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Tetas y Terror


“In the East [UPR] poets [performeros] are sometimes thrown in prison—a sort of compliment, since it suggests the author has done something at least as real as theft or rape or revolution.” Hakim Bay—T.A.Z. [mis corchetes y tachaduras]

El pasado jueves 19 de abril arrestaron y le impusieron cargos de “ofensa contra la moral pública” a la estudiante Charlene González de Jesús en los predios de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, por caminar por la universidad sin camisa, es decir, con las tetas al aire. El arresto se dio, aparentemente, debido a que personas de la comunidad universitaria se quejaron y llamaron a la guardia universitaria alegando —debemos suponer— era ofensivo ver a una mujer semi-desnuda en el contexto del espacio público de la universidad. La estudiante afirma que estaba haciendo un performance y por tanto, que al tratarse de una obra de arte, su gesto está protegido por el derecho a la libertad de expresión. La justificación política de su gesto que ofreció Charlene González fue la desigualdad en las normativas de vestimenta entre hombres y mujeres, tanto en el Recinto como en el país en general. Es decir, que sus actos constituían una protesta ante el discrimen de género evidenciado por la asimetría en las normas —formales e informales— que permiten a un hombre andar descamisado en un espacio público mientras que penalizan a una mujer por llevar a cabo exactamente el mismo acto. Hasta aquí los hechos, indisputados por todos, sobre el caso.

Dados estos hechos surgen inevitablemente varias preguntas, algunas de mayor interés filosófico-político que otras. ¿Qué hacemos con el gesto de Charlene? ¿Se trata este acto de un verdadero performance o de una protesta política camuflada de arte con el fin de protegerse bajo la libertad de expresión?1  ¿Debemos apoyar a Charlene o dejarla que bregue sola con las consecuencias de sus actos? ¿Cuál o cuáles han de ser las respuestas de la comunidad universitaria ante estos hechos? ¿Debemos ofendernos o no?

Siguiéndole la pista a esta última pregunta podemos decir que en asuntos de ofensa (a la moral pública) de poco sirven los recursos a la razón y la argumentación. El que se ofende se ofende y el que no, no se ofende. En asuntos políticos, suele ser el caso que la gente carga consigo sus pre-juicios y posturas previo a, y a pesar de, toda evidencia. Ya lo decía Kant con relación a la toma de partidos respecto a la Revolución Francesa:

“The recent Revolution of a people which is rich in spirit, may well either fail or succeed, accumulate misery and atrocity, it nevertheless arouses in the heart of all spectators (who are not themselves caught up in it) a taking of sides according to desires which borders on enthusiasm and which, since its very expression was not without danger, can only have been caused by a moral disposition within the human race.” Immanuel Kant [mis itálicas]

A lo que Kant alude es a que, en asuntos políticos, cuyo futuro por definición no está claramente determinado, la decisión de a qué bando le vamos, o con qué equipo nos aliamos, está basada y fundamentada más en una “disposición moral” previa al evento, en un “deseo” y “entusiasmo” irracional (pre-racional) que en un argumento racional que pueda ser aceptado por cualquier individuo. De modo que la diferencia entre aquellos que a priori están a favor y aquellos que están en contra, es decir, la diferencia entre los ofendidos y los no ofendidos de este debate, es una diferencia sin medida y no puede ser zanjada por el diálogo. Esta inconmensurabilidad entre ambos bandos solo puede zanjarse mediante la conversión repentina, mediante un movimiento espiritual, un salto de fe. Esta diferencia marca la frontera entre dos mundos debido a que ante la pregunta: ¿de qué lado tú estás?, todos los involucrados contestarán—independientemente del lado que escojan: “del de los buenos”. La única solución es el conflicto, la confrontación y la violencia. De modo que no pretendo con este escrito persuadir a los ofendidos de que no deberían estarlo. Sin ofendidos no puede haber terror y sin terror no se puede cambiar el mundo.

¿Performance o activismo político?

“ ‘Art is what you can get away with.’ What you cannot get away with, becomes the political.” Andy Warhol/Bernat Tort

En la mayoría de la gente con quien he hablado y en los comentarios que he leído, permea una cierta ambigüedad a la hora de emitir un juicio sobre el “performance” de Charlene. Muchos se preguntan si se trata o no de un verdadero performance. La confusión o ambigüedad surge debido a que estas personas están buscando algún elemento estético al que aferrarse para poder dar rienda suelta a su juicio estético-político sobre el asunto. El problema es que por más que busquen ese elemento estético, no lo hallarán. No porque el gesto de Charlene no sea un performance, que lo es, sino porque el performance en general no le pertenece a las artes. El performance se ha clasificado entre las artes en parte por error histórico debido a que los primeros “artistas” en hacer performance venían todos de las artes plásticas y en parte por aprovechar estratégicamente las protecciones constitucionales que cobijan a las artes bajo la libertad de expresión. Pero el performance no es arte: es ética experimental. El performance se da como un enfrentamiento no codificado socialmente de un cuerpo (el del artista/ético experimental) con el de los espectadores. El cuerpo de la performera me interpela como espectador, me sorprende, me coge fuera de base y me dice: ¿qué vas a hacer conmigo? ¿Cómo vas a bregar con esto que te presento? Lo que lo convierte en ética-experimental es que la respuesta a esta pregunta no está predeterminada socialmente, ya que la utilización del cuerpo por parte de la performera es anormal, atípica, queer. El performance hace un uso anti-social de la piel, un uso a-típico del cuerpo.  Cuando Charlene nos enfrenta con sus senos descubiertos en el especio público de la Universidad la reacción es inevitable, pero también impredecible. Aplaudir, embellacarse, ofenderse, denunciarla, tocarla, imitarla, solidarizarse con ella, admirarla, violarla, mofarse, halarla por el pelo y prenderla en fuego (como han hecho fundamentalistas religiosos en Egipto a mujeres que llevaban el pelo suelto), censurarla, agredirla, arrestarla, protegerla… Todas y cada una reacciones posibles ante el gesto de Charlene.2 Y es precisamente en la indeterminación de las reacciones ante el gesto que reside la fuerza política del performance como ética experimental. Es en el espacio que abre a la posibilidad de actuar de cualquier modo ante el otro, al dejarnos ver-materializarse las normas invisibles del mundo social que habitamos, que el performance nos permite imaginarnos otros mundos posibles.3 Es esta posibilidad de crear nuevos mundos, con la que se queda el espectador luego de atestiguar un performance, lo que constituye el momento estético del performance, lo que lo constituye en obra de arte a posteriori. La pieza de arte que es el performance es la posibilidad de la re-creación de sí, y de su mundo, del espectador.

Alguien podría —de hecho lo han hecho por Facebook— objetar que esa no era la intención de Charlene, y que se trata solo de una chica emocionalmente inestable, como parecen haber concluido algunos luego de ver su entrevista en el programa de Jay Fonseca, o que esta interpretación del performance como ética-experimental está muy bien, pero rebasa la capacidad discursiva de la estudiante, quien no parece haber pensado más allá del mero acto. Quien argumente así pierde de perspectiva que lo político o lo ético en el arte o en el activismo no se define según la intención del artista o autor de los actos, sino por las reacciones del público, por el contexto social en que se instaura la pieza o el gesto; son los espectadores quienes le dan su sentido. Y en este caso lo hicieron y muy claramente: la denunciaron. Y los que no, no la protegieron, dejaron que se la llevasen arrestada; no interpusieron sus cuerpos entre el de ella y el de la guardia universitaria, como ocurrió frecuentemente en múltiples performances en los años 90 en el Recinto, cuando profesores y estudiantes protegieron física y discursivamente de manera espontánea a muchos artistas y performeros evitando que se arrestase a nadie. Lo que no se está viendo es que independientemente de la intención de Charlene, el gesto ético-estético se transforma en político en el momento de la censura. (E inversamente un gesto político pasa a ser una mera expresión estética cuando en el contexto en el que se da solo ocasiona una reacción de aprobación.)

“All in all, the creative act is not performed by the artist alone; the spectator brings the work in contact with the external world by deciphering and interpreting its inner qualifications and thus adds his contribution to the creative act.” Marcel Duchamp —“The Creative Act”

También podría haber quien no acepte mi definición de performance como ética-experimental y quiera someter a una crítica estética el performance de Charlene diciendo que no cumple con los requisitos estéticos de un performance. Pero hay que advertirles que no se debe confundir la pregunta ¿qué es arte (o performance en este caso)? Con la pregunta de si alguna pieza en particular constituye o es considerada una buena pieza de arte.

“What I have in mind is that art may be bad, good or indifferent, but, whatever adjective is used, we must call it art, and bad art is still art in the same way as a bad emotion is still an emotion.” Marcel Duchamp —“The Creative Act”

De modo que todo aquel que a estas alturas del siglo veintiuno pretenda ser custodio de la definición de qué es y qué no es un performance —yo incluido—, de quién entra y quién no entra en su reino, sepa que la pregunta: ¿qué es arte y qué no lo es? fue contestada definitivamente por Duchamp hace ya un siglo. Su respuesta es: cualquier cosa. De modo que lo que realmente importa a la hora de juzgar una obra de arte es si es buen arte, si es efectivo y si es eventual.

Y si lo que está usted preguntando es si el gesto de Charlene es un buen performance, si fue efectivo y si fue eventual, la respuesta obvia es que sí. Si esto no fuese cierto: ¿qué hace usted leyendo este artículo, sino siguiendo el hilo de las consecuencias de su gesto: su eventualidad? De modo que las preguntas que nos deben preocupar son totalmente distintas: ¿Cuál es el sujeto político que habla y que opera en el performance de Charlene? ¿Qué hacemos si el gesto de Charlene no es reconocido como arte por las autoridades? ¿Qué hacemos si no podemos convencerlos de que se trataba de un gesto protegido por la libertad de expresión? ¿Qué hacemos si las autoridades ven el gesto como acto terrorista-(est)ético?

“The personal is political!” Well? Not really.

“Every subject is political. This is why there are few subjects and rarely any politics.” Alain Badiou —Theory of the Subject

El grito de guerra de la posmodernidad fue: “lo personal es político”. Con este eslogan se pretendía ampliar el ámbito de aquello que tradicionalmente se veía como digno del pensamiento político: a saber, la relación entre el individuo y el estado, cuál habría de ser el sujeto del cambio social, qué tipos de gobierno hay, etc. Con este cambio en énfasis y dirección de la mirada política se logró problematizar y politizar una serie de ámbitos anteriormente invisibilizados como el género, la raza, la sexualidad, la corporalidad y el biopoder (las formas en que los discursos y las instituciones inciden en cómo se asume y habita el cuerpo propio y se concibe la vida). Gracias a estos esfuerzos tenemos los estudios de género, los estudios queer, los estudios de raza, etc. Ahora bien, esta vía de politización en cierto sentido ha llegado a su fin en la contemporaneidad. Con esto no quiero decir que se ha dejado de producir buen material en estas ramas, sino que ya se ha consumido y consumado políticamente en la medida en que muchos de sus reclamos han sido absorbidos y cooptados por el Estado en la forma del discurso de los derechos humanos y las leyes de no-discriminación.

Esto ha ocurrido de la siguiente manera. Ante las categorías Mente, Hombre (blanco/europeo/heterosexual), Razón, Verdad, etcétera; la posmodernidad oponía: Cuerpo, Mujer (o el Otro)4, Irracionalidad (ya sea en la forma del inconsciente o en la forma de la afectividad pasiva que origina y motiva toda racionalidad), el relativismo de las verdades, etcétera. Estas vertientes rindieron muchos frutos teóricos y políticos, pero en su intento de escapar de la generalidad y de la abstracción del discurso falogocéntrico tendieron hacia la dirección opuesta: el discurso de la particularidad, de la “singularidad” de cada individuo, de la microhistoria. Este vocabulario a su vez encajó perfectamente con el individualismo burgués de la democracia representativa, de tal modo que, para poner un ejemplo, de las luchas por la libertad sexual LGBTTQ ejemplificadas por los conflictos de Stonewall, ahora solo queda la reivindicación del matrimonio homosexual centrada en el reclamo contractual, los planes médicos, las protecciones fiscales, etc. Y la sexualidad ni por los centros espiritistas. Basta preguntar dónde están los “public displays of afection” de la comunidad LGBTTQ en el trabajo, en los centros comerciales, en la iglesias—como los vemos a diario de infinitas parejas heterosexuales—para ver cuán poco ha cambiado la cosa.5 Lo mismo con la igualdad de género en el trabajo. La denuncia al hostigamiento sexual (y a la implicación de que, por la mujer ser ante todo objeto de deseo, ésta no puede ocupar el lugar del sujeto trabajador de manera plena) se ha distorsionado a tal punto que ahora cualquier mirada es un acto de agresión sexual, generando así una cultura paranoica de victimización de la mujer, generando así un noción de mujer débil que puede ser violentada por la menor de las interacciones.6

El efecto secundario no intencionado de esta nueva cultura de la víctima, es también un neoconservadurismo sexual, una represión institucional de la sexualidad. Es esta represión institucional de la sexualidad la que creo opera en los individuos que se sintieron ofendidos por el performance de Charlene. La cultura de los derechos humanos, de las protecciones constitucionales, ha generado una clase política centrada en el reformismo, en la confianza en que por pequeños incrementos llegaremos a las metas trazadas por el ideal igualitario. Son estos reformistas los que con más recelo suelen reaccionar ante gestos como el de Charlene, invocando la ley, el orden y la moral pública, tal vez por temor a que el Estado les arrebate los frutos de sus tímidas negociaciones, como ha pasado con la ley 7. A esto se han reducido políticamente muchos de los reclamos teóricos-políticos de la posmodernidad.

¿En dónde estamos parados entonces? ¿Cuáles son los caminos que se dibujan como nuevos rumbos de las reivindicaciones políticas de la posmodernidad, si aquello que era invocado bajo el eslogan “lo personal es político” ha terminado por fortalecer el individualismo burgués andro-hetero-normativo? Esos caminos están por verse aun claramente, pero una de las lecciones que hemos de sacar de todo esto es que no es lo personal, en cuanto que personal, lo que es político, sino lo personal en cuanto instancia universalizable de una sujbjetivación discursiva. Lo personal en cuanto que ocasión de un conflicto entre una normatividad opresiva y su opuesto político: la propuesta de una nueva normatividad liberadora. Lo personal en tanto que posible lugar de acción colectiva en un proceso de subjetivación política Insistir en lo personal como particular, como fetichización de las diferencias qua diferencias, equivale al suicidio político. Lo personal, en cuanto que individual, no es lo importante y sobre todo no es lo político. Lo político no es lo personal, sino lo subjetivo. Y el sujeto político del que hablamos —en este caso— no es la individua Charlene González sino el Feminismo.

Si una chica se quita su camisa porque tiene calor, o porque le echaron pica-pica en la espalda, o porque está acidiá y alucina con miles de arañas que se esconden en su camisa y es arrestada, este hecho no debe quitarnos ni un segundo de sueño.7 La arrestan, le radican cargos y allá ella que se las resuelva con su abogado. Pero si una chica se quita la camisa porque tiene calor y reclama para sí el mismo derecho que se le otorga a sus congéneres masculinos y la arrestan por ello mientras a sus amigos varones descamisados se les deja pululando por ahí, entonces nos debe importar a todos, pues quien nos convoca a la acción no es Charlene, sino el sujeto inmortal que ella encarna en ese momento. Quien nos convoca, quien nos interpela, es el feminismo mismo. Y cuando el feminismo llama: hay que acudir, una y otra vez, hay que acudir.

“If there is no ethics ‘in general’, that is because there is no abstract Subject, who would adopt it as his [her] shield. There is only a particular kind of animal, convoked by certain circumstances to become a subject—or rather, to enter into the composing of a subject. This is to say that at a given moment, everything he [she] is—his [her] body, his [her] abilities—is called upon to enable the passing of a truth along its path. This is when the human animal is convoked [requis] to be the immortal that he [she] was not yet.” Alain Badiou—Ethics [mis tachaduras, mis corchetes, mis itálicas]

Teniendo esto en mente tenemos que distinguir entre la persona de Charlene González y el sujeto político inmortal que ella encarna. De la persona de Charlene, por cuanto se le ha escuchado en YouTube, en entrevistas, en Facebook y en su blog, podría decirse lo que se quiera. Ahora, el sujeto que ella encarna, el Feminismo, y el cuerpo que ella le dio el jueves 19 de abril del 2012 para que apareciera aquí y ahora, para que irrumpiera por la fuerza el espacio de coordenadas andro-normativas que habitamos sin darnos cuenta, y el momento queer que ocasionó, merece nuestro absoluto apoyo y solidaridad.

La incapacidad de hacer esta distinción lo que hace es crear distracciones que amenazan con ahogar el gesto feminista de Charlene en una ola farandulera de nimiedades. Antes de salir públicamente a criticar lo que dice, hace o escribe Charlene González, su preparación o sus méritos como actriz, performera, o activista recuerden que no se trata de Charlene, que nuestro compromiso no es con Charlene, sino con mantener abierto el espacio simbólico que su gesto abrió por la fuerza. En la historia del performance siempre ha sido la más fácil y simplona de las estrategias de desarticulación el argumento ad hominem, sobre todo tratándose del trabajo de mujeres feministas.8

Es el cuerpo de Charlene el que dibuja el territorio, el más reciente de muchos, que ha tomado la lucha feminista en Puerto Rico; es a ese cuerpo que debemos serle fieles. Pues es a través de ese cuerpo que logramos, siquiera momentáneamente, ver las redes invisibles que nos atan en el espacio andro-normativo, el espacio en que se ubican las normas de género que nos rigen.

El “splace” de la mujer: Badiou y las tetas de Charlene

“The true contrary of the proletariat [woman] is not the bourgeoisie [man]. It is the bourgeois [patriarchal] world, imperialist [falocentric] society, of which the proletariat [woman], let this be noted, is a notorious element, as the principal [re]productive force and as the antagonistic political pole. […] [T]he project of the proletariat [woman], its internal being, is not to contradict the bourgeoisie [man], or to cut its feet from under it. This project is communism [feminism], and nothing else. That is, the abolition of any place in which something like a proletariat [woman] can be installed. The political project of the proletariat [woman] is the disappearance of the space of the placement of classes [gender]. It is the loss, for the historical something of every index of class [gender].” Alain Badiou—Theory of the Subject [mis corchetes y tachaduras]

El gesto de Charlene es un gesto profundo y políticamente complejo. Ella nos está haciendo un llamado a abolir a la mujer. A abolir la necesidad de la categoría “Mujer”. Rápido podrían cuestionarme: ¿cómo puede ser el llamado a abolir a la Mujer un gesto feminista? La respuesta es sencilla: porque esa es, ha sido y será la meta explícita del feminismo: abolir el espacio virtual de posibilidades de movimiento social que permite que algo así como una Mujer pueda existir: el espacio de género, la diferencia de género. A eso es a lo que Badiou le llama el “splace” [splace] (“the space of placement”): el lugar de la ubicación simbólica de una identidad, su entorno, su condición de posibilidad. Lo que logran hacer las tetas de Charlene es dejarnos ver el “splace” de la mujer. Antes de su performance podíamos jugar a que en el Recinto de Río Piedras de la UPR daba lo mismo ser hombre que ser mujer. Pero no hay más que ver este video de YouTube donde entrevistan a Charlene sin camisa sentada frente al teatro con varios compañeros varones también descamisados para que la andronormatividad se materialize ante nuestros ojos. No hay que escuchar lo que dice, solo hay que mirarse a uno mirando el video, mirar a dónde van a parar nuestros ojos, qué salta a la vista y qué pasa desapercibido.

El gesto de Charlene nos reta con preguntas tan ridículas que avergüenza no tener respuestas: ¿Por qué mis pezones han de taparse y los de él no? ¿Por qué mi amigo sin camisa es solo eso: un tipo sin camisa, mientras yo soy una “ofensa a la moral pública”? ¿Cuál es la diferencia esencial entre mi teta y un “man boob” que le permite a la institución o al Estado arrestarme a mí y hacerle absolutamente nada a un hombre? Pídanle a cualquier agente de la ley y el orden, a cualquier administrador de la Universidad, o a cualquiera de nosotros la respuesta a estas simples preguntas y verán una cara retorcerse en busca de una contestación inexistente. Como mucho, si le pregunta a alguien honesto, lo único que podrá decir es que es ilegal, pero jamás encontrará una justificación de por qué es ilegal que no emplee algún recurso bíblico o alguna oscura referencia a la delicadeza de la mujer, su fragilidad y por tanto, al deber de protegerla—incluso de sí misma—obligándola a taparse. El gesto apunta directamente y sin la mediación del discurso —que es lo poderoso del performance— a la arbitrariedad de una diferencia de género. Incluso abre paso a la incomodísima pregunta por la diferencia esencial entre su camisa y una burka, ya que todo lo que se pueda decir de la connotación sexual de una teta se puede decir de los labios, de las manos, de los lóbulos de las orejas, o de los ojos. (De ahí que la burka tenga hasta rejillas para evitar la entrada de la mirada “lasciva” del hombre).

Al materializar de esta manera la andro-normatividad, se materializa a su vez el espacio de libertad (o de restricciones) de nuestros cuerpos. Un cuerpo que se creía libre el pasado miércoles 18, ahora se sabe restringido en su habitar.

“The normative can be considered an effect of repetition of bodily actions over time, which produces what we call the bodily horizon, a space for action, which puts some objects and not others in reach.” Sara Ahmed—Queer Phenomenology

Este performance constituye un gesto de purificación del espacio simbólico que pretende abrir el feminismo. Hacer que la andro-norma se vea queer en su aparecer. Hacer que otros cuerpos y otras formas de usarlos aparezcan en el horizonte de posibles movimientos en el espacio social. Permitirnos pensar —soñar— un mundo donde verdaderamente dé igual ser hombre que ser mujer: un mundo sin mujeres (y sin hombres, por supuesto). Un mundo post-género, eso es lo que nos regala Charlene. Pero, este mundo solo puede ser alcanzado mediante el terror.

Ontología y Terror: del poder explosivo de un par de tetas

“Anti-terrorism claims to attack the possible future of a ‘criminal association’. But what is really being attacked is the future of the situation. The possibility that behind every grocer [feminist woman] a few bad intentions are hiding, and behind every thought, the acts that it calls for. The possibility expressed by an idea of politics—anonymous but welcoming, contagious and uncontrollable—which cannot be relegated to the storeroom of freedom of expresión.” The Invisible Committiee—The Coming Insurrection [mis tachaduras y mis corchetes]

Por el momento, a actos como el de Charlene le seguiremos llamando arte mientras sea posible, mientras nos lo permitan. Pero llegará el día en que el sentido de su gesto será transparente para las autoridades, e incluso para los individuos más retrógrados de nuestra sociedad. Llegará el día en que incluso ellos vean las tetas de Charlene como lo que son: un ataque terrorista. Ya que lo que significan las tetas de Charlene, la intención política del sujeto feminista encarnado en ellas en su sentido más básico, es la posibilidad de la destrucción del mundo patriarcal, de su implosión. Cuando llegue el momento en que gestos como este no puedan protegerse bajo el cobijo de la libertad de expresión, llegará la guerra de género.

Puede que la noción misma de una guerra de género, suene ridícula para muchos. De hecho, lo fue así para mí. Allá para junio 2001, mientras estudiaba en Madrid, asistí a un encuentro entre Manuel Castells, Anthony Giddens y Alain Touraine y este último dijo algo que en aquel momento me pareció absurdo. Dijo que así como el conflicto principal del siglo veinte había sido el conflicto entre burgueses y proletarios, el del siglo veintiuno sería entre hombres y mujeres. Hoy día y a la luz de los debates y las legislaciones que se están proponiendo y aprobando en los Estados Unidos sobre ilegalizar el aborto, revertir las leyes que garantizan la igualdad de paga (“equal work equal pay”) aludiendo a “razones” como “Money is just more important to men.”9 (I’m not kidding), ilegalizando el uso de los contraceptivos y redefiniendo sus efectos como “asesinato”, revirtiendo así todas las conquistas de derechos reproductivos y el derecho a la autonomía del cuerpo de las mujeres, la idea de Touraine ya no me parece nada absurda.10

Mientras tanto, en lo que gestos como los de Charlene consiguen suficiente consistencia política y generan la suficiente fidelidad de una multitud para activar una guerra, les seguiremos llamando actos de terrorismo-(est)ético, les seguiremos llamando performances y buscaremos, pragmática y estratégicamente, cobijo bajo las protecciones de la libertad de expresión, pues siempre es mejor tener a las activistas en la calle que en la cárcel. Pero tenemos que estar claros en lo que está en juego, en lo que se quiere lograr con estos actos: la irrupción por fuerza de una nueva ontología, de un nuevo orden de las cosas, de una sociedad sin género.

