por Érika Fontánez-Torres
Columnista
Érika Fontánez Torres es Catedrática asociada en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y dicta los cursos de Derecho Civil Patrimonial, Teoría General del Derecho y Derecho Ambiental. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de su Escuela en litigios de interes público, en representación de comunidades y grupos ambientalistas. Además, es la coordinadora del Programa ProBono de la Escuela de Derecho de la UPR. Entre sus campos de investigación se destacan los temas de Teoría social del Derecho y Sociología del Derecho, e investigación en los temas de justicia social, propiedad, urbanismo y medioambiente. Fontánez Torres tiene un grado de Bachillerato en Artes con concentración en Ciencias Sociales (B.A.) y un Juris Doctor (J.D.), ambos de la Universidad de Puerto Rico, y un LL.M. de la Universidad de Londres en la London School of Economics and Political Sciences (LSE).
¿Cuál es el récord del Supremo? ¿Cómo ha venido comportándose en estos últimos años?, se pregunta la autora en un artículo a fondo sobre las decisiones y actitudes prevalecientes.
Propongo el uso de una palabra: profanar. Sólo mediante un acto de profanación, sostengo, puede atenderse con perspicacia la relación entre el espacio, el derecho y el poder.
Ante la superficialidad y pobreza del debate público que nos ahoga en el país, ¿cómo debería propiciarse o hacia dónde debe dirigirse prioritariamente la discusión?
“Me parece que lejos de simplificar y descartar de manera automática lo expuesto convendría abordar responsablemente lo que éste explicita y propone. Para esto se requiere estar dispuestos a leer con apertura”.
La opinión mayoritaria alude a “la Universidad”, a “los estudiantes”, a “la huelga”. Al Tribunal Supremo le dirijo el siguiente fragmento del gran Wittgenstein.
Si la Rama Judicial ha decidido desafiar la distinción Derecho y Política entonces debemos crear las condiciones para que el país conozca de cerca esta Rama, la fiscalice y le exija cuentas como una Rama política más.
Hay censura directa. Lo sabemos. Pero también hay censura que usa camuflaje, que se presenta camaleónica tras el poder de la legalidad o de la manoteada crisis presupuestaria, con el fin de silenciar la disidencia, …





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