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El efecto “Sanders”


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Sí, soy sanderista, soy un traidor. Y ahora….¿discutimos de política?” Esta frase parafrasea la reacción de Manuel Monereo, cabeza de lista de Unidos Podemos por Córdova1, a las denuncias de “traición” que ha recibido de parte de sectores ortodoxos de la izquierda española por apoyar la confluencia electoral entre Izquierda Unida y Podemos. En Puerto Rico, diversos sectores identificados con la “izquierda” que han apoyado a Bernie Sanders han recibido las mismas descalificaciones moralistas, las mismas imputaciones de “traidores”.

No se trata de pura coincidencia. Este tipo de descalificación se hace desde discursos que se arrogan la suprema autoridad moral y política sobre todos los asuntos y que entienden que pueden decretar prohibiciones, excomuniones y dictaminar así quién es traidor de la “sagrada causa” o quién colabora con el “enemigo”. Apenas se rasgue un poco en sus “razones”, será evidente que no se trata realmente de un discurso político, sino de una retórica dogmática, tanto como la religiosa. Este tipo de descalificación de plano no discute ni está dispuesto a discutir política; en el fondo invoca y se nutre de preceptos incuestionables, incluso “sagrados”, más allá de cualquier ejercicio de debate y discusión.

Pero Monereo los desarma: “sí soy un traidor, ¿podemos ahora discutir de política?” Su señalamiento desarticula la denuncia moralista y en cambio lanza una invitación a la discusión política pero a sabiendas de que una condición necesaria para esta es no reconocer la autoridad de quienes hacen las proscripciones políticas: en el caso de Monereo, la izquierda ortodoxa, en el nuestro, la tradición hegemónica del independentismo.

Para que pueda haber discusión política tiene que partirse desde un lenguaje laico, centrado en el contexto que le pertenece, estar siempre dispuestos a revisitarse, y hacer caso omiso a las “autoridades” que se han autoconstituido en los custodios inapelables de lo que está “bien” y lo que está “mal”, en los que pretenden dejar inamovibles e invariables los términos de la discusión. Esto, reconozco, representa más dificultad para quienes se identifican como independentistas y apoyan a Sanders, que para quienes no nos identificamos políticamente como independentistas o con una subjetividad política a partir de una fórmula de “status”. Pero es preciso insistir que solo así podrá haber una discusión libre de chantajes y (auto)censuras moralistas.

Por un lado, los independentistas a favor de la candidatura de Bernie Sanders sienten la urgencia de defenderse (ante los ataques de todo tipo), de afirmar que su creencia política no está reñida con este apoyo a un “político americano en unas primarias presidenciales ajenas a nuestro país”. Si los independentistas que apoyan a Sanders quieren mantenerse pidiendo “autorización” para hacerlo respondiendo a las denuncias y chantajes del independentismo más tradicional, y esgrimiendo su carnet de autenticidad, ese es su derecho, pero sospecho que las discusiones políticas más provechosas del fenómeno de Bernie andan por otras coordenadas.

Me parece que este “debate” entre independentistas tal cual se ha fraguado no va a permitir que se transite hacia las cuestiones sustantivas, es decir, hacia los contenidos de justicia política, económica, social, ambiental, sexual y racial que vertebran la campaña de Sanders y sobre los cuales tendríamos tanto que discutir.2 Por el contrario, se quedarán girando intransitivamente en torno a esencialismos identitarios.

En el caso de los que apoyamos a Sanders, porque nuestra subjetivación política asume la centralidad de la llamada cuestión social(ista) o de una política de lo común, no debería preocuparnos la “guerra civil” del independentismo en crisis. Tampoco deberíamos ocuparnos de las descalificaciones y proscripciones políticas provenientes de la ortodoxia de este imaginario con el que no nos identificamos políticamente. En todo caso, los sectores más tradicionales y ortodoxos del independentismo no son nuestros interlocutores. Parece estar claro que con estos sectores no hay condiciones mínimas para sostener una discusión política, propiamente entendida, pues sus coordenadas discursivas son moralistas, no políticas. Este tipo de ejercicio es un esfuerzo completamente fútil pues nos mantiene “discutiendo” dentro de ese limitado universo discursivo y respondiendo al “mandato” de estos sectores. Igualmente, tampoco debemos sentirnos interpelados por las disputas “ideológicas” entre los “soberanistas” que apoyan a Sanders (por las razones que sean) y los estadolibristas que endosan a Hillary Clinton.

En nuestro caso podemos poner nuestras energías en una discusión política sin cortapisas ni chantajes. Una discusión que se haga la interrogante de cómo se puede contribuir a crear las condiciones para generar un movimiento anticapitalista y democrático radical en el contexto del dominio neoliberal que impera en el globo hoy. Como punto de partida para esa discusión propongo la siguiente premisa: la candidatura de Bernie Sanders y el movimiento político que lo apoya constituye un fenómeno político en los Estados Unidos. Esta candidatura ha recibido el apoyo de millones de electores –particularmente jóvenes- y ha generado un amplio y masivo movimiento político (que él llama a political revolution). El sanderismo ha alterado los términos de la discusión política en los Estados Unidos y ha puesto en el centro del tablero político estadounidense la palabra “socialismo”. Como he señalado sobre Sanders:

Su candidatura y movimiento son expresión de un momento político inconcebible hace una década. Representan, con todo y sus limitaciones, un punto de partida hacia una posible radicalización democrática y social en los Estados Unidos (y más allá de este país), una suerte de fisura o grieta que puede generar (gane o pierda la nominación presidencial Sanders) una condición de posibilidad para una alternativa “socialista”.3

La articulación de un movimiento “socialista democrático” de masas más allá de las elecciones podría ser el más importante resultado político de esta campaña en el largo plazo. Y esto sería una importante novedad en el panorama político de los Estados Unidos desde el fin de la Guerra Fría. De esto ocurrir tendría una importancia muy significativa no solo para los Estados Unidos (y por extensión para Puerto Rico), sino a escala global.

