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Racismo Boricua: Home Made y Premium

10 de agosto de 2025 by Yvonne Denis Rosario Leave a Comment

El presente texto es la presentación del libro de Luis Rafael Sánchez, que hiciera la escritora Yvonne Denis Rosario al libro de Luis Rafel Sánchez, presentado durante la noche del pasado 9 de julio de 2025.

Buenas noches.

Muchas gracias al maestro Luis Rafael Sánchez y al Sr. Cristóbal Pera Román, de la Editorial Planeta, por la invitación. Agradezco la compañía del Dr. Denise Alicea, así como a los organizadores.

 

[dropcap]C[/dropcap]omo cuentista, quiero comenzar comentando la pertinencia de mi presencia aquí. El origen fue en Caguas, Puerto Rico: un acercamiento que me alegró muchísimo. Recuerdo nítidamente ese día en que la cineasta Ivonne Belén me haló por un brazo para que saludara al autor. Entonces, luego de los abrazos afectuosos de rigor, sacó, de manera muy sospechosa, un papel de su portafolio. Era la portada del libro. Aunque ya habíamos conversado telefónicamente sobre la publicación, y yo tenía curiosidad e intriga por saber qué traía, la imagen me resultó conmovedora.  El título me dejó cavilante, y aún más cuando me solicitó que lo presentara. Me sentí muy honrada.  Gracias.

Quiero hacer algunos comentarios del libro y luego realizar algunas preguntas al autor.

Piel sospechosa (Seix Barral, 2025), de Luis Rafael Sánchez, es el tratamiento cronológico, selectivo, y el trasfondo obligado de un acercamiento constante a una temática en la que la piel protagoniza los cuerpos. La cubierta es de alta interpretación: una mirada de denuncia, una certeza de saberse sospechoso, un conocimiento cabal de quien mira, con las características fenotípicas de una piel curtida, que en manos cobija y sostiene a un niño que igual se enfrentará —o no— a las mismas condiciones de quien lo acompaña. Dependerá de concientizar y arrancar los mitos del racismo de raíz.

Portada del libro de Luis Rafael Sánchez, Piel Sospechosa, publicado por Seix Barral

El autor es sospechoso —y culpable— de muchas intrigas raciales que ha denunciado desde las letras. Este recorrido ensayístico conforma una trayectoria directa, sin tapujos, hacia un tema recurrente que se sigue soslayando: el racismo del que no queremos hablar nunca. Este texto también es una guía antirracista puertorriqueña, una construcción de conciencia desde lo nuestro, desde el ayer hasta el presente.

Algunas generaciones pasadas —si no todas— deben someterse al estudio de este libro, porque desde tiempos anteriores su análisis sostiene lo que hoy apenas vamos comprendiendo: el prejuicio racial persiste, se sostiene y se acrecienta en estos días, en que las sospechas nos rodean y hasta podemos ser apresados.

Podemos debatir sobre una piel sospechosa, pero… ¿y qué del que sospecha de la piel? Ese o esa, esos que la negrofobia los atormenta. Que, en su micromundo, agreden a la otredad. Es posible que estén aquí sentados y aún no reconozcan su racismo. Sánchez es contundente en sus apreciaciones: le tira directo a los blancos. Espero que no se molesten. Tómenlo con conciencia desde su privilegio, pero tómenlo. Al fin y al cabo, es una sabrosa fiesta de la lengua, como articula Rafael Falcón en El tema del negro en el cuento puertorriqueño, cuando desmenuza, en el autor, esa corriente literaria mulata. Y también debemos tomarlo: su lenguaje de rica cantera popular —palabras de Falcón— para entender las dinámicas existenciales de los que poseemos estas pieles sospechosas. Leer a lo puertorriqueño para entendernos, y actuar en consecuencia.

