La educación universitaria a distancia no es una necesidad histórica y tampoco es la ruta del futuro. Cada comunidad específica saca mucho más provecho de discusiones cercanas y en vivo entre alumnos y recursos autónomos locales que de una discusión que se diluye en lo global.
Tan letal como el virus son nuestras prácticas agrícolas que destruyen los ecosistemas y el acorralamiento de animales para el eventual consumo. Estos modos, principalmente, han causado la pandemia.
A veinticinco años de la publicación del discurso del profesor Pabón, seguimos en tiempo de urgentes cambios. Los referidos “parches” a la Ley Universitaria se han hecho cada vez más frecuentes, mientras los problemas en la gobernanza se agudizan y la autonomía universitaria se menoscaba.
Negando el absurdo también se cierran las posibilidades. El absurdo puede ser mejor que entregarse irreflexivamente al veloz, privado y controlador ausentismo de tanta gente en el país y el mundo entero.
No es común encontrarse un libro con una interrogante en su título. Aragunde emplaza a la lectora. La reta: ‘¿Estás segura que la educación es algún modo de salvación? ¿En tiempos como estos? ¿En tiempos de disolución?’.
Cómo subvertir un servicarro, una carretera, la fuente de Plaza. Estos lugares no invitan a la gente a reunirse, a querer como país cambiar las cosas, a querer conspirar o a felizmente tramar algo serio y grande.
Si los MOOCs por fin hacen posible llegar con nuestros cursos a cientos, miles y millones de personas ¿cómo no vamos a darles la bienvenida? ¿Cómo vamos a oponernos a la democratización de la educación?