Si usted no está de acuerdo con este movimiento político, y favorece el status quo del neoliberalismo, pues es obvio que no va a apoyar a Sanders, pero si favorece las propuestas de orientación social democrática de su campaña y lo que estas pueden significar en términos del mejoramiento de las condiciones de vida de millones de personas y de la lucha por la igualdad económica y social de los sectores más vulnerables afectados por las políticas de austeridad neoliberales, entonces ¿por qué no apoyar la candidatura de Sanders y el movimiento sanderista?

Reducir, como ha hecho el discurso independentista tradicional u ortodoxo, la discusión sobre Sanders y el sanderismo a la cuestión de si se debe o no participar (por razones de “principio”) en las primarias demócratas es una miopía que soslaya las implicaciones políticas del avance de una alternativa “socialista democrática”, esto es, los contenidos políticos sustantivos que están en juego en este proceso. Limitar así la discusión -que forma parte de la acción política- es operar desde un ombliguismo insularista, que privilegia únicamente y sobre todas las cosas un esencialismo identitario que no es capaz de cuestionar su “pureza”, que no quiere “contaminarse” con lo norteamericano; cómo si el proceso político que está ocurriendo en los Estados Unidos nos fuera ajeno, cómo si no nos impactará lo que allí se decida, cómo si no fuera importante que tenemos la oportunidad de incidir y contribuir a este proceso que afecta a millones de personas en este país y a tantos otros allá (incluyendo a 4 millones de puertorriqueños).

En el fondo, se trata de dos perspectivas encontradas: una, que se enuncia -directa o indirectamente- desde una óptica vinculada a un nacionalismo estrecho y esencialista (o como mínimo relacionada a una incomodidad “puertorriqueñista” innombrable); y la otra, que apuesta a la solidaridad transversal con los sectores afectados por el neoliberalismo y que articula la política desde una perspectiva social(lista) que no se limita al territorio insular(ista).

Por otra parte, las reacciones parecen indicar que la candidatura de Bernie Sanders es un fenómeno que inesperadamente está desestabilizando las concepciones políticas tradicionales y anquilosadas en Puerto Rico. Los lineamientos políticos parecen tomar nuevas formas y todo movimiento que desafíe la inercia política que hemos vivido por más de 50 años, sin duda provocará polarización, animosidad, desafíos. Que hay indicios de una nueva politización o reagrupación política se demostró con la reciente movilización de miles de personas, en su inmensa mayoría jóvenes de menos de 30 años, que fueron a escuchar al precandidato presidencial a la Universidad de Puerto Rico (UPR). Esta movilización de jóvenes entusiasmados con Sanders es algo inédito que rompe viejos esquemas políticos y que sugiere que algo interesante y significativo parece estar ocurriendo en torno a esta candidatura y movimiento político.

Fue impresionante ver un océano de rostros jóvenes desconocidos (los rostros conocidos, los usual suspects eran las personas de más edad y afortunadamente éramos los menos) desbordar el Teatro y las afueras de este para mostrar su apoyo al “viejito gringo socialista”. Se trata de jóvenes universitarios e incluso de escuela secundaria con un perfil que se caracteriza por no ser activistas o pertenecer a ninguna organización política, por estar imbuidos en las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.), por su identificación con aspectos claves de la sociedad y cultura estadounidense (música, cine, televisión, deportes, etc.), y que acaso siguen los acontecimientos de la política estadounidense. Estos jóvenes no tienen los “traumas” ni los tabúes de sus padres, y sin ese lastre tienen mayor libertad para participar de manera novedosa en la política.

Sin embargo, los lastres y los tabúes del pasado siguen presentes. Los días siguientes al acto en el Teatro de la UPR se produjeron, con intensidad, comentarios en la redes sociales y en los medios denunciando la participación de los jóvenes que fueron a apoyar a Sanders.4 Algunos descalificaron a estos jóvenes sanderistas desde el moralismo antes descrito, planteando que se trata de “colonizados” que le habían “rendido pleitesías al imperio”; comentarios que denotan una renuncia a cualquier intento de pensar y comprender un fenómeno político novedoso que no se circunscribe a la isla -pero que le compete- y que sugiere posibilidades políticas inéditas. Ante lo que no se entiende se procede a la descalificación moral y se abandona cualquier esfuerzo para desarrollar una discusión política necesaria.

Otros se preguntaban, más bien de forma retórica, ¿por qué no se traduce el entusiasmo por Sanders en entusiasmo por Rafael Bernabe, el candidato a gobernador Partido del Pueblo Trabajador (PPT), si tienen básicamente la misma plataforma política? Este cuestionamiento se tradujo, en algunos casos, en un reclamo, mandato o “chantaje velado” de que si se apoya a Sanders se tiene que apoyar a Bernabe, como si tuviera que darse una traslación mecánica o automática de la identificación política de uno al otro. Este reclamo pasa por alto que la política no es solo la “lógica del discurso”. La política implica seducción, movilización de la emoción y lo afectivo. Esto es, conlleva un proceso de identificación que no se reduce a lo que dice o estipula un planteamiento programático. Tener la ideas “correctas” o la “razón” no es suficiente.