Esta colección de ensayos busca que entendamos, y nos entendamos. Hay legislación que ha intentado lidiar con el prejuicio racial, pero el racismo se vive y se manifiesta de muchas formas. Se trata de hablar de lo puertorriqueño, de lo popular, de lo decolonial, para comprender nuestro racismo. Se nos olvida que, además de la intromisión de Colón, los africanos fueron esclavizados, forzados a venir a esta isla caribeña, que no ha cesado en mirar con sospecha a sus descendientes. El recorrido del autor va alineado a denunciar eso que él llama nuestras «antipatías raciales» (p. 54).

La palabra antirracismo no aparece en estos ensayos. A mi parecer, este recuento es para todos: para el señor esperando la guagua en la parada aquí al frente, para el que vive como rico, entre pobres, en y de nuestro Santurce cangrejero, donde habitan muchas pieles sospechosas —dominicanas, haitianas, cubanas, emigrantes. Por eso, nos corresponde leer con una amplitud de humanidad y empatía.

Nuestro racismo es diferente, y es atendido por Sánchez para quebrar el lenguaje racista —no sin antes detenerse a analizar el del Norte—, para generar una comparativa prudente. Así comienza su texto, que de alguna manera valida a nuestros ya ancestrales estudiosos que también lo habían expresado: hay que reconocer ese tercer piso desde donde se sostiene lo que somos. Repasemos a Betances, Alonso Pizarro, Barbosa, Derkes, Dessús, Schomburg, Ferrer Canales, Isabelo Zenón, y otros tantos intelectuales negros y negras como Sor Marie Seraphine Gotay, Celestina Cordero, Pura Belpré, Francisca Suárez, Cecilia Orta Allende, que luchamos por visibilizar en los estudios afro. Sostengo que el autor recorre esas voces de manadera indirecta y sin mezquindad.

Luis Felipe Dessús, en un poema poco conocido frente al colonizador, gestaba esa mulatez de la que Luis Rafael Sánchez ha discurrido:

“Yo soy indio y africano; borincano
donde razas muy ardientes confluyeron:
soy la vida, soy la llama.
Mis abuelos no me dieron ni perfiles
ni colores seductores, pero escucha:
las cadenas que a mis razas humillaron,
en las venas rabia y fuego le dejaron.”

 

Me parece relevante hablar de lo negro desde la cuentística, desde donde más abundantemente se han tratado los temas del prejuicio racial por nuestras tradiciones orales. Es uno de los géneros que cultiva el autor, y que aborda ampliamente las discriminaciones sociales. A partir de ahí —en la caracterización de personajes populares, marginados, peculiares— se concretizan elementos que nos identifican como afrodescendientes, mulatos, negros, y se da el paso hacia la crítica desde la ensayística.

Pienso, de repente, en En cuerpo de camisa (1966), texto de colección en el que en cuatro de sus relatos los negros son el foco principal, reseñado en su momento por la Dra. Luce López-Baralt. Convergen allí las mismas voces, los mismos actantes reales de nuestra cotidianidad, que hoy Sánchez nos recupera en Piel sospechosa. Me percato de que la realidad social sigue siendo la misma, como un círculo viciado de un “Puerto Rico urbano, colonizado, moderno y dependiente”, como expresaba Carmen Vázquez Merced. Es impensable no ver la correlación directa entre ese “perro gringo” del colonizador —dispuesto a mordernos una y otra vez, olfateando nuestro origen negro.

El autor lleva tiempo señalando las pieles sospechosas. No para perseguirlas —ya han sido perseguidas durante siglos—, sino para que entendamos el alcance nacional y global del discrimen racial. La invitación es firme al final de su prólogo: Lector, dedícate a lo tuyo.

Yo me he dedicado a lo mío. Hay una tradición cultural e intelectual de no querer adentrarnos en estos temas porque implican señalarnos unos a otros. Pero sus ensayos, publicados en diversos medios, son directos, precisos, sin adornos. Y, si se me permite la adulación, admiro la claridad con la que se entienden y nos golpean.   Su primer ensayo es de 1973 y recobra vigencia.

