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Un boicot no es censura


Un boicot no es censura y una solicitud de retiro de un programa de televisión tampoco lo es. Es una reclamación legítima de parte de un sector que se considera ofendido por el contenido del mismo. Es oposición y no consentimiento al insulto gratuito. Es exigir una prueba de respeto. Eso no es censura. Es reivindicación.

Yo personalmente no habría pedido el retiro del programa de Antulio Santarosa. Hubiese dejado que el boicot siguiera su curso natural. Pero pedirlo no es un acto de censura como pretenden hacer los interesados en que se mantenga por razones propias o ajenas. Unos por sus intereses económicos en el programa que esperan recuperar, los otros porque reconocen su afinidad con el personaje y temen ser próximo blanco de la molestia pública.

Lo próximo que van a tratar de hacer esos grupos de interés, comenzando por WAPA y el mismo Santarosa, es tratar de confundir reivindicación con censura. Embrollar los conceptos para que no puedan distinguirse es una de las estrategias favorecidas por los operativos de control de daños. Si logran sembrar duda sobre si el boicot contra La Comay se ha convertido en censura, pueden declararse víctimas de una injusticia y justificar su permanencia. Nada más la justifica ya y lo saben. El mismo Santarosa debe estar loco por largarse para Orlando. Sabe bien que no podrá cumplir con su compromiso de enmienda como no lo ha hecho en el pasado, porque eso es parte de su personaje, ser soez. Y sabe que recuperar auspiciadores de la talla de los que ha perdido no va a ser tarea fácil.

La mejor maniobra de WAPA y sus creativos será tratar de engañar al país con un lloriqueo y una posición “digna” haciéndole creer a la audiencia que el boicot se ha ido de las manos y se ha convertido en censura. No quieren dar muestras de debilidad corporativa y van a recurrir a las tácticas que creen necesarias.

Hay que dar alante y poner los conceptos en su sitio. Porque ni se ha ido de las manos ni se ha convertido en censura. Es un boicot que ha tenido éxito. ¿Cúanto? Muchísimo más que ningún otro que recuerde el país.

Ya ha quedado claro en la discusión pública que boicot y censura no son lo mismo, como tampoco lo son libertad de expresión y libertad de prensa – los otros dos conceptos que han tratado de manipular en esta discusión. Y no por ignorancia. Se trata de una tergiversación deliberada por razones obvias.

La censura es un instrumento de represión que se ejerce desde el poder porque lo que conlleva es prohibir el contenido de un producto de comunicación, sea una obra de arte, un escrito o un programa televisivo. Para ejercer la censura, usted tiene que tener el poder de poder hacerlo. En nuestro sistema, el pueblo no tiene el poder de prohibirle nada a la empresa privada. Puede boicotearla y puede reclamarle respeto y hasta presionarla a que retire un producto del mercado. Pero prohibirle lo que se dice prohibirle, no.

Un gobierno puede censurar, una institución puede censurar, una empresa puede censurar. Usted como individuo puede censurar un programa de televisión desde su casa prohibiendo sintonizar el canal porque usted tiene la potestad en su casa. Pero un boicot no es un acto de censura. Un boicot es un evento de libre expresión y un acto de liberación. Se interpreta como un acto de poder ciudadano cuando tiene éxito, pero el poder se lo otorga la libertad de expresión no la autoridad sobre la expresión.

La empresa tampoco pueden reclamar que un boicot o una reclamación de retiro de un producto les esté obligando a cometer un acto de censura. No seamos ingenuos. Ella comete actos de censura todos los días al programar solamente lo que corresponde a su ideología. Responder a una reclamación del mercado no es cometer un acto de censura por petición. Las empresas retiran productos todos los días cuando no les convienen. Que no se hagan los pendejos.

También se ha traído por los pelos el concepto de libertad de prensa. Ojo, libertad de prensa no es el derecho que invocamos los periodistas. La libertad de prensa es el derecho a publicar y quienes publican son los que tienen los recursos para hacerlo y por lo regular cobran por el producto. Eso está siendo revisado en estos momentos ante la realidad que presentan las redes sociales en la que todos tenemos derecho a publicar. Pero lo cierto es que los que escribimos en las redes invocamos sobre todo el derecho a la libre expresión.

El derecho a publicar es el que invocan las empresas de comunicación. Lo que invocamos los periodistas es el derecho a la libre expresión nuestra y del pueblo en general, y el derecho a la información y su búsqueda escrupulosa y honesta con énfasis en la honestidad y en el escrúpulo. ¿Ven como son cosas bien distintas de las que estamos hablando?

Por eso Antulio Santarosa no puede ser considerado periodista, ni exigirle que se rija por las reglas de ética que nos guían a nosotros, o que las organizaciones de periodistas salgan en su defensa. Santarosa no es periodista ni ejerce periodismo. Es el animador de un programa de entretenimiento, en este caso peligrosamente insolente e insensible. Igual hay otros que han sido periodistas, abogados y profesores de algo, pero trabajan como animadores de programas donde el histrionismo y la necesidad de crear y alimentar un personaje lo convierten en programas de entretenimiento. No me malinterpreten, hay programas de análisis y de entrevistas que pueden ser considerados eventos de periodismo sin resabios. Pero hay otros que no y todos los conocemos.

Es necesario discutir los conceptos hasta la saciedad cuando momentos como el que vivimos nos dan esa oportunidad. Yo agradezco la que nos ha dado este momento.

Para terminar por ahora, no sé cuántos de los que discuten el concepto del boicot saben que gracias a uno existe la nación norteamericana, como bien nos recordó en estos días el colega Rei Millán en FB. Lo inició John Hancock en 1768 contra el té que importaban los británicos de la China y que Gran Bretaña quería atosigarle a los colonos con impuestos imperiales irrazonables. Hancock, a quien los británicos consideraban contrabandista porque importaba té de Holanda que no estaba regido por la Compañía Británica de las Indias Orientales, fue el incitador del boicot que provocó el Boston Tea Party, precedente de la Guerra de Independencia de Estados Unidos. El éxito de su boicot fue tal que me atrevo apostar que le valió poner esa firma que todos reconocemos en la Declaración de Independencia de Estados Unidos… y ser llamado libertador.

Moraleja: no es bueno entonces tomarse los boicots a la ligera porque a veces se convierten en motines que tumban imperios… como el de Antulio Santarosa.