No nos queda ni el aire

No había risa, no había protesta alguna. Reinaba un silencio inmenso. Rodeados de decenas de policías armados que no permitirían que la palabra de disidencia penetrara el espacio de un Capitolio de cabeza hueca.

Un día nada extraordinario

Hace dos años había estado inconsciente durante seis horas. Debo de admitir que aunque nunca pueda rescatar esa página en blanco de la memoria, he recuperado la capacidad de vivir, apreciar y recordar cada detalle.