por Mayra Rivera Rivera
Proviene de una práctica académica y social multidisciplinaria. En ambos contextos, su trabajo se desarrolla en torno a las formas y los espacios en que el quehacer del cuerpo se traduce en modos de pensar y hacer que construyen y transforman nuestras vidas personales y colectivas. Se interesa, en especial, por el desarrollo de espacios de pensamiento y diálogo que permitan la discusión de experiencias de intimidad e inmediatez que, por su carga afectiva o emotiva, tienden a rechazarse como temas de discusión intelectual ¨seria¨. Es cofundadora y co-coordinadora, junto al artista Pedro Adorno Irizarry de EcoMapas del Cuerpo, proyecto de servicio comunitario fundamentado en el trabajo creativo y el diálogo libre e ¨indisciplinario¨, y es profesora y colaboradora en la Maestría en Gestión y Administración Cultural de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.
Ningún gesto o pensamiento cambia el mundo si no cambia la sustancia misma de quien lo produce. Eso lo sabemos de todos los que han dejado huellas en la historia de la humanidad. Ésta es la verdadera dimensión de ¨poner la vida en el acto¨.
A muchos, quizás a la mayoría de nosotros, le seduce la posibilidad de creer en un futuro más sano, pero en el fondo, vive con miedo a la esperanza. Es de este miedo a la esperanza, y de este punto medio, que me interesa, por un momento, escribir.
De la desesperanza a mí me salvó un silencio, como todo silencio profundo, inútil. Inútil y desenfocado, fuera del “punto” y del “grano”, porque lo que hizo fue expandir la existencia en todas sus direcciones.
Quiero hablar ahora de la imaginación como lo que convierte lo desconocido (lo desconocido como lo inarticulable, lo insondable de los universos en que vivimos) en materia amable, dispuesta a ser amada.
Creo que nosotros estamos bastante bien. Los que están atrás son nuestros discursos. Pero como son tan reales, tenemos que transformarlos para que el resto de la existencia quiera acompañarnos.
“¿De qué es lo que no me puedo recordar?”
-Fulana de Tal, 2011, quizás
os muertos están en el viento y su realidad es la del viento”, así lo dice el sabio keniano Oruka Rang’inya, padre del …
Compartir el aire, que está afuera y adentro de nuestras vidas, sirve de metáfora a la autora para proponernos un rumbo distinto a las formas fáciles que asumen nuestras conversaciones cotidianas. ¿Por qué no vivir la complejidad?, pregunta.
Y parece obvio, pero no lo es: esos otros a quienes apelamos cuando hablamos o escribimos no nos reconocen si nos camuflajeamos con palabras prestadas, ni nos entienden mejor porque usemos palabras que ya están hechas y probadas.
Antes que en sólidas eras de piedra, en la isla la vida se construye en un pulseo entre lo persistente y lo efímero. Yerbas y enredaderas inmortales que se tragan ruinas en pocos meses. Años sin estaciones que nos hacen parecer que todo es vida.





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