La gente de color (p. 19) explicita las diferencias entre la colonia y la metrópoli. Aquí no hay segregación, ni eso de que “no se aceptan negros”: tenemos un racismo home made. El texto recopila hechos conocidos por todos, superados algunos, pero vigentes muchos. Como él expone: “El prejuicio racial puertorriqueño tiene una salud de hierro.” (p. 27). Es una metáfora para el carimbo. Le llama virus, un COVID diría yo,  manifestado en comentarios ofensivos, microagresiones, que todavía se escuchan, y que en estos años del antirracismo, detrás de todo, sigue prevaleciendo el deseo de inferiorizar a los negros.

En los noventa, Sánchez reflexionaba ya sobre Mandela y el fin del siglo (p. 33), quien no podrá indicarnos jamás las consecuencias de la segregación y, como expresa, “dar cuenta de los daños causados a todos los hombres y todas las mujeres de la tierra por la práctica del apartamiento racial” (p. 36). Habida cuenta de que los “prejuiciónamos gustosos”, como el autor los llama, podrían estar aquí, en este recinto —no es el santuario de Aguadilla. Y aunque antes muchos aliados blancos han procurado entender el fenómeno del racismo, de la segregación, del desmantelamiento del segregacionismo, no han tenido el éxito que el sacrificio en piel y dolor de Nelson Mandela dejó: su derecho, legitimado por su misma naturaleza humana, a un mundo libre, equitativo, mejor (p. 39).

El lector tiene que dedicarse a lo suyo, instruirse, y entender Las señas del Caribe (p. 43), que nos remiten a lo afroantillano, a nuestra música popular que nos trastorna, a nuestras letras pietruscas, porque el Caribe suena, suena. Porque el Caribe es negro. Porque aprenderá el lector, que el que no tiene dinga tiene mandinga —lo ha dicho Fortunato Vizcarrondo, ya lo sabemos. Vale, entonces, entender este recorrido de peripecias puertorriqueñas, dominicanas, cubanas. Como dice el autor: “El son, la prietura y la errancia definen el Caribe”. Son los mismos que todavía se enfrentan, unos y otros, al siglo de hoy, donde sus pieles y orígenes están a merced de la deportación trumpista.

¿Dónde cabe tanto racismo? ¿Por qué el pelo es “malo”? Así esboza uno de sus ensayos. ¿Por qué endemoniar el cabello afro, crespo, las marantas, el popcorn, los rizos, dreadlocks, trenzas coloridas? Es un contundente reclamo de Sánchez, desde la ilógica idea de personificar de forma degradante las hebras y adjudicar un comportamiento ofensivo. Pelos “sospechosos” que pululan entre la juventud, donde sobresalen los afrodescendientes y quienes llevan a África en el ser. ¿No es acaso contradictorio hablar de “pelo malo”, pero desear El bembo y la piel canela, labios gruesos, nalgas pronunciadas, contornos que asemejan el cuerpo estético negro, pero sin que se piense que lo son?

Entender estos ensayos es comprender al país en puertorriqueño. Es cuestionar nuestro racismo irracional. Es, inclusive, revisar la musicalidad de la letra de las canciones que remiten a la bufonería negra —debatibles— pero que han sido una manera de divertir y ofender. Leerlos con receptividad hasta el último ensayo y educarnos hoy no importa el color de la piel.

 Ya es tiempo de exigir la revolución de las conciencias, como dice nuestro autor, después de haber visto sentado un presidente negro en la Casa Blanca de los presidentes blancos. Después de pedirle a ese dios que parece no existir que borre el calvario del pueblo haitiano, de una vez y por todas. Y que podamos salir del closet racial con la certeza de nuestra belleza negra, no importa la maldita negrofobia existente.

