No por eso anduve a solas la urbe entera, / no por eso negué los mapas, / ni por eso quise descolgar la esperanza de las paredes / pues la hallé en el gesto anónimo / devuelto por la isla que alguna vez / me tendió su luz irremediable.
El régimen genocida de Rafael Leonidas Trujillo / enmienda su Constitución en el 2013 y anuncia / que lanzará a la frontera de Ounaminthe, / una vez más, incluso a aquéllos / que pronuncian correctamente la palabra perejil.
De nada, poetísimos, reniego: / ni del rebudio entre los carismáticos, / ni del mirar a los recién nacidos / con la cara de la mónada de Munch, / ni de hacer el amor bajo el influjo / de los helicópteros de Stockhausen.
No soy negra, y a la sazón tampoco madre. Ni clitórica, ni fálica, ni masturbadora. No soy bembona, afroimpregnada, rapada o rebelde; ni activista o transgresora, si eso es lo que se espera. Soy lo que no se espera. Y tampoco eso soy.
Hay otras que rozan el silencio y hacen un ruido… / Como el golpe de amarillo que ciertos robles estrellan / contra la carretera, y tú / como un sol duro castigando la vista con la camisa puesta.
Prefiero el musgo fresco de las cavernas a cualquier investidura de carroña. Por lo mismo me apego más al silencio profundo de los hocicos animales que a la podredumbre infinita de los abecedarios.
Lo que produce esta mano ahí. / Los engranajes humedecidos por mi deseo / Que quiere hacerse estructura / con tu carne / -por favor, no hablemos de espíritus ahora-.
El tiempo para ti es / una tormenta de arena / en las dunas de tu cuerpo / que no sabe esperar /
el tiempo para mí / es una semilla germinada / sobre mi cuerpo en reposo
Cuando se toma un tamarindo con la punta de los dedos y se parte, se abre, se remueve la cáscara y se coloca en la entrepierna, y se lame, se empuja con la lengua, se saborea y se retira la pulpa…
Tiemblan gemelos estos ojos cristalinos / cuando estiras un nombre desde el otro lado / para tañer la campana de mi tímpano. / Oigo tu voz por el teléfono / y está nevando.
En el oscuro bar de izquierda / -ya sin fuego nutrido en la mirada- / tu agitado rostro reluce / desde el póster de una pared. / ¡Es la huelga del 34 y gritas! / Pero descontextualizado…
«Quisiera narrarles que este pícaro alemán, / nacido en Boston, amigo de congressmen, / sirvió a Roosevelt, al káiser y en Guatemala / por fisgonear lo sacaron a la mala…»
«el amarre a sus espaldas / la lanza de combate / las cazadoras amarillas / sus flechas envenenadas / mujeres que desconocen el temor», Yolanda Arroyo Pizarro en su segunda entrega.