La razón por la cual no lo pienso dos veces antes de emplear este vocabulario bélico es que de lo que se trata es de la extinción de un mundo, de la toma por la fuerza de la ontología de un mundo. La ontología, la estructura conceptual-material que establece qué objetos y cuerpos hay en el mundo y cómo debemos tratarlos, se convierte en el objetivo de una guerra. En particular, la ontología del mundo patriarcal que designa el cuerpo femenino como otro, como objeto sin interioridad, como pura exterioridad que hay que tapar y callar, que hay que vender y comprar; esa ontología es la que amenazan las tetas de Charlene: armas terroristas de género. La lucha no es tan cuesta arriba como parece, este mundo es tan frágil que un par de tetas lo amenaza. La misma estructura de esta ontología delata sus fisuras y sus puntos de quiebre. ¿Por qué habría que insistir en pagarles menos —por qué pagarles, punto—, si el dinero no es importante para ellas? ¿Porqué legislar para administrarles sus cuerpos si ellas se someten voluntariamente? ¿Por qué obligarlas a cubrirse, por qué encerrarlas en la casa, si ellas no desean y son solo objeto del deseo? ¿Por qué habría que callar a las mujeres, prohibirles la educación, golpearlas para someterlas, si no tienen interioridad? ¿Por qué prohibirles que guíen si no se quieren escapar? Obviamente, estas medidas represivas apuntan al secreto oscuro del patriarcado; la represión delata el poder insurreccional que se esconde tras el velo-niqāb (sea este literal o simbólico). Por eso cortan clítoris y cosen vulvas, por eso les pagan menos, por eso les pegan, por eso las arrestan por mostrarse. Porque ven tras cada mirada forzada a la sumisión, el terror insurreccional del sujeto feminista. El terror de unas tetas que colapsan mundos.

  1. Aún cuando las protestas políticas también están protegidas por el derecho a la libertad de expresión, basta con haber recibido una roseada de “pepper spray” para saber que en Puerto Rico, esa es una protección que siempre llega demasiado tarde. []
  2. Como el ejemplo de Egipto demuestra estas no son solo posibles reacciones en abstracto, piénsese, por ejemplo, qué pasaría si una mujer hace lo mismo que hizo Charlene en Irán, en Siria… []
  3. Para una versión más lirica de lo que hace y es el performance véase mi manifiesto titulado “Violencia meta-física como ética de futuro: un manifiesto para el performance”, publicado en 80grados. []
  4. La mujer aquí toma el lugar del Otro en general, sea este una mujer blanca heterosexual, o una mujer lesbiana, un hombre negro homosexual, y un hombre o mujer transgénero o transexual. Esta es la razón por la cual para Deleuze y Guattari todo sujeto político tiene que pasar por devenir-mujer, en su proceso de des-subjetivación que los lleva a devenir-animal y devenir-imperceptible. []
  5. El asunto de la invisibilización de la sexualidad LGBTTQ en los debates en torno al matrimonio Gay y en el activismo LGBTTQ contemporáneo en general ha sido eficaz e insistentemente traído y cuestionado críticamente por Yoryie Irizarry en el foro cyber puertorriqueño. Véase, por ejemplo, su columna “Del matrimonio Gay y su llegada a NY” publicada en 80grados y “Es el sexo estúpido!” publicado en su blog Cyborg Yoryie…An Other’s Queer Latino Blog. []
  6. Sin hablar de la neutralización de la transformación ética que se buscaba con estas denuncias, al reducir el problema del hostigamiento sexual a una mera firma en un papel. La burocracia se convierte, en este caso, en el cementerio de la fuerza política del reclamo feminista. []
  7. Esto obviamente es relativo; podría quitarnos el sueño por muchas razones, pero no por las que nos conciernen en este escrito. []
  8. De esto da cuenta María Ruido en su libro sobre la artista/performera cubano-americana Ana Mendiata: “Aunque la crítica tradicional ha insistido en el carácter personal y narcisista de sus trabajos de incorporación (en una acepción deliberadamente estrecha e individualista de los términos), y por lo tanto y desde sus planteamientos, en la descontextualización y la despolitización de sus obras, una visión menos limitadora de éstas puede descubrir […] no sólo su evidente relación con la utilización del cuerpo en el body art y su incidencia en la desestabilización del objeto artístico tradicional, sino también una comprensión del cuerpo (de la imagen del cuerpo) como el territorio representacional por excelencia, como un espacio de lucha política…” [María Ruido—Ana Mendieta] Liliana Ramos Collado ha hecho un punto semejante en el “thread” de comentarios a “Otra censura en ‘Dialogo’: el arresto de Charlene Jane” (publicado en 80grados) donde dice lo siguiente: “…tampoco el performance de Charlene es acerca de su cuerpo personal, sino de su cuerpo emblemático… simbólico cuya carne ha sido inscrita con el lenguaje cultural y coyuntural de la ‘prohibición de mostrarse’… se llama ‘tabú’.” []
  9. La cita es del senador republicano Glenn Grothman. []
  10. De hecho, ahora sueño con que la conclusión lógico-política de la primavera árabe sea la resurrección masiva del sujeto feminista en toda la región: una verdadera guerrilla de género—quema de burkas y Coranes por todas partes. ¡Fuck Ala, Fuck Jeová, Fuck Jesucristo y toda otra religión que tenga por dogma de fe la subordinación de la mujer al hombre! []

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  • Helion Cruz Gonzalez

    Tu lenguaje es un poco escogido y por lo tanto, poco amistoso para quien no tiene un background como el tuyo. Sin embargo, me parece un gran artículo. Siempre he creído que a la mujer no se le da el crédito que merece y que actos tan sencillos como el de esta joven producen lo peor de los machos, sólo por eso, porque son machos y ven esto como un reto a su machismo. Sin embargo, si ser macho sirviera de algo, los hombres fuéramos los que pariéramos, ¿no? Yo admiro a la madre de mis hijos, quien, luego de darme un hijo, me dio una hija y después, un hijo más, y más tarde, me regaló otro. Sé que si yo hubiese sido el que parió el primero, probablemente la hubiese matado si se hubiese atrevido a tocarme buscando otro.
    Me quito el sombrero ante mi ex.

  • http://patillasecoresort.com/ Licbenet

    Creo este un excelente artículo que trae el problema de la mujer en su proceso de liberación y de su equiparación al hombre,a lo cual tiene perfecto derecho

  • Rodney

    Hola Bernat

     

    Quisiera comentar algunos puntos tratados en el artículo y
    comentarios. Quizás pueden verse como tarde en la discusión, pero igual
    prefiero verlo no como noticia de última hora que ya pasó sino como un diálogo
    sostenido que nos permita buscar formas de desintoxicarnos del patriarcado…

     

    -El artículo comienza con una imagen de Niqabitches en
    Francia. Este performance hay que verlo también como una respuesta al contexto
    francés, no necesariamente a la situación de la mujer en Medio Oriente o Norte
    de África o lugares donde predomine el islamismo. El performance tiene que ver
    con la prohibición del velo en Francia y por eso en el video ellas caminan por
    instituciones del estado. La prohibición del nikab no es sólo visto como una
    imposición contra mujeres musulmanas sino como una forma de meterse en códigos
    de vestimenta de la mujer; también la desnudez, lo que nos regresa al
    performance de Charlene.

    “At one point a policewoman asks for a picture. Once the law comes into
    effect, she will be obliged to fine them. It proves that covering up per se is
    not the point. It’s what it entails, and what value judgements we then make
    based on that – a tenuous position indeed from which to legislate against any
    form of dress.

    In discussions about the niqab, this opposition’s argument of last resort is
    that public nudity is the polar opposite of full coverage and hence the same
    laws should apply. The video subverts that argument by rendering exposed and
    covered flesh two sides of the same coin but as manifestations of personal
    freedom of dress.” (http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/oct/07/niqabitch-niqab-debate)

    Por otro lado, en anillos de exclusión y pobreza que rodean
    París (donde ha habido disturbios de protesta antes de las revoluciones en
    países árabes), viven personas que provienen de antiguas colonias (Argelia,
    Marruecos…), y donde también hay mujeres que utilizan velo. Forzar el desvelo
    ha formado parte de prácticas coloniales en los países de donde proceden,
    también en Egipto durante la colonización británica, por tanto pasar leyes
    contra el velo en Francia se mezcla dinámicas de patriarcado colonial. Como
    describe Jennifer Heath (2008) en la introducción de una antología de escritos
    de mujeres sobre el velo: “When the veil is forced –then enforced— it is repression. Yet, as we see increasingly today, the
    veil is also a symbol of resistance –against ethnic and religious
    discrimination. When the veil
    is forcibly stripped from its wearer, that too, is subjugation, not
    emancipation.” “The veil is a persistent symbol of [contemporary] Europe’s struggle to come to terms with
    cultural diversity and social inclusion.”

     

    Una mujer francesa musulmana fue expulsada de una piscina pública
    en Francia en el 2009 por llevar puesto un “burkini” (pieza de baño de cuerpo
    entero, como un body suit pero con un poco de tela que cubra la silueta del
    cuerpo). La expulsión fue justificada por las autoridades por razones “higiénicas”,
    para tratar de encubrir la reacción de lo que sería en este caso atípico en el
    panorama de la piscina pública.

     

    Con esto no estoy abogando en favor del velo o el burka,
    tampoco tomando una posición relativista, sino que es importante tomar en
    cuenta en este debate las otras formas de patriarcado que interceden.

     

     

    -A pesar que en los comentarios ya se ha expresado que traer
    el tema del burka puede coincidir con las retórica y justificación de
    intervención militar en Medio Oriente, creo que es importante también tomar en
    cuenta en este debate que el velo se ha convertido en un fetiche, como el de la
    desnudez con tacones que también es parte del performance de Niqabitches, pero
    obviado por la fijación en el nikab.

     

    El velo se ha convertido en un imán o telaraña que reduce el
    debate de la situación de la mujer a en Medio Oriente, norte de África o
    sociedades musulmanas en un tema estético, que a su vez sirve de velo para
    dejar a un lado otros temas de gravedad. Quizás trataste de traer algo de complejidad
    en el poco espacio que tenías en el artículo sin desviarte de tema, con el
    ejemplo de las mujeres que prendieron en fuego los fundamentalistas por no
    llevar velo, pero al menos este ejemplo no he podido verificar si eso a
    sucedido o no aquí en Egipto. Por lo menos a varias personas que he preguntado,
    nadie ha escuchado de esto hecho en sí. Los fundamentalistas fomentan muchas prácticas
    represivas sin duda, pero al menos ese hecho no sé si ha ocurrido. A pesar de
    no haber escuchado sobre este incidente, una amiga egipcia me dijo que no le
    sorprendería que haya ocurrido.

     

    A pesar que no pude confirmar este hecho, la situación es
    jodida y no por un incidente horrible que pudo haber ocurrido o no (quizás fue
    en otro país de la región o ocurrió aquí y fue censurado en la prensa); también
    es jodido por las dinámicas de acoso día a día o minuto a minuto, pero también
    en temas estructurales como estimados que consideran que hay hasta más 40% de
    analfabetismo en mujeres, mientras que en los hombres es un 17%.

     

    En Arabia Saudita, que con Irán son los únicos países en el
    que es ley que todas las mujeres deben utilizar velo, es también el único país
    que prohíbe a las mujeres manejar carro. A pesar que no ha sido a través de la
    desnudez como Charlene, el video de la mujer que ha manejado el carro para
    retar esta ley ha sido muy importante en la región. La mujer fue condenada a
    diez latigazos.

     

    Pero también se ha utilizado la desnudez. En el enlace de la
    revista Der Spiegel que compartes hay fotos de una bloguera egipcia desnuda
    como forma de protesta. Y lo que más me gusta de este enlace es que también
    muestra la foto que se hizo un grupo de mujeres israelíes en apoyo a la bloguera
    ante las críticas y rechazo (de hombres y mujeres) que recibió.

     

    Agresiones que si se han dado en Egipto recientemente son la
    de los militares que han forzado a mujeres participantes de protestas
    arrestadas a “pruebas de virginidad”, porque son unas “putas” al estar mano a
    mano con hombres en las protestas y acampadas. Tanto han regado los militares
    esta mentalidad, que en diciembre un grupo de policías militares patearon y
    arrancaron la ropa una mujer en plena calle por participar en protestas.

    .

    Con todo esto no quiero decir que la discusión del burka no
    importa. Lo que he tratado de decir es que existe la obsesión por este tema que
    a su vez crea un velo a la hora de ver la situación de la mujer, y sus
    iniciativas de empoderamiento como sujeto entre actos y medidas patriarcales.

     

    -Creo que es importante considerar en la discusión la
    violencia contra la mujer en el norte de México, que se llegó a conocer más por
    el feminicidio en Ciudad Juarez. No sólo las autoridades se han lavado las
    manos en esto sino que han llevado el patriarcado estatal a los extremos insinuar
    que no hubiera sucedido si las mujeres llevaran la falda más larga.

     

    -Por último, creo que ha sido genial la transformación del proletariado
    por la mujer en la cita de Badiou. Pero creo que es importante no dejar a un
    lado la situación de la mujer en distintas clases sociales. Una muestra de esto
    puede ser la película iraní  La separación
    donde se ven historias de dos mujeres enfrentando cosas muy distintas dentro de
    un mismo sistema patriarcal. 

  • Bernat Tort

    Aquí un link a una galería de fotos de la revista alemana Der Spigel de manifestaciones internacionales donde los protestantes usan el desnudo como medio de protesta.

    http://www.spiegel.de/fotostrecke/fotostrecke-75459.html

  • 80grados

    Aquí el texto que cita Bernat de Alain Badiou, pertinente para este debate:
    The Racism of Intellectuals

    by Alain Badiou, philosopher, dramatist and writer

    The extent of the vote for Marianne Le Pen is surprising and
    overwhelming; we look for explanations–The political class comes out
    with a handy sociology: the France of the lower classes, the misled
    provincials, the workers, the under-educated, frightened by
    globalization, the decline in purchasing power, the disintegration of
    their districts, and foreign strangers present at their doors, wants to
    retreat into nationalism and xenophobia.

    Besides, these are already those French “stragglers” who were accused of having voted “No” in the referendum on the draft European Constitution– One opposes them to the educated, urban modern middle classes who are the social salt of our well-tempered democracy.

    Let’s say that this France “from below” {Joe Publique Francais?–GP} is in these circumstances the donkey in the fable, the scabby and mangy “populist” from which comes all the Le Pen evil. That said, this political-media resentment against “populism” is strange. Could democratic power, of which we are so proud, be allergic to one’s worries about the people? Democratic power being the opinion of these very people, and also more. When asked “are policy makers
    concerned about what people like you think?” the entirely negative
    response “not at all” increased from 15% of the total in 1978 to 42% in
    2010! As for the total positive responses (“Very much” or “somewhat”),
    it declined from 35% to 17% (for this and other interesting statistical
    indications, refer to the special issue of La Pensée, “Le peuple, la
    crise, et la politique” by Guy Michelat and Michel Simon). That the
    relationship between the people and the state is not a trustworthy one
    is the least we can say.

    Must we conclude that our state doesn’t have the people it deserves, and that the somber Le Pen
    vote certifies this democratic insufficiency? To strengthen democracy
    would require the government to elect another people, as Brecht
    ironically proposed…

    My thesis is rather that two other culprits should be highlighted:
    the successive leaders of state power, both the left and right, and a
    significant body of intellectuals.

    Ultimately, it is not the poor of our provinces who have decided to
    limit as much as possible the basic right of workers in this country,
    whatever their nationality of origin, living here with their wives and
    children. It is a socialist minister, and then all those of the right
    who have rushed into the breach. This is not an undereducated rustic who
    proclaimed in 1983 that the Renault strikers – in fact mostly Algerian
    or Moroccan – were “immigrant workers (…) agitated by religious and
    political groups which are based on criteria that have little to do with
    the French social realities “.

    It was a socialist prime minister, of course, to the delight of his
    “enemies” of the right. Who of us had the good sense to say that Le Pen
    actually speaks to real problems? An Alsatian militant of the Front
    Nationale? No, it’s prime minister Francois Mitterrand. This is not the
    stunted population of the rural interior that created the detention
    centers that imprison, without any real right, those who are also
    deprived of the opportunity to acquire legal papers of their presence
    here.

    This is not the frustrated immigrants in the outskirts of our cities 
    who made the order, heard across the world, to issue French entry visas
    at the rate of a trickle, all while boosting eviction/deportation
    quotas that must at all costs be carried out by the police. The
    succession of restrictive laws that attack freedom and equality of
    millions of people who live and work here under a pretext of otherness,
    this is not the work of “populism” unleashed.

    At the helm of these legal crimes, we find the state, plain and
    simple–All successive governments, since Francois Mitterrand, and then
    relentlessly thereafter. In this area, and these are just two examples,
    the Socialist Lionel Jospin made known the moment he came to power there
    was no question of abolishing the xenophobic laws of Charles Pasqua;
    the socialist Francois Hollande indicated that the regularization of the
    undocumented would not be decided under his presidency moreso than
    under that of Nicolas Sarkozy. Continuity in this direction is clear. It
    is this stubborn encouragement of the state that shapes the ugly
    racialist opinion and reaction, and not vice versa.

    I also don’t believe it to be unknown that Nicolas Sarkozy and his
    gang were constantly on the forefront of cultural racism, raising high
    the banner of “superiority” of our dear Western civilization and voting
    in an endless succession of discriminatory laws whose wickedness appalls
    us.

    But finally, we fail to find a left that rises up in opposition with
    the strength demanded by such determined reactionaries. The left even
    often stated that it “understood” this demand for “security”, and voted
    without emotion for such flagrantly paranoid decisions as those aimed at
    expelling from public space any particular woman because she covers her
    hair or her body.

    The left’s candidates announce everywhere they are leading a ruthless
    fight, not so much against the corruption of the capitalists and the
    dictatorially ascetic budgets as against undocumented workers and
    recidivist juveniles, especially if they are blacks or Arabs. In this
    area, both the right and left have trampled every principle. It was and
    is, for those who are deprived of papers, not a State of law, but the
    state of exception, the state of non-law. They are the ones who are
    insecure, and not wealthy nationals. If we were, which God forbid, be
    resigned to deport people, it would be better that we choose our rulers
    rather than the very respectable Moroccan or Malian workers.

    And behind all this, for a long time, for over twenty years, who do
    we find? Who are the glorious inventors of the “Islamic menace”, which
    according to them is in the process of disintegrating Western society
    and our beautiful France? Who but the intellectuals engaged in their
    infamous task of fiery editorials, twisted books, and rigged
    “sociological surveys”? Is this a group of retired provincials and
    workers in de-industrialized towns who patiently erected the whole
    affair of the “clash of civilizations”, the defense of “republican
    pact”, the threats to our beautiful “secularism”, the “feminism”
    outraged by the daily lives of Arab women?

    Isn’t it unfortunate that only the leaders of the far right (who only
    pull the chestnuts from the fire) are interrogated– without ever
    exposing more often the overwhelming responsibility of those on the
    so-called “left”, and more often the teachers of “philosophy ” rather
    than the supermarket cashiers– why not those who passionately argued
    that the Arabs and blacks, especially young people, are corrupting our
    educational system, perverting our suburbs, offending our freedoms and
    insulting our women? Or that there were “too many” in our football teams? Exactly as one use to speak of Jews and “{insert racial slur here}‘s”– that because of them eternal France was threatened with death.

    There have been, of course, the emergence of fascist splinter groups
    labeling themselves as Islamic. But there are just as well fascist
    movements labeling themselves in defense of the West and Christ the
    King. This fact does not prevent any Islamophobic intellectual from
    incessantly praising our superior “Western” identity and to arrive at
    lodging our admirable “Christian roots” in the worship of secularism–And
    Marine Le Pen (one of the most fierce practitioners of this religion)
    has finally revealed the kind of political kindling that spreads its
    flames.

    In truth, it is the intellectuals who invented the anti-working-class {antipopular}
    violence, particularly directed against the inner city youth, which is
    the real secret of Islamophobia. And it is governments, unable to build a
    civil society of peace and justice, who delivered the foreigners, and
    the first Arab workers and their families, as fodder for disoriented and
    fearful electorate. As always, the idea–no matter how criminal–precedes
    power, which in turn shapes the opinion that it needs. The
    intellectual–no matter how appalling–precedes the minister, who
    constructs her followers.

    Books–no matter how disposable–arrive before propaganda, which
    misleads instead of instructs. And thirty years of patient effort in
    writing, invective and clueless electoral competition find their dismal
    reward in tired minds as in the voting herd.

    Shame on these successive governments, who all competed on related
    themes of security and the “immigrant problem”, so as to cloud the fact
    that they primarily served the interests of the economic oligarchy!
    Shame on the neo-racialist and crudely nationalist intellectuals, who
    patiently covered over the void left inside the people by the temporary
    eclipse of the communist hypothesis with a layer of nonsense about the
    Islamic menace and the ruin of our “values” !

    It is they who must now account for the rise of rampant fascism, whose mental development they have ceaselessly promoted.

  • Bernat Tort

    A todos los que estamos participando de éste debate:
     
    Me ha llegado vía Yoryi esta traducción de un artículo de Badiou titulado “The Racism of Intellectuals” (https://guavapuree.wordpress.com/2012/05/06/badiou-the-racism-of-intellectuals-translation/) que es muy pertinente para esta discusión.  En él Badiou intenta explicar, mediante el recurso a una doble hermenéutica, el porqué del éxito electoral de Marianne Le Pen y la derecha nacionalista, xenofóbica e islamofóbica en francia.   En resumen Badiou propone que no es el público francés el origen de esta xeno e islamofobia, como parecería siguiendo la lógica democrática: “El pueblo habló y yo obedezco.”,  sino que han sido los intelectuales, y las/los feministas los que han generado las condiciones discursivas para esta xeno  e  islamofobia.   Por supuesto algo de esa agua me cae a mi (o más bien a ciertas lecturas posibles de mi texto: las que enfatizo Raquel A. en sus críticas).  Les dejo con tres citas clave:
     
    “The left even often stated that it “understood” this demand for “security”, and voted without emotion for such flagrantly paranoid decisions as those aimed at expelling from public space any particular woman because she covers her hair or her body.”—Alain Badiou—“The Racism of Intellectuals”
     
    “And behind all this, for a long time, for over twenty years, who do we find? Who are the glorious inventors of the “Islamic menace”, which according to them is in the process of disintegrating Western society and our beautiful France? Who but the intellectuals engaged in their infamous task of fiery editorials, twisted books, and rigged “sociological surveys”? Is this a group of retired provincials and workers in de-industrialized towns who patiently erected the whole affair of the “clash of civilizations”, the defense of “republican pact”, the threats to our beautiful “secularism”, the “feminism” outraged by the daily lives of Arab women?”—Alain Badiou—“The Racism of Intellectuals”
     
    “In truth, it is the intellectuals who invented the anti-working-class {antipopular} violence, particularly directed against the inner city youth, which is the real secret of Islamophobia. And it is governments, unable to build a civil society of peace and justice, who delivered the foreigners, and the first Arab workers and their families, as fodder for disoriented and fearful electorate. As always, the idea–no matter how criminal–precedes power, which in turn shapes the opinion that it needs. The intellectual–no matter how appalling–precedes the minister, who constructs her followers.”—Alain Badiou—“The Racism of Intellectuals”

  • Ernesto Blanes

     

    Teta deleuziana

    ¿Qué es una teta?

     La teta es un territorio.  O lo que es lo mismo, la teta es una
    territorialización, llevada a cabo por la forma-estado del Hombre, del medio constituido
    por el agenciamiento de la glándula mamaria y de la trompa.  Todo territorio es un acto. El territorio “toma
    prestado a los medios, los muerde…”  La
    territorialización, como acto, contiene dos etapas.  La primera etapa consiste en trazar el
    círculo.  El Hombre traza el círculo
    alrededor de la aureola y la protege del caos. 
    El caos amenaza desde el límite que la separa del medio exterior de la
    piel indiferenciada, y del aire que transporta la mirada.  La forma-estado del Hombre entonces engendra
    en el centro, el pezón, su lugar de domicilio, y declara de la aureola su
    dominio.  Así se consuma la etapa de la codificación. 

    La próxima etapa
    consiste en la “expresividad del ritmo”. 
    El Hombre realiza su marca tornando “los componentes direccionales en
    elementos dimensionales”, inscribiendo a través del sostén el índice de su
    apropiación.   El sostén a su vez se constituye
    en la zona o membrana intermedia.  Para
    abolir la funcionalidad de la glándula y establecer el signo de la teta, hace
    falta constancia temporal y alcance espacial de la expresión.  Es decir, hace falta que el sostén
    prevalezca, que se instale permanentemente como símbolo exterior.  El Hombre cubre finalmente el sostén de una
    sustancia anexa, la camisa, y de esta forma se configura la
    sobre-codificación.  El acto de la
    territorialización se ha completado.