La política es construcción de sentido y este no existe a priori de manera “natural”, sino que construye a través de identificaciones simbólicas y afectivas sobre las cuales se articulan posiciones. La política democrática radical supone armar un relato que proponga un horizonte alterno al neoliberalismo imperante y que ese relato logre destacarse en la competencia con otros. Esta perspectiva implica lazos afectivos y de solidaridad que pueden cristalizarse en una identificación política, siempre inestable y atravesada por tensiones y contradicciones. En todo caso, si ese relato logró acogida en los Estados Unidos y en cierta demografía en Puerto Rico, la visita de Sanders pudo haber sido una ventana de posibilidades para que un relato de igual contenido tuviera mayor recepción en la política en la isla. Coincido con Iñigo Errejón cuando plantea que:

La política transformadora nunca es la revelación de “una verdad” que ya existe, ni ser altavoz de lo que un pueblo ya construido sabe de antemano, una esencia a la espera de ser proclamada… la  política es construcción de sentido y que por tanto el discurso no es un “ropaje” de las posiciones políticas ya determinadas en otro lugar (la economía, la geografía, la historia) sino el terreno de combate fundamental para construir posiciones y cambiar los equilibrios de fuerzas en una sociedad.5

De modo que si se quiere entender por qué los que endosan a Sanders no necesariamente apoyan a Bernabe se debe tomar en serio, y no retóricamente, la pregunta de ¿por qué no hay traslación del apoyo del primero al segundo? Ello implica interrogar de manera abierta y autoreflexiva por qué un discurso político interpela a unos sectores y discursos parecidos no lo logran. Eso también conlleva hacerse la pregunta por el problema de la subjetivación e identificación política y por la construcción de sentido que supone la narrativa política. De nada vale exigir de manera moralista e incondicional este apoyo, y mucho menos, regañar o ridiculizar a los seguidores de Sanders.

Esa interrogación, además, tendría que ser capaz de poner genuinamente en discusión si la falta de interpelación que pueda tener un partido como el PPT entre los jóvenes que apoyan a Sanders está vinculada a que a pesar de que este partido formalmente no es independentista es percibido por estos jóvenes como si lo fuera o, al menos, como muy afín a esta tradición política. Habría que ver si estos jóvenes y otras demografías que se interpelan con el discurso antineoliberal del movimiento de Sanders, no se sienten convocados si ese discurso está o se percibe supeditado a la retórica independentista o a cualquier fórmula predeterminada de status. Es interesante que en el teatro de la Universidad uno de los temas menos aplaudidos unánimemente fue el de las distintas fórmulas de status predeterminadas, mientras que los temas relacionados a las políticas antineoliberales, ambientales y otros produjeron reacciones fuertes y contundentes. Sí hubo reacciones fuertes anticoloniales pero eso no necesariamente, por razones obvias, se traduce en una unanimidad hacia la independencia –ni hacia ninguna otra fórmula- como opción predeterminada. Ahí parece haber una clave que debería explorarse.

Me parece que el efecto “Sanders” ha alterado de manera imprevista el escenario político puertorriqueño. El apoyo a su candidatura aquí ha demostrado que hay receptividad y simpatías hacia un discurso antineoliberal y favorable al “socialismo democrático” entre un amplio sector de jóvenes mileniales y otros sectores que no se sienten convocados por los discursos de los partidos políticos existentes en el país. Pero también sugiere que si ha de articularse este discurso político alterno, el mismo no puede ser percibido ni estar fundamentado en el independentismo. Dicho de otro modo, este movimiento tendría que romper con el cordón umbilical de la tradición independentista y tratar de interpelar de manera transversal a partir de la “cuestión social” o de una política “de lo común” a la ciudadanía. Sobre todo si se trata de esa tradición independentista que descarta moralmente a quienes son capaces de responder a un alineamiento político distinto como el que supone el de Sanders.

Lo anterior supondría construir un nuevo “sentido común” que quiebre el orden de la partidocracia y la ortodoxia de la política fijada en las fórmulas de status. Como ha dicho Juan Carlos Rivera Ramos, el movimiento pro Sanders podría ser “el comienzo de una plataforma heterodoxa y plural para la politización ciudadana fuera de los dogmas de partido y enfocada en la justicia social, aquí y ahora”.6 El efecto “Sanders” ha descolocado el escenario político tradicional y apunta a la posible reconfiguración del mapa político del país. Los signos de quiebres y fisuras en las tendencias políticas tradicionales son evidentes y parece que van a intensificarse. Solo hay que ver el nuevo consenso político -la “Santa Alianza”- contra Sanders que se ha fraguado entre figuras estadolibristas, estadistas e independentistas que usualmente son acérrimos adversarios. Esta alianza no debe pasar por desapercibida. Y es una muestra de que la política debe ir en otra dirección.