Luis Rafael Sánchez ha sido “sospechoso” también porque es antillano, mestizo, “mulato” —un término hoy debatido en los estudios afrocontemporáneos—.  Lo políticamente necesario hoy es hablar de afrodescendencia, de negritud, de melanina, más allá del cabello o los rasgos. Por alguna razón obvia, las Naciones Unidas han extendido el Decenio sobre los afrodescendientes hasta el 2034. Pero hace tiempo que el mulato Fortunato Vizcarrondo, desde el verso, alertó del racismo: “¿Dónde está tu abuela?” Tenemos que seguir buscándola, para visibilizarla y atacar el racismo

Piel sospechosa podría ser —con todo sarcasmo— el nuevo encasillado en los formularios oficiales: en la Policía, en el Departamento de Salud, en el Registro Demográfico, en CESCO… para decidir si se otorga una licencia a alguien “de piel sospechosa”. Seguirá siendo el criterio que justifique la detención o el allanamiento de una persona. ¿Por qué lo detuvieron? Por su piel sospechosa. Ya puedo ver el documento institucionalizado. Será el inciso principal de cotejo de la HSI (Servicio de Control e Inmigración de Aduanas), cuando reclamen el criterio que utilizaron para detener a un transeúnte, o sacarlo a la fuerza de su casa, trabajo u oficina médica.

En En cuerpo de camisa, Sánchez recorre cuerpos que fue incorporando a toda su literatura. En esta nueva entrega —muy cuidada— recoge las pieles que aún son cuestionadas. Luis Rafael Sánchez ha sido contundente. No hay paños fríos. Ni tibios. Hay, en estos recuentos, un consistente señalamiento de un racismo sistémico y personal. Porque, al fin y al cabo, si observamos a nuestro alrededor, en las instancias de poder hay un impedimento sutil del progreso de las pieles sospechosas. No se trata de unos prieticos, negritos, grupito, cuota: se trata de combatir la maldita negrofobia, de lograr un pensamiento antirracista, y una inclusión real de todos, todas y todes.

Referencias:

 

Falcón, R. (1981). “El tema del negro en el cuento puertorriqueño”. Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Sánchez, L. R. (1966). “En cuerpo de camisa”. Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Sánchez, L. R. (2025). “Piel sospechosa”. Seix Barral.

Vizcarrondo, F. (1977).  “Dinga y mandinga” Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Vázquez Merced, C. (2000). “Puerto Rico urbano, colonizado, moderno y dependiente”. Revista de Ciencias Sociales, 43(1), 45–60.

Dessús, L. F. (ca. 1930). “Poema inédito”. Archivo de la Biblioteca Nacional, San Juan, Puerto Rico.

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Yvonne Denis Rosario
Yvonne Denis Rosario
Yvonne Denis Rosario (San Juan/Carolina, 1967) Es escritora y profesora de la Universidad de Puerto Rico recinto de Río Piedras. En el 2024 recibió el Primer Premio Nacional en la categoría Literatura infantil y juvenil del certamen literario del PEN de Puerto Rico Internacional, Inc. por su cuento Sra. Singer y el ganso negro (2023). Autora de varios libros premiados como: Capá prieto (2009), Bufé (2012), Delirio entrelazado (2015), Sepultados (2018) y El mito literario Yoruba en la mujer negra caribeña (2021). Su obra literaria ha sido representada tanto en el teatro, como en la cinematografía y en documentales. La Universidad de Puerto Rico en Carolina le dedicó su Primera Feria de Libros en el 2024, y el Municipio Autónomo de Carolina, su Undécima Feria del Libro Infantil en 2025. Ha sido reconocida Egresada de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Universidad del Sagrado Corazón y doctorada del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe donde también obtuvo estudios en Arqueología. Denis Rosario es una autora polifacética e interdisciplinaria que ha incursionado tanto en la literatura, el periodismo, la fotografía, como libretista y guionista. Editorial EDP ha incorporado su obra literaria en su catálogo de autores. Colaboró activamente como la coordinadora inicial en Sankofa: Guía de Enseñanza Antirracista proyecto comisionado por el Departamento de Educación de Puerto Rico y publicada por Plaza Mayor. Se mantiene activa y discurre por el mundo como invitada especial en universidades, instituciones y ferias internacionales en representación de la intelectualidad afropuertorriqueña. Más información en su sitio web: www.yvonnedenisrosario.com
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