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Cara a cara dos modelos: el agroindustrial y el agroecológico, ¿cuál debe ser nuestra ruta?


agriculturacaracaraSaludamos el 20 aniversario de la revista latinoamericana “Biodiversidad: sustento y culturas”.

Hace unas semanas la Cámara de Representantes de Puerto Rico llevó a cabo unas vistas públicas sobre la ley que pretende reglamentar la actividad agrícola en el Bosque Modelo en la zona central montañosa de la isla. En una ponencia del Departamento de Agricultura se argumentó en contra de las prácticas agrícolas sustentables, mientras se hacía una defensa a ultranza de la agricultura industrial de altos insumos externos y depredadora de los recursos naturales.1

La ponencia incluyó argumentos sin fundamentar que contradicen numerosos estudios y experiencias exitosas, que demuestran que las prácticas agrícolas ecológicas y sustentables tienen una enorme capacidad para producir alimentos en cantidad y calidad para aportar a la seguridad y soberanía alimentaria.2 La ponencia citada llama ‘usos agrícolas tradicionales’ a prácticas que se introdujeron a partir de los años cincuenta del siglo pasado. Esas prácticas surgen mayormente de modelos agrícolas industriales desarrollados para monocultivos en climas templados y suelos mayormente llanos, no necesariamente aptas para suelos inclinados en climas tropicales húmedos.

Esa agricultura es dependiente de la importación al país de enormes cantidades de insumos externos: abonos de síntesis química, todo tipo de pesticidas (herbicidas, fungicidas, nematicidas, plaguicidas, etc.), maquinaria pesada, semillas híbridas y transgénicas, entre otros. Por lo tanto, nuestra alimentación sigue dependiendo de las importaciones.

Además, ese modelo agrícola ha sido responsable en Puerto Rico de enormes impactos negativos documentados sobre la naturaleza: erosión de los suelos delicados de las montañas, sedimentación de cuerpos de agua y lagos, impactos sobre manglares y arrecifes, contaminación de aguas superficiales y subterráneas, destrucción de bosques y biodiversidad, entre otros. Además, se sigue ignorando la posible relación de esas prácticas, especialmente el uso de productos químicos tóxicos, con problemas de salud endémicos en nuestra población, entre ellos partos prematuros, diabetes y cáncer.3

Durante el siglo pasado, a partir de la revolución industrial y la extensión del paradigma reduccionista a todos los ámbitos de la actividad humana, se vivió una aceleración y aumento enorme de la capacidad tecnológica para interferir y modificar la naturaleza. En un siglo hemos visto una enorme intervención con consecuencias planetarias como el cambio climático, pérdida masiva de la biodiversidad, erosión extensiva de los suelos, depredación de los recursos marinos y contaminación de aguas. El modelo dominante ha perdido toda perspectiva a largo plazo, y parte de las metas a corto plazo y el lucro de una cantidad cada vez más reducida de personas y corporaciones.4

Mientras tanto, la verdadera agricultura tradicional es la que ha permitido a la humanidad evolucionar en acompañamiento con la naturaleza, crear culturas diversas adaptadas a casi todos los ecosistemas planetarios, y sustentar sociedades complejas como los romanos y griegos, los incas, etíopes y aztecas, además del despegue de las sociedades industriales del siglo 19. A pesar de que en esos procesos se cometieron algunos excesos contra la naturaleza, el manejo sustentable de los recursos permitió que la capacidad agro-productiva del planeta llegara prácticamente intacta hasta el siglo XX.

En otro lugar hemos argumentado que la agricultura puertorriqueña, que produjo 65% de los alimentos consumidos en la Isla para dos millones de personas en el año 1939, mientras exportaba azúcar, café, tabaco y otros productos, tradicionalmente incorporó tecnologías que hoy se consideran modernas y sustentables.5 Sostenemos que muchas de las prácticas tradicionales de la agricultura campesina -entendida como aquella que parte de una estrecha relación con el medio social y natural mientras se potencian las relaciones y ciclos productivos de los agreocosistemas- son cercanas a las modernas tecnologías modernas propuestas por la ciencia agroecológica:

“El rescate y afirmación de lo jíbaro [campesino puertorriqueño] aporta herramientas necesarias para manejar efectiva y exitosamente la complejidad que implica el desarrollo de un sistema agrícola y alimentario propio, eficiente, sustentable, económicamente viable y ecológicamente sensitivo. Es decir, movernos como país hacia la soberanía alimentaria mediante la agroecología.”