Pero, como todo en política, no hay ninguna garantía de que sea así. Es decir, el efecto “Sanders” podría ser un fenómeno efímero. Lo único que podemos hacer es apostar a que este efecto conlleve esta reconfiguración política esbozada arriba y a nuevos alineamientos políticos a partir de una convocatoria en contra al neoliberalismo y favorables al “socialismo democrático”; nuevos lineamientos capaces de provocar nuevas acciones y preguntas políticas en el corto y en el largo plazo. En el corto plazo ese movimiento ciudadano podría centrarse cohesivamente en la consecución de, al menos, cuatro demandas claves: (1) la auditoría y reestructuración de la deuda pública, (2) en contra de las políticas de austeridad la defensa y expansión de los derechos sociales y económicos (educación, salud, vivienda, transportación, etc.), (3) una reforma electoral democrática, y (4) una reforma fiscal que provea justicia contributiva a los asalariados. Esto podría ser la base una plataforma de mínima política para el momento de crisis que vivimos.7

  1. Julio Vargas, “Si, soy podemita, soy un traidor…Y ahora, ¿discutimos de política?” (Entrevista a Manuel Monereo), Público, 21 de mayo de 2016, http://www.publico.es/politica/podemita-traidor-y-ahora-discutimos.html []
  2. Para una reflexión diferente a la tradicional en la que se invita a una nueva discusión dentro del independentismo, véase Rubén Colón Morales, “Bernie Sanders: ¿liberación o colonialismo?”, 80grados, 20 de mayo de 2016, http://www.80grados.net/bernie-sanders-liberacion-o-colonialismo/ []
  3. Carlos Pabón Ortega, “¿El retorno del ‘socialismo’?”, 80grados, 13 de mayo de 2016, http://www.80grados.net/el-retorno-del-socialismo/ []
  4. Véase, por ejemplo, la columna de Mayra Montero, “Sanders en almíbar”, El Nuevo Día, 22 de mayo de 2016, http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/sandersenalmibar-columna-2201200/ []
  5. Iñigo Errejón, “Podemos a mitad de camino”, CTXT, 20 de abril de 2016, http://ctxt.es/es/20160420/Firmas/5562/Podemos-transformacion-identidad-poder-cambio-Tribunas-y-Debates.htm []
  6. Juan Carlos Rivera Ramos, “Desobedecer el consenso y reconfigurar el mapa politico en Puerto Rico”, 80 Grados, 27 de mayo de 2016, http://www.80grados.net/desobedecer-el-consenso-y-recofingurar-el-map-politico/ []
  7. Para una elaboración de este planteamiento, ver, Carlos Pabón Ortega, Mínima política: textos breves y fragmentos sobre la crisis contemporánea, (San Juan, Ediciones La Secta de los Perros, 2015). []

  • Juan Duchesne Winter

    No hay que obsesionarse con la “estadidad” (anexión) ni con ninguna opción de status. El argumento no es que tal o cual fórmula de status sea de por sí la revolución de la salvación eterna o al contrario, la condena eterna al infierno del fin de la patria sagrada. Es que se trata de algo secundario y relativo, siendo más importante para la política de izquierda, una serie de resistencias y exigencias contra la desigualdad, la exclusión, la explotación existentes en el mundo contemporáneo. El colonialismo en el sentido estrecho de la palabra es padecido por las naciones que no han alcanzado su independencia. El estado independiente es una forma histórica que no ha existido ni existirá por la eternidad y es precisamente un mecanismo de hegemonía y explotación. Existen cientos de estados independientes en el mundo y ninguno ha acabado con la explotación ni ha significado la revolución de la salvación eterna. El capitalismo global ha reciclado todas las formas del estado en función del capital, sin excepción. Aún los estados socialistas (también llamados comunistas) funcionaron al fin y al cabo como capitalismo de estado, que de hecho fallaron en establecer una aceptación hegemónica entre sus ciudadanos, quienes finalmente los tumbaron junto al muro de Berlín). En fin, que el estado independiente no significa nada fundamental por sí mismo, es relativo a las luchas políticas contra la desigualdad y la opresión. La independencia no es nada en sí misma, pues en nada ha cambiado la vida de los pueblos que la han alcanzado. Miremos a África independiente y a toda América. Esos temas de nación, patria, soberanía e independencia son completamente huecos por sí mismos. Lo que tiene contenido es la lucha social y política contra injusticias específicas o articuladas en series de demandas, alianzas y frentes amplios por el cambio y las libertades. En ese sentido se puede entender la colonialidad como toda forma de desigualdad a todo nivel: colonialidad del género, colonialidad en la racialización, colonialidad del conocimiento, colonialidad de la propiedad privada o estatal sobre la propiedad pública o sobre el bien común (lo común), etc. El status es relativo en ese sentido, en fin.

