
Fotograma de Eddington, estelarizada por Joaquín Phoenix y Pedro Pascal.
[dropcap]E[/dropcap]stamos en mayo de 2020, en el pueblo ficticio de Eddington, Nuevo México. Su alcalde, Ted García (Pedro Pascal), como resultado de la pandemia de COVID-19, implementó el confinamiento y el uso obligatorio de mascarillas, siguiendo las órdenes del gobernador estatal. Todas las órdenes del alcalde las desaprueba el sheriff local, Joe Cross (Joaquín Phoenix), quien argumenta que dichas medidas violaban la libertad de “elección”. Él no usa mascarilla y defiende a quienes se quejan de su uso. Es tan torpe que, a pesar de ser asmático y, por lo tanto, susceptible a caer por COVID, piensa que todo el asunto de la pandemia es un “paquete chino”. Aunque su emocionalmente inestable esposa Louise (Emma Stone) y su madre Dawn (Deirdre O’Connell) entran y salen de su casa, es obvio que ambas sufren de paranoia y sucumben a las más tontas teorías de conspiración. Y, aun con eso en común, básicamente, están por dejarlo. No cabe duda de que el inconforme Cross (yo diría “crossed”) es un MAGA perdido. Tanto así que se postula en contra de García diciendo que es corrupto, pero usa el carro de sheriff para su campaña. Es idéntico a lo que hace el hombre en la Casa Blanca: usar todo a su alcance para sus propósitos y hacerse más rico, y más ricos a sus hijos. ¿Vamos a entrar en una cinta en la que las luchas políticas predominan?
Así lo parece, porque, tras enfrentamientos con Ted —quien se postula para la reelección, usando como bandera una campaña que permitiría la construcción de un centro de datos en las afueras del pueblo (¡muchos empleos!)—, Joe decide competir contra él, ante la desaprobación de la solitaria Louise. Recluta a los dos policías que trabajan para él como asesores de campaña. Pero, una noche, Louise y Dawn invitan a cenar a Vernon Jefferson Peak (Austin Butler), líder de una secta radical, y, durante una conversación sobre sus creencias conspirativas acerca de la pedofilia y la trata de menores (Epstein pronosticado), Louise insinúa que su padre abusó de ella.
Mientras tanto, Eric, el hijo de Ted, participa en las protestas de Black Lives Matter junto a sus amigos Brian y Sarah, defensora de la justicia social. ¿Ahora qué? ¿Las causas liberales van a luchar contra Cross? Sarah intenta, sin éxito, persuadir al policía negro Michael Cooke (Micheal Ward) para que se una a su causa. Después de todo, le dice, ella es blanca y nunca ha sentido el racismo como tiene que haberlo sentido él.
La situación se va llenando de tensiones. Por ejemplo, para inclinar la balanza a su favor, Joe afirma durante un evento de campaña que Ted agredió sexualmente a Louise. Ella se marcha de la ciudad con Vernon después de negar las acusaciones en un video en línea. ¿Será todo culpa de Biden y de Obama?, como dice el que ahora habita la Casa Blanca.
Al día siguiente, en una fiesta de recaudación de fondos para la campaña, Ted enfrenta a Joe y lo abofetea frente a los invitados. De pronto, esa noche, la película toma un nuevo rumbo y se convierte en un thriller de asesinatos. Joe mata a tiros a un vagabundo y arroja su cuerpo a un río cercano. Luego, se convierte en francotirador y asesina a Ted y a su hijo Eric en su casa, simulando un ataque de Antifa.
Mientras tanto, un misterioso avión privado con extremistas fuertemente armados se dirige a Eddington. La oficial Butterfly Jiménez, de la tribu Pueblo, se involucra en la investigación, ya que Joe disparó el rifle en territorio de dicha comunidad. Joe incrimina a Michael como el asesino para desviar la atención, pero Butterfly establece conexiones que apuntan a él.
Eddington es atacado por extremistas (¿serán enviados desde Washington?), quienes secuestran a Michael y provocan varios incendios. Joe y su otro ayudante, Guy, encuentran a Michael en el desierto, donde este intenta advertirles que no se acerquen. Un explosivo, controlado por un dron, detona, matando a Guy e hiriendo gravemente a Michael. Lo que sucede después, cuando la cinta se convierte en una especie de capítulo al revés de la serie S.W.A.T., tendrán que verlo.
Si es posible ir saltando de etapa en etapa en las varias metamorfosis de la película sin obviar los mensajes secretos del director-guionista Ari Aster, el filme se queda en un nivel de “B menos”. Una pena, porque, de haber seguido una línea paródica recta, pudo haber alcanzado al espectador promedio que ha visto casi todo esto en las redes sociales y en la televisión, excepto en FOX TV.