Los y las agricultores y campesinos asumen el protagonismo

Los argumentos a favor de un manejo sustentable y ecológico que los representantes de las organizaciones de la sociedad civil presentaron durante las recientes vistas públicas sobre el Bosque Modelo en Puerto Rico, y que se vienen ofreciendo en distintos foros y a través de los medios de comunicación, se apoyan sobre bases sólidas. En años recientes ocurre una confluencia de tres vertientes empíricas y teóricas importantes: la (re)valorización de la (verdadera) agricultura tradicional, campesina, familiar, local; el desarrollo de la agroecología en su vertiente académica; y una extensa experiencia con buenos resultados en agricultura sustentable en prácticamente todos los agroecosistemas del planeta.

En los años ochenta América Latina salía de un periodo de dictaduras salvajes en el Cono Sur, mientras Centro América había sido desangrada por guerras civiles, todo parte de políticas imperialistas. Como parte del empeño de exterminar cualquier vestigio de luchas sociales a favor de la justicia y la equidad, los sectores campesinos y rurales sufrieron una brutal agresión, no solo física sino también social y cultural. En una reedición de los procesos coloniales tras la invasión europea a partir del 1492, las prácticas agroalimentarias locales fueron, una vez más, marginadas en muchos lugares.

Mientras tanto, como algo novedoso y en ocasiones llenando el vació de los sistemas de agricultura tradicional denigrados y marginados, llegan al sur modelos de agricultura ecológica y sustentable, mayormente como parte de programas para el desarrollo auspiciados desde sectores progresistas del norte. Desde el llamado primer mundo, llegan los movimientos de agricultura orgánica, biodinámica, permacultura, entre otros. En aquellos años vimos cómo se promovían técnicas más propias de climas templados, como las camas altas abonadas, en distintos países de América Latina. A través de una estrecha colaboración entre los y las agricultores locales pequeños, los campesinos y los cooperantes del norte, los modelos fueron adaptados a las condiciones locales en Chile, Perú, Bolivia, Brasil, Colombia, Venezuela, República Dominicana, Nicaragua y en casi todos los países latinoamericanos.

Hacia mediados de la década de los noventa, muchos de los que trabajábamos en organizaciones no gubernamentales en apoyo a los derechos de los agricultores, anticipábamos un cambio estratégico importante en cuanto a los actores llamados a ser los portavoces de aquellas reivindicaciones. A través de contactos informales entre las ONGs y organizaciones de base social local se fue recuperando, ampliando, rescatando valorando una re-aproximación el ser campesino. A partir de entonces se unieron los campesinos, agricultores pequeños, pueblos indígenas, los pescadores artesanales, agricultores urbanos, y se fueron articulando las bases para la soberanía alimentaria, una nueva estrategia para las luchas a favor del control sobre la vida, que se lanzó en el 1996 en Liebzig, Alemania, por la Via Campesina, durante una reunión de la FAO, el organismo de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura. Las organizaciones locales de productores de alimentos y otros medios biológicos para el sustento, fueron consolidando sus propias estructuras organizativas a nivel local, nacional e internacional. Algunas de las ONGs para el desarrollo ceden el protagonismo, y pasan a ser aliadas estratégicas de los campesinos y sus luchas.

