La última sesión de Freud

En la actualidad, cuando el nombre de Sigmund Freud resuena, mi mente divaga hacia su nieto, el pintor Lucien Freud, un retratista magistral del siglo…

Anthony Hopkins en La última sesión de Freud.

[dropcap]H[/dropcap]oy día, cuando oigo el nombre de Sigmund Freud pienso en su nieto, el pintor retratista Lucien Freud, posiblemente el mejor en su campo en el siglo XX. Ese es el caso conmigo porque, aunque reconozco sus dotes como escritor y filósofo, y que introdujo un lenguaje nuevo (el del psicoanálisis) al mundo, sé que era un mal científico. Este filme, sin embargo, no se trata de eso.  Más bien es una adaptación de la obra de teatro del mismo nombre escrita por Mark St. Germain. A pesar de un inicio en el que la inminente segunda guerra mundial está por comenzar y vemos los preparativos para proteger a los niños ingleses (los enviaron a zonas campestres lejos de la ciudad), la acción (casi toda verbal) se desenvuelve en el estudio de Freud. El director escénico Taine King y los decoradores del plató John Neligan y Claudia Parker han recreado el estudio de Freud en Viena que, a su vez, él recreo en Londres. El primer famoso sofá, para que los pacientes se recostaran para estar cómodos, es a veces el foco de atención y sirve de referencia a la conversación entre Freud (Anthony Hopkins) y C.S. Lewis (Matthew Goode). Lo hace porque, aunque están hablando sobre Dios y su creencias, Freud insiste que muchos de los aspectos místicos de las religiones tienen que ver con el inconsciente.

 

Cartel del film «La última sesión de Freud»

 

La conversación (que es ficticia, ya que nadie sabe con certeza si Freud y Lewis se conocieron) es profunda, pero no tanto que no se puedan seguir los argumentos a favor y en contra si se presta atención. Ser creyente o no, no debe de interferir con el análisis del espectador de lo que está sucediendo en la pantalla. La obra no es un intento propagandista para convencer a uno de una forma u otra. De hecho, la cinta tiene la entereza de mostrar que uno puede debatir temas profundos sin enojarse con el antagonista. Es uno de los mensajes subliminales del filme.

Por supuesto, esto es una película no un tratado teológico-filosófico y, en ella, a Freud le molesta mucho el reciente rechazo de Lewis de su propia corriente de ateísmo a favor del cristianismo, y muchos otros temas. Además, casi inevitablemente, surge en la discusión, precipitado por algo que ocurre en una de las pocas escenas que no ocurren en el estudio, el trauma de Lewis como veterano de combate de la Primera Guerra Mundial. Las escenas de la guerra ya las hemos visto en películas recientes como All Quiet in the Western Front, pero aquí

toman un significado psicológico que concuerda con quienes están conversando y a quién le está hablando Lewis. Este, luego de ser salpicado por la sangre de su amigo ahora muerto, cae en un hoyo junto al cadáver de un alemán: la muerte no elige bandos.

No se supone que el filme nos convenza a favor o en contra de los postulados de los dos personajes. Sus posiciones, si las quieren apreciar más allá del cine, están en sus libros y queda en sus lectores el llegar a un acuerdo. Lo que si no admite mucha controversia son las alusiones a J.R.R. Tolkien (si el de Lord of the Rings, etc.) y los Inklings. Esto me pareció curioso ya que están hablando de religión y sus postulados. Los Inklings fueron un grupo de discusión literaria informal asociado con J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis en la Universidad de Oxford durante casi dos décadas. Los Inklings eran entusiastas de la literatura que elogiaban el valor de la narrativa en la ficción y fomentaban la escritura de fantasía. ¿Nos está diciendo Freud que la religión es fantasía?

Hay en el trasfondo de los diálogos, y a la vista, las opiniones de Freud sobre el amor entre personas del mismo sexo. Concluimos que pensaba que cada cual es libre para amar a quien quiera. El asunto lo toca directamente ya que su hija Anna (Liv Lisa Fries) depende de él patológicamente. Y el director y guionista (Mark St. Germain) Matthew Brown nos han ido mostrando algunos detalles que sugieren que Anna es lesbiana. Finalmente, ella le presenta a su pareja, Dorothy Burlingham (Jodi Balfour).

Desde el comienzo, en muchas escenas, vemos a Freud consumiendo morfina con su wiski. En el filme, es para aliviar el intenso dolor causado por su cáncer oral. En realidad, era adicto a la cocaína, lo que despachaba (las adicciones) como “fijación oral”. Eventualmente la causa por su suicidio asistido (creo que fue pionero en eso también) fue su cáncer.

Las actuaciones de Anthony Hopkins y Matthew Goode son estupendas y brilla el guion. De las muchas películas que se han hecho de Freud mi favorita es la dirigida por John Houston de 1962, con Montgomery Cliff en el papel principal y un guion de Jean-Paul Sartre, titulada Freud: The Secret Passion. Esta ahora la acompaña.

 

Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).

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Manuel Martínez Maldonado
Colaborador/a

Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).

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