    El agenciamiento
    que constituye todo territorio visibiliza a su vez sus líneas de fuga.  Las líneas de fuga atraen la atención de las
    máquinas de guerra circundantes.  Una
    línea de fuga actualizada posibilita el acto correlativo de la
    desterritorialización, es decir, la vulneración de la forma-estado del Hombre. El
    performance de Charlene, como actualización de una línea de fuga, llevó a cabo
    un acto de desterritorialización.  La
    desterritorialización expone el territorio al medio y amenaza con devolverlo a
    la función de la glándula.  Esta amenaza
    activa en la forma-estado del Hombre el mecanismo de una represión policial, lo
    cual a su vez intensifica proporcionalmente la campaña de la máquina de guerra.

    El propósito
    esencial de la máquina de guerra no es la guerra.   El
    propósito tampoco es retornar a la función del medio, es decir, a la glándula,
    sino inventar una reterritorialización de la teta que la abra a una nueva forma
    de expresión.  Ponerla en conexión con un
    nuevo devenir de la mirada reterritorializante, que recíprocamente ponga a la
    mirada a pasar por una nueva desterritorialización.  Producir una exapropiación.  Constituir o crear nuevos agenciamientos de
    la mirada-teta.

    Pero la
    forma-estado del Hombre axiomatiza los embates de la máquina de guerra y
    resiste con todas sus fuerzas.  Ello no
    basta, no obstante, para reprimir nuestro entusiasmo en imaginar nuevos
    agenciamientos de la mirada-teta.

  • Karina Cortes

    Si no llego a terminar de leer hubiese  pensando que todo el análisis sobre si “lo de Charlene” fue o no un performance es  el único tema relevante a este suceso.  Es precisamente ese debate el que más me llama la atención puesto que los que parecen defender a Charlene y su performance lo hacen (por lo que he podido leer en comentarios al margen de las notas periodísticas y en las redes sociales) defendiendo precisamente su derecho a expresarse, a realizar ese performace.   Y ese es mi principal incomodidad: limitarese a  defender su derecho a expresarse o a realizar un performace podría ser una forma muy cómoda de evadir el próposito (que entiendo) tenia Charlene con su performace: dejarnos ver lo absurdo de la idea que mostrar las tetas es inmoral, ofensivo, impúdico (ciertamente es una falta de pudor).  Lo más probable es que no he dado con esa reacción colectiva porque precisamente aun cuando esté de acuerdo con su posición me siento incapaz de reproducir su forma de manifestarla, porque mi pudor no me lo permite.  Creo que su gesto no sólo expone el absurdo detrás de la desnudez en el contexto de la “lucha” de generos sino la desnudez como inmoral y punto. Su gesta me hace cuestionar cómo aún cuando esté de acuerdo con su discurso (por bien o mal constriuido que esté) no soy capaz de solidarizarme con ella más allá del mero acto de darle la razón.  Bravo a Charlene, gracias al autor.

  • Ernesto Blanes

    Saludos Bernat  (y al resto de la gente que conozco y amo y
    que han participado en este foro):

    Veo que este
    vecindario que se ha constituido en torno a tu extraordinaria participación ya está
    muy animado.  Así que voy a limitar mis
    comentarios a dos puntos breves (los únicos en los que encuentro posibilidades
    de desacuerdo contigo, aunque quizá sólo sea un ejercicio), con la expectativa
    sin embargo de que sean lo suficientemente polémicos (en cuanto al sujeto que
    tú y yo encarnamos, claro está, y no en lo que concierne a la situación “local”)
    como para provocarte (léase una agitación intelectual), y lo suficientemente
    técnicos como para diferenciarse (porque en cierta medida comparto inquietudes
    con Érika, Rubén y Luis):

    A)                      
    A) Tengo
    (al menos) dos objeciones a tu formalización de una oposición   entre lo “universal”
    y lo “personal”.  Creo que no es una
    oposición rigurosa “en derecho”, es decir, como abstracción o purificación
    ideal o teórica, y tengo aún más problemas con atribuírsela a lo que tú llamas “el
    grito de guerra de la posmodernidad”. 

    De una parte,
    todo lo que pasa por el lenguaje es ya universal, ha sido ya necesariamente
    universalizado, es decir, idealizado, ha pasado por la interiorización del
    sentido.  Esta operación la describió con
    una precisión y lucidez inaudita el Hegel de la Fenomenología del espíritu, en la primera sección del primer
    capítulo del libro, pero autores como Husserl, Heidegger o Derrida hicieron
    todo su esfuerzo por recordárnoslo.  Así
    que si estableces una equivalencia entre lo universal y lo político, entonces
    formará parte del ámbito de lo político toda experiencia individual expresable
    a través del lenguaje, sea ésta privada o pública, interior o exterior.  Para testimoniar sobre ello basta con invocar
    el éxito universal de la literatura romántica, sin hablar de ese género tan
    maravilloso que es el melodrama. 

    Lo cual, de otra
    parte, no sería tan contradictorio (o sería muy consecuente) con lo que identificas
    con “el grito de guerra de la posmodernidad”. 
    Sólo que aquí habría que precisar, determinar un poco mejor ese “grito”.  Me parece que el gesto esencial del
    pensamiento “posmoderno” consistió más bien en despejar y hacer visible (degager) lo que podríamos llamar un
    lugar, un espacio, un sitio, un topos,
    en todo caso un nivel, una instancia, una escala, una esfera que vino a
    complicar la ontología política tradicional. 
    Es decir, a partir de la obra de unos autores en particular, durante el
    siglo XX el centro o foco de la discusión política en occidente fue desplazado,
    o si prefieres, descentrado, del paradigma de la “soberanía” (forma de estado, régimen
    político, estructura institucional, separación de poderes, etc… como “verdades
    eternas”) al problema del “gobierno” del género humano, es decir, el problema
    de la “economía”.  Estos dos últimos términos,
    por supuesto, son entendidos en su sentido más amplio y, en el caso del último,
    filológico, como “nomos” del “oikos”, como administración, cuidado (Sorge), preocupación (souci), gerencia, mantenimiento, organización,
    ordenación, disposición (la Gestell, esencia
    de la técnica para Heidegger) de la vida, del cuerpo y del espacio íntimo o
    cotidiano.  Puesto en otros términos, nos
    desplazamos de una reflexión sobre el “Poder” “molar” a una reflexión sobre “los
    poderes” “moleculares”, sobre la “relación de fuerzas” en su “plano de
    consistencia”.  

    No obstante, el
    evento no consistió simplemente en sustituir “objetos” de estudio.  Antes bien, de lo que se trató fue fundamentalmente
    de un ajuste, de un reenfoque de la mirada y del acercamiento al “objeto”, de
    una co-implicación del observador sujetado a la mirada y de una problematización
    del ángulo que condiciona toda visión.  La
    consecuencia de esta reorientación no sólo fue la apertura de nuevas luchas
    axiomáticas por la inclusión de sujetos hasta entonces desconocidos o invisibilizados,
    o de áreas de investigación temáticas y académicas hasta entonces inexploradas,
    sino la toma de conciencia, la consignación y la denuncia de procesos
    de opresión fluidos, flexibles, discontinuos, íntimos, parasíticos, cotidianos,
    inconcientes,
    hasta entonces ignorados por los grandes discursos, programas, consignas o
    luchas políticas “eternas”.  No sería
    inútil aquí recordar cómo esa conducta o regla de exclusión y delimitación del
    ámbito “personal” ha sido tan detrimental a los comunitarismos fusionales del
    tipo que propones.  Cómo en nombre de “verdades
    eternas” y “principios universales” se han llevado a cabo las injusticias más abominables. 
     

    Sin embargo, no
    me parece que la categoría de lo personal haya sido objeto de una tematización
    explícita por parte de ningún autor importante de la época (no sé si esto te da
    o no la razón realmente).  Y aunque el nivel
    de generalidad de esta discusión no permite un acercamiento a la obra de
    autores específicos, me atrevo imprudentemente a afirmar que la palabra “personal”
    brilla por su ausencia en la obra de Foucault, de Deleuze, de Derrida, de
    Lacan, etc.  Diría lo mismo en relación
    con la palabra “irracional”, pues no se me ocurriría tildar a ninguno de estos
    autores de “irracionalistas”. (De hecho, la Historia
    de la locura en la época clásica me parece uno de los proyectos más
    racionalistas del siglo XX, hyper-racionalista). Y ni el inconsciente
    freudiano-lacaniano, o el derridiano, ni el afecto o el agenciamiento deleuziano
    o foucauldiano son irracionalistas.  La
    tentativa fue más bien la de formular una nueva lógica, de ampliar o
    problematizar la Razón.  (Si Badiou te
    escucha diciéndole irracionalista a Lacan, le Maître, te atacaría con
    virulencia. jaja)

    La tarea infinita
    impuesta por esta reorientación, la de formalizar esas operaciones de margen,
    continúa siendo el único horizonte fecundo de una lucha política actual.  Y es una infinitización husserliana, que hay
    que comprender no en su forma positiva y actual, sino en una forma indefinida,
    en un infinito negativo regulador (un al infinito)
    que escapa a la crítica hegeliana de Kant y Fichte.  ¿Cómo entonces con seriedad afirmar que se
    agotó? Esa (el “grito de guerra posmo” como evento) es una verdad eterna, a la
    cual hay que serle fiel.  Y en este
    sentido restringido, el formalismo o idealismo terrorista y reaccionario (sí,
    reaccionario, regresivo, contra-revolucionario) que Badiou pretende “resucitar”
    de su lápida maoísta es un escándalo.

    En fin, que me
    parece que tu escrito y algunas de tus intervenciones establecen una
    equivalencia no cualificada, y confunden en una sola oposición, las categorías
    heterogéneas de lo universal, lo público, lo colectivo, lo ideal o lo exterior de
    un lado, y lo particular, lo personal, lo privado, lo empírico o lo interior del
    otro.  Y más que metodológica, me parece
    que es el producto de una decisión estratégica. La cual puede ser muy legítima
    en el contexto local en el que intervienes: PR, pero la cual lleva nombre:
    dogmatismo. ¿Cuál sería la consecuencia práctica en lo que concierne a
    Charlene? Precisamente, que esta equivalencia te autoriza a excluir del
    análisis, menospreciar o desestimar como elementos “personales” su conflicto
    subjetivo, su deseo, sus luchas o resistencias íntimas, las circunstancias que
    animan su propósito y las represiones que haya podido sufrir más allá de ser
    denunciada o arrestada.  Pero a la vez,
    contradicción curiosa, que sólo estás dispuesto a defenderla porque realizó un
    performance.  Es decir, que si, en
    efecto, la norma o el axioma que pretendes combatir, la represión de la
    exhibición del cuerpo femenino, hubiese advenido visible o hubiese sido puesta
    de relieve porque “… una chica se quita su camisa porque tiene calor, o porque
    le echaron pica-pica en la espalda, o porque está acidiá y alucina con miles de
    arañas que se esconden en su camisa y es arrestada, este hecho no debe
    quitarnos ni un segundo de sueño.” ¿Cómo? ¿No sigue siendo la misma norma, la misma
    represión, la misma operación, el mismo prejuicio, el mismo proceso de opresión
    el que estaría operando?  ¿Por qué la “intención”
    o “acto” de realizar un performance sería tan crucial para tomar la decisión de
    apoyar o defender la impugnación o el cuestionamiento de legitimidad de un
    orden establecido? ¿No es la violencia doméstica, por ejemplo, un problema
    personal? ¿O peor aún, familiar?

    Lo cual me lleva
    finalmente al asunto del terror. Pero aquí debo cortar abruptamente la
    discusión de este punto porque el último párrafo de la intervención de Luis ya
    desplegó el problema, y porque me tengo que ir a escuchar a Butler que anda por
    acá (btw, Giving an Account of Oneself
    sería un buen pretexto para esta discusión; allí ella propone el “relato” o el “rendimiento
    de cuentas de sí mismo” como el punto de partida de toda responsabilidad ética,
    a pesar de cualquier opacidad inherente al sujeto).  Así que si tuviera que hacerlo, resumiría en
    estos dos puntos nuestra diferencia: i) el problema de un comunitarismo
    fusional o un comunismo de la equivalencia que prescribe la identificación y que
    pretende alojarse en el lugar del Uno y reducir o suprimir toda diferencia, y
    ii) el terror que invocas, el cual me parece demasiado cercano a esa mutación y
    asentamiento estatal de una más originaria “máquina de guerra” nómada o
    anárquica.  Pero sobre esto ya te había
    hablado; habría que distinguir el terror de la violencia.

    B)     
    Por
    último, y también con el propósito de agitarte (:-), diría que tu relativización del arte y
    su oposición a la política son el efecto de un punto ciego de la fenomenología;
    discurso al cual permanecería inaccesible, por ejemplo, la lectura tan poderosa
    y conmovedora que hizo Rubén del poeta Víctor Fragoso, donde invoca la potencia
    descolonizadora de un agenciamiento del deseo, y donde describe el acto poético
    como captura de fuerzas cósmicas. 
    Preciosa síntesis lacaniana deleuziana boricua. 

    Y es que el arte,
    como acto de creación, es la fuerza, y en cuanto tal antecede a la idea.  Es decir, el arte es política, el arte viene
    antes que la filosofía.   El arte es
    energía, intensidad, virtualidad, tensión, indeterminación originaria, devenir,
    movimiento, itinerancia o naufragio más allá (o más acá) de toda direccionalidad
    del sentido, de toda estabilización de forma o figura, de toda visibilidad del
    fenómeno.  La fuerza en cuanto tal es lo
    que permanece impensado, impensable a todo discurso estructuralista o
    fenomenológico, a toda filosofía de la idea. 
    Como concepto puro, mientras más creadora una obra, más
    irrecibible.  Toda noción de espectador
    es externa y accidental al concepto.  Cita de autoridad (ironía evidente, espero):

    « Comprendre la structure d’un
    devenir, la forme d’une force, c’est perdre le sens en le gagnant.  Le sens du devenir et de la force, dans leur
    pure et propre qualité, c’est le repos du commencement et de la fin, la paix d’un
    spectacle, horizon ou visage.  En ce
    repos et en cette paix, la qualité du devenir et de la force est offusquée par
    le sens même. …

    ***

    … Or on chercherait en vain dans la phénoménologie
    un concept qui permette de penser l’intensité ou la force.  De penser la puissance et non seulement la
    direction, la tension et non seulement le in de l’intentionnalité. … Mais
    pourquoi ces forces et ces faiblesses de la conscience, et cette force de la
    faiblesse qui dissimule dans l’acte même où elle révèle ? … Car la force n’est
    pas l’obscurité, elle n’est pas cachée sous une forme dont elle serait la
    substance, la matière ou la crypte.  La
    force ne se pense pas à partir du couple d’opposition, c’est-à-dire  de la complicité entre la phénoménologie et l’occultisme.  Ni, à l’intérieur de la phénoménologie, comme
    le fait opposé au sens.

    … La critique, si elle doit un jour s’expliquer et s’échanger avec
    l’écriture littéraire, n’a pas à attendre que cette résistance s’organise
    d’abord dans une  « philosophie », commandant quelque
    méthodologie esthétique dont elle recevrait les principes.  Car la
    philosophie a été déterminée dans son histoire comme réflexion de
    l’inauguration poétique.  Elle est,
    pensée à part, le crépuscule des forces,
    c’est-à-dire le matin ensoleillé où parlent les images, les formes, les
    phénomènes, matin des idées et des idoles, où le relief des forces devient
    repos, aplatit sa profondeur dans la lumière et s’étend dans l’horizontalité.
     Mais l’entreprise est désespérée si l’on songe que la critique littéraire
    s’est déjà déterminée, qu’elle le sache ou non, qu’elle le veuille ou non,
    comme philosophie de la littérature. […] »

    Jacques Derrida, Force et signification. (no tenía la traducción, sorry).

    Un abrazo fuerte,

    Ernesto
     

    • Luis F. Avilés

       Saludos Ernesto y muy buen comentario. Solamente quería decirte que Roberto Esposito tiene un libro donde discute el término “persona” y lo impersonal. Se titula “Tercera persona: Política de la vida y filosofía de lo impersonal”. Hay algunas entrevistas y reseñas del libro en la red. Un abrazo de nuestra parte.

      Luis F. Avilés
      Irvine, CA

      • Ernesto Blanes

        Hola Luis,

        Gracias.  En efecto se verifica mi imprudencia.  Ya vi también que Bernat intentó precisar el
        “universal” en la segunda contestación a Rubén, y no tomarla en consideración
        fue de mi parte una segunda imprudencia. (…)  Disculpas de todas formas.

        Saludos y un
        abrazo a ti y a Ivette,

        Ernesto
         

    • Bernat Tort

      Ernesto:
       
      “De mi camino en la posmodernidad: o lo que es lo mismo: de mi devenir comunista”
       
      Pensé que “it went without saying”, entre mis amigos y conocidos —incluso entre mis lectores— que no soy comunista a pesar de haber sido posmoderno, sino que soy/estoy deviniendo comunista, precisamente porque fui/soy  posmoderno.  De modo que el primero de tus puntos que resumen nuestra diferencia: “i) el problema de un comunitarismo fusional o un comunismo de la equivalencia que prescribe la identificación y que pretende alojarse en el lugar del Uno y reducir o suprimir toda diferencia.” [Ernesto Blanes] me parece desatinado. 
       
      ¿Por qué me pareció desatinado?  Porque me has leído lo suficiente, hemos compartido e intercambiado ideas lo suficiente para que sepas que no es ahí donde estoy.   Me parece que has leído mi columna: “La vergüenza de lo humano: notas sobre ‘Esquina Periferia’ de Eduardo Alegría” y sé que has leído las matizaciones que he hecho en mis contestaciones a los comentarios de este foro en el que participas. Te remito a mi primer comentario en la primera parte de la reciente columna de Carlos Pabón donde mi primer paso fue distinguir y diferenciar 4 sentidos distintos de lo inefable.  ¿Realmente te parece este el trabajo y la palabra de quien “fusiona”, que “pretende alojarse en el lugar del Uno”, que busca “reducir o suprimir toda diferencia”?   ¿Te parece realmente que en este escrito reduzco el feminismo al comunismo?  Y si sí, dime cómo por favor que lo corregiré de inmediato.   Realmente no me veo reflejado en esa preocupación tuya con mi trabajo.  Te invito a reconsiderarla.   La única explicación que se me ocurre es que me estés metiendo en un mismo saco con Badiou.  No tomes la parte por el todo: “don’t throw away the baby with the bath water!”  Te quisiera aclarar que yo USO a Badiou para decir lo que quiero decir.  Y en el momento en que me deje de servir para decir lo que quiero decir, lo descartaré.  Como está implícito en el señalamiento de Raquel A. de mi uso “lúdico” de las citas, esas tachaduras evidencian mi pragmatismo a la hora de citar y de usar corpuses teóricos. En ese sentido soy deleuzeguattariano:
       
      “We will never ask what a book means, as signified or signifier; we will not look for anything to understand in it. We will ask what it functions with, in connection with what other things it does or does not transmit intensities, in which other multiplicities its own are inserted and metamorphosed, and with what bodies without organs it makes its own converge.”—Deluze y Guattari—A Thousand Plateaus
       
      Mi proyecto ético-político-epistemológico explícito y a largo plazo en este espacio (80grados) ha sido el desarrollo de un nuevo espacio que he dado en llamar: Universidad Comunista.  Quiero ayudar a construir las bases de un espacio intelectual ético y político que vaya más allá de la posmodernidad, más allá de su indiferencia práctico-política en la isla y en el Recinto.  No me parece que haya yo dicho aquí nada radicalmente distinto que en otros textos.  Te remito a mi columna “Por una Universidad Comunista”  donde digo cosas más fuertes de nuestra (la de los intelectuales locales) posmodernidad. Te invito a que te fijes en a quienes cito, cómo hablo, qué digo, pero sobre todo para qué lo digo.
       
      Me he tomado la molestia de cualificar mi comunismo de “contemporáneo”, he redefinido “proletario” como “falto de poder” (siendo fiel a la idea del post-trabajo que aprendí de Torrecilla y de Pabón), he usado como ejemplo de aliados a la multitud de la Plaza Tahrir, a los compañeros del Occupy Movement, a Charlene, etc.  Que me leas como si fuera yo un maoísta escandaloso me parece en el mejor de los casos risible, y en el peor ofensivo (obviamente siempre te interpretaré en el mejor de los casos).
       
      “Del dogmatismo y la falta de caridad”

       
      Me resulta problemático el colapso que haces entre insistir o defender una postura ante las críticas y el dogmatismo.  De nuevo creo que me hechas al mismo saco que a Badiou (tampoco estoy de acuerdo con tu lectura de Badiou, pero eso es otro tema).  Bajo esta acepción del término “dogmatismo” todos los filósofos e intelectuales que he leído o que han participado en alguna discusión pública son dogmáticos.  El uso del término “dogmático” es retóricamente peligroso ya que cumple una función de tapa boca.  Es un término tan fuerte que inhibe toda posibilidad de seguir dialogando; da permiso a que la gente ignore al dogmático.  Al llamarme dogmático le das permiso a otra gente a montarse en tu caballito sin tener que tomarse la molestia de argumentar.
       

      Además, creo que utilizas mal el término, ya que de lo que antecede al epíteto en tu texto no se sigue en absoluto una postura dogmática.  Y dado que las razones que lo anteceden forman parte de la constelación de conceptos que había aclarado en la segunda parte de mi contestación a Rubén y en la de Érika, y dado que en tu segundo comentario te disculpas por no haberlo tomado en consideración, supongo que podrías haber cambiado tu postura en esto.  Pero si no lo has hecho me gustaría que esboces mejor tus argumentos de porqué consideras mi posición como dogmática.  Espero que no haya sido solo porque insistí en mi acepción de ciertos términos ya que: ¿por qué habría de concederles el punto sobre lo particular-individual y lo singular-universal a Rubén o a Érika sin dar la pelea?  No se trata este espacio y no está implícito en sus comentarios que me solicitan una de dos cosas: o que me retracte y/o matice, o que aclare y/o defienda mis posturas, mi palabra.  No estaría demás recordarte el principio de caridad (el filosófico no el cristiano) que nos invita siempre a hacer la mejor lectura posible de nuestro oponente.  Donde “mejor lectura” se entiende como aquella que maximice la racionalidad de nuestro contrincante intelectual y que presuma que el autor a quien leemos se cree lo que dice y no nos trata de engañar.  Creo que es un caso parecido al uso de la palabra “nazi” o “fascista”, son palabras tan poderosas que hay que reservarlas para la ocasión adecuada, cuando realmente se ameriten.   
       

      Solo como ejemplo de cuan fácil es decirle dogmático a alguien sin que lo amerite, te citaré a ti.  La cita en que me tildas de dogmático comienza con el siguiente reclamo: “La tarea infinita impuesta por esta reorientación, la de formalizar esas operaciones de margen, continúa siendo el único horizonte fecundo de una lucha política actual. […]  ¿Cómo entonces con seriedad afirmar que se agotó? Esa (el “grito de guerra posmo” como evento) es una verdad eterna, a la cual hay que serle fiel. ” [Ernesto Blanes]  Si no fuse caritativo y mi objetivo fuese desacreditarte públicamente, cosa que nunca será el caso, podría sacar del contexto y sentido global de tus críticas estas oraciones y decir: ¿“EL ÚNICO horizonte fecundo de una lucha política actual.”?  “…es una verdad eterna, a la cual HAY que serle fiel.” ¿“hay que”, no “debemos”?  A bit dogmatic wouldn’t you say?  Y por ahí pa’bajo podría decir cualquier cosa.
       

      “La diferencia entre terror y violencia (la segunda de tus diferencias)”
       

      La segunda de tus diferencias, esa que lee: “ii) el terror que invocas, el cual me parece demasiado cercano a esa  mutación y asentamiento estatal de una más originaria “máquina de guerra” nómada o anárquica.  Pero sobre esto ya te había hablado; habría que distinguir el terror de la violencia.” [Ernesto Blanes]  No la discutiré aquí pues como tu bien dices Luis F. Áviles trajo el punto primero, de modo que para no repetirme ni ser descortés con Luis, te remito a mi contestación a él, cuando la escriba.
       
      “Del lenguaje y la universalidad”
       
      Decir, como dije, que lo político es lo universal (o universalizable en el contexto especifico de la discusión particular-general  vs singular-universal) no es lo mismo que decir, como tú dices que dije,  que “lo universal equivale a lo político”.  No creo que requiera más explicación que esta: estos términos no son conmutativos entre sí.  Estoy diciendo que todo lo político es universal/universalizable pero no todo lo universal/univerzalizable es político (en el sentido en que uso el término en esta discusión).  ¬ ((P → U) → (U → P)). 
       
      Por otra parte creo que en la cita donde dices esto y expones tu otro argumento sobre la universalidad de todo lenguaje, hay un error argumentativo: comentes un falacia.  Dices:
       
      “De una parte, todo lo que pasa por el lenguaje es ya universal, ha sido ya necesariamente universalizado, es decir, idealizado, ha pasado por la interiorización del sentido.  […]  Así que si estableces una equivalencia entre lo universal y lo político, entonces formará parte del ámbito de lo político toda experiencia individual expresable a través del lenguaje, sea ésta privada o pública, interior o exterior.  
       