En aquel nuevo escenario, una vez los actores pasan a ser los mismos agricultores familiares, sus comunidades y organizaciones, se dan cambios importantes en las prioridades, tanto a nivel ideológico como estratégico. Las organizaciones campesinas deciden que no necesariamente es en los foros internacionales, en las estructuras de los estados o en la colaboración con instituciones de investigación bajo control de las multinacionales de la agroalimentación que mejor pueden adelantar sus causas. Desde lo local se trabaja sobre el control del territorio, la (co)gestión de la naturaleza, los derechos de las mujeres agricultoras, las decisiones sobre tecnologías apropiadas, el libre uso e intercambio de semillas y recursos genéticos agrícolas, el acceso a los mercados y los créditos, entre otras prioridades.

Mientras se va gestando el nuevo protagonismo de las organizaciones campesinas, en muchos países se consolida la crítica a la agricultura contemporánea depredadora de los recursos naturales y de altos insumos externos. A la par, se extiende la práctica de una agricultura alternativa. Esa forma distinta de hacer agricultura intenta aprovechar los ciclos naturales en el manejo de energía, nutrientes, agua y biodiversidad. Sustituye las prácticas altamente contaminantes por estrategias que no son residualmente tóxicas para la naturaleza y el ser humano, algo muy bien recibido por los movimientos ambientalistas emergentes. Prioriza la inserción local tanto en los aspectos productivos como en la distribución y mercadeo de insumos y productos.

La agroecología campesina

En un proceso paralelo al afianzamiento de los movimientos campesinos, se van consolidando redes desde sectores académicos –universidades como la Mayor de San Simón en Bolivia, Berkley en Estados Unidos, Córdoba en España, Santa Clara en Cuba- las cuales se entrelazan con ONGs que trabajan en agricultura local en Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Colombia, Centro América, el Caribe, entre muchas otras. Se llevan a cabo investigaciones sobre el conocimiento agrícola tradicional, se hacen adaptaciones locales y se articulan con las comunidades y sus movimientos. Toda esa actividad, nutrida de cientos de experiencias y procesada por instituciones respetuosas de la diversidad, sabiduría y cosmovisiones de los pueblos, consolida a la nueva ciencia de la agroecología como opción estratégica, una manera de ver la agricultura como parte de un paradigma de la complejidad.6

Muchas de las prácticas tradicionales de la agricultura campesina integran criterios de sustentabilidad ecológica y social que se nutren de y a su vez son integrados en la agroecología. Algunos ejemplos agronómicos son el manejo integral en el tiempo y espacio de la biodiversidad en los bosques, el uso diversificado e integrado de las parcelas para estabilizar los agroecosistemas, y estrategias en la agricultura de montaña para proteger y potenciar los ciclos de los suelos y el agua. En lo social existen una gran diversidad de propuestas comunitarias para compartir y colectivizar el trabajo, el uso de la tierra y el mercadeo de las cosechas.

Además de importantes innovaciones en lo agronómico, la agroecología plantea desde sus primeras definiciones que la agricultura es un hecho eminentemente social, tanto en el desarrollo tecnológico, como en el manejo de los recursos y la gestión de sus productos. Así se coloca a la mujer y al hombre en el centro de la cultura-del-agro, a la vez que se hace una crítica devastadora a la agricultura elitista que defiende una supuesta ciencia imparcial de pensamiento único, con frecuencia al servicio de las grandes multinacionales.

A veinte años de la revista Biodiversidad: sustentos y culturas

En los años noventa, junto a otros movimientos campesinos, el MST en Brasil comenzó a promover a la agroecología en sus asentamientos, capacitando, produciendo semillas ecológicas y creando infraestructuras apropiadas. Más recientemente, la Via Campesina ha integrado a la agroecología como parte de sus estrategias, tanto por su capacidad productiva ambientalmente sensitiva, como por la reivindicación a las fincas pequeñas y medianas como unidades locales de inserción comunitaria.