    • Juan de los Pajlotes

      Exigir el fin del coloniaje en Puerto Rico no es ninguna obsesión sino lo correcto desde muchos puntos de vista, incluyendo un punto de vista de izquierda. Porque la situación colonial no es vacía. Tiene un contenido de opresión y de injusticia que nos afecta a todos. Por eso ha sido proscrito por la humanidad. Por eso todo el mundo en todos los países libres es “independentista”, aunque ya lo olvidaran. Los gloriosos haitianos con todo y la pobreza que sufren no quieren volver a ser colonia de Francia; porque esa opresión era real. Todo lo que usted dice para relativizar la lucha por la independencia de Puerto Rico se podría argumentar también con respecto a la institución de la esclavitud, por ejemplo; o del apartheid. Pero no porque aún seamos unos esclavos del capital (y no me digan que trabajar ocho horas por $7.25, o por $4.25, como propone el Informe Krueger para los menores de 25 años en Puerto Rico, no es un régimen de esclavitud) es incorrecto haber exigido la abolición de la esclavitud. En el pasado fue urgente exigir la abolición de la esclavitud y el reconocimiento de la igualdad de todos los seres humanos aunque desde entonces hasta hoy era evidente que en la práctica iban a existir imperfecciones, hasta el punto de que todavía hoy la policía blanca en Ferguson, Staten Island, y otros sitios en Estados Unidos continúa “linchando” negros; y que todavía muchos negros favorezcan a Hillary Clinton a pesar de que esta es una neoliberal de clavo pasao cuyas políticas afectan a los negros. Pero no por eso había que dejar de luchar por abolir tan nefasta institución. De igual forma, la “abolición” del colonialismo es necesaria aunque con ello no se resuelvan todos los problemas de Puerto Rico. Hay un contenido real, y positivo para Puerto Rico, en que se elimine la aplicabilidad de las leyes de cabotaje federales que no es otra cosa que un bloqueo comercial contra Puerto Rico para complacer a dos o tres compañías americanas en detrimento de nuestro bolsillo. Hay un contenido real en que no opere una Corte Federal en Puerto Rico que invalide una mísera Ley de Quiebras que apruebe el País para lidiar con la quiebra de sus corporaciones públicas. Y así hay miles de ejemplos sobre lo concreto y real que es el mal del colonialismo en Puerto Rico. O sea, por eso es que los americanos tiraron las bolsas de té británico en el mar. Por eso es que a Cornell West no le cabe en la cabeza la “estadidad” (anexión) como una opción revolucionaria o pregresista o de izquierda, y nos dice que la solución NO es la estadidad. Es porque el colonialismo no es tan relativo. Por el contrario es bastante objetivo y afecta a todo el mundo en Puerto Rico. No todos los países están afectados por la Ley de Cabotaje federal, ni están impedidos de aprobar sus propias leyes de quiebra. Estamos de acuerdo en no sacralizar las opciones de estatus y en no ser dogmáticos sino prácticos y racionales. Pero usted relativiza tanto la situación colonial que termina prácticamente negando sus evidentes efectos adversos. Que si “colonialidad” de esto y “colonialidad” de lo otro. Está bien, hay muchas relaciones de poder en las cuales hay desigualdad e injusticia y eso no se va a resolver de la noche a la mañana con la solución del “status” pero eso es harina de otro costal. No por eso debemos claudicar y dejar de defender nuestro derecho fundamental a ser ciudadanos de nuestro propio país para, aún afectados por el flagelo del neoliberalismo, aspirar a una sociedad más justa socialmente hablando. Yo no veo un conflicto entre luchas por abolir el colonialismo en Puerto Rico y la llamada “cuestión social”. Pero se lucha desde un sitio determinado y en determinado contexto. No está a nuestro antojo y arbitrio decir cuál es ese sitio y contexto. Si estás en Puerto Rico, estás en una colonia yanqui. ¿Qué es lo urgente ahí? ¿Acaso no es terminar con ese régimen? ¿Excluye eso abolir la colonialidad del género, de la racialización, del conocimiento, de la propiedad? Yo creo que no. Respetuosamente.

  • Juan Carlos Quintero-Herencia
  • María Mosquete Certero

    Simpatizo con Sanders, y me encantaría que ganara, pero votar por él en Puerto Rico es una contradicción si el que vota afirma la nacionalidad puertorriqueña y condena el colonialismo. No se puede votar por Sanders desde el lugar propio que es ser puertorriqueño. El voto es un acto político reservado a los miembros de la polis. Por tanto, sólo se puede votar por Sanders afirmando ser ciudadano americano residente en Puerto Rico. Desde ahí, y sólo desde ahí, es que se vota por Sanders en Puerto Rico. Ser políticamente puertorriqueños (ciudadanos de Puerto Rico) es lo que está prohibido por el poder imperial, es lo que nos ha sido negado mediante la imposición de la ciudadanía foránea. Mari Bras intentó serlo, y le negaron la renuncia a su ciudadanía americana. Entonces, ser puertorriqueño en Puerto Rico es lo que es políticamente subversivo; de ahí que la afirmación de la nacionalidad puertorriqueña sea tan importante en Puerto Rico. Y, correlativamente, creerse un ciudadano americano es vivir una quimera, una ilusión. Ni los yanquis nos ven como sus conciudadanos ni los puertorriqueños tienen ninguna lealtad a tal ciudadanía. Entonces ¿para qué afirmar el colonialismo? ¿Para afirmar el alegado socialismo democrático? ¿No es eso desvestir un santo para vestir otro? Además, Sanders no ha sido claro en cuanto a la responsabilidad de Estados Unidos sobre el coloniaje en Puerto Rico. La historia demuestra que, como dijo Pedro Albizu Campos, “Puerto Rico es la tumba del liberalismo norteamericano”. O sea el más izquierdoso de los americanos se comporta como un imperialista con relación a Puerto Rico. Porque Estados Unidos es un imperio, y Puerto Rico su colonia, eso Sanders no lo puede cambiar; es una realidad histórica que imbrica muchos intereses. Entonces, para mí los independentistas y anticolonialistas que postulan votar por Sanders en Puerto Rico no están desobedeciendo el llamado al orden; están desobedeciendo la lógica y el sentido común político y las lecciones de la historia (Obama, el primer presidente afroamericano, un fiasco; y si la Clinton llegara a la misma poltrona, sería otro fiasco, como lo es ya). Para mí, si eres anticolonialista, no puedes afirmar el colonialismo. Y para votar por Sanders en Puerto Rico hay que afirmar el colonialismo inescapablemente. Por eso, desde mi país, Puerto Rico, y como puertorriqueño, deseo lo mejor a Sanders en la contienda que lleva en su país; deseo que derrote a la Clinton, y al Trump. Pero sobre todo eso deseo que los Estados Unidos dejen de tener a Puerto Rico como una colonia y que nos reconozcan como el país que ya somos, y nos permitan ser ciudadanos de nuestro propio país, que es lo que nos niegan todavía. (Pero comprendo la tentación de darle una merecida trompada política a los Roberto Prats, los Bhatia, los Hernández, los McClintock, y todos esos alcahuetes de los Clinton). Comoquiera me bebo una cerveza con ustedes independentistas y anticolonialistas ilógicos y contradictorios. Nadie es perfecto.

