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El cine puertorriqueño en el 2012


cEl siglo 21 ha sido hasta el momento un período muy productivo para el cine puertorriqueño. Si en décadas pasadas la producción de largometrajes era intermitente e incierta, la combinación afortunada del formato digital-mucho más accesible en cuanto a presupuesto-y una nueva generación de productores y cineastas más emprendedora ha multiplicado la cantidad-y, con más frecuencia, la calidad-de las producciones puertorriqueñas.

Desde 2001, con el estreno de “12 horas”, Puerto Rico ha producido un total de 27 largometrajes, tanto filmes presentados en las salas de cine (“Taínos”, “Cayo”) como películas para el mercado en vídeo (“Una historia común: Tentación oculta”). Hemos visto nuevas producciones de cineastas veteranos (“Ángel”, de Jacobo Morales; “América”, de Sonia Fritz) y películas por jóvenes con el potencial de mantenerse activos (“Mi verano con Amanda”, de Benji López; “Maldeamores”, de Carlos Ruiz y Marién Pérez). Lo más interesante de esta cepa de películas es su versatilidad de temas y géneros, desde filmes serios sobre los efectos del bajo mundo de las drogas (“Ladrones y mentirosos”, de Ricardo Méndez Matta) hasta películas livianas para el público joven (“Casi casi”, de Jaime y Tony Vallés, “Party Time”, de Juanma Fernández-París), junto con filmes de lograda visión artística (“El clown”, de Pedro Adorno y Emilio Rodríguez).

2012 fue un año de afirmación de una nueva era en el cine puertorriqueño, al estrenarse tres películas que reflejan tanto el empeño como la diversidad que caracterizan la producción nacional en el nuevo siglo. Para la sorpresa de algunos, estos filmes recibieron el apoyo del público en sus corridas comerciales, lo que confirma el tesón de nuestros cineastas.

El primer filme del año fue “Los condenados”, estrenado en abril, y que representó el regreso a la realización de Roberto Busó García, trece años después de “Paging Emma”. Busó usa el género del cine de suspenso en una historia sobre cómo la hija de un ilustre médico desea restaurar la antigua casa donde su padre realizó su carrera, enfrentando el desdén de sus vecinos y una fuerza sobrenatural que apodera la casa. Con un elenco destacado (Axel Anderson, René Monclova, Daisy Granados, Dolores Pedro) y una ambientación y trabajo de cámara muy bien logrado, “Los condenados” es un esfuerzo meritorio al explorar un género de tanto potencial creativo para Puerto Rico como el suspenso.

Septiembre marcó el estreno del filme puertorriqueño más taquillero del año, “Broche de oro”, cuarto largometraje de Raúl Marchand. Responsable del excelente drama “12 horas” y de las comedias “Manuela y Manuel” y “Chiquito pero juguetón”, Marchand demuestra su versatilidad y talento al hacer una película de interés familiar, con un mensaje positivo sobre la amistad, los lazos familiares y la importancia de vivir la vida a plenitud. La química natural entre su elenco (Jacobo Morales, Adrián García, Diego de la Texera, Luis Omar O’Farril, Carlos Esteban Fonseca, Luis Raúl) y su agradable historia de un abuelo que acompaña a su nieto a un torneo de “surfing” en Loíza junto con sus mejores amigos recibió el éxito taquillero que mantuvo al filme en una respetable cartelera comercial.

La última película puertorriqueña del año, estrenada en noviembre, es de particular interés al ser una ópera prima realizada en parte por ser ganadora de un premio de $250,000 por parte del proyecto CoLab, iniciativa de la Corporación de Cine para promover la producción de óperas primas. “La espera desespera”, escrita y dirigida por Coraly Santaliz, asume el género de la comedia dramática en una historia con una base seria -cómo la crisis económica impulsa a un hombre con su esposa enferma de gravedad a intentar un robo a un banco- matizada con situaciones cómicas per derivadas de las dificultades de intentar sobrevivir en medio de momentos muy difíciles. El guión muy bien escrito, un elenco joven (Marisé Álvarez, Carlos Marchand, Linette Salas, Ricardo Álvarez) con la participación de algunos actores veteranos (Gerardo Ortiz, Willie Denton, Cristina Soler), y una excelente fotografía y edición marcan lo que es a todas luces el exitoso debut de una nueva cineasta.

Una iniciativa que se mantuvo activa durante el año y que seguirá activa en el 2013 es la Escuela de Cine de Puerto Rico, iniciada por el grupo Cine Movida en 2011. La Escuela de Cine ofrece un currículo amplio en talleres y seminarios en Guión, Dirección, Cinematografía, Sonido, Pos-producción, Actuación, Historia y Documental a precios muy competitivos. Parte de los programas de la escuela es el Conservatorio de Cine, un programa de cuatro años de estudios gratuito, por convocatoria. En un ambiente universitario donde los estudiantes se quejan de la falta de recursos técnicos y de lo elevado de los costos de estudios, la Escuela de Cine de Puerto Rico presenta una alternativa a quienes quieren estudiar producción de cine.

2012 fue testigo de un esfuerzo de colaboración por parte de la comunidad de personas involucradas en el quehacer fílmico en Puerto Rico, superando los intereses personales. La Asociación de Productores Cinematográficos y Audiovisuales de Puerto Rico (APCA) culminó el año con su Asamblea Extraordinaria en el Archivo General, bajo el título “El cine puertorriqueño se levanta”. Tema central de la asamblea fue la necesidad de fiscalizar la labor de la Corporación de Cine y protestar las enmiendas a la Ley de Cine que favorecen la atracción de producciones extranjeras por encima del apoyo a la producción nacional. La asistencia de sobre 300 personas a la asamblea demuestra el interés de los productores y cineastas puertorriqueños por hacer un frente común en defensa y apoyo al cine puertorriqueño.

Ante la producción de nuevas películas, la presencia de un nuevo centro de capacitación cinematográfica, y la iniciativa de la comunidad creadora de cine puertorriqueño, podemos despedir el año 2012 con agrado y esperanza para lo que promete ser un frente activo y fructífero para nuestro cine.