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La ruta de las mujeres: elecciones 2012


En muchos sentidos, las mujeres son un codiciado mercado.  Siendo concebidas como consumidoras, más que como productoras, es comprensible la forma en la que se nos estudia y se nos clasifica desde las empresas de publicidad y ventas.  ¿Cómo ofrecernos un producto? ¿Qué botones emocionales deben ser apretados para que respondamos desde los roles tradicionales de madres, cuidadoras y amas de casa?  ¿Qué otros botones apretar para que respondamos como ejecutivas, empresarias o asalariadas? Y así, sin dejar nada al azar, hasta las frases que pegan en las promociones y campañas tienen su origen en un estudio sobre nosotras.  Lo lamentable es que el fin de estas estrategias no es movernos como grupo en una dirección de reflexión o acción que nos beneficie y nos traiga bienestar, sino vendernos de todo… desde un desodorante hasta un partido político.  Van tras nuestro dinero y tras nuestro voto, que es en realidad lo mismo para quienes necesitan controlar al país desde sus esferas de poder.

Como he dicho en otros espacios, las mujeres son un grupo electoral importante.  Tan importante como para cambiar un resultado electoral si concertaran una estrategia que atendiera, por encima de líneas partidistas, acciones dirigidas a adelantar sus derechos humanos.  Algunas de nosotras pensamos que un primer paso para esa concertación debe ser en dirección a las comunidades y más allá del cyclone fence adiamantado de las academias y teorías.

Está bien teorizar y estudiar el entorno.  Identificar tendencias, modelos y nuevas formas de opresión.  Lo que no está bien es acumular el conocimiento y excluir de nuestro campo de acción a las miles de mujeres que nunca leerán esos estudios o escucharán hablar de feminismo porque sus vidas están centradas en un afán de supervivencia o sus circunstancias personales las han mantenido al margen del privilegio que gozamos algunas.

En mis años de trabajo con Matria –que considero mis años de mayor aprendizaje emocional e intelectual— el diálogo con esas mujeres que han sido excluidas de los movimientos tradicionales de mujeres y de las discusiones públicas me ha reafirmado dos cosas: vivir en pobreza te priva de tiempo y energía para seguir el trote del activismo político tradicional y, por otro lado, no te priva ni de tu inteligencia ni de tu capacidad de ser crítica y asertiva.  Lo que se necesita, por lo tanto, es crear espacios adecuados para que esas mentes críticas y asertivas respiren de sus opresiones y puedan ponerse a trabajar para su bienestar.  No tienen que ser feministas.  No tienen que ser profesionales.  No tienen que ser privilegiadas.  De hecho, venir de una clase que vive al margen de nuestro privilegio es lo que debería validarlas como gestoras y actoras de los cambios que necesita el país.  Si somos honestas con lo que pregonamos, las feministas lo único que deberíamos hacer en esto es usar nuestro propio privilegio personal para garantizar esos espacios desde una posición de amor y respeto hacia esas otras mujeres.  Nuestra aspiración debe ser dejar de hablar por ellas y que ellas hablen desde sus acciones y experiencia.

Los partidos políticos tradicionales han sido brillantes en esto.  Reconociendo el poder de esas mismas mujeres, tienen estrategias de base que llegan a las comunidades y que les apelan.  Aprietan botones emocionales como la maternidad y como el prejuicio hacia el propio feminismo.  También han sido capaces de redactar para sus plataformas propuestas que seguramente nacen de algún estudio de mercado y luego coronan su esfuerzo con anuncios en los que hablan mujeres, se habla de temas que interesan a las mujeres y se apela al voto de las mujeres.

Los partidos emergentes han sido más honestos en su proceso de trabajo.  Han establecido diálogos con organizaciones y han elaborado propuestas que pretenden responder a las necesidades que las mujeres de algunas comunidades y de su base les han expresado.

Esto me obliga a mirar la oferta electoral 2012 con una actitud que va desde la ira hasta la esperanza.  Más allá del voto íntegro nacido del miedo que nos pide el Partido Popular Democrático (PPD) y más allá del voto íntegro desde la ignorancia que nos pide el Partido Nuevo Progresista (PNP), las alternativas reales que fortalecerían nuestra democracia y favorecerían a las mujeres van por una ruta muy distinta.