  • Juan Duchesne Winter

    Hace más de dos décadas se publicó un artículo con formato de manifiesto postulando la “estadidad radical”, firmado por varios autores, entre ellos quien escribe estas palabras. El argumento central de ese texto perseguía desvincular la izquierda de la ideología nacionalista en Puerto Rico. La “estadidad” (eufemismo puertorriqueño para la anexión a Estados Unidos), más que un reclamo sustantivo, servía para demostrar conceptualmente cuan distante del ideario nacionalista podía pensarse una izquierda democrática, es decir, hasta el punto de mostrar que un pensamiento de izquierda no debe tener contradicciones de principio con el evento impensable y apocalíptico del independentismo nacionalista (y de nacionalismos culturales no necesariamente independentistas). Se trataba de una provocación conceptual basada en una posibilidad real del pensamiento y de la práctica política: una izquierda tan desatada de la tradición nacionalista que pudiera incluso concebir una anexión avalada por transformaciones socialistas democráticas. No tenemos claro si esa demostración lógica ayudo poco o mucho a pensar la democracia radical más allá de los dogmas nacionalistas. Quizás la incitación a pensar consiguió provocar pero no ayudó demasiado a pensar. A los autores del texto definitivamente nos ayudó, pero no sabemos a cuantos lectores más. En ese momento Carlos Pabón y otros compañeros agrupados en torno a la revista bordes sostuvieron una reunión amigable con los postulantes de la “estadidad radical”, en la cual nos dejaron saber que les parecía interesante nuestro argumento y que estaban absolutamente de acuerdo en que era necesario pensar la democracia radical más allá de los dogmas del nacionalismo, pero que el reclamo de “estadidad” sólo conseguía mantener la discusión dentro de las obsesiones del status y de la soberanía del estado, que ellos más bien estaban dispuestos a promover una crítica radical de izquierda que superara completamente esas restricciones ideológicas. Nosotros concedimos que nuestro interés también era pensar la democracia radical más allá de cualquier opción específica de status, pero que preferíamos mantener, mientras fuera vigente la coyuntura, el argumento de la estadidad. Carlos Pabón ha sido consecuente con el planteamiento que hizo en aquella ocasión junto a sus compañeros. Más de dos décadas después, el desarrollo de la candidatura de Bernie en las primarias de Puerto Rico confirma sus argumentos principales. Independientemente de cuál sea el resultado de la campaña del senador Sanders en las primarias presidenciales de Estados Unidos, el fenómeno de su candidatura en Puerto Rico es un acontecimiento revelador de que hay vida más allá de las obsesiones del status y de la ideología nacionalista. Confirman que la colonialidad es un asunto que atraviesa todo tipo de relaciones sociales entre sexos, géneros, etnias, identidades culturales, grupos racializados, especies y entes de todo orden, y que no se decide de ninguna manera en el plano de la nación y su soberanía fantasmal. Dentro de esa amplia concepción de la colonialidad, el status y la autodeterminación nacional son aspectos reales, pero no de principios, pues son sólo relativos al conjunto de las relaciones de colonialidad y a la lucha democrática radical por la igualdad y las libertades a todos los niveles.

    • Manuel Martinez Maldonado

      Planteamientos muy claros los de Pabón y la explicación de Duchesene. Me parece que, respecto a Puerto Rico, tendrá efecto duradero si Sanders gana; si desaparece su movimiento, habrá sido un fenómeno transitorio aunque puede que de él surjan nuevas visiones de la nacionalidad.

      • Luis

        Bueno el follón de Bernie Sanders murió ayer con las primarias del día 7 de junio. Habrá que ver si corre independiente o apoya la guerrerista neoliberal de Hillary. Si hace lo segundo es otro buscón más y sus seguidores, pues habrá que ver. El segundo follón la “estadidad radical” murió hace años, ni Bernie la puede resusitar porque la incoherencia ideológica nunca tuvo oportunidad en el mundo real.

    • Juan de los Pajlotes

      Sobre la “estadidad radical” o el potencial de la estadidad como algo políticamente revolucionario mire lo que dijo el gran intelectual negro Cornell West en Puerto Rico, en 2013:

      Gabriel DeLa Luz Rodríguez: Finalmente, a usted se le conoce como un defensor férreo de la autodeterminación. En la cultura política de la izquierda en Puerto Rico existe una idea de que la autodeterminación es sólo conmesurable con la independencia nacional. Sin embargo, al menos la mitad de la población cree que la estadidad es la alternativa justa. Como intelectual de izquierda, ¿usted ve un vínculo necesario entre una preferencia de status particular y una solución progresista?