      Me parece que es a lo sumo un argumento trivial pues es análogo a decir: “La biología estudia los seres vivos; todos los seres vivos están compuestos de partículas subatómicas; la ciencia que estudia las partículas subatómicas es la física;  por lo tanto: la biología = a la física.”  Si eres reduccionista, decir que la biología = a la física es una verdad de cajón, pero es una verdad trivial puesto que afirmar esto no te sirve de nada para hacer biología.  Aplicarle una ecuación cuántica al comportamiento sexual de los bonobos es una pérdida de tiempo, cuando no un absurdo.   
       
      La falacia que cometes es de ambigüedad (sacarle provecho a los múltiples sentidos de un término (“lo político” y “lo universal”) para cambiar el tema de la discusión en medio de un argumento sin ser detectado), aunque sé que fue de manera inadvertida.  El primer sentido que usas en tu cita de la palabra “universal” es aquel que es equivalente (aunque entiendo que estas equivocado) a la palabra “ideal”; hubiera sido mejor decir que “todo lenguaje es ya ideal”.  El segundo sentido de lo “universal” que utilizas es el que hemos estado manejando en este debate: lo universal como opuesto a lo particular: lo singular que debe ser repetido como ejemplaridad.   Al hacer esto pasas de una premisa sobre la idealidad del lenguaje a una conclusión (falsa) sobre la universalidad de lo individual en la política.
       
      “La diferencia entre lo irracional y la sinrazón”
       
      Lamentablemente, la palabra “ irracional” tiene un uso coloquial que invita a la confusión entre “Lo irracional” y “La sinrazón”.  Fue para evitar esa acepción coloquial que me tomé la molestia de añadir un paréntesis a la palabra “Irracional” en mi texto: “Irracionalidad (ya sea en la forma del inconsciente o en la forma de la afectividad pasiva que origina y motiva toda racionalidad)”   El uso técnico del término se refiere a dos cosas interrelacionadas.  La primera como oposición al racionalismo (representado como sabes por figuras como Descartes y Leibniz).  Esto hay que matizarlo, ya que en la literatura epistemológica el “opuesto” del racionalismo es el empirismo, pero es evidente que esta oposición es más histórica que lógica, ya que a principios del siglo veinte surgió el Positivismo Lógico que consistía en una síntesis de ambos enfoques epistemológicos.  El Irracionalismo  es el verdadero opuesto “lógico” del racionalismo.  Allí donde los racionalistas buscaban, como herramienta fundamental  de todo conocimiento la razón, los irracionalistas buscan o sugieren algún otro mecanismo, facultad o concepto.  La etimología del término facilita su comprensión: razón, es la traducción castellana del término latino “ratio”, a su vez traducción latina del término griego “logos”, a su vez del verbo “legein”, que significa, entre otras cosas, “contar” o “juntar” y por tanto, alude a un orden de los números y remite también a “contar-decir” en orden; es decir, a argumentar en el modo de la deducción…etcétera, etcétera.  En fin, que en oposición al intento de fundamentar el conocimiento en esta facultad de ordenamiento de lo que guarde una relación de conmensurabilidad entre sí: aquello que tiene medida y que puede ser contrastado, comparado y juzgado por todos, y que por tanto, forma las bases del concepto de objetividad (no en el sentido de objetualidad sino en el de conocimiento “igual para todos”), lo irracional es aquello que carece de dicha medida.  Se emplea el término Irracionalista para designar a aquel filósofo que tiene una teoría epistemológica cuyo fundamento no tiene medida (en el sentido antes aludido).
       
      A lo que me refería es  a que los autores denominados posmodernos, por regla general (y me atrevo a decir que siempre) tienen como fundamento de nuestra capacidad racional algún elemento, mecanismo, concepto, etc. que servía de origen previo a la razón y que a su vez no era “racional” (en el sentido antes esbozado).  Por ejemplo, en Derrida es la Différance (en cuanto a que tiene por fundamento de su epistemología a una ausencia que siempre antecede/se interpone a la presencia, una diferencia sin concepto), en Foucault la historicidad de las distintas epistemes (en la medida en que todo conocimiento es histórico, el fundamento de la epistemología en Foucault es la tradición, el conocimiento heredado  no cuestionado y dado por bueno.  De ahí que abandone el hacer epistemología all together y le llame a lo que hace “genealogías”), en Freud el inconsciente (que…bla…bla…bla…), und so weiter…DE AQUÍ NO SE SIGUE que esté diciendo que estos filósofos hablan de, o plantean la sinrazón como fundamento ni de su filosofía ni del conocimiento.  Por ejemplo, Derrida hace una defensa muy racional (en el sentido de razonable y convincente) de la différance como fundamento de su onto-epistemología, lo mismo con Foucault, con Deleuze, con Freud.  De hecho, esta tensión entre el contenido y la forma es una de las características más sobresalientes de las epistemologías  posmodernas.  Lo que ha llevado a algunos de acusarlos de contradicción performativa: demostrar con sus actos de escritura lo que niegan con el sentido de sus filosofías.  (Quien más logra zafarse de esto, como tu bien sabes, es Derrida por la conciencia que tiene de este proceso).   Esto a su vez ha llevado a Vattimo, para librarse de esta crítica y ser consistente con su epistemología hermenéutica, a denominar su filosofía  como: “pensamiento débil”.  Débil, porque se reconoce débil y da cuenta siempre de dicha debilidad, lo que, “contradicción curiosa”, lo constituye en su fuerza.   
       
      “Sobre Charlene y la contradicción curiosa”
       
      Tu pregunta por la andro-normatividad en el primer arresto hipotético de mi texto es muy legítima y la aparente contradicción entre decir que lo personal no debe quitarnos el sueño, pero rescatar acomodaticiamente la intención de Charlene para distinguir entre ambos arrestos es ciertamente problemática.  Mi respuesta sería doble.  Por un lado, te concedo el punto de que se trata de la misma normatividad, ya que a un chico acidiao no lo arrestarían por quitarse la camisa sino por estar acidiao (o cualquiera otra de las razones) .  Ahora bien, y esta sería la segunda parte de mi contestación, es el performance intencionado lo que hizo que esa andro-normatividad saltara a la vista, se viera queer.  Me atrevo a decir que probablemente—en estas cosas no se puede afirmar nada contundentemente—el primer arresto pasaría desapercibido, pues los periodistas probablemente no habrían reportado que la arrestaron “por quitarse la camisa” sino por alguna otra cosa como “alteración a la paz”.  Esto obviamente es especulativo pero siendo posmodernos sabemos que las normas sirven como normas, precisamente porque son invisibles, son naturalizadas.  El gesto de Charlene, y la intención del Sujeto Feminista que encarnó y apalabró, sirvió como desnaturalizador de la andro-norma y es eso lo que lo constituye, a mi juicio, en político.
       
      Y no, la violencia doméstica no es un asunto personal ni familiar.  Si en un mundo post-género un hombre  pelease a los puños con su esposa (si en el mundo post-género hay matrimonio) y le amoratase un ojo, este acto no sería considerado violencia doméstica.  El concepto habría desaparecido, sería un caso de agresión como cualquier otro y como le dije a Érika (con acento) este se tramitaría en una corte y esto sólo le incumbiría a ella, a su esposo y a sus  allegados y amigos.  Pasaría lo mismo y la gente pensaría lo mismo que si ese mismo hombre se entrase a los puños  con su  hermano: “¡diablo una pelea que backtrip!  Espero que todo salga bien y se contenten.”  El concepto de “violencia doméstica” es un concepto-tipo que conforma el paradigma de cómo se comprende o se “ven” (tanto conceptualmente como literalmente con los ojos) TODOS los intercambios violentos entre parejas sexuales consensuales en el “primer” mundo.  Me parece una contradicción curiosa, que habiendo hecho tú el argumento de la universalidad de todo lenguaje, redujeses así este concepto a lo personal.  (Pienso que aquí de nuevo se coló la (falacia de) ambigüedad de los términos).
       
      “La diferencia óntico-ontológica de Heidegger y la diferencia entre qué es arte y qué es El arte”
       
      Lo que me produjo vuelo espiritual de tu texto fue la parte B donde traes al debate una sutileza filosófica que lo nutre.  Cuando dices y te cito:
       
      “Y es que el arte, como acto de creación, es la fuerza, y en cuanto tal antecede a la idea.  Es decir, el arte es política, el arte viene antes que la filosofía.   El arte es energía, intensidad, virtualidad, tensión, indeterminación originaria, devenir, movimiento, itinerancia o naufragio más allá (o más acá) de toda direccionalidad del sentido, de toda estabilización de forma o figura, de toda visibilidad del fenómeno.  La fuerza en cuanto tal es lo que permanece impensado, impensable a todo discurso estructuralista o fenomenológico, a toda filosofía de la idea. Como concepto puro, mientras más creadora una obra, más irrecibible.  Toda noción de espectador es externa y accidental al concepto.”—Ernesto Blanes
       
      Al expresarte de esta forma me hiciste percatarme de que en mi discusión con Rubén, David Caleb y Erika (sin acento) (en la primera parte de mi contestación a Rubén) lo que habíamos estado discutiendo no era la ontología del arte sino su onticología en el sentido de Heidegger.  Es decir (para beneficio de los lectores no familiarizados con dicha distinción), que había yo estado hablando todo el tiempo de la pregunta: ¿qué es arte? que es una pregunta  onticológica o relativa a objetos de arte, que busca saber qué objetos son y qué objetos no son considerados objetos de arte.  Y no de la pregunta que parece preocuparle a David Caleb: ¿qué es El arte?  Que es la pregunta ontológica (en propiedad) aplicada al arte.  Es decir, la pregunta que pregunta por el Ser del arte.   Que es la pregunta que tu pareces estar contestando en la cita de arriba.  Por esta sutileza y los frutos que rendirá en mi trabajo futuro te agradezco infinitamente.  
       
      Ernesto, ten bien claro que esta contestación, si en algún lugar ha sonado fuerte en “tono”,  ha sido fruto de la aplicación intelectual de la tercera ley de movimiento de Newton y nada más.
       
      Un abrazo dogmático (en esto sí),
       
      Bernat
       
      P.D.: Me apena un poco que la discusión haya girado en torno de nuestras diferencias y no, como pretendía, en torno al feminismo, a activarnos, a crear estrategias para “post-generar” el Recinto y la isla y solidarizarnos con movimientos feministas internacionales.  La culpa y la responsabilidad son, sin embargo, enteramente mías por haber provocado en varios flancos a la vez.  Gracias de nuevo a Yoryie y a Raquel A., por destacar estos aspectos de mi escrito.  
       

      • Ernesto Blanes

         

        Hola de nuevo
        Bernat:

        Te quería decir
        antes que nada que no creo que debas “apenarte” por nada que ha sucedido en
        respuesta a esta columna.  Me parece que
        la misma activó toda una “comunidad” en torno al acto de Charlene y tu gesto ha
        sido un catalítico extraordinario para concebir ese acto de múltiples formas,
        pero más que nada, para comprender la necesidad de una adhesión incondicional
        al mismo. 

        Entonces, en
        cuanto al asunto del “comunitarismo fusional” o “comunismo de la equivalencia”,
        e inclusive del maoísmo escandaloso (me pareció que este comentario por lo
        menos era claro) tienes toda la razón, es cierto, ahí mi problema es con Badiou
        y no contigo.  De hecho, tu uso ecléctico
        del pensamiento de todos esos autores (o las conexiones deleuzianas que haces)
        probablemente volvería loco al viejo. 
        Aquí fui víctima de mi recepción de un sistema y de una figura excesivamente
        dogmática que por extensión implícita pareció ser atribuida a ti. (Digo, lo
        citas en todo tu artículo, así que te corresponde un poquito de
        responsabilidad.)  Pero en cuanto a lo de
        dogmático, tienes también razón, casi todo filósofo es dogmático, lo que sucede
        es que no creo que por ello debamos dejar caer la “vigilancia” al respecto
        (pensé que la ironía de mi dogmatismo en reacción, que citas en tu
        contestación, era evidente).  (BTW, trataré
        de justificar este epíteto a Badiou más abajo.) Así que aclaro, siempre estaré
        dispuesto a unirme al comunismo que tú propongas, por una razón de esencia,
        personal (lol), por la diferencia que te hace singular y que te aleja de Badiou,
        del filósofo y de la persona. 

        Donde no puedo
        pedir disculpas es en cuanto al problema de lo universal.  Reconozco que el pequeño párrafo que le
        dedique al tema no era suficiente para divisar mi argumento.  Así que voy a tratar de elaborarlo un poco
        más, pero teniendo en consideración que es un asunto difícil de tratar en estas
        circunstancias y en este contexto.

        Me parece que la
        invocación de lo universal en política es un falso problema.  No creo que sea un problema que se plantee
        efectivamente en el campo político. 
        Pienso que el único uso pertinente de esta categoría en lo político es
        para delimitar contexto.  En este sentido,
        sólo se opondría a lo local, como me parece señaló Rubén, y entonces sólo para precisar
        una escala o esfera de acción.  Pero en
        todo caso, no creo que sea útil (en el discurso político) oponerlo a lo
        particular como unicidad, como singularidad, como la empiricidad de lo
        empírico, la particularidad de lo particular, esa experiencia sensible que es
        irrepetible e intransmisible.  Para usar
        una referencia histórica, eso que Hegel llamaba la filosofía del sentimiento.

        El argumento es
        antes que nada de naturaleza epistemológica. 
        Y concierne de lleno el lenguaje. 
        Por ello me alegra mucho que hayas invocado el problema de lo inefable,
        aunque no necesariamente en este contexto. 
        La pregunta es una de constitución de sentido: ¿cómo se constituye el
        sentido?  La respuesta que nos interesa,
        que ya tú has evocado, es la de la repetición.  Vamos por pasos.

        El proyecto de la
        Fenomenología del espíritu comienza con una refutación.  Para poder atravesar el movimiento positivo
        de la dialéctica, irónicamente el trabajo del negativo, y superar todo límite
        del saber, Hegel primero quiere despachar lo que él reconoce como un mismo
        error: la creencia en lo inefable, es decir, la presunción de que existiría un
        límite del saber en tanto que logos.  Y
        este límite sería doble: i) de una parte, habría un inefable como más allá del
        lenguaje, la cosa en sí como trascendencia absoluta y objeto de la fe; y ii)
        del otro, un más acá del lenguaje, una experiencia sensible en la forma de
        sentimiento o afecto que sería singular, única, particular, no ejemplar o
        ejemplarizable, irrepetible.

        Es esta segunda
        la que nos interesa, porque me parece que es la que a ti te preocupa también
        como límite de lo político. Dice Hyppolite en Logique et existence:

        “Supongamos que
        existen en sí cosas o almas singulares, nosotros no sabríamos ni concebirlas,
        ni nombrarlas, ya que concepción y lenguaje se mueven en lo universal.  Todas las determinaciones por medio de las
        cuales nosotros pensamos las cosas, y que corresponden a los nombres, son
        determinaciones generales; ellas establecen una comunidad y una continuidad
        entre las cosas que NO corresponden a esa opinión, común por otra parte, según
        la cual sólo lo singular existe, y es el verdadero objeto primero de la
        certitud sensible, esa certitud que se cree inmediata y que pretende
        aprehender, más acá de todo lenguaje y de todo sentido, un “esto” individual o
        un “este” incomparable.  Habría [según
        esta opinión que Hegel refutará] un más acá del lenguaje que sería la captación
        inmediata de un ser [en sentido hegeliano, el “ante los ojos” de Heidegger], un
        ser por naturaleza inefable.”

        La refutación que
        Hegel lleva a cabo consiste entonces en mostrar precisamente cómo cuando yo
        pretendo nombrar lo singular/particular termino inevitablemente nombrando la
        categoría, lo universal.  Ello por dos
        razones (y aquí se comienza a enriquecer la discusión): 

        La primera es
        porque, como demostrara Husserl, aun el encadenamiento de la génesis del
        sentido a un acto empírico inaugural tiene sentido, posee una estructura de
        esencia.  Y de ahí en adelante todo
        objeto posible del mundo, real o irreal, también la tiene.  La reducción trascendental y eidética nos
        permitió comprender cómo la posibilidad de representarme a mí mismo una intuición
        pasada, y reconocerla como idéntica, como la misma, es decir, repetirla,
        repetirla en mi conciencia, en mi imaginación, e identificando que ésta
        conserva ese valor de identidad, es la condición de posibilidad de la génesis
        trascendental de la conciencia.  Algo
        inquietantemente similar a lo que había planteado ya Hegel.  Es decir, que es cuando la experiencia
        sensible es interiorizada, y sintetizada como una idealización (Erinnerung),
        una sublimación, que se genera el sentido. 
        (Curiosamente, y esto lo señala Derrida en El pozo y la pirámide, ni
        Hegel ni Husserl se preocupan jamás por tematizar como tal esa “facultad” de la
        imaginación que permite la representación, la idealización reproductora y la
        variación libre.  Mucho menos la
        tematizan a propósito de la idealización productora o el paso al límite de la
        creación de los sistemas a priori.)

        La segunda es porque,
        como no se cansaran de demostrar el Foucault de Las palabras y las cosas (y Deleuze y Guatarri detrás), pero
        también el Derrida de La voz y el
        fenómeno (y quizá hasta el Platón del Cratylo) no hay relación entre las
        palabras y las cosas, la referencia no existe. 
        El lenguaje es un objeto ideal producto de una forma de expresión que,
        aunque en presuposición recíproca, no guarda relación con el mundo.  El lenguaje es un sistema arbitrario y formal
        de diferencias.

        Evidentemente, en
        esta simplificación grosera dejo fuera de la discusión problemas gigantes como
        el inconciente, la intersubjetividad or lack thereof, la historicidad, es
        decir, la constitución de una tradición, de una comunidad de lenguaje, de
        formaciones culturales del mundo pre-científico, el tiempo, etc., porque sino
        no acabo. También las distinciones de rigor entre todos estos autores con obras
        tan disímiles.

        Transportándonos entonces
        ahora a la política, de forma analógica, ¿por qué tendríamos que operar de
        nuevo esa delimitación?  ¿Qué propósito
        acompaña la necesidad de avanzar esta distinción “en derecho” en el ámbito
        político? Lo que me interesa realmente a propósito de tu escrito es explicitar
        una inversión de valores, que Badiou realiza y que tú estás adoptando. 

        De una parte, la
        política por fuerza está atravesada por el sentido.  La política no es esa interacción sensible y
        singular, empírica, única e irrepetible entre el género humano.  Por lo tanto, todo proyecto político, toda
        propuesta política, todo discurso, consigna, programa o práctica política (o
        común) es el producto directo o indirecto de una idealización, es decir, de una
        universalización, de una generalización que participa en función de su
        concreción de una mayor o menor escala.  También
        lo es toda subjetivación “personal”, toda concepción y organización del espacio
        íntimo, todo reclamo de lo particular. 

        Lo que sucede, de
        otra parte, es que la idealización implica una correlativa reducción, para
        citarte, una “destilación” “analítica” de la idea.  Ello es natural (entiéndase consecuente,
        please).  ¿No obstante, en esa operación
        de idealización, qué es lo que se reduce, qué es lo que se suprime?  El mundo. 
        La diferencia.  El caso que no
        encaja o la excepción.  Porque después de
        todo, el mundo sí existe.  Esa fue la
        denuncia del “grito de guerra posmo” (sigo usando esta expresión para citarte,
        pero en realidad sólo estoy pensando en Foucault, Deleuze y Derrida, y a veces
        en Lacan).  Quien más se preocupó por
        esto a nivel teórico fue Derrida, aunque Foucault y Deleuze avanzaron mucho en
        sus formalizaciones políticas.  Pero para
        encadenar aquí con el asunto de la irracionalidad, el reclamo no fue por un
        cese a la idealización (reclamo un poco absurdo), sino por una idealización más
        poderosa, una abstracción más abstracta, capaz finalmente de hacer espacio a la
        diferencia, a la realidad efectiva, que se pusiera finalmente en contacto con
        el afuera.  Claro está, y que no fuera
        dialéctica, que no fuera hegeliana, que no intentara englobar en su movimiento
        una totalidad sintáctica.  El grito de
        guerra fue: al carajo la síntesis. 

        Así, por ejemplo,
        el evento en sentido derridiano (una apelación, un índice, una instancia no
        localizable, un espacio abierto para la llegada del otro en tanto que otro, lo
        que permanece como irreductible a mi idealización, lo que sigue apareciendo en
        su falta de identidad o propiedades a pesar de que no puedo nombrarlo o
        conceptualizarlo: différance, khora, trace, itérabilité, etc.)

        Ahora bien, son
        dos las preocupaciones que me genera el discurso de Badiou (y no sé si por
        extensión el tuyo).  La primera tiene que
        ver con A) el origen de la universalización, y la segunda con una B) exclusión
        de ámbitos. 

        A)  En ruptura con la tradición filosófica que se
        extiende de Platón a Kant, Husserl enraizó la génesis de la verdad en este
        mundo.  Es decir, rompió con la
        perspectiva deductivista de la Idea, con ese mito de otro mundo, con la
        historia escondida, con el mundo del sueño, eterno, fuera de toda temporalidad.
        Las Ideas no están en otro mundo que descubrimos o recordamos.  La idea se inventa.  Y no sólo hay idealización de axiomas o
        principios, sino que también hay idealización de estrategias o tácticas de
        aplicación, idealización de la puesta en práctica.  Y ahí sólo una pragmática, una intuición
        inductiva idealizada puede ayudarnos. 
        Una suerte de razón práctica a la Kant, donde de hecho él ubicó la
        política. 

        Pues bien, Badiou
        vuelve a Platón.  Y este hecho podría
        distraernos, despistarnos, hacernos pensar que él está recuperando pura y
        simplemente la teoría de las Formas platónica para hablar de la Verdad.  Sabemos que no es así.  Sabemos que, de una parte, para Badiou no hay
        unidad del Mundo.  Hay sólo mundos.  Es decir, situaciones, contextos.  ¿Dónde está entonces, en qué mundo reside esa
        Verdad eterna?  En palabras de Deleuze:
        en la virtualidad. En palabras de Lacan: en el inconciente (latente).  En palabras de Derrida: en el fantasma.  En palabras de Badiou, finalmente: en una
        forma inconsistente (es decir, no sólida) que organiza un mundo a partir de su
        aparición como evento, que pertenece a él pero que no está en ese mundo
        (¿trascendental? don’t know).  Hasta
        aquí, una joya teórica en su sutilidad. 

        Pero da la
        casualidad, sin embargo, que para Badiou en la política esa Verdad siempre es
        la misma, el valor supremo: la máxima igualitaria (¿El Universal? ¿El Uno?).  Ah, y sólo porque Badiou la reconoce.  Es decir, aquí llegamos al límite de la
        demostración.  Esta Verdad es un axioma
        que se sustenta exclusivamente en su carácter obvio, evidente.  Y lo peor de todo, es que mientras un cuerpo
        no la encarne, mientras no se constituya un sujeto colectivo que luche por ella,
        en fidelidad al rastro de su aparición originaria y de su resurrección modal,
        NO HAY CUERPO, NO HAY NADA, SÓLO HAY ANIMALES (ningún problema con los
        animales, aclaro, pues en efecto lo somos) INVISIBLES, AHISTÓRICOS.  Ah bueno, pues así sí.  No sé cómo nombrar esto de otra forma que no
        sea dogmatismo.  Y me asusta (por las
        consideraciones sobre el terror que tendremos que dejar para otro momento).

        B)  Aún cuando como cuestión formal, es decir,
        como la expresión universalizada de una idea posible, la máxima igualitaria me
        apela políticamente, después de pasarla por infinitas matizaciones, habría una
        segunda preocupación que me generaría tu propuesta.  Cuando tú pretendes establecer una distinción
        entre lo Universal y lo particular en política: “lo político es lo universal (o
        universalizable en el contexto específico de la discusión
        particular-general  vs singular-universal)”, la pregunta inmediata que me
        interpela es: ¿dónde se encuentra lo universal en lo político?  Pero adelanto que si la respuesta que tú le
        das es “en cualquier parte”, entonces se reducen enormemente mis problemas.  Es decir, que esta segunda preocupación que
        tengo se relaciona más con una posible exclusión de ámbitos o contextos que con
        lo particular como único o irrepetible.   Y serían dos: i) por un lado, la exclusión
        numérica: ¿a cuántas personas tendría que concernir directamente el programa
        político para que su formulación sea válida?; ii) y la segunda: ¿estamos
        realizando aquí una exclusión de lo que hemos comúnmente llamado la esfera
        privada, la esfera doméstica, el espacio íntimo?