Hace varios años en Matria soñamos con una Ruta de las Mujeres.  Estuvimos incubando la idea y buscando apoyo para ella y no logramos las respuestas esperadas.  Por muchas razones que no hay espacio para discutir aquí, tal parece que pensar en una ruta política y de apoderamiento para las mujeres de la Isla parecía algo ilusorio o poco viable.  A pesar de esto, ver la situación de las mujeres en la Isla, las medidas gubernamentales dirigidas a mermar derechos y las políticas públicas no verbalizadas según las cuales las mujeres sólo servimos como madres y siervas de dioses, nos obligó a alimentar la idea de La Ruta de las Mujeres. Ver los efectos de esas políticas en las vidas reales de las mujeres que reciben nuestros servicios y saber que nuestro trabajo se quedaba corto ante el sistema, nos obligó a comenzar La Ruta aún sin fondos y sin el apoyo expreso de otros sectores. Un grupo de voluntarias tan soñadoras como nosotras se animó a dar mente, cuerpo y tiempo al proyecto.

Fue así como hace un año lanzamos La Ruta de las Mujeres e iniciamos nuestro trabajo con dos actividades: la campaña de los Premios a las Joyas Machistas de la Política Puertorriqueña y un primer taller de prueba con mujeres del Residencial Las Violetas en Vega Alta.

Con esta propuesta de trabajo, pusimos en práctica la creación de espacios de reflexión y diálogo para que otras mujeres miraran la política desde una nueva perspectiva.  Era un experimento.  La hipótesis ya la mencioné: dados los espacios adecuados, las mujeres pueden identificar los efectos de la desigualad de género en sus vidas y plantear respuestas para la equidad.  Los hallazgos iniciales comprueban la hipótesis.  Las mujeres, como todo ser humano, tienen una tendencia natural hacia la búsqueda de su bienestar y en última instancia, de su propia felicidad y de la felicidad de quienes les rodean.

Ofrecimos talleres en otros pueblos como Caguas, Humacao, San Juan, Mayagüez y Loíza.  Nos hubiera encantado visitar los 78 municipios pero el cuerpo no nos dio.  Luego de los talleres generamos un documento de propuestas para todos los partidos políticos.

También acabamos de hacer un ejercicio de análisis de las plataformas de esos partidos desde un marco de derechos humanos de las mujeres y de otras poblaciones hermanas como la comunidad LHBTTQ.   Este análisis no se limitó a enumerar las propuestas contenidas en las plataformas y consideró otras preguntas tales como: ¿Hay una inclusión transversal o sólo se nos menciona en un capítulo segregado de las demás propuestas? Considerando a las mujeres en el centro de una rueda de derechos humanos, ¿hay propuestas concretas dirigidas a garantizar todos nuestros derechos humanos? ¿Cuáles sí y cuáles no?  ¿Consideran a todas las mujeres o nos homogenizan? ¿Son cónsonas sus plataformas con su trabajo y expresiones de los pasados años? ¿Qué concepción de las mujeres y de su rol en la sociedad se deriva de sus propuestas? En fin, que incluimos en nuestro análisis no sólo lo que prometen en sus campañas, sino lo que han hecho y dicho en los pasados años.  (Vea el análisis aquí)

Luego de analizar esas plataformas no nos quedó duda de que el PNP es una amenaza mayor a los derechos humanos de las mujeres.  El PPD, sin embargo, también debe ser mirado con suspicacia y nos preguntamos qué estudio de mercado usaron para elaborar sus propuestas.  Hay acciones de ambos partidos en los pasados años que los vinculan de manera peligrosa con actitudes sexistas y grupos religiosos fundamentalistas.  Por otra parte, los otros cuatro partidos, aún pudiendo ser imperfectos en algunas áreas, nos dieron más esperanza. El PPT, el MUS, el PIP y el PPR incluyeron algunas de nuestras propuestas en sus plataformas.

La Ruta de las Mujeres no ha terminado. Claro que no. Queda un tramo para las elecciones 2012, pero nosotras tenemos la mirada puesta en un camino más largo.  Un tramo largo hasta el 2016 y más allá. ¿Lograremos cambiar un resultado electoral en algún momento? ¿Lograremos paridad en puestos políticos y de gabinete? ¿Dejaremos de comprar desigualdad? Yo estoy convencida de que así será.  Las compañeras de la Ruta también.