      Cornell West: Yo sí creo en la libertad de opción de la autodeterminación. No hay duda. Como seguidor del legado de [Pedro Albizu] Campos y [Lolita] Lebrón, yo me enfrascaría en persuasión moral y lucha ideológica para convencer a mis hermanos puertorriqueños que la estadidad no les va a traer lo que buscan. Convertirse en parte del Imperio Americano no va a traer lo que quieren. Pero [los estadistas] tienen derecho a su propia opinión. Yo sólo creo que no es una opinión persuasiva. Así que en el discurso público se trajo esa pregunta en la charla. Tú sabes, alguien cree que no somos una colonia, que la estadidad es mejor. Vamos a escuchar los argumentos, y vamos para adelante y para atrás, para adelante y para atrás, y hablemos.

      GDLLR: Lo que es interesante, si puedo interrumpir, es que muchos en el movimiento estadista se consideran y se definen como anticolonialistas. En la charla, una de las preguntas era sobre el tema de la creación de coaliciones y alguien preguntó que cómo era posible hacer eso con colonialistas. Bueno, la mayoría hubiera pensado [que se trata de] la gente que prefiere el status quo, no necesariamente la gente que aboga por la estadidad. Y lo que es interesante es que hay una historia larga en Puerto Rico, tanto en la Isla como en la diáspora, de este debate. Pero dentro de nuestra cultura política de la izquierda, hay una idea casi automática de que sólo una opción particular es la que es progresista.

      Cornell West: De nuevo, eso es algo que a mí me deja perplejo. Quiero decir, ¿cómo pueden reclamar ser anticolonialistas, cuando su meta es unirse al Imperio? Sería como si los americanos en 1776 dijeran que somos anticolonialistas, y queremos ser parte aún más intrínseca del Imperio Británico. ¿Entiendes lo que digo? Yo no….

      GDLLR: Ellos hablan de una ciudadanía de segunda categoría.

      Cornell West: ¡Así que quieren ciudadanía de primera categoría!

      GDLLR: Sí.

      Cornell West: ¡Oh! Así que sería como esos en América de 1776 que dijeron no estamos por George Washington ni por Thomas Jefferson, ¡estamos por ciudadanía completa en el Imperio Británico!

      GDLLR: Sí.

      Cornell West: Pero, verás, eso no es muy revolucionario.

      El planteamiento de “estadidad radical” es tan irrelevante hoy como hace veinte años. El mundo desarrollado ha girado a la derecha. La izquierda está desarticulada y sin ningún proyecto. No hay ninguna alternativa al capitalismo, lamentablemente. El neoliberalismo es una ideología contagiosa como una enfermedad. Aunque no produce resultados positivos, sus adeptos crecen; es como una metástasis. Entonces, plantearse una anexión o libre asociación con el país capitalista por excelencia, es radicalmente retrógrado o disparatadamente ingenuo.

      Por otro lado no comprendo su diatriba, y la de otros como Carlos Pabón, contra el nacionalismo en Puerto Rico. Y nada dicen en contra del imperialismo y de la opresión colonial. Ni contra el nacionalismo patriotero de Estados Unidos. En EEUU, después del 11 de septiembre de 2001, aprobaron la Ley Patriota que autorizó la tortura y los campos de concentración. Y ustedes nada dijeron sobre eso. En EEUU interrumpen todo juego de pelota de la Major League Baseball en la séptima entrada para cantar God Bless America. Todos los canastos de la NBA tienen la bandera americana. Y todas las guaguas públicas, y todos los trenes, y podemos seguir contando todas las manifestaciones nacionalistas que EEUU nos restriega en la cara, mientras prohibe a los puertorriqueños ser ciudadanos de su propio país. Y ustedes los llamados “estadistas radicales” o gente de llamada izquierda lo que hacen es atacar al nacionalismo puertorriqueño. Al mismo que el doctor Cornell West citó con aprobación.

      Si hay nacionalismo en Puerto Rico es porque primero hubo colonialismo. Si quiere terminar con el nacionalismo debe terminar con el colonialismo. Y la estadidad, lejos de ser algo progresista es la culminación del coloniaje. Por eso la participación de independentistas y anticolonialistas en la inconsecuente primaria demócrata en Puerto Rico constituyó un error, una contradicción política. Asumieron la ciudadanía americana, cuando lo que debieron haber hecho es afirmar el derecho a tener nuestra propia ciudadanía, la que corresponda a nuestro país natural, que es Puerto Rico, Boriquén o como le quieran llamar.

  • Luis

    Podemos ver esto de dos formas, por un lado un candidato a las elecciones de EEUU que representa una política progresista respecto a los otros candidatos de los partidos tradicionales estadounidenses. Comparado con Hillary y Trump es un revolucionario. Claro, no es el candidato más progresista, ni mucho menos el que tenga una posición mejor hacia Puerto Rico, porque tanto la candidata del Green Party como la del Socialsit Workers Party tienen posiciones anti-coloniales y mucho más de avanzada, pero claro rapidamente nos dicen estas no tienen posibilidad de ganar y tienen toda la razón. El asunto es que a la fecha de hoy 2 de junio el candidato Sanders tampoco tiene ninguna posibilidad de ganar. A la Hillary le faltan solo 91 delegados para obtener la nominación faltando cerca de unos 900 delegados por escoger. Para los que no lo saben aún las primarias demócratas los candidatos se dividen en forma proporcional los delegados, si Sanders gana un estado con el 51% la Hillarry se lleva el 49% de los delegados. La plutocracia ha garantizado su permanencia con los superdelegados, injusto dirán algunos, práctico dirá la plutocracia.