        Sé que una de las
        ventajas de acudir al Sujeto político de Badiou es superar o desplazar ese
        problema del número: en la medida en que se trate de la encarnación de una
        Verdad eterna, no importa el número; pero el problema reaparece: por el
        contrario, mientras no se trate de la Verdad eterna, no importa si hay adhesión
        de toda la humanidad, el asunto no será político.  Mhm, como que hay algo raro ahí, para usar
        esa expresión de Rubén.  Y en cuanto a la
        exclusión de la esfera doméstica, curiosamente (para seguir usándola) me vino a
        la mente como una memoria corporal cómo para Hegel ésta constituye el Universal
        de la mujer, el lugar al cual la mujer está condenada como representante de la
        Ley Divina en la tierra.  Fíjate que
        interesante, para Hegel la mujer representa un Universal, y un Universal
        necesario, es decir, que tiene lugar en el movimiento dialéctico.  Pero ese lugar está en la casa, en lo
        privado, en lo individual.  Ella se
        encarga de perpetuar la vida cuando el hombre abandona su espacio Universal, la
        Ley Humana, la comunidad o el estado, y regresa a la casa.  ¡Bonito este panorama no!  ¡Como cuando Lacan manda a Marie Bonaparte a
        la cocina!

        (JAMÁS TE
        ACUSARÍA O ME ATREVERÍA A SUGERIR ALGO ASÍ DE TU PARTE, PARA QUE CONSTE). Por
        eso, y lo explicito aquí para que no quede duda alguna, cuando hablé de la
        violencia doméstica, estaba tratando de evocar esta última exclusión del ámbito
        “doméstico” que la tradición ha realizado por no considerarlo digno de La
        política.  Y lo hice con el propósito de
        reprobar dicha exclusión.

        Pero paro ya
        porque tú tienes toda la razón.  Nunca he
        dudado de tu integridad y tu compromiso radical con “devenir comunista”, con “cambiar
        el mundo” y a la vez con “posmodernizarlo”. 
        Y lo admiro.  Así que en efecto, sería
        más productivo canalizar el acto de Charlene para ver si se adelanta algo
        políticamente en el país, en vez de estar yo aquí, como lamentas, ventilando
        mis diferencias con un pensamiento y una figura particular en vez de colaborar
        en tu proyecto.  (Sorry además por hacer
        lo que siempre había criticado de publicar un mamotreto que se distancia del
        tema en discusión y de tu extraordinario trabajo.) En fin, tienes toda la
        razón.  Por eso voy a postear aquí arriba
        una lectura ortodoxa deleuziana de la teta para que se inserte un poquito más
        en el contexto.  Pero no te preocupes, no
        tienes que reaccionar a ella.

        Un abrazote
        (también dogmático) y ahí seguimos  

         

         P.S.  (Anécdota
        relacionada a mi decepción con la figura o persona de Badiou que no tiene que
        ver con mi reciente experiencia asistiendo a su seminario.  En el 90 se celebró un coloquio en torno a la
        figura de Lacan en el College International de Philosophie [Ciph] organizado
        por un psicoanalista muy conocido en Francia, llamado Rene Major.  Elementos necesarios del trasfondo: el Ciph
        fue fundado por un grupo de filósofos dirigido por Derrida al principio de los
        80s, y Rene Major en ese momento estaba muy entusiasmado con las aplicaciones
        de la Obra de Derrida al psicoanálisis.   Pero el coloquio era de filósofos, no de psicoanalistas,
        así que los únicos dos psicoanalistas participando eran Elisabeth Roudinesco, y
         Rene Major, quien justamente era el
        principal organizador del coloquio.  El
        coloquio se llamó “Lacan con los filósofos” (Lacan avec les philosophes) y la
        lista de invitados era sobrecogedora.   Muestra representativa: Philippe Lacoue-Labarthe,
        Jean-Luc Nancy, Nicole Loreaux, Gerard Granel, Alain Badiou, Jacques Derrida, Etienne
        Balibar, etc.  Las actas del coloquio fueron publicadas por la colección
        Albin Michel.  Estas añaden un apéndice
        sobre lo que, según describen los editores, fue una crisis que casi no permite
        la celebración del coloquio, y luego la publicación de las actas.  El apéndice consiste de un intercambio de 10
        cartas, y luego de 6 “posfacios” a la controversia.  Para hacerte un cuento largo corto, todo lo
        inició Badiou.  Le exigió a Major que
        cambiara el título de su ponencia en el programa porque sino él no participaría
        en el coloquio, ya que le parecía escandaloso que la última mesa fuera dedicada
        a un filosofo “vivo” (en serio!) que iba a “saturar” el resto de las
        participaciones, que era problemático que un coloquio en el que él iba a
        participar sobre el maestro se celebrara bajo el efecto del “significante
        Derrida”, que como “regla” general del coloquio el proponía que sólo se
        abordara la relación de Lacan con los seis o siete filósofos que éste último
        había trabajado, que su ponencia (Badiou) era sobre la Verdad en Platón y Lacan
        pero que, si era así, entonces él mejor presentaba algo sobre el Sujeto en
        Lacan y Badiou, y que era finalmente una aberración inaceptable que la ponencia
        de Major incluyera la siguiente pregunta: “¿Existe un psicoanálisis derridiano?”
        , y que la mesa se titulara “Depuis Lacan…” (desde Lacan, lo cual Badiou
        sintomáticamente interpretó como un après Lacan, es decir, un después de
        Lacan).  Luego de un “épreuve de forces”,
        el comité organizador le pidió a Major que cambiara su título para complacer el
        chantaje de Badiou porque la cancelación del coloquio amenazaba la estabilidad
        del Ciph, y Major accedió al sacrificio con un gran resentimiento que, era de
        esperarse, ventiló con mucha rabia en su ponencia, mediante un profundo, mordaz
        e incisivo texto, cargado de inflexiones múltiples, sobre la relación del
        nombre propio, el lugar del significante y el inconciente en el psicoanálisis.  Así que se formó de nuevo para la publicación
        de las actas, donde Badiou exigía como condición que se suprimieran partes de
        la ponencia de Major, donde aun elípticamente pudiera entenderse que se estaba
        hablando de él, Y DE LA PONENCIA DE DERRIDA, “Pour l’amour de Lacan”, donde
        éste último, luego de evocar una posible “relación de amor con Lacan [¿es que
        Lacan y yo nos amábamos?”] analizó el tipo de conducta impositiva,
        disciplinaria y violenta asumida por los grupos maoístas en Francia como
        síntoma. Not kidding. Está todo consignado. 
        Esto último fue el colmo, y el comité, en voz de un extraordinario poeta
        y filósofo, Michel Deguy, quien estaba presidiendo el comité rector del Ciph,
        mandó a Badiou a paseo.  Éste se
        enfureció y para calmar la cosa, Lacoue-Labarthe medió para que se celebrara
        una reunión entre Badiou, Major y Derrida con el comité.  Sólo puedo pensar que en dicha reunión
        Derrida, quien se había mantenido hasta el momento al margen de la situación,
        lo puso en su sitio.  En la reunión
        accedieron a publicarlo todo, incluyendo un apéndice al tomo: las epístolas
        intercambiadas, y la posición de cada cual al finalizar el asunto.  Creo que mi encuentro reciente con este
        episodio nefasto de la sociología histórico-filosófica de la ciudad me ha
        indispuesto un poco con Badiou.  Pero no
        es un asunto fácilmente separable de su obra. 
        Su concepción de la filosofía formulada en la ponencia de ese coloquio
        me parece que expone Econ bastante claridad cuán conservador puede llegar a
        ser.  Y en ese sentido, él sí siempre ha creído
        en “comunitarismos fusionales”. Pero me disculpo una vez más por de alguna
        forma dejar entender que eso se extendía a ti, a quien en efecto conozco,
        quiero, y he venido leyendo y escuchando como fanático y con mucha atención
        durante los pasados años.)

  • DRONOF

    EXCELENTE ANÁLISIS . MIL GRACIAS, LO COMPARTIRÉ CON MIS AMISTADES.

  • Luis F. Avilés

    Saludos Bernat. Tu texto es muy estimulante. Comparto las ideas de Rubén Ríos y de Erika Fontánez, que han reaccionado tan inteligentemente a tu texto. Por mi parte, solamente quisiera hacer algunos señalamientos que quizás puedan contribuir en algo a la discusión.

    Primero que nada, pienso que la distinción un poco tajante entre estética y política se podría resolver a través de Rancière y la “distribución de lo sensible”.  Especialmente en este caso en que lo estético y lo político tiene que ver con la aparición y visibilidad de un cuerpo que no está autorizado a aparecer. ¿Cuáles son las fuerzas que lo hacen aparecer, y cuáles son las que lo intentan reprimir e invisibilizar? ¿Quiénes están autorizados a hablar sobre esta (des)aparición? Son preguntas que invoca Rancière como parte de estas dinámicas de (in)visibilidad. La aparición y desaparición de una (re)presentación es lo que une al arte con la política. El arte es la manera en que una comunidad (hombres, mujeres, gays, lesbianas, etc.) se representa e invoca un derecho a aparecer y a aparecer de cierta manera. De esta forma, el arte y la política se unen y no pueden dejar de lado  la estética.

    No creo que se deba “sacrificar” el cuerpo de Charlene para reemplazarlo por un “sujeto político inmortal” para así “mantener abierto el espacio político que ella abrió”. La persona misma de Charlene quedaría eclipsada por una jerarquía que le daría a lo político una importancia superior a cualquier otra experiencia humana, incluyendo la estética, pero también compromete la ética. No se podría invocar el paso de la estética a la política (y por lo tanto a la ética) como una “protección” del espectador si se dice que el artista no es importante, si su agencia no es relevante. ¿Qué sentido tendría escribir un manifiesto del performance si la agencia del performero y su función política no es importante? ¿Se tiene que sacrificar el artista para que su política asuma una proyección universal para así ser asimilada por una multitud en busca de un posible futuro?

    Por último, creo que hay que recuperar tres contextos históricos como parte de lo que se discute aquí y del performance de Charlene como tal. Primero, estos reclamos de la visibilidad corporal existen desde hace mucho tiempo y se deberían tener en cuenta al valorar (estética y políticamente) el performance de Charlene. El reclamo de feministas cuando se quitan la blusa y gritan “I have nothing to  hide” en los sesenta. Grupos como “Bare Witness” o las recientes protestas en Ucrania (FEMEN). Hay que encuadrar este performance con movimientos globales de revelación corporal de las mujeres.

    El otro contexto histórico que habría que recuperar es el de la agencia autorial y la demencia. No es legítimo descalificar el arte producido por la locura cuando a través de la historia la locura y el arte han estado íntimamente ligados. Caleb ya ha mencionado a Van Gogh, pero la lista es interminable.

    El tercer contexto histórico que quisiera recuperar es el de la relación entre política y terror. Nuevamente se nos pide aceptar el caos del terror y la violencia por la promesa de un mundo mejor. Los huesos de millones de cadáveres en todos los continentes habitables dan testimonio elocuente del continuo desastre que esto ha implicado en la historia. La ruta al mejor de los mundos es un mar de sangre. Cuando los fines justifican los medios, no importa cuáles sean (desde las guillotinas hasta las fábricas de cadáveres), la humanidad ha sabido articular sus peores iniciativas y sus más devastadoras máquinas de violencia. Invocar el terror es juguetear con el absoluto desastre y comprometer la ética.

    Luis F. Avilés
    Irvine, California

  • Javier

    En Uganda la situación no es muy diferente allí quizas sea peor pero las mujeres también se manifiestan contra la violencia machista este video reportaje es muy instructivo y como dicen estas mujeres ” do you want Breast?”  “How would you feel if we squeezed your balls?”

    http://www.commondreams.org/further/2012/04/30-0

  • David Caleb Acevedo

    La condición emocional del artista a la hora de legitimar una obra es otro espacio truculento. Acaso no legitimamos el autoretrato de Vicent Van Gogh sans su oreja de la misma forma que legitimamos su Noche Estrellada y sus Girasoles? No se debe usar la condición mental/emocional del artista para legitimar su arte, sino para entenderlo en su geografía física, cultural, social y temporal.

  • Rhady

    Hay algo que no entiendo en esta discusión que, tal vez, ustedes puedan aclararme.Si, como dice Bernat Tort, “no es posible ni deseable hacer política… desde lo particular” (algo con lo que estoy totalmente de acuerdo), entonces el ‘performance’ de Charlene González no puede extrapolarse para representar una expresión revolucionaria de feminismo radical que busca terminar con el concepto “mujer” como género. Si, como también afirma Tort, “lo político, los asuntos de la pólis, son aquellos que nos conciernen a todos”…, y “sólo en la medida en que (un) grupo de individuos juren fidelidad a una idea política, a una verdad política, pasan de ser meros individuos y se convierten en un cuerpo que deja pasar una verdad (el feminismo, el comunismo, etc.)”, … entonces, quien está haciendo toda una compleja deconstrucción intelectual del “acto simbólico” de una mujer caminando en público con sus pechos al descubierto, para imprimirle un significado mayor que trascienda la mera persona física de Charlene González, y la convierta en un proyecto político de mayor envergadura (y por tanto ir directamente de lo particular a lo político), es Bernat Tort. Y cito a Bernat: “… lo que significan las tetas de Charlene, la intención política del sujeto feminista encarnado en ellas en su contenido más básico, es la posibilidad de la destrucción del mundo patriarcal, de su implosión.” “Este ‘performance’ constituye un gesto de purificación del espacio simbólico que pretende abrir el feminismo”.

    Por otro lado, no entiendo la objeción a considerar o tomar en cuenta la condición mental de un artista a la hora de determinar la legitimidad de su expresión artística. ¿O es que debemos asumir siempre, y sin cuestionar, la naturaleza inherentemente correcta del mensaje de toda expresión artística que se haga? Obviamente no.La “condición” de Charlene, entonces, ¿en qué medida afecta sus patrones de razonamiento? Y, por consiguiente, ¿ en qué medida afectan estos (los patrones de razonamiento posiblemente afectados) la “verdad” del mensaje que con su “acto simbólico” nos quiso transmitir?¿Es el arte, en tanto y en cuanto quiera transmitir un mensaje político de reivindicación de derechos, una expresión legítima, independientemente de su calidad, o la sanidad mental de sus exponentes?— “Inquiring minds would like to know!” ;)

  • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

    Esta discusión me estimula mucho.
    Quiero antes que nada aclarar mi compromiso con hacer una re-lectura
    de mi posición a la luz de las intervenciones de las y los amigxs
    que han contribuido a reflexionar sobre que pudiera significar para
    nosotras y nosotros el acto de Charlene Jane González de Jesus.

    Sin embargo, de momento me siento
    necesitado, un poco, de situar el contexto de mi entusiasmo por el
    artículo de Bernat, no porque no esté dispuesto a reconsiderar mi
    posición, sino porque un poco siento la necesidad de re-apropiarme
    de lo que pudiera ser el “tono duro” de mi apoyo a este ensayo y
    que “coincide con” pero no “proviene de” la posición de
    Bernat. Apoyo que expresé, consciente de que pudiera interpretarse,
    como se mencionó en otro foro, que de repente todos estos hombres
    “están hablando de tetas, como si las tetas no tuvieran dueña o
    de la posible interpretación de que como “hombre” se me hiciera
    fácil descartar a una mujer. Que aún cuando no se nombra, aclaro
    fue una consideración mia.

    Mi celebración de que Charlene Jane
    González de Jesus desapareciera del medio de la discusión, responde
    a la calidad del debate político público en general. He podido
    apreciar en los últimos años, que todo gesto político en Puerto
    Rico, es ignorado, usurpado, des-politizado, antes de que reciba una
    merecida discusión, porque el issue desaparece dentro de el
    “vetting” de la/el sujeto político.

    Generalmente esto pasa con todo, el
    hombre que hable a favor de la comunidad LGBT primero tiene que
    aclarar si es o no gay, si es religioso o no, si tiene familia o no,
    etcétera y si no pasa el “litmus test”ahí termina el debate;
    Aquella que denuncia algún acto de corrupción, tiene que ser
    vetada, si es de la izquierda o no, si es de un partido contrario o
    no, si es buena fé o no, si es religiosa o no, si es “de familia”
    o no. Y si no pasa el litmus test, poco importa si la denuncia es
    válida o no. En fín se trata de la manera intrusiva, irrelevante,
    voyerista y morbosa en la que se descuartiza a todo aquel que amenaza
    desestabilizar el orden social que promueven las clases gobernantes.

    Yo, por ejemplo utilicé el “culo de
    Arango” para hablar del culo en general y no de Arango, porque la
    homofobia que se desató alrededor de ese suceso había que
    denunciarla irrespectivamente de si Arango era “bueno o malo”o si
    él mismo era homofóbico o no. También he hablado sobre el torso de
    Weiner, sin hablar de Weiner, y me siento cómodo hablando de
    Charlene Jane González de Jesus, sin hablar de Charlene Jane
    González de Jesus. Porque pienso que todas estas discusiones
    trascienden los cuerpos donde inicialmente las localizamos aún
    cuando muchas y muchos insisten en continuar re-inscribiéndolas en
    ese cuerpo físico.

    A partir de el evento que nos convoca,
    he observado que todos los intentos que vi de discutir por ejemplo,
    la desigualdad de la mujer en la sociedad, los tabúes inscritos en
    la piel de la mujer, el peso que recae en las mujeres de sostener en
    sus hombros (o tetas) el aparato moral que la hace des-igual, fueron
    todos silenciados, borrados por la obsesión con el carácter
    personal de Charlene Jane González de Jesus. Se hizo obvio, bien
    rápido, en todos los foros que observé, que antes de discutir el
    contenido político y la denuncia que hace Charlene Jane González de
    Jesus, su persona privada, iba a tener que pasar un litmus test,
    moral, sexista y normativo, antes de debatir las ideas. Entonces el
    debate se torna de manera exclusiva hacia: la edad de Charlene Jane
    González de Jesus, si es buena hija o no, si entendía lo que hizo o
    no, si lo planificó o no, si está histérica o no, si es
    emocionalmente estable o no, si es vengativa o no, si es madura o no.
    Es en ese escrutinio que se disuelve, se pierde, se borra el
    acto/gesto político de Charlene Jane González de Jesus.

    Todos conocemos cuan fácil es admitir
    a una mujer a una clínica psiquiátrica después de la misma asumir
    que puede hacer lo mismo que los hombres hacen. Es la misma actitud
    que llevó a Frances Farmer a una mesa fría donde le practicaron una
    lobotomía, y a Christine Collins a otra institución mental donde la
    única evidencia aceptable de mejoría era que dejara de decir lo que
    sabía y denunciaba claramente. Su gesta política, perdida,
    silenciada, olvidada. En mi experiencia, ese debate sobre el carácter
    de la/el sujeto político, es uno siempre conservador y que siempre
    anula la posibilidad del debate político. Defender el performance de
    Charlene Jane González de Jesus es necesario aún cuando no hablemos
    de Charlene Jane González de Jesus, no solo prque así podemos
    rescatar su gesto político del silencio moralista, sino porque si
    nos quedamos “pegados” en su carácter personal, facilmente
    mañana baja una directiva de la oficina de Guadalupe diciendo que de
    ahora en adelante todo performance en la Universidad solo se puede
    presentar entre cuatro paredes, que en la entrada se debe anunciar si
    hay una posible “ofensa a la moral”, y que se restrinja la edad
    de quien pueda ver el performance. Esto acompañado de un código de
    vestimenta estricto. Después de todo, la universidad cada vez mas
    trata a los estudiantes como a niños y niñas. Y tal vez, si, esta
    es una forma utilitaria de verlo, eso se ha hecho claro en esta
    discusión. Sin embargo, esta posible consecuencia, es real, y
    también hay que atenderla. Un poco cómo cuando defendemos el
    derecho de una persona a estar libres de registros ilegales y sin
    causa y lo defendemos irespectivamente de si esa persona ha sido
    convicta en el pasado o no, o defendemos el derecho de la expresión
    artística, irrespectivamente si la misma es hecha por Fulana de tal
    con nombre, apellidos y título profesional, o por Candy Zuit, la
    stripper del bar de la esquina. Porque esos derechos no dependen del
    carácter personal de la persona que los reclama.

    Pensaba, (y esto es lo que estoy
    abierto a reconsiderar a partir de la reflexión de Érika Fontánez
    a quien admiro y respeto y de Rubén Ríos a quien no solo admiro y
    respeto sino que me une un gran cariño) que para eso, las tetas
    tienen que dejar de ser de Charlene Jane González de Jesus y tienen
    que ser “las tetas”. Mientras en esta discusión “las
    tetas sean “las tetas de Charlene Jane González de Jesus”
    la discusión siempre va a depender de si Charlene Jane González de
    Jesus es “buena o mala” si les cae bien o no, si está loca
    o no, si es una fresca o no, si es buena hija o no, si es victima o
    no, y otro montón de cosas, en sustitución de debatir el acto
    político de ella. Pensaba que mientras ese sea el tipo de debate,
    Charlene Jane González de Jesus iba a derrotar a Charlene Jane
    González de Jesus. Tal vez me equivoqué.

    En lo personal, yo hablé con Charlene
    Jane González de Jesus el sabado antes de su hospitalización para
    saber como estaba y preguntarle en que formas quería que le brindara
    mi apoyo. Mi llamado a dejar de hablar
    de Charlene Jane González de Jesus, no era equivalente a dejarla
    sola, ni en su problema de corte, ni en su proceso de crecimiento y
    aprendizaje personal, en las maneras y formas en que ella lo desee y/o identifique.

  • http://www.facebook.com/larrylafountain Larry La Fountain

    El potencial disruptivo o queer (maricón, raro) de la sexualidad LGBT no ha desaparecido del todo; hay que saber dónde buscarlo, quién lo está negociando y cómo. Recomiendo la lectura de la antología reciente WHY ARE FAGGOTS SO AFRAID OF FAGGOTS?: Flaming Challenges to Masculinity, Objectification, and the Desire to Conform, editada por Mattilda Bernstein Sycamore (AK Press, 2012): http://www.mattildabernsteinsycamore.com/faggotsafraid.html El performance de Charlene es bien queer y feminista, según mi punto de vista, y la apoyo incondicionalmente.

    • Bernat Tort

      Larry:
       
      Tienes toda la razón.  Pensé y pensé si debía dejar en la sección “‘The personal is political!’ Well? Not really” a los “estudios queer” y finalmente, por inercia más que con alguna justificación, lo dejé.  Debí haberlos sacado y poner en su lugar a los “gay and lesbian studies”.  Lo queer, a diferencia de todos los demás estudios identitarios que critiqué, no puede ser cooptado por el estado o por los discursos de derechos humanos o civiles por definición.  Lo queer es un término relativo a la norma y por lo tanto nunca puede ser integrado sin hacerlo pasar por un proceso de normalización,  momento en el cual deja de ser queer lo que sea que fue normalizado (“whatever gets straightend out” como diría Sara Ahmed ).  Lo irónico, e imperdonable, es que yo dije esto mismo en mi escrito “La vergüenza de lo humano: notas sobre ‘Esquina Periferia’de Eduardo Alegría’” (80grados).  Me olvidé a mi mismo.
       
      Thanks for keeping me queer, by keeping my discourse straight,
       
      Bernat

    • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

      Larry, fui a bluestockings hoy en la noche y la compre. me leí el prólogo en el tren y creo que esta noche no duermo! Gracias por la referencia! 

  • Raquel_A

    Me parecen interesantes la estrategia retórica de Bernat, sobre todo el manejo lúdico y sagaz de las citas, y la capacidad que tiene el texto de sentar las bases para una discusión concertada de una serie de posturas esparcidas entre el habla cotidiana, la cobertura noticiosa tradicional  y la nube virtual, ámbitos que como bien sabemos no son mutuamente exclusivos. El debate en torno al performance citado continúa generando interés, y por ello quisiera comentar varios aspectos que hasta el momento han sido ignorados en la discusión según se ha ido planteando en este espacio.

    Admito que parto de una incomodidad que se superimpone a la del biopoder y la alter-censura. Me preocupa la referencia a la burka (y sus metáforas derivadas al final de la reflexión), y que la misma se asocie a lo largo de este ensayo (visual y textualmente) con una condición límite del cuerpo feminista/femenino. Si bien para propósitos del argumento esta vestimenta pretende servir como medida de contraste “radical” respecto a la vigilancia y regulación de cuerpos Otros, de la manera en que se aborda aquí contribuye poco a lo que es, de otro modo, un buen punto: que la energía de activación de lo político que se requiere en el contexto de la UPR–y por consiguiente de la Isla–es, parafraseando a Bernat, vergonzosa y ridículamente mínima.  Lo mismo aplica para el ejemplo de Egipto y la mención al calce de Irán y Siria. No hay que diametralizar la posicionalidad de estas epistemologías, sobre todo en lo que se debe a la complejidad con que circulan por lo mal representadas, malentendidas y manoseadas que son, particularmente después del 9/11. Si bien queda claro que esta no es la intención que motiva el artículo, esto es alinearse asintóticamente con un poder militar global que, aunque diferente en carácter a la nueva “seguridad” del Recinto, no deja de ser policial. Por otro lado, es loable que Bernat, el autor, haya citado a Ahmed, quien teoriza “lo queer” desde un locus de enunciación que precisamente problematiza los planteamientos de Said en torno al orientalismo. Pero este gesto crítico por sí mismo no corrige los señalados descuidos en el argumento de un ensayo que de otro modo resulta retante y productivamente ambicioso.
     
