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Este texto articula, desde una voz íntima y crítica, la vida de Sergio D. Martínez Betancourt como una crónica de lucha sostenida contra la precariedad…
Por Gabriela Martínez Betancourt · 8 minutos
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En la barriada Houre, un niño crea su primer pincel en medio de la pobreza, conectando su vida precaria con el arte. José Rosa, atraído al mundo del grabado, se convierte en un reconocido artista guiado por maestros como Rafael Tufiño. Su relación con Analida Burgos, una artista solitaria desde niña, forja un diálogo artístico y emocional. Burgos, única mujer cartelista en el Taller del ICP, captura simbolismos sagrados y populares en su obra. Ambos, envueltos en la cultura puertorriqueña y en luchas personales, son reflejo de una vida dual, entre lo sagrado y lo profano, que resuena en su arte hasta la devastación de su hogar por el huracán María.
Por Jorge Rodríguez Acevedo · 11 de noviembre de 2024
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Rafael Aragunde narra un tramo significativo de su infancia en Cayey. Al caminar por la calle Segundo Ruiz Belvis, describe a sus vecinos y el ambiente del barrio. Jaime, lector apasionado de discursos de Fidel Castro, y Joselín, conductor de un camión de basura, representan las diversas ideologías presentes. La convivencia pacífica predomina, a pesar de las diferencias políticas. Doña Celia, ferviente estadista, y Paquillo, descendiente de chinos, ilustran la diversidad del vecindario. La vida cotidiana y las interacciones entre vecinos, como la compra del primer Mustang en Cayey, reflejan una comunidad en transformación y el arraigo cultural de Aragunde en sus primeras andanzas.
Por Rafael Aragunde · 9 de julio de 2024
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La apuesta sería clara: cultivar la potencia del deseo que habita en cada cual. Tomar su vida en sus manos es asumir la propia voz, en una apuesta por salir del lugar del infans que conjuga la incapacidad y el mutismo con la ausencia de perspectiva y de responsabilidad.
Por María de los Ángeles Gómez · 3 de octubre de 2014
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Aquel librito de carpeta dura color de rosa que nos dieron en primer grado, era bien extraño, le faltaban el color café con más o menos tonalidades de leche y los pelos crespos.
Por Carmen Rabell · 16 de mayo de 2014