Entendemos que la agroecología en su expresión campesina es parte de un proceso dinámico de prácticas y generación de conocimientos, capacitación e investigación apropiada, en unión a los campesinos y pequeños productores. Tiene la capacidad de contribuir a la intensificación productiva en ecosistemas sensitivos. También hace un aporte importante a los procesos de recampesinización, allí donde, como en Puerto Rico, las culturas campesinas han sido devastadas.7

Al mismo tiempo, se generan espacios de reflexión, que incluyen instancias académicas y políticas solidarias, apropiados al desarrollo, crecimiento y consolidación de las organizaciones agrícolas de base comunitaria y local. La Revista Biodiversidad: sustento y culturas ha sido y es un eslabón en la construcción de ese encadenamiento solidario.8

  1. Departamento de Agricultura del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, Ponencia ante el Comité de Recursos Naturales en relación al Proyecto de la Cámara 1635 / del Senado 893, “Creación del Bosque Modelo de Puerto Rico,” 5 de junio de 2014, San Juan. []
  2. Varios autores han escrito extensamente sobre las ventajas de la agricultura sustentable y ecológica para logras seguridad y soberanía alimentaria en Puerto Rico, aportando una gran cantidad de referencias para respaldar los argumentos. En 80grados.net se encuentran varios de esos trabajos, entre ellos, los del agrónomo Ian Pagán-Roig y el que esto escribe. []
  3. “Revealed: the glyphosate research the GM soy lobby doesn’t want you to read.” The Ecologist, 2010. http://www.theecologist.org/blogs_and_comments/commentators/other_comments/686959/revealed_the_glyphosate_research_the_gm_soy_lobby_doesnt_want_you_to_read.html “Pesticides linked to type 2 diabetres.” Environmental Research, 2013. http://www.medicalnewstoday.com/articles/257045.php. “Pesticides Induced Diseases: Cancer.” Beyond Pesticides, Protecting Health and the Environment with Science, Policy and Action, 2010. http://www.beyondpesticides.org/index.php []
  4. Para una perspectiva desde la colonización europea de América, ver: Breve vistazo histórico a la pérdida de la biodiversidad a través de la agricultura depredadora, julio/agosto de 1995. Curso de maestría sobre Políticas públicas en agrobiodiversidad, parte del programa de estudios del Instituto Latinoamericano de Ecología Social (ILES), Montevideo. []
  5. Nelson Alvarez Febles, “Lo jíbaro como metáfora del futuro agroecológico,” 80grados, San Juan, 2014. http://www.80grados.net/lo-jibaro-como-metafora-del-futuro-agroecologico/ []
  6. Como un espacio de colaboración entre las instituciones solidarias y los movimientos campesinos, ver Observatorio de Soberanía Alimentaria y Agroecología (OSALA),http://osala-agroecologia.org/ []
  7. Peter Rosset y María Elena Martínez Torres. 2013. “La Via Campesina y la Agroecología.” En El Libro abierto de la Vía Campesina: celebrando 20 años de luchas y esperanza. http://www.viacampesina.org/es/index.php/acciones-y-eventos-mainmenu-26/17-de-abril-dde-la-lucha-campesina-mainmenu-33/49-uncategorized/articles/1732-el-libro-abierto-de-la-via-campesina-celebrando-20-anos-de-luchas-y-esperanza []
  8. El autor fue uno de los fundadores de la Revista Biodiversidad en 1994. El primer número de la revista se presentó durante un seminario internacional en septiembre del 1994, en Montevideo. El presente artículo se basa en uno que aparece en el número 80 de Biodiversidad, mayo 2014. http://www.grain.org/es/article/entries/4937-la-agroecologia-campesina. Para información sobre la revista y suscripciones (la versión digital es gratuita): http://www.biodiversidadla.org/ []

  • Gustavo

    Excelente artículo Nelson, gracias por seguir trayendo información y argumentos tan útiles al debate. Lo único que quisiera clarificar es que el proyecto de ley del Bosque Modelo no busca “reglamentar” los usos agrícolas en la región montañosa central, sino más bien, PROMOVER una transición (voluntaria, pero incentivada) hacia prácticas agro-ecológicas. En un momento se había incluido un inciso de reglamentación que prohibía el uso de transgénicos en la región, pero ese inciso fue eliminado por la fuerte oposición del DA