    Sobre todo para hablar de este tipo de casos, sería interesante que nuestros debates se informaran tanto por las genealogías usuales (Kant, Badiou y Deleuze y Guattari, por ejemplo), que como tetillas cualquiera en cualquier momento salen campantes a coger fresco sin camisa (soy consciente de ambos, la metáfora gratuita y el pleonasmo), como por el impulso de trazar afinidades y desfaces epistémicos, políticos y artísticos responsables en las relaciones de Sur a Sur, inter-hemisféricas y co-insulares (como se insinúa en otra nota al calce con el ejemplo de Cuba); o simplemente más allá de nuestro occidentalismo putativo, por nombrar solo algunas de las posibles direcciones que pudieran tomar estas articulaciones críticas. Para explorar más esta vertiente, por ejemplo, en el tema del terror y el terrorismo se encuentra el indispensable trabajo de Jasbir Puar, que no se cita en este ensayo. Del mismo modo, y reconociendo que los acercamientos de indentidad parecen estar agotados, se podría matizar las comparaciones entre performance, ética experimental y vanguardias artísticas con propuestas como la del antropólogo del arte Carlos Granés, quien localiza en el fracaso de las revoluciones un proceso coetáneo: el éxito de las vanguardias culturales como manufactura y liquidación de un riesgo relativamente rentable, en tanto se compruebe que el mismo constituye su propio mercado de circulación y consumo.

    • Bernat Tort

      Raquel A.:
       
      Primero a lo primero: quedo a tus pies.  Verdaderamente ha sido un placer leer tus críticas.  Espero estar a la altura de las mismas, no ya en mi respuesta, pues ya es muy tarde para ello, sino en mis trabajos futuros.
       
      Creo que una de tu tres preocupaciones  principales es cómo, de manera no-intencional (y agradezco la generosidad de tu lectura a este respecto), le hago la camita a los discursos imperialistas contemporáneos que pretenden caricaturizar el mundo árabe, de manera que esta desinformación, mezclada con los prejuicios judeo-cristianos contra el islam, creen las condiciones perfectas para una campaña, pasivamente aceptada por el público anglo-europeo, de invasión,  militarización, y neo-colonización del mundo árabe en general.
       
      “Si bien queda claro que esta no es la intención que motiva el artículo, esto es alinearse asintóticamente con un poder militar global que, aunque diferente en carácter a la nueva “seguridad” del Recinto, no deja de ser policial.”—Raquel A.
       
      Intenté remedir esta posible lectura, tal vez demasiado tímidamente, con una nota al calce que decía: “De hecho, ahora sueño con que la conclusión lógico-política de la primavera árabe sea la resurrección masiva del sujeto feminista en toda la región: una verdadera guerrilla de género—quema de burkas y Coranes por todas partes. ¡Fuck Ala, Fuck Jeová, Fuck Jesucristo y toda otra religión que tenga por dogma de fe la subordinación de la mujer al hombre!”   Quise destacar dos cosas con ella. Primero, que creo que las soluciones a los problemas políticos del (los) mundo(s) árabe(s) han de ser internas los mismos y no externas.  Y segundo, al incluir a todas las religiones abrahamicas, quise cerrar toda posible interpretación cristiana de la “guerra de civilizaciones”.  Si a pesar de esta nota la interpretación que te (nos) preocupa  se coló (y claro, basta que alguien no lea las notas para que se cuele), pido disculpas por lo tímidamente expresado de las matizaciones de rigor.
       
      La segunda y, creo, más importante de tus críticas la que tiene que ver con identificar en la burka el límite o paradigma de la opresión femenina, de tal modo que en comparación a estas las condiciones andro-normativas locales parecen palidecer e incluso desvanecerse en lo “ridículamente mínimo”,  no solo haciendo pensar que la opresión femenina en la isla y particularmente en la iupi es mínima, sino que se requeriría de una esfuerzo mínimo para contrarrestarlo.  Por implicación, te preocupa que esté criticando al feminismo local de una vagancia tal que ni siquiera este “vergonzoso y ridículamente mínimo” esfuerzo pueden hacer.  Esta crítica está contenida en esta siguiente cita tuya:
       
      “Lo opuesto de un torso y sus tetas no es la burka, sino la mirada que se ejerce sobre este cuerpo desde su contexto situado.  Si bien para propósitos del argumento esta vestimenta pretende servir como medida de contraste “radical” respecto a la vigilancia y regulación de cuerpos Otros (cosa que está en juego en el performance de las “NiqaBitches”), de la manera en que se aborda aquí contribuye poco a lo que es, de otro modo, un buen punto: que la energía de activación de lo político que se requiere en el contexto de la iupi–y por extensión de la Isla–es, parafraseando a Bernat, vergonzosa y ridículamente mínima.”—Raquel A.
       
      Para empeorar el asunto oraciones de mi texto como esta: “La lucha no es tan cuesta arriba como parece, este mundo  es tan frágil que un par de tetas lo amenaza.”[Bernat Tort]  no ayudan a salir de este entuerto.  Más bien cristalizan tu crítica, pues parecen decir, no solo que las condiciones opresivas son mínimas, sino que el mundo patriarcal local es fragilísimo.  Es decir, que parezco estar diciendo: ¿Qué carajo nos pasa que no hemos implosionado esta mierda ya?
       
      Nuevamente, solo puedo aludir a mis intenciones—esas tan generosamente has salvado de tus críticas—pero de que tus interpretaciones son posibles, son posibles.  (Por eso dije al principio que solo puedo prometer intentar estar a la altura de tus críticas en el futuro).  Mi intensión fue radicalmente contraria.  Quise equiparar la camisa a la burka, quise, pero evidentemente fallé, dejar ver que el efecto queer del acto de Charlene fue decir: “esta es mi burka”, “ni se crean que somos o estamos mejor que el Otro oriental” (como diría Ahmed).  Es por esta razón que intenté entrelazar, y de nuevo, creo evidentemente fallé, las así llamada “war on woman” del partido republicano de los Estados Unidos con el trato a la mujer en el mundo árabe.  Lo traté de entrelazar para que viéramos las condiciones de posibilidad de una lucha global, no solo local; y viéramos que formamos (aquellos de nosotros que nos apuntemos a la lucha) parte de un solo Sujeto político: el Feminismo.  Esta también fue la intención tras mi decir que este mundo era frágil: activarnos, para seguir con el momentum del gesto de Charlene, y auspiciar que se cuaje algo así como una fidelidad al evento “which may enable the passing of a truth along its path” [Badiou].  Tenía función e intensión de porra al feminismo local.
       
      Finalmente sobre tu acusación de eurocéntico.  Guilty as charged—but not proud of it.  Hasta me da vergüenza que me concedas el punto de Ahmed, pues a ella llegue más por la fenomenología que por lo queer.  (Ahamed es una fenomenóloga con un nivel de sutileza que solo he encontrado en “La voz y el fenómeno” de Derrida.)  Lo único que me consuela, pero también me jode, es que de todas tus recomendaciones, había una que me puede haber ahorrado de haber escrito esto un mes después: Jasbir Puar.  Si supieras que tengo hace un mes el “sample” de su libro “Terrorist Assemblages: Homonationalism in Queer Times” en mi Kindle y todavía no lo he podido leer.  (Esta falta será corregida inmediatamente, lo bajaré esta noche).
       
      Por lo demás solo tengo una crítica a la forma de este último argumento.  Nunca es una buena estrategia criticar a alguien por no haber citado a otro.  Este argumento solo equivale a decir: “Tu no has leído lo que yo he leído” o “Deberías haber leído lo que yo creo que es pertinente para tu argumento” o  “Deberías saber más de lo que sabes”.  Ninguno de ellos conduce a nada, son mera trivialidad.  Lo más que podemos y debemos aspirar a hacer es recomendar, auspiciar, invitar a expandir el marco conceptual y a compartir nuestros saberes como has hecho en el resto de tu comentario.
       
      Salvo por esto, tu crítica es impecable.  Infinitas gracias,
       
      Bernat

      • Raquel_A

        Gracias por clarificar estas posturas, Bernat, y por considerar tan detenidamente los comentarios que recibes. Cultiva el potencial colaborativo de este tipo de intervenciones y expande el círculo de diálogo y aprendizaje de quienes leemos. Recibí la petición de los editores así que pronto me comunico.

      • http://cafesideral.blogspot.com/ Karina Luzbelle

        EL MUNDO AL REVÉS.- El 51% de la población mundial son varones, y la naturaleza les ha regalado
        el don de la procreación. El sexo dominante -debido a su fuerza física
        superior- es el femenino. Cada año millones de varones quedan embarazados, de
        este porcentaje, un tercio ha sido ultrajado, léase violado, dos tercios
        sucumbió a la presión de la pareja por tener sexo, tres tercios quería formar
        una familia, o sea, sí quería al hijo(a), y una minoría ignorada ha sufrido de
        embarazos ectópicos. De este modo, cada año ocurren millones de abortos
        ilegales a nivel mundial, mueren millones de hombres por la carente higiene y
        poco cuidado de las clínicas clandestinas, y millones de hombres también,
        sufren daños psicológicos profundos debido a estos hechos. A pesar de la
        irrefutable desigualdad en que viven mujeres y varones -y el dominante sistema
        hembrista-, las mujeres siguen violando, no sólo a hombres maduros, sino a
        niños y niñas, y también los asesinan -previa violación. La pena de cárcel en
        Perú por una violación oscila entre 15 y 25 años. La mujer violadora es
        internada en el penal, y su condición de abusadora obliga a las demás reclusas
        a violarla, una y otra vez, hasta desgarrarle el ano. La mujer violadora
        reclusa sale libre después de cumplir su condena (a seguir violando). Pero no
        es una sola, son miles y miles cada año, el influjo de violaciones siempre va
        en aumento, uno de los últimos reportes de la VII Región PNP arroja 32, 861
        denuncias por violencia física y sexual sólo en Lima Metropolitana; de la
        totalidad de casos de violencia sexual, un 80% queda sin denunciar por la
        agravada (INEI) . El gobierno decide poner en cartera temas más importantes
        como promover los clubes deportivos de fútbol, y así eludir el tema de equidad
        de género, porque es más fácil, y además el círculo de amigos de la presidente
        pertenece a la clase alta, y cuando ocurre un ‘desliz’, el hijo embarazado
        viaja al extranjero para abortar.

        En pleno siglo XXI, y después de interminables luchas por la igualdad por parte
        de los varones, los cuales han conseguido, a través de las décadas, el derecho
        al voto -que les era vedado porque se corría el riesgo de que desobedecieran a
        sus esposas si votaban por un candidato opuesto al de ella, entre otras razones
        relacionadas a la insubordinación-; a incorporarse a las fuerzas de trabajo, a
        recibir resguardo salarial, a la independencia económica y personal, a usar
        pantalones, a estudiar en la universidad -incluso P.h.D., aunque el sistema
        educativo fue ideado por las mujeres, así como los libros de consulta
        primigenios han sido escritos por mujeres, y toda la parafernalia
        científico-literaria-filosófica fue establecida por mujeres, incluido el
        lenguaje (porque la elisión del sujeto masculino se decidió desde el principio
        de los tiempos, y para refererirse a varias integrantas de un grupo, basta que
        haya una sola mujer para anteponer el artículo ‘las’)- y a muchos otros
        privilegios que fueron cedidos por las magnáninas y todapoderosas mujeres.

        Aún así, en algunos países del Oriente todavía existe una opresión ominosa
        contra los hombres, y se les obliga a usar un atuendo llamado ‘burka’, que
        cubre todo su rostro y cabeza, pesa ocho kilos, y es acompañado por una larga
        túnica que cubre todo su cuerpo -objeto del pecado-. Además, muchos hombres han
        sido sentenciados a la horca por haber osado usar pantalones, atuendo exclusivo
        de las mujeres árabes, las cuales pueden tener tantos esposos como puedan
        mantener (según el Corán). Como decía, en pleno siglo XXI, los hombres no han
        logrado una revolución permanente ni consumada, y sigue existiendo la
        discriminación en el trabajo (¿es soltero?, ¿piensa embarazarse?), en la
        publicidad sexista que iconiza a los hombres como objetos sexuales, en el cine,
        en la prensa, en todos los aspectos de la realidad imaginable. No obstante,
        está surgiendo una nueva generación de hombres valientes y autónomos, que no
        necesitan de la aprobación de una mujer para desenvolverse en la vida familiar,
        política, laboral y de diversa índole. Y no aceptan una lavadora como regalo de
        cumpleaños o navidad. Tampoco aceptan sumirse en dietas suicidas, y no se
        preocupan por estar siempre guapos para las mujeres. Este tipo de hombres son
        exquisitos, es decir, escasos. Hablo de esa minoría que no tiene miedo de ganar
        un partido de fútbol o ser boxeador. Que no tiene miedo de liberar su pasión y
        fuerza por temor a parecer ‘poco masculino’. Esta clase de varones ya se
        encuentra entre nosotras, y están listos para afectar la Metamorfosis Cultural.
        Que de hecho está cada vez más cerca, y nos beneficiará tanto a ellos como a
        nosotras. Porque realmente, ¿a qué mujer le gustaría tener un esposo de cartón,
        incapaz de tomar sus propias decisiones, de cuestionar, de aportar
        económicamente al hogar, de dejarse de poses sumisas ridículas que sólo engañan
        nuestro ego? A mí no. Y yo soy hombre.

         

  • http://www.facebook.com/popo.santiago Luis G. Santiago Buitrago

    Excelente
    articulo, aunque para mi las conclusiones finales son un tanto extremistas. Estoy
    de acuerdo con que el evento resulto un acto de confrontacion politica, aunque llamarlo
    “terrorista” no me parece una metafora del todo adecuada. El
    terrorismo no ofende, el terrorismo mata. Aunque entiendo que la referencia es
    a “matar” al patriarcado, aun asi me parece hiperbolico. Opino que el autor lo
    utiliza mas bien un elemento de “marketing” (lo cual es perfectamente legitimo)
    para llamar la atencion a lo que en realidad quiere traer: su “manifiesto
    feminista para el siglo XXI”, con todo y la guerra de genero hasta
    eliminar la “mujer” (como genero, claro esta). Ahora bien, la critica
    al reformismo de las ultimas decadas, que, me parece hay que cualificar, ha conquistado
    muchas cosas e impactado positivamente en las vidas de millones de personas, no
    debe implicar que requerimos de una nueva “utopia” como la unica opcion para
    defender las conquistas adquiridas, eliminar los nuevos obstaculos, e
    incrementar los espacios de libertad sexual. Si uno repasa lo sucedido con las
    propuestas de otras utopias absolutas en la historia de la humanidad
    sovietismo/eliminacion de la burguesia/gulags;  nazismo/eliminacion de todas las razas
    inferiores/ Auschswitz; anarquismo/eliminacion del estado/Catalonia 1936-39) ,
    debe reflexionar con suma cautela ante esta nueva sugerencia. Yo, por mi parte,
    me inclino a la confrontacion radical libertaria cuando sea apropriado, sin ataduras
    a ningun proyectos absolutista de cualquier persuasion ideologica.

  • Riosavila

    Querido Bernat,

    Gracias por esta espléndida contribución a la polémica en torno al performance de Charlene González de Jesus. Me permitió aclarar otras intervenciones tuyas que llevas haciendo hace un tiempo en torno a la relación entre el arte y el performance y en torno a la aplicación tan estimulante que vienes haciendo del impacto de las ideas de Badiou para entender problemas políticos muy puntuales y locales que son, a su vez, universales. 

    La inteligencia siempre estimula la de los demás, y me han estimulado los comentarios de David Caleb, Peri, Yoryie, y sobre todo el de Erika. Todos estos comentarios estimulan lo que se queda sin pensar en tus escritos. Lo no pensado es lo único que debe importar en lo pensado, ¿no crees? 

    No creo que hayas pensado lo suficiente la pregunta en torno a qué es arte cuando contrapones lo ético como una trascendencia de lo artístico en el performance, como te sugiere David Caleb. No basta con usar a Duchamp para ponerle punto final a la discusión. El asunto no se resuelve con mirar la cronología de la discusión para averiguar quién la cerró. El asunto de qué es arte sigue muy vivo. Tampoco se trata de darte permiso para seguir usando el término siempre y cuando el arte le sirva a lo político como un conveniente “decoy”. Hay algo raro en este tono.

    Creo que se traspasa a tu interpretación del lugar de Charlene González de Jesus en cuanto al advenimiento del sujeto político. Creo que Erika ha captado un lugar importante de lo no pensado que no se resuelve adjudicándolo a las diferencias profesionales, diciendo, tú en tu sitio y yo en el mío. Algo de esa dureza en el tono se traspasa también al lúcido entusiasmo de Yoryie cuando te dice que por fin sacaste del medio a Charlene para que se pueda discutir ve.rdaderamente este asunto tan espinoso.

    Me gusta esta cita cita de Etienne Balibar en torno al universalismo:

    A task for a philosopher (or a philosopher today, at the present moment) with respect to universality is precisely to understand the logic of these contradictions and, in a dialectical way, to investigate their dominant and subordinated aspects, to reveal how they work and how they can be shifted or twisted through the interaction of theory and practice or, if you prefer, discourse and politics.

    ¿No te parece que, en tu entusisasmo por localizar el sujeto político en lo universal (valga la paradoja de “localizar” lo “universal”) , pierdes de vista ese caracter inherentemente contradictorio de lo universal? Para Zizek lo universal será precisamente lo singular (que tú despachas demasiado rápido en tu lista de preocupaciones posmodernas debidamente trascendidas,como otra coartada más del individualismo burgués), lo que ubicaría lo universal, lo politizable, en esa coyuntura que empalma, que enfrenta, como propone Erika, la ejemplaridad política del performance de González con su hospitalización. No sé si a Balibar le parecería que no estés siendo lo suficientemente dialéctico. 

    Aplaudo, junto con Yoryie, que por fin se atiendan los issues relevantes de esta polémica, pero también hay que atender los tonos, los efectos discursivos, porque ahí, en esos excesos que nos permitimos, es que se cuela lo no pensado.

    • Bernat Tort

      Querido y estimado Rubén:
       
      Primera parte:
       
      Coincido completamente cuando dices  que “Lo no pensado es lo único que debe importar en lo pensado.” Pensemos pues, lo no pensado (y a aclarar y re-pensar aquí y allá lo ya pensado). 
       
      Arte y ética:
       
      1) Diferimos en cuando a la clausura por parte de Duchamp ante la pregunta: ¿qué es arte?  Podemos interpretar lo que dices sobre que “el asunto de qué es arte sigue muy vivo” de dos manera (o al menos dos).  Hay un sentido obvio, evidenciado por algunos de los comentarios (el de Erica sin acento y el de David Caleb), en que el asunto sigue vivo de la misma manera en que las canciones de amor clichosas (Luis Fonsi et. al.) siguen vivas, ya que siempre hay una nueva generación de personas que se enamoran por primera vez y cuyos sentimientos son constituidos/representados bi-univocamente por las letras de tales canciones.  Siempre habrá quien por primera vez se haga la pregunta ¿qué es arte?  Y para estos el asunto estará vivo, pero solo en un sentido individual (no colectivo).  Pero ese no es el sentido del que hablas cuando me haces la crítica y en esto diferimos.  Creo que por creativos que nos pongamos en las redefiniciones de lo que es arte o no lo es, el mundo contemporáneo (fiel al evento de duchampiano de 1917 “La funete”) opera en teoría, y sobre todo en la práctica, bajo el horizonte eventual de que cualquier cosa es arte.  Solo basta con que lo nombremos tal.  No hay más que mirar las propuestas que se aprueban, que  reciben grants, que se escogen para la Bienal de Venecia (Concilio Vaticano del arte contemporáneo) para darnos cuenta que la pregunta fue contestada definitivamente (decir esto no es lo mismo que decir que será así per secula secullorum sino que hará falta un evento que genere un paradigma de arte tan radicalmente distinto al actual, que logre no caer en las redes epistémico-ontológicas de Duchamp, que en este momento no me lo puedo ni imaginar).  ¿Me podrías dar un ejemplo de un debate u objeto de arte que resista el embate de Duchamp?   Badiou dice algo parecido en “Logics of Worlds” sobre la música dodecafónica (la versión musical del “readymade”): “today’s musician, delivered over to the solitude of the interval—where the old coherent world of tonality together with the hard dodecaphonic world that produced its truth are scattered into unorganized bodies and vain ceremonies—can only heroically repeat, in his very work: ‘I go on, in order to think and push to their paradoxical radiance the reasons that I would have for not going on’.” [89]
       
      2)Ahora bien, esta discusión ontológica (que busca contestar la pregunta ¿qué es arte?)  no debe confundirse por la pregunta sobre la experiencia estética individual, tanto la personal como la capacidad que tengan nuevas generaciones de artistas de generar en nosotros nuevas experiencias estéticas antes insospechadas (piénsese en las posibilidades de la creación de espacios virtuales digitales con interfaces neuro-motrices: The Matrix, o el Xbox Kinect del futuro, etc.).  En este sentido, como dice Hakim Bay, “art will go on, in somewhat the same sense that breathing, eating, or fucking will go on.”  Pero eso no quiere decir que todo lo que se nos ocurra no esté ya precontenido en la definición de Duchamp–pues lo está.  
       
      3)En cuanto a la distinción tajante que hago entre ética y arte diré dos cosas.  Primero que la distinción, como la mayoría de las distinciones académicas, es más bien analítica que real.  Hago la distinción (y la hago con mayor profundidad y detalle en otro trabajo, al que aludes: “Cuerpos que afectan:  la experiencia (est)ética del performance como intersubjetividad visceral saturada” que está disponible on line en forma de conferencia-video gracias a la Asociación de Estudiantes de Filosofía del Recinto de Río Piedras, en particular a YuiZa Martinez, en  http://www.youtube.com/playlist?list=PL78C82828E984D8D7&feature=view_all ) para poder destilar cuál es la esencia del performance: lo que lo hace distinto del teatro o de la plástica, por ejemplo.  Pero de ahí no se sigue que el performance no tenga elementos estéticos sobresalientes, solo que estos son secundarios al acto ético-experimental.  Y segundo, que no se debe olvidar como lo han hecho en los comentarios Erica (sin acento) y David Caleb, que admito un momento eminentemente estético en el performance, lo único que no le corresponde al gesto como tal—cuya función ética es abrirle espacio a la posibilidad del momento estético—sino a la re-creación de sí y de su mundo por parte del espectador.  Son ellos los que se convierten y convierten el mundo en obra de arte, no el gesto per se.
       
      4)Finalmente lo del “darme permiso”.  No lo pedí, lo cogí.  No tengo (ni nadie) que pedir permiso para hace un uso pragmático, estratégico, utilitarista (en el sentido de Érika con acento) de la categoría “arte”, solo lo tenemos que justificar –y creo que lo hice.  De modo que puede que tu diferencia conmigo en este punto sea sobre mi justificación y no sobre si tengo permiso o no  Y ya que mi justificación para ello no era la definición de arte, sino las consecuencias político jurídicas de que las autoridades no reconociesen el performance de Charlene como arte, no creo que haya yo establecido ninguna relación entre esa justificación y la definición de Duchamp.  (Es decir, el asunto de si el performance es arte o no lo es, en mi escrito, es distinto a la pregunta ontológica: ¿qué es arte?)  Lo del uso “decoy” de la categoría en el caso del performance la presento como una decisión política que,  como cualquier otra, tiene sus ventajas y sus desventajas.  Como dijo Yoryie, en una de sus columnas  sobre el matrimonio homosexual, (y lo estoy parafraseando): “A mí no me gusta la idea políticamente, pero mientras esas sean las reglas del juego y a unos les den privilegios y a otros no, pues nos casamos—pero que conste, que esa no es la meta.”
       
      Un abrazo de intermezzo para luego continuar,
       
      Bernat
       
      P.S.: Te hago un adelanto de los sub-títulos de la Segunda Parte: “De lo singular para Žižek, de Érika (con acento) y de la dialéctica”; y “Del exceso de mis tonos”.

      • Riosavila

        I can’t wait, dearest.

      • David Caleb Acevedo

        “Creo que por creativos que nos pongamos en las redefiniciones de lo que es arte o no lo es, el mundo contemporáneo (fiel al evento de duchampiano de 1917 “La funete”) opera en teoría, y sobre todo en la práctica, bajo el horizonte eventual de que cualquier cosa es arte.  Solo basta con que lo nombremos tal.”
        Felicidades. Ha dado usted en el clavo. La experiencia estética es individual. Es quien observa o contempla quien dictamina si algo es arte o no. La historia nos enseña eso y mucho más. Se me ocurre que, por ejemplo, si se insiste en que Alestair Crowley (el “brujo”, uno de los padres de la Wicca y luego, el satanismo) era en realidad un performero, y que sus performances de cagarse (literalmente) en las salas de las casas de sus enemigos era performance, y, por ende, arte; y si se insiste en ello lo suficiente, terminaremos por aceptarlo como tal. 

