”. Catalá subraya:
“Lo que Tugwell dejó como bosquejo de soberanía institucional fue desmantelado por quienes, tras su salida, prefirieron vender el país como escaparate para el capital externo.”
(Promesa rota, p.112)
En esa traición se perdió la oportunidad de consolidar un desarrollo planificado y soberano. Se cambió el rumbo de la AFF (incluso, del país también), pensada para vincular energía y agricultura, por un modelo basado en petróleo importado y en la dependencia estructural.
Hoy, Amazon aparece en escena con programas de educación y agricultura ligados a un espectáculo cultural. La ironía es evidente: donde Tugwell imaginó instituciones públicas, aparece el capital corporativo con una caricatura privatizada de aquel sueño. El institucionalismo económico, abortado en los cuarenta, regresa como simulacro corporativo. Algo muy parecido a lo que indicaba Marx al comienzo del 18 Brumario de Luis Bonaparte.
III. La larga sombra de la dependencia
Para entender esta contradicción, hay que mirar el siglo completo. Catalá lo advierte en otro de sus textos fundamentales:
“El siglo XX puertorriqueño está marcado por la tensión entre proyectos institucionalistas y la imposición de modelos de dependencia. Cada vez que se intentó planificar, prevaleció el afán por complacer al capital externo.”
(La economía de Puerto Rico,1898–1998, p.23)
Ese diagnóstico sirve para leer lo que ocurre en 2025: la tensión no ha desaparecido, solo se ha transformado. Lo que antes fue un viraje de instituciones públicas hacia dependencia industrial, hoy aparece como alianza entre artistas globales y corporaciones transnacionales. La estructura se repite: el capital externo absorbiendo y mercantilizando la resistencia local.
Catalá lo dice sin rodeos:
“La renuncia al desarrollo endógeno, ejemplificada en el abandono del plan de la Autoridad de Fuentes Fluviales, es un hilo conductor para comprender la fragilidad económica actual.”
(La economía de Puerto Rico,1898–1998, p.55)
El gesto de Amazon, con toda su fachada filantrópica, confirma ese hilo conductor: el país vuelve a quedar atado al capital externo, incluso cuando se trata de cantar permanencia.
IV. La corte del rey Trump
Este espectáculo, sin embargo, no se da en un vacío cultural. Ocurre en un contexto político global marcado por el segundo mandato de Donald Trump. En teoría, Estados Unidos funciona con tres ramas de poder: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En la práctica, el Congreso se ha convertido en aparato servil y la Corte Suprema en consejo privado del monarca.
Lo que queda es un absolutismo coronado bajo bandera republicana. El derecho ya no se dicta por jurisprudencia, sino por obediencia. Y en ese clima, la diversidad cultural y la disidencia son perseguidas con saña: universidades castigadas, migrantes cazados, artistas vigilados.
Bad Bunny, con su residencia, se planta en el reverso de ese orden. Mientras Trump busca borrar diferencias, el artista afirma permanencia. Mientras el soberano dicta desde Washington que la república es su corte, Puerto Rico canta desde su Coliseo que no se quiere ir. La contradicción es evidente: se usa a Amazon, el coloso corporativo, para amplificar una voz de resistencia.Casi como si Bajtin señalara el camino del carnaval de Puerto Rico. Un carnaval que contesta políticamente, una vez más, como en el verano del 19.El emperador se convierte en súbdito.
V. Puerto Rico como espejo
Puerto Rico se convierte así en espejo del Imperio. Lo que aquí llamamos colonia —sin representación real, gobernada por una Junta de Control Fiscal que ya no es como las de antes — refleja lo que hoy es Estados Unidos bajo Trump: un pueblo gobernado por capital y por rey, sin verdadera democracia.
Lo que pasó con la AFF lo ilustra bien: un proyecto público de soberanía fue convertido en dependencia. De igual forma, las instituciones federales que se pensaron como contrapesos hoy se han rendido al poder presidencial. El laboratorio colonial se ha convertido en anticipo del autoritarismo imperial.
Bad Bunny, al cantar “no me quiero ir de aquí”, invierte la lógica: desde la colonia emerge un mensaje que desestabiliza al centro.
VI. Permanecer como acto revolucionario
Al concluir la residencia, Amazon se lleva su trofeo mediático y Bad Bunny se prepara para su gira mundial. Pero la memoria que queda en Puerto Rico va más allá del espectáculo: es conciencia de que permanecer sigue siendo un acto revolucionario.
El propio gesto de excluir a Estados Unidos de su gira —por temor a redadas migratorias— funciona como declaración política. No se canta libertad en tierra de persecución.
La contradicción sigue en pie: ¿usar al capital para resistir al capital? Sí, y ese es el filo de este momento histórico. Al igual que los guerrilleros que utilizaban las armas del ejército para combatir al ejército, Marx nos recordaría que las contradicciones no se resuelven ocultándolas, sino explotándolas. Bad Bunny ha explotado esa contradicción para que la consigna local se escuche globalmente.
Y aquí vuelve Tugwell: lo que el institucionalismo sembró con la AFF, lo que Catalá Oliveras documenta en su crítica, retorna en forma de espectáculo. No es la soberanía que se soñó en los años treinta, pero es un gesto cultural que mantiene viva la posibilidad de resistir.
VII. Palabra final y firme: No Me Quiero Ir de Aquí
El arreglo con Amazon es ambiguo. Tiene cara de filantropía y fondo de mercantilización. Pero al mismo tiempo, abre un espacio global para que la voz de Puerto Rico se escuche. Esa es la fuerza de la consigna: No Me Quiero Ir de Aquí.
Como señala Catalá, cada intento de desarrollo endógeno ha sido bloqueado por la dependencia del capital externo. Hoy, la paradoja es que esa misma dependencia sirve de altavoz a la resistencia cultural. En tiempos de absolutismo disfrazado de república, quedarse sigue siendo un acto revolucionario.
Referencias
Catalá Oliveras, Francisco A. Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell. San Juan: Ediciones Callejón, 2013.
Catalá Oliveras, Francisco A. La economía de Puerto Rico, 1898–1998. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, Unidad de Investigaciones Económicas, 1998.
Catalá Oliveras, Francisco A. Puertas abiertas: economía política de atrofias, transiciones y temores. San Juan: Ediciones Laberinto, 2010.
“Bad Bunny Closes His Puerto Rico Residency with Amazon Partnership.” About Amazon, 16 Sept. 2025, www.aboutamazon.com/news/entertainment/bad-bunny-puerto-rico-amazon-music-prime-video.
“Bad Bunny Lanza Con Amazon Music Una Iniciativa Educativa y Económica Para Puerto Rico.” Swissinfo, 15 Sept. 2025, www.swissinfo.ch/spa/bad-bunny-lanza-con-amazon-music-una-iniciativa-educativa-y-econ%C3%B3mica-para-puerto-rico/90008635.
“Bad Bunny No Se Quiere Ir de Puerto Rico y Anuncia Un Concierto Más.” Los 40, 16 Sept. 2025, los40.com/2025/09/16/bad-bunny-no-se-quiere-ir-de-puerto-rico-y-anuncia-un-concierto-mas-cuando-salen-las-entradas.
“Bad Bunny Left U.S. out of His World Tour over Fear of ICE Raids.” People, 12 Sept. 2025, people.com/bad-bunny-left-us-out-world-tour-fear-ice-raids-11808001.
Constitución de los Estados Unidos de América.1787.

