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Julieta: Más luto


En la subestimada “American Pastoral”, que reseñé en revistacruce.com hace unas semanas, el dolor que sufre una familia que pierde su hija a los complicados enredos del fanatismo se examina con fría precisión. No que el filme carezca de un planteamiento sensible ante la pérdida, sino que hay cierta distancia entre la madre y el padre que permite que analicemos el problema especial de la historia desde dos puntos de vista. En “Jackie” el luto nos arropa porque el asesinato nunca se justifica y porque a los que vivimos la época de JFK la memoria de su muerte es desgarradora. En esos filmes hay un descenso emocional de los personajes afectados por su pérdida que afina la nota dramática compartida por el espectador. En “Julieta” el descenso es hasta las profanidades del melodrama y la pérdida, se nos sugiere, parece ser temporal.

Basada en tres cuentos de Alice Munro publicados en The New Yorker en enero de 2004, adaptados a la pantalla por Pedro Almodóvar, esta película bordea la depresión crónica de Julieta (Emma Suárez), quien ha estado separada de su hija Antía por años sin saber nada de su paradero. Digo bordea, porque cuando se encuentra con Beatriz, una amiga de infancia de Antía, sepulta los planes que tiene para irse a Portugal con su compañero, para ir en búsqueda de su hija. Lo hace cada vez más deprimida, y nos parece que en vez de un filme de Almodóvar estamos, sin ser vistos, en el salón de espera de un psiquiatra.

Los que conozcan los cuentos de Munro sabrán lo distinto que es Canadá (donde se desarrollan sus cuentos) de España y de Europa, aunque, por supuesto, en los Pirineos hay nieve. Además, hay algo muy distinto en la sensación de leer a Munro y de ver lo que pone Almodóvar a nuestro alcance. Las adaptaciones casi siempre se apartan del original de una forma u otra, pero aquí sentí que el cineasta guionista había creado algo nuevo, algo que no hemos visto –y sin humor– en sus otras películas.

Están a la vista las tomas y composiciones espectaculares donde el rojo aparece como un brusco pensamiento, y algunos de esos intercambios verbales que hemos ido reconociendo como las huellas digitales de Almodóvar. Pero no hay ni una pizca de humor en el filme. Aún la aparición de Rosy de Palma resulta ser un preámbulo a una tragedia escondida. Es también novel para el director que el filme se presenta en un largo “flashback” que nos remite a “Mildred Pierce”. Aunque en el filme del 1945, el tema es distinto, el centro de la trama es también el luto emocional por la pérdida de la hija.

Los artistas, por supuesto, no tienen que proveer lo que el público espera de ellos, sino lo que sus adentros le llaman a recorrer por el laberinto complejo y complicado de la creación. Lo nuevo de Almodóvar es tan distante de “Los amantes pasajeros” que podríamos pensar que estamos viendo una cinta de un nuevo director. Esos periodos de transición de un artista pueden representar el comienzo de una nueva gran etapa o la caída de la llama creativa. Con Almodóvar no sabemos porque sus éxitos han sido tantos y tan duraderos que es imposible predecir en qué dirección nos ha de llevar. Solo hay que considerar que hace escasamente cinco años nos dio “La piel que habito”, una película profunda y hermosa cuyos simbolismos permiten verla varias veces sin que se agoten las visiones que la puesta en escena y el diálogo nos recrea.

Aunque el filme no está en esa categoría, comprueba la capacidad del director para manejar las actrices. En la transición de ser Julieta mayor Emma Suárez le da paso a Adriana Ugarte como la Julieta joven con la misma facilidad que esta vuelve a ser la Julieta mayor. Lo hacen con tanto aplomo y con un sentido tal de fluidez dramática que, a pesar de las disimilitudes físicas, no se nos dificulta aceptar la transición.

Estar de luto en la época de Navidad no es lo más deseado, pero a veces, es inevitable. ¿Podemos aceptar la transición de Almodóvar de la comedia negra al melodrama? Si es eso lo que nos indica este filme, solo lo sabremos cuando llegue la próxima contribución de este singular cineasta.