        En fin, nos guste o no nos guste, la experiencia estética es innegablemente e inherentemente individual. Otro ejemplo, aunque sé que a muchos de mis compañeros/as les ha gustado este ensayo, yo no lo llamaría literatura (arte escrito, recordemos: Arte con A mayúscula…), dado que a mí no me causó ni el más mínimo estímulo estético. 

        • Bernat Tort

          David Caleb:
           
          Mil gracias por el entusiasmo que has mostrado en la discusión.  Y aun cuando sé que te preocupan varios asuntos creo que no sobre simplifico la cosa si digo que tus principales problemas con mi texto, no son de índole político, sino sobre el asunto de mi definición de performance como ética experimental, la definición de qué es arte y que es El Arte, y finalmente el tema de si la experiencia estética es individual o no.  De todas estas he decidido solo comentar en profundidad  la última ya que el asunto de qué es arte lo discutí, como sabes y comentaste, en la primera parte de mi contestación a Rubén en la cual te incluí.  Sobre la distinción entre ¿qué es arte? (pregunta que persigue determinar a qué objetos o cosas les podemos o debemos llamar arte) y la pregunta ¿qué es El Arte? (pregunta que busca por el Ser del arte como categoría abstracta) hablaré en mi respuesta a Ernesto Blanes.  Creo que confundes, en tu primer comentario y tus “cinco facultades del Arte, así con mayúscula” estas dos preguntas y los ámbitos que pretenden explorar.
           
          Antes de entrar entonces a discutir tu segundo comentario sobre la individualidad de la experiencia estética que ría decir algunas cosas sobre mí, a modo de aclaración.  Me da la impresión de que piensas que al negarle el estatus de arte al performance lo bajo de rango o categoría.  Nada más lejos de mi intención.  No sé si sabes que, además de escribir sobre el tema del performance soy performero desde 1995.  Esto no lo traigo a colación para decir: “yo soy performero y tu no (realmente no sé si lo eres o no) así es que no me digas qué es o qué no es.”  No.  Lo traigo para que te quede claro que es un tema que me ha preocupado en teoría y en la práctica por ya más 15 años.  He destilado mi teoría del performance como ética experimental a través de los años buscando contestar la pregunta ¿qué hace que algo sea performance vs otra cosa?  O más específicamente: ¿qué es lo que opera en el performance como su característica más sobresaliente?   Mi respuesta como ya sabes es: la ética experimental.  Pero con esto no niego, negarlo sería ridículo, que la estética sea un elemento importante del performance solo que no es su característica principal y definitoria.  Te pregunto: ¿Cuál es el elemento estético (no en el sentido de lo sensible sino en el sentido de lo artístico) de hacer que te disparen en el brazo, como hizo Chris Burden en su performance “Shot” de 1971?  (lo puedes ver en  http://www.youtube.com/watch?v=JE5u3ThYyl4 )  ¿Podrías someter este trabajo de Burden a tus cinco facultades que todo arte debe tener?  (No dudo que con mucho esfuerzo y creatividad se pueda hacer, lo que quiero es que pienses si estas cinco facultades revelan lo importante o esencial de lo que ocurre en este video).
           
          “De lo individual de la experiencia estética”
           
          Me llamó la atención que tu reacción a lo que le escribí a Rúben (primera parte) fue: “Felicidades. Ha dado usted en el clavo. La experiencia estética es individual. Es quien observa o contempla quien dictamina si algo es arte o no.” [David Caleb]  Creo que esta conclusión se debe a una confusión auspiciada por mí.  A decir: “Solo basta con que lo nombremos tal.” [Bernat Tort]  parecería que el asunto ontológico se resuelve de manera individual.  Como si estuviera diciendo: “Arte es lo que cada cual crea que es arte.”  Lo que quise decir con lo primero es que luego del gesto de Duchamp en 1917 de comprar un urinal en una ferretería virarlo al revés (90 grados  realmente) y firmarlo y presentarlo “como sí” fuese arte, Duchamp decidió ahí y “para siempre” el horizonte de posibilidades que el mundo puede aceptar como objetos de arte.  Inventó el “readymade”, y a la pregunta ¿qué es arte? contesto con un contundente: cualquier cosa.  Querámoslo o no, te guste o no, vivimos en un mundo post-readymade, del mismo modo que vivimos en un mundo post-freudiano donde existe el inconsciente (querámoslo o no).  No es un asunto individual sino ontológico: vivimos en un mundo donde cualquier cosa puede ser considerada arte.  No debes confundir este asunto con el asunto del gusto.  El asunto de que a cada cual le gusta lo que le gusta o conoce.  Tampoco se debe confundir con el asunto de la novedad para un individuo de todos estos temas del que hablé en la contestación  a Rubén.  Siempre hay un individuo enterándose de qué es “La fuente” de Duchamp y para quien la pregunta qué es arte esté viva, pero de ahí no se sigue que sea así para el mundo-cultural en general.
           
          Lo que me lleva a mi último punto.  Cuando dices que la experiencia estética es individual, no pareces tomar en consideración que no vemos (olemos, sentimos, gustamos, oímos) con nuestros ojos (narices, piel, lengua y oídos) sino con los órganos sensoriales de la cultura entera.  Veo con ojos puertorriqueños, “primer mundistas”, machistas, homofóbicos, filosóficos, paternales, etcétera.  Uno no ve lo que quiere sino aquello que nos han entrenado a ver nuestros padres y familiares, nuestros congéneres, las instituciones educativas, los medios de comunicación, las ciencias, las religiones, nuestra cultura en su conjunto.  Dijiste en tu mensaje que eres homosexual y si mal no recuerdo ateo (en uno de tus intercambios con Rhady), de modo que no se te debe hacer difícil saber el trabajo político que da aprender a mirar y mirarse a uno con nuevos ojos, ojos propios, no con ojos públicos.  Es en esa capacidad que tiene el performance para abrir el espacio de la norma social al hacer que se vea, que nos veamos viendo según una norma y por tanto abrir el espacio para crear una nueva norma mejor y más cómoda para nuestros cuerpos y espíritus (no te asustes yo también soy ateo) que el performance logra esto haciendo un gesto ético no tipificado: “a shaman’s manouver carried out at an ‘imposible angle’ to the universe.”—Hakim Bay—[T.A.Z.: The Autonomous Zone, Ontological Anarchy, Poetic Terrorism]
           
          Que estes bien y mil gracias nuevamente,

          Bernat

    • Bernat Tort

      Dear Rubén:
       
      Gracias por la paciencia.  Fin del primer intermezzo.
       
      Segunda parte:
       
       “De lo singular para Žižek, de Érika (con acento) y de la dialéctica”
       
      No sé si a Žižek le parecería que lo interpretas bien en su uso de lo singular.  Aunque tienes razón en que Žižek vincula lo singular con lo universal, esté no colapsa ambos como pareces estar diciendo cuando dices: “Para Zizek lo universal será precisamente lo singular…” [Rubén Ríos Ávila] Sobre todo él no estaría de acuerdo con confundir lo singular y lo particular.  No es que los confundas explícitamente en tu contestación, sino que al seguir la cita como la sigues podría parecer, al lector transeúnte, que piensas que mis críticas a intentar hacer política de lo particular/individual son colapsables con, o equivalentes a, hacer una crítica de lo singular/ejemplar.  Para aclarar: técnicamente lo singular hace dupla con lo universal, así como lo particular hace dupla con lo general. “Oponemos, pues, la generalidad, como generalidad de lo particular, y la repetición como universalidad de lo singular.” [Gilles Deleuze—Diferencia y repetición]  De modo que lo singular se opone a lo particular.  Claro, se podría objetar esta relación e interdefinición de términos, no digo que no: be my guest, solo digo que así es como lo entiende y lo usa Žižek (y yo).  Por ejemplo: “…in every great philosopher [hablando de Kant] there is the theme of the direct participation of a singularity in universality, without the detour via particularities, cultures, nationalities, gender differences and so forth.” [Slavoj Žižek—“Philosophy is not a Dialog”, 75]   Es por esto que cuando usé el término en el escrito lo usé entre comillas (cínicas) para distinguir el uso coloquial que se hace del mismo de su uso técnico.
       
      “Estas vertientes rindieron muchos frutos teóricos y políticos, pero en su intento de escapar de la generalidad y de la abstracción del discurso falogocéntrico tendieron hacia la dirección opuesta: el discurso de la particularidad, de la “singularidad” de cada individuo, de la microhistoria.” –Bernat Tort
       
      Lo puse  en la lista porque es una de esas palabras que está de moda para designar la irreducibilidad del Otro a mi Yo (o al nosotros) o a mi discurso de él(la).  Es una postura que toma tanto de Levinas como de Hanna Arendt y que me parece equivocada.  No porque en su interior no guarde una verdad, sino porque es confusa precisamente por colapsar  lo singular con lo particular.  En retrospectiva es obvio que ameritaba una nota al calce.  Así es que te agradezco que hayas traído a colación esa deficiencia en mi texto.
       
      Esto me lleva a mis diferencias con Érika (de aquí en adelante siempre con acento) y  a la dialéctica que a Balibar le hubiese gustado ver en mi texto.  Creo que si vez nuevamente mi contestación a Érika veras que la diferencia, si la hay, entre ella y yo, depende solamente de si ella quiere rescatar el cuerpo (y la persona)  de Charlene qua Charlene, es decir, como individua particular (y por implicación, y siguiendo a Deleuze, generalizable y sustituible por cualquiera); o si la quiere rescatar qua singular/ejemplar (y por implicación, universalizable).  Si su respuesta es la segunda, entonces nuestra diferencia es cosmética, un asunto terminológico y nada más;  de ahí que haya dado el ejemplo del Che—figura ejemplarísima.  Ahora, si su contestación es que quiere rescatar a Charlene en su particularidad individual irreductible, entonces nuestros argumentos guardan una diferencia de naturaleza y no solo de grado.  En ese caso mi postura ya la expresé en mi contestación a ella.
       
      Y aquí es donde entra la dialéctica, tanto la de Balibar como la de Rancière (como lo utilizó Érika). ¿No te parece  que en este debate (entre tú, Érika, Luis F. Avilés y yo) el único que está siendo dialectico soy yo?   Parafraseando lo que le dije a Érika, quien está contraponiendo tesis y antítesis soy yo (usando a Badiou) en la medida en que pongo en juego lo temporal y lo eterno, lo animal y lo inmortal, la Charlene de carne y hueso que habló en Jay Fonceca y la Charlene encarnación del Sujeto Feminista.  Proponiendo forzar  la teoría y la práctica de tal modo que la tesis (el mundo patriarcal encarnado en el cuerpo de carne y hueso de Charlene) y la antítesis (el Cuerpo simbólico inmortal del Sujeto Feminista encarnado en el gesto y las tetas descubiertas de Charlene) se logren sintetizar en el proyecto político de generar un mundo post-género.  Si esto no es dialéctico no conozco el significado del término.  Lo loco de todo esto es que es evidente que de algún modo lo has percibido pues aparece claramente en la paradoja que identificas en mi escrito cuando dices: “¿No te parece que, en tu entusisasmo por localizar el sujeto político en lo universal (valga la paradoja de “localizar” lo “universal”), pierdes de vista ese carácter inherentemente contradictorio de lo universal?” [Rubén Ríos Ávila]  No lo pierdo de vista: lo exploto.  Es sobre esta paradoja que trata mi artículo, pues trata sobre resolver la aparente contradicción (definición de paradoja) entre los términos del debate.    
       
      Esto me lleva a postular que lo que ha generado ronchas en algunos sobre mi escrito se debe a la última de tus críticas: el asunto de mi tono.  Pero eso se quedará para la tercera y última parte.
       
      Segundo abrazo y segundo intermezzo.
       
      Bernat 

  • Erika

    Tanto rollo para aceptar lo que esta artista esta reclamando, hay que spesar de una manera aburrida un acto necesario en una sociedad como la de este país, me asombra ver tanto prejucio, e incluso un falta de información al decir que el performance no es una disciplina estética, caray!!! y enhorabuena por la artista!!!! la sociedad necesita ese tipo de performance para despertar

  • Edwin Fernández

    Me parece un artículo myy interesante. Lo único que me incomoda un poco es que se refiera a la esrudiante como Charlene. No me gusta que en el periodismo haya sexismo con los nombres. A nosotros los hombres nos llaman por los apellidos, pero a las mujeres por sus nombres. Fortuño, Acevedo Vilá, pero no es Calderón, sino Sila.
    Es volver a rencarcar la devaluación del apellido femenino en la sociedad, colocando el apellido masculino como el dominante, lo que es socialmente hasta legal, y se ve en el simple hecho de que los niños reciben el apellido del padre primero.
    Se que no es lo mas importante, y me estoy saliendo mucho de contexto, pero debió referirse a la estudiante como González de Jesús, no como Charlene.
    En cuanto a su definición de performance, y la definicion de que todo es arte, pienso que todo es todo. Porque todos buscamos algo que sea importante para nosotros, y si es abstracto, queremos que todo sea lo que nos gusta. Mi profesor de Literatura y Religión, Angel Rosa Vélez, que todo es escritura. Todo. La telaraña, la sonrisa, el viento. Pero también dice que todo es poesía. Antonio Martorell recarcó en su exhibición el 22 de abril en el museo de la UPR Río Piedras, que “el arte nunca es la realidad. El arte es todo lo contrario.” Entonces, lo que hizo González de Jesus, ¿es lo contrario a lo que mostró?
    Como afirmó anteriormente, la interpretación del espectador es la que cuenta, no la del autor. Pero si puedo decir que hubo contrariedad. Ella quiso mostrar algo que para ella era correcto, o debería serlo, pero en una sociedad cerrada en los imaginarios sociales que no está lista para ver semejante espectaculo. Me imagino que sería de la misma manera se sintieron los blancos al ver a Rosa Parks sentada al frente de la guagua pública. “¿Cómo se atreve una negra sentarse al frente? ¡Que pecadora!” dirían ellos. O cuando las mujeres empezaron a mostrar su tobillo. Ay ya! Las más prostitutas. Y ahora muestran la pierna completa y nadie dice nada.
    Hable con amigas féminas, y ellas decían que González De Jesús tenía que ajustarse a esta sociedad. Pues no. Para crear leyes, hay que romper otras. Así se ha demostrado en los pasados movimientos de Trabajadores, Negros, Feministas, y la lista seguirá. Simplemente se tiene que pelear por esos temas que nos molestan de la sociedad, no ajustarse a ellos. Así no se progresa. Se necesita ajustar a la sociedad. Para que en el futuro mis nietas, o talvez hasta hijas (tengo 19 años, asi que espero en un largo tiempo) puedan quitarse la camisa y sostén, y las nuevas generaciones lo vean normal, la mia se mantiene anticuada como nuestros visabuelos, pensando que son las más prostitutas. Por mostrar una teta. Por mostrar un tobillo. Es lo mismo.

    P.D. que conste estoy siendo sarcástico. No voy a pensar así.

  • Ortizfeliciano

    En ocasiones busco aplaudir cuando leo que me produce el efecto de haber presenciado una obra aunque esté a solas en un cuarto leyendo. Me resta darle las gracias. Ya luego, como buen concierto, recital o como tras ver un óleo impactante pensaremos las razones que se conjugan en ese aplauso pero eso es luego.

  • David Caleb Acevedo

    jum… Performance como ética-experimental o arte? Y sentadas las bases de que el performance fue concebido como arte gracias a un error histórico, usted, me “obliga” a estar de acuerdo con su punto de vista. 

    Tengo, sin embargo, problemas fundamentales con esa presunción. El Arte, así, con A mayúscula, en todas sus expresiones, tiene 5 facultades:

    1) facultad estética
    2) facultad pedagógica
    3) facultad cronista-historicista
    4) facultad argumentativa-contestaraia
    5) facultad política

    Entiendo lo que usted pretende dejar ver a través de su definición de ética-experimental versus verdadero arte. Pero cabría preguntarnos si todo arte “violento” deja de ser arte por ser violento, a saber, los Cristos pintados con orín, las vírgenes pintadas con mierda, toda la obra de Pollock en su tiempo, el expresionismo alemán (también en su tiempo), etc… Si le adjudicamos la falta de “arte” del performance (que pongo en duda) a su cualidad efímera, sepa que tendríamos que tirar por la borda todo el arte efímero de los ochenta, gran parte del arte pop, el arte ecológico de los 90 y 2000, y todo el Dadá. Ese no es el caso. A dónde me dirijo? Creo que es obvio: el performance sí es arte, le guste a usted o no. Que como todas expresiones artísticas, haya algunas mejor elaboradas y pensadas que otras, por supuesto. Nomás hay que ver a Paulo Coehlo y sus novelas que rayan en literatura de autoayuda, y compararlas, digamos con las novelas de Salman Rushdie. Pero, en su forma más básica, aunque nos joda, Paulo Coehlo escribe literatura, aunque exista un consenso que diga que es mala literatura. Es literatura de todas formas. 

    Creo que su visión no es muy sólida en ese ámbito. 

    Ahora volvamos a esta cuestión del pudor y los cientos de años de “desarrollo de la moral” del que habla el camarada Rhady. Sucede que la moral no es tan Darwinista como quisiéramos que fuera. La moral no es un concepto biológico y mucho menos ético, sino que responde a construcciones sociales que varían (se me perdonará la redundancia) de sociedad a sociedad. Una sociedad se vuelve machista y misógina en tanto y cuanto controle a la mujer. Esa es la definición de la palabra. Así es que brega esto. Tenemos sociedades del Oriente Medio que violentan el derecho de la mujer de vestir como le dé la gana (derecho no político, y a lo mejor, no inherente a la sociedad en que viven, mas derecho “nevertheless”). Tenemos, en el otro extremo, una sociedad occidental que les inculca a las mujeres y a los hombres, (ya sea a través de los medios de comunicación en masa, la religión, la publicidad, o las políticas represivas de la sexualidad) que está bien ser Maripily (ser bruta, tener tetas hechas copa D, y enseñarlas cubiertas de un diminuto bikini en programas absurdos como No te duermas) está bien, mientras que ser una mujer pensante que use sus tetas (copa A, no hechas, naturales, en un performance que bien puede ser artístico o político) está mal, entonces es hora de repensar nuestra moral. En muchos aspectos, no solo éste. Qué puedo decir? Soy un varón homosexual y el discurso de la moral me la masca. Me apesta. Es hipócrita y decir que no lo es, es hipócrita en sí mismo. Y el discurso moral ha sido siempre implantado por hombres. La moral es el Country Club de los que venimos de Marte. 

    Vuelvo con el Sr. Tort: en general, estoy de acuerdo con muchos de sus puntos. El único que realmente me reventó fue la descalificación del performance como arte propio. 

    Saludos cordiales.

    • Rhady

      Como nota aclaratoria quiero decir que, si con mi comentario anterior di la impresión equivocada de que yo creo que la moral es producto de la evolución biológica, me disculpo por la pobre construcción de mi lenguaje escrito.
      Bien sé que la moral (o moralidad) es un concepto, digamos, no natural…, que trasciende las fronteras de la materialidad, y de la biología evolutiva Darwiniana; sin que eso signifique que no tiene capacidad de desarrollo.

      • David Caleb Acevedo

        Cómo puede tener “desarrollo” algo que es inherentemente individual? Cuántos pasos, cuántas intervenciones, políticas, ambientales, culturales, acaso no se dan hasta que formamos nuestro concepto de lo que es moral? En fin, cómo puede desarrollarse algo que no es uniforme, homogéneo y claro? Soy yo inmoral o amoral porque sus tetas al descubierto no me ofenden? Soy inmoral o amoral porque mis tendencias nudistas? Soy inmoral o amoral por ser ateo? Por ser gay? Quién lo determina? Quién tiene derecho a determinarlo? A quién le conferimos dicho derecho? Por qué se lo conferimos al susodicho o la susodicha? Todas estas preguntas deben ser consideradas antes de tan siquiera ponernos a soñar con “desarrollar” algo  sobre lo que no tenemos dominio alguno. 

        Siempre, sin embargo, se me ha ocurrido elucubrar más sobre la ética que sobre la moral. Hago un salto de fe y propongo un estudio más serio sobre preguntas que tienen mayor importancia en esta discusión de lo moral: Qué principios valen para todos y todas, sin importar raza, credo, etnia, cultura, nivel social/económico, orientación sexual, etc…? Qué principios trascienden todo este miasma ilusorio que nos aleja de nuestra propia humanidad? Creo que sí existen unos principios que valen para todo el globo terráqueo, y que así valen por su calidad de ser básicos: la igualdad y la libertad son dos de ellos. 

        Esto del pudor por la desnudez es una cosa bien antigua, y tiene raíces y matices innegablemente religiosos. Los que todavía, a veces, sentimos una piquiñita si vemos a alguien desnudo en público, aunque dicha piquiñita se nos quite a los cinco segundos, gracias a nuestro autoentrenamiento racional, aún lo sentimos así gracias a los resabios de esa cultura religiosa en la que nos hemos criado. Podrá argumentarse que no es así, pero al final será innegable. Después de todo, nacemos desnudos. Socialmente le construimos significados al cuerpo: brazos musculosos equivalen fuerza, una vagina grande equivale soltura y falta de placer para el hombre, tetas grandes equivalen sexualidad, penes gigantes equivalen vigor, afeitarse las piernas equivale limpieza, y si sigo no acabo. Nada de eso es natural. Nada de eso es ético. Y puede ser moral para algunos y para otros inmoral. Todo depende. Y sabemos que en terrenos donde la dependencia gana no hay fertilidad intelectual.

  • Lfcoss

    Este ejercicio de musculatura intelectual de parte de Bernat Tort nos lanza, una vez más, a importantes reflexiones sobre lo político, feminismo y arte. ME pregunto solamente si toma en consideración lo suficiente las condiciones propias de Puerto Rico, su momento cultural y el balance de las últimas luchas, precisamente en ese escenario que es el Recinto de Río Piedras de la UPR.  Agradecido, claro, por la provocación y la lucidez. 

    • Bernat Tort

      Peri:
       
      Mil gracias por las flores y por este maravilloso espacio que nos has regalado para discutir.  Esta contestación te  resultará insatisfactoria pero se debe a lo abarcador de tus exigencias.  Tu comentario me ha resulta el más difícil de contestar, y es por esto que he demorado tanto en hacerlo (además de que estoy intentando contestarlos en orden de llegada).  Difícil porque implicaría casi escribir otro artículo.  “Tetas y Terror” en su esbozo original culminaba con una sub-sección titulada: “Darle cuerpo al Feminismo; o lo que es lo mismo al Comunismo”, en donde intentaba hacer básicamente lo que me estas pidiendo.  En ella hacía una distinción entre dos universidades dentro de la universidad: a saber la Universidad Comunista y la Universidad Estatista.  Fundamenté esta distinción usando el concepto maoísta de contradicción principal vs contradicciones secundarias, y establecí la contradicción principal, en este caso, como aquella que separa a los que se ofendieron por el performance de Charlene y aquellos que no.  Y decía lo siguiente:
       
      “Llamémosle al sub-conjunto de la comunidad universitaria que constituyen los no-ofendidos y los que reconocen el gesto de Charlene como propio e interno: Universidad Comunista; y al sub-conjunto de los ofendidos, los que, careciendo de herramientas propias, piden y requieren de una fuerza policial externa que les imponga el orden y la moral y les sirva de guía: Universidad Estatista.  Diremos entonces que la contradicción principal es aquella entre aquel cuerpo de personas que parten de la premisa política de la igualdad de todos y que confía en la capacidad interna de una comunidad de auto-regularse de auto-gobernarse sin necesidad de mediación vs aquel cuerpo que tiene como meta la re-producción y mantenimiento, a toda costa, de la autoridad del Estado y de sus leyes y delega a éste su juicio y su voluntad, es decir, se hace representar.”—Bernat Tort—“Tetas y Terror-uncut”
       
      Mi intención era luego de esto pensar en posibles cursos de acción para vincular la resurrección [término de Badiou que designa un nuevo despertar de una idea eterna] del sujeto feminista con el proyecto más amplio de universidad que se viene discutiendo en distintos foros (incluido este claro está) desde la pasada huelga.  Te podrás imaginar que esta sección se convirtió en un monstruo enorme que amenazaba con quitarle foco y coherencia al artículo, razón por la cual quedo fuera en edición por sugerencia de la muy sabia Rígel Lugo, cuya palabra y censura es ley en todos mis escritos—aunque lamentablemente no en los comentarios.  (Razón por la cual, suelo meter la pata infinitas veces más en ellos que en mis escritos.  Por “metida de pata” sustituye eso que Rubén le llama el “duro-tono” de mis escritos y contestaciones.  Ese “tono” que me ha costado ya varios y MUY QUERIDOS amigos).
       
