Libre Asociación o ELA soberano: ¿una forma de independencia?
Basta con que los más de 400,000 puertorriqueños que anhelan y favorecen esa solución política soberana vayan despejando mitos, miedos y confusiones potenciales –y todo…
Ha sido profesor de Ciencia Política por más de treinta años en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, de cuyo Departamento de Ciencia Política fue Director. Ha publicado libros o artículos en Puerto Rico, Colombia, España, México, Estados Unidos, Jamaica e Inglaterra. Sus publicaciones más recientes son Puerto Rico ante los retos del siglo XXI: cambio económico, cultural y político en los inicios del nuevo siglo (Ediciones Nueva Aurora, 2007) y La gobernanza democrática en Caguas: Una nueva forma de gobernar (EMS, editores, 2007, coautor con Leonardo Santana y Zoraida Santiago). Entre sus temas de interés están la relación entre la política y las administraciones públicas, la visión de los puertorriqueños sobre el estatus de Puerto Rico y las relaciones con Estados Unidos y las nuevas experiencias de democracia participativa.
Basta con que los más de 400,000 puertorriqueños que anhelan y favorecen esa solución política soberana vayan despejando mitos, miedos y confusiones potenciales –y todo…
Los que más preocupan son quienes dudan por completo de la capacidad de ellos mismos y de los demás puertorriqueños para superar el “miedo al cambio” o para vivir “sin las ayudas estadounidenses a las cuales estamos acostumbrados”.
En un país como el nuestro donde la historia política se mueve a fuego lento, es todavía muy temprano para saber qué es viable de cara a una nueva consulta plebiscitaria.
Eso que corresponde a todos por derecho ni se discute, ni se somete a negociaciones por gustos o por intereses: sencillamente se cumple, se reconoce y se protege.
Ninguna iglesia, grupo o individuo debe pretender mover la “voluntad del estado” o la legislación en un estado de derecho democrático y laico para que se amolde a lo que es su ética privada.
Si el PPD ya no puede ser un partido de una ideología estadolibrista creíble y si el PNP perdió su razón de ser: ¿cómo es que continúan como los partidos fuertes y únicos en la vida política puertorriqueña?
En Puerto Rico demasiados ciudadanos desconocen cómo transitan los procesos de toma de decisiones sobre la política pública porque enfocan su actividad ciudadana exclusivamente en el voto y las elecciones.
Entregar la gerencia del aeropuerto por tanto como 40 años, si no hay controles adecuados por parte de nuestro gobierno para garantizar que nuestros intereses no terminen perjudicados, se parece bastante a una claudicación del patrimonio.
En este período de fiestas —y una vez superado el período eleccionario de 2012— todos quisiéramos “descansar” de la política. No obstante, la vida política democrática es de tal naturaleza que no puede detenerse.
Enmendar la Constitución y la ley electoral para facilitar la representación legislativa de los partidos pequeños es la alianza política más importante en este momento.
¿Cuándo un tercer partido podría ganar algún distrito en Puerto Rico? Nunca. Ni mudándose a un pequeño distrito todos sus favorecedores. Esto es así, sencillamente, por obstáculos propios de nuestro sistema político.
No es acertado suponer que el sistema de bipartidismo va a cambiar porque ahora hayan nacido nuevos partidos. La propia estructura de representación legislativa de nuestra Constitución es determinante.
Es vital que comencemos todos una campaña cívico-educativa a favor de enmendar nuestra constitución para ampliar los derechos políticos democráticos de los ciudadanos.