    Entonces el otro asunto, unos independentistas han decidido votar en unas primarias de los partidos estadounidenses. Me imaginó que quieren demostrar su apoyo por una persona que puede representar algo mejor de lo que se tiene en EEUU y NO hay nada malo con esto, esta bien que demuestren solidaridad con personas progresistas. Entonces eso no está realmente en el debate. El asunto es si debe un independentista avalar más intromisión de la política imperial en Puerto Rico. Si un independentista debe inminscirse en los asuntos internos de otro país, participando en un proceso que claramente deben decidirlos los estadounidenses. Repetimos no hay problemas que se pueda respaladar a Sanders por lo que podría representar pero es un error de un indepndentista violar un principio de la no intervención en los asuntos internos de otros países y hay una gran diferencia entre solidaridad e intervención.

    Desgraciadamente, ambos sectores, especialmente los que piensan votar han descartado a los que le señalan una posición diferente como dogmáticos, insularistas, not thinking outside of the box para debatir el asunto. Otros han señalado a los que piensa votar como traidores, que no lo son, para también descartarlos.

    Finalizo, Sanders no tiene ninguna posibilidad de ganar, si podrá representar un movimiento progresista en EEUU en el futuro pues está por verse, no hay nada de malo es respladar elementos progresistas en cualquier parte del mundo. Los independentistas que voten no son traidores solo están buscando alternativas “novedosas” para nuestra situación colonial, que creo con solo ser solidario era suficiente y no era necesario el error político de votar. Pero, nada después del 7 de junio el follón de Sanders habrá terminado y esperamos estar juntos en las luchas reales que tenemos y se avecinan.

    • QuicoSabate

      No puedo creerlo, el Luis otra vez haciéndose pasar por independentista cuando en realidad es un mercenario trabajando para la Mafia Clinton. Oye brodel, la campaña de Hillary te debe estar pagando un billete largo para que sigas atacando inmediatamente que sale un artículo favoreciendo a Sanders. Mira gusano, Sanders va a ganar aquí en la isla, en California y en el resto de las primarias y cuando llegue a la convención demócrata allí los superdelegados lo van a elegir porque es el único que le puede ganar a Trump y por mucho, así que no pierdas el tiempo aquí en 80grados porque te tenemos leído.

      • Luis

        La libertad de expresión para usted solo es buena si se esta de acuerdo con usted, mira que bonito. Si señala otra posición somos gusanos, que interesante. El martes basicamente terminan las primarias y los gringos tendrán a su candidato, es asunto de ellos. Tranquilo, salga el domingo vote por Sanders y el martes se verá la realidad. La plutocracia gringa determinará esas elecciones, pero nada usted crea en lo que quiera, incluyendo que Sanders va a ganar, suerte con eso…

        • QuicoSabate

          La libertad de expresión no se vende al mejor postor, que es lo que tú haces cuando publicas a sueldo. Ningún mercenario de las letras sirviéndole de gatillero al poderoso se merece mi respeto. Para mí no eres nada más que un gusano.

    • William Nemcik

      No señor, usted se equivoca porque está sumando mal, obviamente con toda la mala intensión en su intento por engañar a los lectores. A Hillary le faltan 614 delegados para lograr la nominación y no 90 como usted alega porque los superdeleganos no se cuentan hasta que voten en la convención. Me explico para el beneficio de los lectores puedan estar confundidos por haber leído el disparate que usted ha escrito.

      Para ganar la nominación por el Partido Demócrata cada uno, Clinton y Sanders necesitan 2,383 delegados y ninguno de los dos los va a poder tener hasta la Convención. Hillary tiene 1769 y le faltan 614 para llegar a los 2,383 y Bernie tiene 1501 y le faltan 882 para llegar. Es estadísticamente imposible para los dos llegar a ese número antes de la convención. Hay 712 superdelegados y es durante la convención que esos superdelegados deciden por quien votar independientemente de las “promesas” o acuerdos
      previos que no son vinculantes con alguno de los dos candidatos.

      Y según las encuestas actuales Trump es favorecido sobre Clinton por uno o dos puntos, más sin embargo Sanders sale con 10 a 15 puntos de ventaja en las mismas encuestas sobre Trump
      lo cual lo hace más elegible. Y si a eso le suman los problemas legales de Hillary Clinton, primero por usar su servidor privado para manejar correos electrónicos oficiales y confidenciales siendo secretaria de estado lo que constituye a todas luces de una violación a la seguridad nacional de los EU, y segundo por los traqueteos turbios para lavar dinero a través de la Fundación Clinton lo cual se ha convertido en un escándalo en la prensa nacional e internacional. Así que Mr. Luis, no se vista que no va. Sanders va a ser el candidato.

      • Luis

        Lo bueno de la historia es que dice quién tenía la razón. Después del marte lo sabremos. Tranquilo, en pocos días lo veremos.

      • Luis

        Estimado señor,
        Después de la primarias de anoche 7 de junio la Hillary ha terminado con 1926 más los 571 superdelegados para un total de 2,497, 114 más de los 2,383 que necesitaba. Sanders terminó con 1,615 más 48 superdelegados para un total de 1,663. Aún si los 571 delegados se cambiaran por el no tendría los votos suficientes.
        La plutocracia gringa garantizó que Hillary, la guerrerista neoliberal obtuviera más delegados, más estados ganados y más votos populares que el viejito reformista. Es lo que es EEUU. Ahora habrá que ver que hace el viejito, si corre independiente o la apoya. En lo primero demostraría verguenza y lo segundo sería otro buscón y si fuera así a su seguidores le decimos “you sure can pick um”.