      En última instancia, el asunto de darle cuerpo al feminismo, hacerlo aparecer aquí y ahora en Puerto Rico, en las condiciones particulares de nuestro entorno político es una tarea colectiva.  De modo que abramos el foro para propuestas: que “vengan los buenos a comer de éste helado GigAAAAnteeeee!!!!” [Silvio Rodríguez].
       
      Por otro lado, algunas de tus preocupaciones las compartes con Raquel A. (a cuyos pies caigo nuevamente) ya que parecería que vieron mi texto más volcado hacia medio oriente de lo que fue mi intención.  Como le dije a ella, mi intención no era invisibilizar lo local, sino entrelazarlo con lo global para que nos sintiéramos parte de un movimiento que trasciende las pequeñeces que rodean estos asuntos en la prensa puertorriqueña, esas pequeñeces que mi artículo quería contrarrestar.  Todo el rollo que Yoryie ha sabido expresar más directa y contundentemente que yo en su segunda (técnicamente la tercera, si contamos su “I rest my case…”) intervención.  De modo que te dirijo a mi contestación a sus críticas (las de Raquel A.).
       
      Finalmente, me alegra que un compañero (Javier) ha llamado la atención en este foro sobre las semejanzas (y también las diferencias) de las recientes luchas feministas en Uganda, donde algunas mujeres se quitaron la ropa para protestar.  También, y por feliz casualidad, hoy han postiado en facebook una protesta de un grupo de feministas ukranianas que el pasado 28 de abril invadieron una reunión de capitalistas en Davos haciendo un vínculo explicito entre el feminismo y el anti-capitalismo.  El grupo, como Charlene, protesto sin camisas, y, como Charlene, fueron arrestadas.   Además en otra de sus protestas llevaban un cartel que exhortaba a las mujeres musulmanas a que se quitaran también sus burkas y  mostraran sus tetas.  De modo que no creo que sean inventos míos—no que tu lo hayas dicho, ni nadie implicado—lo de ver un vinculo real entre todas estas luchas y entre el feminismo y el comunismo contemporáneo. 
       
      Pero, claro está, y como implícitamente dices en tus críticas: “una cosa es decir que hay vínculos, y muy otra es explicitarlos.” Esa inmensa tarea nos toca a todos, cada uno desde y como pueda.
       
      Un gran abrazo,
       
      Bernat

  • Rhady

    A riesgo de que se me considere un tarado, un hombre de Neanderthal, o un “macho-chauvinist pig” de esos que la llamada “izquierda feminazi” solía fustigar en los tempranos años de la revolución sexual de los años ’60 y ’70, permítanme hacer varias observaciones breves. Primero, yo no soy anti-feminista. Segundo, sin embargo, al leer este excelente ensayo (hasta donde pude, pues después de un rato se volvió algo tedioso), no puedo evitar recordar aquella parte del famoso monólogo de Segismundo, en la obra de Calderón de la Barca “La Vida es Sueño” que decía:

    “(Ay mísero de mí, ay, infelice!)
       Apurar, cielos, pretendo,
       ya que me tratáis así,
      ¿qué delito cometí
      contra vosotros naciendo?;
      aunque si nací, ya entiendo
      qué delito he cometido:
      bastante causa a tenido
      vuestra justicia y rigor,
      pues el delito mayor
      del hombre es haber nacido.”

    Como mi delito, parafraseando a Calderón, parece consistir en haber nacido hombre, confienso no poder entender perfectamente la obsesión compulsiva que parecen tener algunas mujeres con achacar su condición de, entre comillas, “inferioridad” y/o subordinación social, a factores que no tienen nada que ver con la mecánica de la evolución Darwinista, y el desarrollo de sistemas de valores fundamentados en preservar la supremacía del más fuerte por sobre el más débil. Esa fue la “ley natural de la jungla” desde el principio, y no creo que requiera mucho análisis teórico que eso. 
    Preguntar cuál es la diferencia entre los pechos de un hombre sin camisa y los de una mujer en igual circunstancia es fácil de explicar, si se toman en cuenta cientos de miles de años de evolución social compartida, y el desarrollo de conceptos como la moral, dentro de los cuales el pudor, el recato, y la modestia, son elementos primordiales para infundir aprecio y respeto por un ser humano.  
    Ahora bien, eso no quiere decir que mientras más recatado y modesto ese ser humano, más respeto y aprecio va a recibir. Una burka que cubra de pies a cabeza a una jóven afghana no es necesariamente una oda a sus virtudes como persona, pero tampoco debe ser considerado automáticamente un ejemplo de dominación machista contra la mujer. Diferentes culturas tiene diferentes costumbres, y no debemos tratar de imponer nuestros conceptos occidentales sobre liberalidad sexual a otras sociedades menos permisivas.
    Por último, creo que nunca entenderé la descabellada intención feminista de crear una sociedad “sin géneros”. Me parece un sueño tan utópico como el que tuvieron los viejos maestros del marxismo de crear una sociedad sin clases.
    A lo máximo que deben aspirar, entiendo yo, es a una sociedad en la que tanto el hombre como la mujer sean “equal partners” en el desarrollo de sus capacidades creativas en diversos campos…, sin que ello implique tener que llegar al nivel de sincronía asexual que convertiría a este país, y al mundo, en un lugar extremadamente aburrido.

  • Érika

    Saludos Bernat,

    Gracias por este escrito y por la reflexión que nos provocas. Hace unos días comentaba en una conversación sobre esto, lo incómodo e increible que me resultaba que en nuestra ‘esfera pública’ o en la construcción de nuestro ‘mundo común’ se hubiese prácticamente aniquilado la conversación sobre este evento, y que se aniquilara particularmente a partir de la ‘invalidación’ que muchos le dieron al acto de Charlene a partir de sus pronunciamientos y de la entrevista que hizo en el programa de Jay Fonseca. Para mí debió haber provocado todo lo contrario, es decir, me resultaba lógico que precisamente a partir de esta serie de eventos el tema fuera atendido con mayor urgencia y de manera más vigorosa y rigurosa. Y es que es precisamente lo que tú identificas como ‘la persona de Charlene’ es lo que más me movería a mí a darle atención al caso en nuestro mundo de vida. A ver:

    Suscribo todo el análisis que haces del por qué las preguntas sobre el arte, el performance o las intenciones de Charlene no agotaban el tema del feminismo según lo expones. Lo que diría es que para evitar precisamente los efectos perversos de la atención, digamos, desafortunada, a ‘lo individual’ y no al sujeto político, precisamente habría que mirar a Charlene y todo lo que luego narra de cerca, no para invalidarla, sino por el contrario, para, a partir de definir su “quién es” (ella en tanto ella) y no su “qué es” (ella en tanto el Feminismo), crear nuevas condiciones y referentes de ‘lo político’. Pienso en el llamado de Ranciere: habría que “crear una relación entre cosas que no la tienen”; y en efecto, prestar atención a Charlene en tanto ella, porque ella en tanto ella forma parte de nuestra política-en-construcción. Se trata de no verla de manera utilitarista, no mirarla con un crisol para lograr X fin o proteger cierto interés, sino en tanto ella y nosotros como una cuestión de nuestro mundo. Como dices, en un mundo en que se lograra lo que ella propone (“la abolición de la mujer”), ella dejaría de ser un “qué” femenino y por tanto sus tetas no tendrían que significar el terror o una utilidad social más que alguien le quiera adjudicar (las tetas para amamantar niños, por ejemplo).   Entonces, no mirar a Charlene es, me parece, caer en el mismo error de convertirla en un medio para la consecusión de intereses y darle un sentido utilitarista a la política, al final refrendando lo que Charlene misma, como bien señalas, radical y complejamente propone. Hay que mirar a Charlene con sus tetas, con sus narraciones, con sus experiencias y no aceptar de ella lo que nos conviene y descartar del mundo de lo político lo que para algunos es ‘estratégicamente’ inviable o artísticamente cuestionable.

    Quizás de la mano de la concepción de lo político de Arendt y de su concepto de libertad podamos hacer lo mismo que planteas sin tener que dejar de ver a Charlene, sin invisibilizar todo lo que incluso narró posteriormente y ver su discurso y su acción como políticos en sí mismos, independientemente lo que se pueda alcanzar ‘a través de ella’. Por eso, no es casualidad que Charlene está hoy día en un hospital spiquiátrico y que para nuestro ‘mundo-político-en-construcción’ ese hecho pase como irrelevante, cuando debería serlo!!. Creo que hay que hacerlo relevante y vincularlo con lo que tú señalas que provocó su acción en la iupi. ¿Cuál sería la nacesidad de desvincular a la Charlene de la iupi de la Charlene que está en un hospital psiquiátrico y narró lo que narró en la entrevista?. Sólo un concepto liberal de individuo, maltrecho, por las razones que señalas, no vincularía una de la otra. Creo que los eventos posteriores importan y nos deben preocupar, y lo digo consciente de que habrá que diga que eso sería refrendar el tema de la victimización de las mujeres, pero pienso por el contrario que habría que repensar lo términos y el por qué una vez se sale del espacio de ‘performance’ ya la ‘individua’ que lo hizo y quien es no nos importa como comunidad política.

    Pienso también en una cita que tomé recientemente de Simone Weil, de su “La Persona y lo Sagrado” y que todavía estoy trabajando. La comparto:

    “Usted no me interesa”. Esta es una frase que un hombre no puede
    dirigir a otro hombre sin cometer crueldad y herir a la justicia. “Su
    persona no me interesa”. Esta frase puede tener lugar en una
    conversación afectuosa entre amigos próximos, sin herir lo que de más
    delicadamente receloso hay en la amistad.

    Por lo mismo diremos
    sin rebajarnos: “Mi persona no cuenta”, pero no: “Yo no cuento”. Es la
    prueba de que el vocabulario de la moderna corriente de pensamiento
    llamada personalismo es erróneo. Y en este dominio, donde hay un error
    grave de vocabulario, es difícil que no haya un error grave de
    pensamiento.

    En cada hombre hay algo sagrado. Pero no es su persona. Tampoco es la persona humana. Es él, ese hombre, simplemente.”

    Entonces, a partir de eso, cuando te leí y llegué a la parte en que haces la escisión entre “la persona” de Charlene y el feminismo, a pesar de que entiendo perfectamente tu planteo y estoy de acuerdo con el mensaje ulterior, me pregunto si no sería aún más provocador y emplazador, no des-hacernos de ‘la persona de Charlene’, porque ¿acaso la abolición de la mujer no sería sino quedarnos precisamente con la idea de Weil e intentar remediar lo que ella llama ‘un error grave de pensamiento’?, precisamente el error de ver al individuo tal como lo ve y lo definió el liberalismo, según correctamente apuntas.

    Nada, aquí pensando ‘en voz alta’. Gracias por esto!!. salud!.

    • Bernat Tort

      Muy querida Érika:
       
      Mil gracias, como siempre, por enriquecer el debate.  Y aunque el nuestro, inadvertidamente, lleva ya un tiempo, creo que esta vez es en la que más nítidamente han quedado plasmadas nuestras diferencias.   Lo particular vs lo  universal como político. Y ya que, como bien dices, coincidimos en los fines limitaré la discusión, como tú lo has hecho,  a los medios. 
       
      Comienzo con una aclaración.  El texto lo escribí y entregué antes de la hospitalización de Charlene y aunque tuve tiempo (por la fecha de publicación) de añadir algún comentario al respecto, decidí no hacerlo.  Creo que donde más se nota la ausencia de ello es en el párrafo donde digo:
       
      “Si una chica se quita su camisa porque tiene calor, o porque le echaron pica-pica en la espalda, o porque está acidiá y alucina con miles de arañas que se esconden en su camisa y es arrestada, este hecho no debe quitarnos ni un segundo de sueño. La arrestan, le radican cargos y allá ella que se las resuelva con su abogado.”  
       
      Y traté, luego de enterarme de la hospitalización, de resolver esta carencia con una tímida nota que decía: “Esto obviamente es relativo; podría quitarnos el sueño por muchas razones, pero no por las que nos conciernen en este escrito.”  Estas “muchísimas otras razones” para que nos quitase el sueño el arresto, pretendía incluir los problemas ético-político-epistemológicos que constituyen el asunto de la hospitalización psiquiátrica de una figura “pública” en el contexto de una manifestación, o acto de protesta, política.   Pero en última instancia lo que me llevó a no tratar el tema a posteriori fue mi propio argumento de que precisamente es eso lo que no debe importarnos a la hora de hablar sobre el valor (o falta de él) del gesto feminista de Charlene.
       
      Puede que nuestra diferencia se deba en parte a nuestra formación o académica.   No me parece casual que yo haya dicho  “…y allá ella que se las resuelva con su abogado.”  Y que seas tú, una abogada, a quien le preocupe ese primer arresto más o de igual manera que el segundo, el arresto político que es el que me interesa a mí.  Creo que aquí hay un asunto, sin reducir nuestro debate a esto, de socialización disciplinaria que nos hace “defender” a Charlene de maneras distintas.  A mí, con entrenamiento en filosofía, me hace fijarme en lo general a expensas de las diferencias; y a ti, con entrenamiento en derecho (y teoría del derecho), fijarte en los hechos del caso, los atenuantes, los matices, las condiciones específicas que hacen de este caso un caso único, mientras que yo descarto todo lo que lo hace único y me quedo con lo que lo hace universal.  Obviamente nuestras disciplinas miran el mundo de distintas maneras, de otro modo no serían disciplinas distintas.
       
      Dejando esto a un lado, queda nuestra diferencia con nombre y apellido: individualismo a la Arendt y Weil vs subjetivismo a la Badiou.  Las razones por las que le doy la razón a Badiou es que no creo que sea posible ni deseable hacer política (ni ética dicho sea de paso) desde lo particular.  Lo político, los asuntos de la pólis, son aquellos que nos conciernen a todos, pero no es el caso que el sufrimiento, padecimiento, o dolor de un individuo nos concierna  a todos.  De ahí mi ejemplo de los dos arrestos.  Si alguien muere en un accidente laboral porque su patrono no siguió las normativas de seguridad o de mantenimiento del equipo esto solo le debe importar a los amigos, familiares y compañeros de trabajo, patrono y compañía aseguradora, del muerto. Esto es un asunto que se brega en el espacio personal del sufrimiento psicológico y en el espacio jurídico de los reclamos, demandas, responsabilidades fiscales etc.  Pero si alguien muere en un accidente laboral porque el gobierno pasó una ley que exime a todos los patrones de cumplir con los estándares de seguridad como medida de ahorro en tiempos de crisis, entonces se trata de un asunto político, pues le compete a todos los trabajadores.  No veo, verdaderamente no veo como los datos revelados por Charlene en la entrevista de Jay Fonseca ni su compostura general, ni su estado emocional, le quita o le añade al reclamo feminista que ella hizo.  Solo si tomamos su caso particular como ejemplar de una tendencia de la religión (los Testigos de Jehová en este caso) a reprimir y patologízar la sexualidad de tal modo que las mujeres (como colectivo no como individuas) habiten su cuerpo y su sexualidad de manera traumática ayudan a generar y recrudecer las estructuras andro-normativas de tal modo que la única salida es el colapso nervioso o el episodio psicótico, entonces estaría de acuerdo.  Pero fíjate que si hiciésemos esto estaríamos nuevamente en el ámbito de lo universal y no en el de lo particular.  Charlene qua Charlene “la mujer simplemente”, para parafrasear a Weil, verdaderamente no importa para la política.  Así como el Che qua Che, el hombre que me imagino sería el Che cuando nadie lo estaba mirando, el que cagaba y meaba como cualquiera, el que comía corn flakes o tenía en la infancia un muñequito o color favorito, o leía el horóscopo, ese Che no tiene ninguna importancia.  Solo el Che ejemplar, el Che singular, el Che universal, tiene importancia política.  Fíjate que en el amor y la amistad lo opuesto es cierto, solo lo particular importa.  Incluso en el derecho, aun cuando para defender a un individuo hay que ir a las minucias del caso, se hace con el propósito de determinar el “tipo” de caso que es y por lo tanto encontrar la regla general adecuada (jurisprudencia) que se le debe aplicar para hacer justicia.  Incluso en la micro-historia solo nos interesan los casos particulares como ejemplos-tipo, no nos importa verdaderamente la historia de Carmen la carnicera sino saber cómo era la vida de una carnicera a principios del siglo veinte. 
       
      A lo que voy es que aunque suena bonito, no veo cómo defender una política de lo particular no redunda en la mera reiteración del estatus quo en la medida en que deja todo problema relegado al ámbito del derecho o de la terapia.  Es decir, individuos resolviendo problemas particulares.  Un conjunto de individuos no hace un cuerpo político.  Solo en la medida en que ese grupo de individuos juren fidelidad a una idea política, a una verdad política, pasan de ser meros individuos y se convierten en un cuerpo que deja pasar una verdad (el feminismo, el comunismo, etc.), solo así surge un Sujeto.  Creo que Ranciere me daría la razón.  Crear una relación, como tú propones, entre Charlene la individua y Charlene el producto de nuestro mundo es crear una relación de causa y efecto, es decir que es lo opuesto de lo que dice Ranciere.  Es crear una relación entre cosas que definitivamente la tienen.  Versus crear una relación entre un gesto material espacio temporal (el de Charlene el 19 de abril de 2012) con el Sujeto sempiterno del Feminismo es precisamente crear una relación entre cosas que no la tienen.  Entre un cuerpo/individuo producto de este mundo y un gesto de otro mundo que lo irrumpe y lo amenaza.
       
      Finalmente quiero aclarar dos cosas.  Primero que aun cuando no tengo problema alguno con el utilitarismo, no creo haber argumentado utilitaristamente acerca de Charlene, ni en el sentido técnico filosófico del término, ni en el sentido coloquial en el que lo usas.  No dije que el Feminismo la usó, ni que nosotros debemos usar a Charlene para fines feministas.  Dije que ella encarnó, voluntariamente o no (realmente da igual, pero fue voluntariamente en este caso), el Sujeto Feminista.  Su gesto permitió: “the passing of a truth along its path.” [Badiou] .  Y Segundo que tienes razón en que en ese futuro sin género (sin hombres y sin mujeres) (y sin clases, ni razas, ni orientaciones sexuales, etc. etc. etc.) no habrá sino individuos.  Pero en ese mundo del porvenir, tampoco habrá política.  Será el reino del derecho y de la burocracia, pues lo que habrá que resolver serán solo conflictos personales, particulares.  No habrán más sujetos y no habrá más política: el cielo de Fukuyama, de Hegel, de Marx, de Cristo.  Pero como sabemos que esto es solo el telos de la razón política, y que siempre habrá diferencias que coagulen sujetos y por lo tanto política, este no es un escenario que nos deba preocupar.
       
      Lo dejo aquí por la extensión, y aunque sé que se me quedaron algunos de tus  puntos por discutir, propongo que los retomemos en el  “rederect” (jejeje..chistecito leguleyo para tí). 
       
      Un gran abrazo,
       
      Bernat (el individuo)

      • Rhady

        Hay algo que no entiendo en esta discusión que, tal vez, ustedes puedan aclararme.
        Si, como dice Bernat Tort, “no es posible ni deseable hacer política… desde lo particular” (algo con lo que estoy totalmente de acuerdo), entonces el ‘performance’ de Charlene González no puede extrapolarse para representar una expresión revolucionaria de feminismo radical que busca terminar con el concepto “mujer” como género.
        Si, como también afirma Tort, “lo político, los asuntos de la pólis, son aquellos que nos conciernen a todos”…, y “sólo en la medida en que (un) grupo de individuos juren fidelidad a una idea política, a una verdad política, pasan de ser meros individuos y se convierten en un cuerpo que deja pasar una verdad (el feminismo, el comunismo, etc.)”, … entonces, quien está haciendo toda una compleja deconstrucción intelectual del “acto simbólico” de una mujer caminando en público con sus pechos al descubierto, para imprimirle un significado mayor que trascienda la mera persona física de Charlene González, y la convierta en un proyecto político de mayor envergadura (y por tanto ir directamente de lo particular a lo político), es Bernat Tort.
        Y cito a Bernat: “… lo que significan las tetas de Charlene, la intención política del sujeto feminista encarnado en ellas en su contenido más básico, es la posibilidad de la destrucción del mundo patriarcal, de su implosión.” “Este ‘performance’ constituye un gesto de purificación del espacio simbólico que pretende abrir el feminismo”.

        Por otro lado, no entiendo la objeción a considerar o tomar en cuenta la condición mental de un artista a la hora de determinar la legitimidad de su expresión artística. ¿O es que debemos asumir siempre, y sin cuestionar, la naturaleza inherentemente correcta del mensaje de toda expresión artística que se haga? Obviamente no.
        La “condición” de Charlene, entonces, ¿en qué medida afecta sus patrones de razonamiento? Y, por consiguiente, ¿ en qué medida afectan estos (los patrones de razonamiento posiblemente afectados) la “verdad” del mensaje que con su “acto simbólico” nos quiso transmitir?
        ¿Es el arte, en tanto y en cuanto quiera transmitir un mensaje político de reivindicación de derechos, una expresión legítima, independientemente de su calidad, o la sanidad mental de sus exponentes?— “Inquiring minds would like to know!” ;)

  • Jocf27

    Corrijo…silencio y la indiferencia constantes…

  • Jocf27

    Agradezco el tratamiento ético de lo que se denomina performance en su elaboración.  Es importante reconocer la monstruosidad de todos como potencia.  Pero también, y en el caso que aquí observo, es el silencio y la diferencia so la constante.  Acaso es el solipsismo es parte de la marginación e imaginario actual inorgánico e indiferente.  Lo que hace que el trabajo intelectual quede posicionado en la cartografía de el imaginario universitario.  A mi modo de ver, los escenarios de se performance están manifestandose a cada rato y lo más fácil es descartarlos en la ética indiferente de una intelectualidad de comfort o si se puede decir “craftmatic cognoscitiva”…gracias!!!

  • Rosario Romero

    Inteligente artículo Bernat, muchas gracias.

  • Calderon_elisha

    Creo que arrestarla fue un completo exceso, sobre todo en el contexto en que ocurrió. Sin embarog, no estoy tan claro de que Charlene estuviera tan clara de el “statement” que se asegura que quiso realizar. A mi más bien me parece una joven súmamente confundidad. Chequeen su testimonio en la sección de Jay Fonseca en Telemundo.

    http://www.telemundopr.com/programas/dia-a-dia/videos/De-Frente-con-Jay-FonsecaJoven-arrestada-en-la-UPR-por-desnudo-se-expresa-148271235.html

    • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

      I rest my case….

    • Bernat Tort

      Compañera,
      No pareces haber leído mi columna.  Esta pretende ser un antídoto contra comentarios como el tuyo.  Te invito a una relectura detenida, o en su defecto, lee el primer comentario de Yoryie más abajo.
      Bernat

  • http://cyborgyoryie.net/My_Blog/ Yoryie Irizarry

    Este es el mejor ensayo que he leído hasta ahora sobre el tema. Me alegra que este texto “remueva” a Charlene del cuerpo censurado. Desgraciadamente, la tendencia es que para poder debatir cualquier asunto político, queremos primero debatir al mensajero o mensajera. Muchas veces es un litmus test conservador que detiene, antes de comenzar, la posibilidad de debate. 

    Por ejemplo, si un político habla a favor de lxs gays, primero se cuestiona si es gay o no, si cree en Dios o no, si tiene hijxs o no, antes de llegar a discutir su planteamiento, lo que “asusta” a mucha gente de expresarse. 

    Si una mujer denuncia una agresión sexual, primero hay que saber si es virgen, no bebe, no fuma, si se defendió o no, si dijo no, si lo gritó, si realmente era su intención decir no o estaba jugando. Y claro, si está cuerda y no es histérica.

    Si alguien despotrica contra el gobierno, antes de analizar la denuncia, hay que saber si es de izquierda o derecha, si es popular o independentista, si la persona puede ser “neutral”(whatever that means) o no. Siempre en una búsqueda imaginaria de cual es el vehículo perfecto para que un mensaje se discuta. Al final, nunca se discute o se cubre la denuncia en sí.  De ahí que a menudo me encuentro diciendo “don’t kill the messenger” vamos mejor a discutir el asunto. 

    Bernat, discute el asunto y por fín saca del medio a Charlene para que podamos discutir que es lo que está en juego en este acto de censura mediante arresto en la UPR, y las posibles consecuencias del mismo. 

    • Isla 1968

      Interesante intercambio de ideas. Pero al final de cuentas, lo que importa es que los hombres pueden pasearse sin camisa, sin que nadie cuestione su sanidad mental, moral o madurez. Si una mujer se siente ofendida por el pecho desnudo del hombre, se lo tiene que callar porque el es hombre.

      • http://cafesideral.blogspot.com/ Karina Luzbelle

        Es increíble cómo has resumido el problema en su totalidad con tan pocas y sencillas palabras. Casi lo mismo siento y pienso.
        Saludos poéticos.