A los amigos betancianos

Desde París, Paul Estrade convierte su saludo en una lección moral sobre Betances: no el busto quieto del prócer, sino el hombre entero, atravesado por dignidad e indignación. Relata cómo la Revolución Cubana lo llevó a Martí y, desde los archivos franceses, a descubrir en 1970 al puertorriqueño que ardía en el centro de la independencia antillana. Desde entonces, su obra —junto a Félix Ojeda Reyes y otros compañeros— rescató al Betances francés, periodista, diplomático, higienista, escritor y conspirador de la libertad absoluta. El texto insiste en que venerarlo no basta: hay que leerlo como método de acción contra imperios, bloqueos, guerras y atropellos. Betances vive cuando la memoria deja de ser ceremonia y se vuelve deber insurgente. Sin esa acción, la patria vuelve a quedarse en vitrina decorativa, muda.




















